Capítulo 134
—N ecesito hablar con mi hijo —le digo a Aileen, que bloquea la puerta.
—Sam se lo ha llevado a desayunar. Otra vez.
—Apártate.
—Escucha, no soy tu enemiga, ¿vale? Pero ahora mismo Britney está ahí fuera con veneno saliéndole por la boca. Si te ve, tu hijo va a tener que oír cómo llaman de todo a su madre. Otra vez.
—Has dicho que Liam está en el bar desayunando.
—Ya, pero Britney tiene unos buenos pulmones. Quedémonos con lo bueno: tu hijo va a estar súper bien alimentado.
Me apoyo en el brazo de un sillón verde y naranja horroroso, queriendo volver al plan inicial de largarme de aquí con Liam.
La de traumas que le estoy causando por dios, ¿cuándo tendré suficiente? Un niño pequeño necesita estabilidad y yo soy capaz de darle cualquier cosa menos eso.
—¿Crees que la ha oído?
—Sí.
—Sé sincera, Aileen, no te cortes.
—Pero no creo que la crea, ni que la tome contigo, sino con Britney. A ti te quiere mucho, eso es evidente. Además, no has hecho nada malo.
Alzo la cabeza despacio hasta encontrar sus ojos. Tiene que estar de coña.
—¿Vas en serio?
—Me he pasado la vida viendo el poder y la influencia que tiene Adrien sobre el sexo femenino. Y por primera vez, es a él a quien le obsesiona alguien y no al revés. No soy tan tonta como para pensar que no iba a hacer todo lo que estuviera en su mano para conseguir tenerte, Clara.
No le digo que más bien ha sido al revés, y que mi mano ha tenido mucho más que ver en lo que ha pasado que la suya, porque discutir la somnofilia con su hermana cuando ni siquiera yo he asimilado mis propios actos me apetece tanto como que Britney me dé un rodillazo en la cara.
Es como si tuviera una bestia dentro queriendo salir.
Una especie de loba hambrienta y lujuriosa.
Una versión animal de mí que no sé cómo aceptar.
—Eh, no te tortures.
—Perdona, tengo dos preguntas, ¿oyes la voz de mi cabeza? Y, ¿tú no me odiabas?
—¿Odiarte? No. Una cosa es que anoche creyera que merecías una pequeña llamada de atención, pero no te odio. Te aprecio. He estado investigándote mucho tiempo y siento que ya te conozco. —Se ríe y es guapísima—. Pero de mí no tienes de qué preocuparte. No soy ninguna stalker .
Me pongo un poco colorada de todas formas.
—Gracias. — Supongo.
—Quiso matarle en muchas ocasiones, ¿sabes? A Kenerick.
Mi corazón se salta tres latidos.
—¿De verdad? —trago saliva con dificultad.
Alguien ha tenido que darme la droga de la lascivia, y por eso no paro de estar cachonda.
—Como lo oyes. Una vez Sam tuvo que zurrarle.
Ninguno de los dos salió bien parado de aquello —exhala—.
Después de que suspendieran a Adrien y él decidiera seguir en el caso por su cuenta, Sam y yo cabreamos al jefe con la mecha más corta y conseguimos que nos suspendieran también.
Y te digo una cosa, por muchos contactos que Kenerick tuviera, si nosotros hubiéramos tenido el respaldo de los de arriba, no habría podido hacer nada para defenderse.
El FBI lo habría cogido por los huevos y tú habrías sido libre.
—Parece un sueño.
—Y sería real si no fuera porque los altos mandos son escoria corrupta por el momento.
Ellos te habrían llevado a la central para matarte antes de que tuviéramos oportunidad de secuestrarte.
Que Kenerick echara a todo el mundo de la mansión aquella noche para que no hubiera testigos y que, gracias a eso, nadie presenciara su muerte, fue una gran suerte.
Adrien no tuvo que liarse a tiros con los jefazos y con un par de rezos, no tendré que ver la cabeza de mi hermano en una estaca.
—Todo eso es mucho que asimilar. Perdona, ¿Sam le…? ¿Sam pegó a Adrien?
—Es un hombre aterrador cuando quiere. Y le van los látigos. No quieras saber más.
—No quiero. Pero vas a tener que dejar que vaya a por mi hijo.
Por fin da su brazo a torcer.
Salgo de la habitación detrás de ella y los veo al final del aparcamiento.
A Adrien, cogiendo de las muñecas a Britney tal y como hace conmigo.
Una avalancha de celos ardientes me sacude mientras ellos mantienen una acalorada discusión en la lejanía.
Tan apasionada que Britney ni siquiera se percata de mi presencia.
Siento un retortijón tan agudo de posesividad que me mareo.
Siempre he sido celosa, pero nunca he estado a punto de desplomarme por ello.
No oigo lo que dicen y eso lo empeora todo.
¿La habrá perseguido a ella con una máscara? Pues claro que sí. Tú no eres especial. Tu marido se las follaba a todas por esa precisa razón.
Dejo de verles cuando entramos en el cutre establecimiento junto a la carretera. Reprimo todas mis emociones de un plumazo porque Liam echa a correr hacia mí en cuanto me ve y pregunta:
—¿Papá está muerto?