Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Aileen Volkara
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Aileen Volkara

B ritney me abre la boca y me mete la lengua. Me da un beso en toda regla mientras se mueve cogiéndome del cuello para que no vaya a ninguna parte. Emite un sonidito similar a un jadeo y hace lo que quiere con mis labios.

Entonces se separa de mí y me mira expectante.

—¿Qué…? —busco las palabras adecuadas. No las encuentro—. ¿Qué?

—Siempre me habéis gustado los dos —sonríe pícara—, mi sueño sería ser una pareja de tres, pero ya que Adrien no está interesado…

LA MADRE QUE LA PARIÓ.

—A pesar de lo tentadora que pueda resultarme la idea de salir con mi propio hermano —digo sarcástica y con náuseas—. Tú y yo somos amigas.

Se pone roja y asiente.

—Lo sé. Pero una vez me contaste que en la universidad te enrollaste con una chica estando muy borracha. Sé que no es lo mismo, ¿pero puedo besarte otra vez?

Estoy tan en shock que ni siquiera contesto, pero no la aparto cuando me besa de nuevo. Mi amiga se aprovecha un poco de mi perplejidad, y puede que esto esté fatal por un millón de motivos, pero no me importa. O no mucho.

Lo cierto es que mientras su lengua se mueve contra la mía, utilizo sabiamente el tiempo para pensar en cómo narices rechazarla sin hacerle daño. Lo cual, si lo piensas, quizá no es la mejor manera de ganar tiempo.

—¿Qué tal? —pregunta con los ojos brillantes de emoción.

No son muchas las veces que he visto a Britney siendo vulnerable, pero esta sin duda es una de ellas.

—Perdona, Britney… —susurro—. No siento lo mismo.

Retrocede un paso y me da espacio al instante.

—Supongo que al final no voy a casarme con ningún Volkara —suelta una risita.

—Qué giro de los acontecimientos más interesante —dice una voz de barítono, sexy, rasposa y masculina a rabiar.

No.

Me.

Lo.

Puedo.

Creer.

Britney se quita de delante de mí y veo a un vikingo rubio imponente. Uno con más músculos que tatuajes, y ya es decir. Sus ojos verdes, su barba rubia incipiente y su altura imponente, lo hacen atractivo a rabiar.

Ragnar.

Ragnar está aquí.

Ragnar acaba de vernos a Britney y a mí morreándonos.

—¿Interrumpo?

—Tú siempre —gruño.

—¿Celoso? —pregunta Britney seductora y mucho más contenta que hace un segundo.

Pese a la fama que tienen los dos, nunca se han acostado. Todavía . La idea de que lo hagan me retuerce los higadillos y no pienso ahondar en por qué.

—¿Qué haces tú aquí? —inquiero mientras se acerca a nosotras.

—Yo también me alegro de verte, princesa.

—No me llames princesa.

—¿Te estás sonrojando? —Nos regala una sonrisa melosa que hace que a todas las chicas les tiemblen las piernas.

No me incluyo en ese «todas».

—En tus sueños.

—Allí sueles llevar menos ropa.

—Imbécil —siento cómo, efectivamente, me sonrojo, así que frunzo más el ceño para disimular—. ¿Llevas puesto el chaleco del FBI - Tactical Unit porque temes tener una crisis de identidad si te lo quitas?

—Estoy de servicio.

En ese momento Sam sale de la habitación, probablemente por habernos oído hablar. O quizá quiera jugar al ajedrez. O quizá…

El disparo de Ragnar es tan rápido que apenas veo el arma.

El sonido atronador me deja los oídos pitando, pero los ojos los tengo perfectamente así que puedo ver cómo el agujero de bala chorrea sangre de la frente de Sam. Puedo ver cómo se desploma muerto.

Un instante después ya estoy apuntando a Ragnar a la cabeza.