Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 133
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Capítulo 133

M e despierto con el sol dándome en la cara, colándose entre las cortinas. Húmeda. No, cachonda perdida.

Era evidente que iba a tener un sueño erótico durmiendo con él. Tan evidente como que nunca lo admitiré en voz alta.

De repente, oigo la risa de Liam, fuera del dormitorio.

Espera, ¡¿fuera?!

Agudizo el oído en pleno pánico y lo oigo hablar con Sam.

Juraría que están comiendo algo. Miro por encima de mi hombro y veo su cama vacía.

Exhalo y siento cómo mis músculos se relajan.

Que tu mayor tesoro esté fuera de tu cuerpo y de tu alcance en todo momento, te propina un cúmulo de infartos constantes la mar de divertidos.

Entonces la erección que estaba intentando pasar por alto vuelve a rozarse contra mi estómago y me quedo sin oxígeno otra vez.

La maldita secuoya.

La observo abultada tras el pantalón negro, lamiéndome los labios. Parece tan ansiosa de ser liberada…

Ni se te ocurra, Clara. Eso estaría fatal.

Las. Manos. Quietas.

Alzo la vista hasta Adrien y, joder, incluso con la boca un poco entreabierta y completamente dormido, es el hombre más guapo que he visto en mi vida.

Y la C. La puta C tatuada en el cuello.

Desvío la mirada hacia la puerta del dormitorio. Está abierta de par en par. Alguien podría entrar en cualquier momento. No es una buena idea, pero… madre mía, parece necesitar que alguien lo alivie.

Quiero tocársela. Quiero darle placer. Quiero hacer que se corra, aunque sea en mi mano. Quiero vengarme de él por haber invadido mi vida de esta manera.

Algo en mi cerebro se desconecta cuando vuelve a frotarse contra mí. Me guío por mi instinto animal y desabrocho su pantalón.

Sin aliento y con el corazón a punto de salírseme por la boca, meto la mano más allá de su ropa interior. En cuanto rozo su durísima envergadura, él emite un sonido de deseo y yo ahogo otro.

La puta secuoya, joder. Es aún más grande de lo que pensaba. Acaricio su largura. Resbalo hasta su punta húmeda. Hago todo cuanto se me antoja con él y su cuerpo reacciona de la mejor manera posible.

Es genial que no quisiera follar en el bosque porque me habría matado.

Pero ojalá hubiera querido.

Uso todo mi autocontrol para no meterme la mano entre las piernas, pero la polla le da otra sacudida al tiempo que unas gotitas de semen me mojan la mano, y creo que podría correrme. Es muy posible.

Nuestras piernas llevaban entrelazadas desde el principio, pero en ese momento, una de las suyas sube hasta mi húmedo sexo.

Tengo que morderme el labio inferior con fuerza para no chillar. Esto se me está yendo de las manos. Y aun así, no soy capaz de parar. No, porque mi clítoris tiembla y él está cada vez más listo para correrse.

Se me hace la boca agua por el deseo de saborearle, pero soy incapaz de llegar tan lejos. Aunque si cierro los ojos puedo imaginarme que se corre en mi mano y que luego yo me la limpio con la lengua sin que se despierte. Puedo imaginarme que el próximo gruñido sea parecido a mi nombre. Puedo…

Su mano alcanza mi cintura y fuerza el vaivén de mis caderas sobre su pierna. Chillo por la sorpresa y saco la mano de su pantalón. Me incorporo de golpe. Lo miro a los ojos sin saber qué decir y por el gesto brusco me caigo de la cama.

Que.

Alguien.

Me.

Asesine.

Con.

Dolor.

Y.

Rápido.

—No tengo palabras para… dios, Adrien, eso ha sido… Ha estado mal y yo… —tira de mí y caigo sobre su cuerpo, y un segundo después su lengua se está adentrando en mi boca como el diablo en una iglesia.

Profanándola.

Vuelve a meterme la mano en sus pantalones y a colocar su pierna entre las mías.

—No voy a quejarme porque te hayas quitado la máscara, pequeña bestia.

—¿Máscara…? No, yo… yo no soy así.

—Sí lo eres —mece mis caderas y mi clítoris se lleva una fricción deliciosa que me vuelve suplicante.

Sí, lo soy.

Joder, ¿sí lo soy?

Sigo haciéndole una paja, pero esta vez mirándole a los ojos.

—Soy un monstruo.

—Sí . Mi monstruo.

Aprieto las piernas alrededor de la suya. Quiero decirle que tiene la polla inmensa, pero oigo jaleo aproximándose. Britney creo. No puedo pensar. Mi cuerpo no me deja.

—Podrían entrar aquí y verte —dice en un susurro contra mi boca, deleitándose con mi pánico y mi excitación.

Adrien se aferra a mis caderas con fuerza, impidiendo que me aleje, que libere mi clítoris del castigo. Arrebatándome la posibilidad de escapar, igual que yo he hecho con él cuando estaba dormido.

—No me importa —jadeo.

—No, ¿verdad?

—No —gimo y uso su pierna para masturbarme con su ayuda mientras hago todo lo que está en mi mano para que se corra.

Nunca mejor dicho.

Sus pupilas se dilatan un poco más y entonces lo hace. Adrien lleva una mano hasta mi boca y bloquea mis dos fuentes de oxígeno.

Mis pulmones arden y se me ponen los ojos en blanco cuando me rompo en espasmos ardientes.

En cuanto empiezo a correrme, acelero tanto el ritmo de mi mano que él me sigue también.

Y aunque nunca lo admitiré, lo único en lo que pienso en mitad del orgasmo es que quiero tener su puto semen en la lengua cuando termine.

—¡¿Qué puta mierda est…?! —chilla la voz de Britney.

La excitación se apaga y llega una avalancha de humillación y vergüenza.