Britney
E scucho mis gritos como si fueran los de otra persona. Como si lo viera todo desde fuera de mi cuerpo. Aileen me arrastra más allá de las puertas del dormitorio antes de que cometa un asesinato en primer grado y volvemos al exterior.
Me aparto de Aileen luchando contra mis ganas de arrancarle los ojos a esa puta asquerosa. Control de la ira. Control de la ira. Ni siquiera puedo aferrarme a la negación, ¡porque los he visto!
La rabia quema todas mis neuronas a su paso. Juro que acabará conmigo . ¡Se la estaba tirando con la puerta abierta y estando nosotros al lado! El muy cabrón.
—¡No me pidas que me calme! ¡Y déjame sola o entraré ahí a matar a esa guarra! —grito a mi mejor amiga antes de dejarlos a todos atrás.
Un nudo inmenso hecho de espinas me atraviesa la garganta.
Mi imaginación me lleva de vuelta a anoche. ¿Se la follaría en la carretera? ¿Se arrodillaría en pleno asfalto para satisfacer a la puta viuda descarriada? No puedo empezar a explicar lo que esa idea le hace a mi corazón.
A ella sí se la come, pero a mí no.
Por ella se tatúa su inicial en la nuez, pero a mí ni siquiera me mira dos veces.
A ella siempre la elige, pero yo no le importo, ni aunque arriesgue mi carrera.
No respiro como debería.
Creo que voy a vomitar.
Joder, qué patética . Debería clavarle las uñas en las tetas mientras duerme hasta hacerle sangre. A ver si Adrien la querría entonces. Eso no sería patético, ¿verdad que no? ¡Le dolería un montón!
—Britney. —La única voz grave y ronca capaz de calmarme me alcanza.
La presencia de Adrien retumba por mi cuerpo en cuanto salgo del aparcamiento y por mucha debilidad por mi parte que eso muestre, detengo mis pasos.
Tenerlo frente a mí es peor porque, aunque ella no esté aquí, en cuanto miro esos ojos castaños tan hipnóticos la veo encima de su cuerpo.
Y la veo corriéndose. ¡Teniendo un orgasmo que me pertenece a mí!
Y también veo a Adrien aferrado a su cuerpo como si fuera su mayor sueño, su fantasía, su todo, y eso es todavía peor.
—Muérete. —Intento poner tierra de por medio de nuevo, pero él me lo impide cortándome el paso con el mismo cuerpo que siempre se niega a tocarme. A hacerme suya.
Voy a darle un bofetón, pero me frena antes de que lo haga.
—Tienes que dejar de ser tan agresiva.
—¡Y tú tienes que aprender a guardarte la polla!
—¿Te digo por dónde puedes meterte tus sugerencias?
—¡Malnacido!
—Tienes que dejar de actuar como si estuviera poniéndote los cuernos. No somos nada, Britney. Nunca hemos sido nada.
—Suéltame —pido y odio cuando lo hace.
—Nunca nos hemos acostado, deja de actuar como si estuviera rompiendo nuestro matrimonio cada vez que me acerco a Clara. Por si no te has dado cuenta, ella es la razón por la que estoy arriesgándolo todo.
Sus palabras escuecen como alcohol en heridas hechas por un mar de pirañas.
—¡Eres un cabrón! —le empujo—. ¡Sabes lo que siento por ti!
—Si mal no recuerdo te tiraste a media central antes de irte de Texas.
—Una hace lo que puede para olvidar a quienes no puede tener.
—No te engañes, Britney, no estás enamorada de mí. Nunca lo has estado. Solo quieres lo que no puedes tener porque siempre has tenido todo cuanto has querido.
—¡No me vengas con putos trabalenguas! —Intento darle un rodillazo cuando sus palabras hieren mi ego, pero me esquiva.
Siempre se le ha dado muy bien el cuerpo a cuerpo.
—Es la pura verdad, entraste en el FBI por quien era tu padre. Y después cuando murió, te aseguraste el puesto de por vida. Nada en toda tu vida te ha costado verdadero esfuerzo.
Me vuelve a coger las muñecas cuando intento zurrarle y aprovecho la cercanía para alcanzar sus labios y besarle. No es la primera vez que lo hago. Tampoco es la primera vez que él me rechaza.
—Te pedí que no volvieras a hacer eso —dice pero apenas le oigo porque la noto a ella en mi lengua y siento que algo se me muere dentro.
—Eres… ¿Por qué no puedes elegirme a mí? Soy más guapa que ella y tengo más tetas. Además soy policía como tú, tenemos mucho más en común. ¿Qué me falta?
—No eres ella.
—¿Y ya está? —Lo simplista de su respuesta me saca de mis casillas.
—Sí.
—¡Hijo de puta!
—Te quiero aquí como agente del FBI, Britney. Si no puedes dar la talla y vas a seguir armando jaleo, ya puedes volverte a la central. —Me da la espalda dando el tema por zanjado.
Le insulto, pero él no se da la vuelta.
Por mucho que grite, no vuelve.
Me largo en la dirección opuesta, cabreadísima y deseando poder traicionarle de alguna manera, aunque sé que nunca seré capaz.