Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 124
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Capítulo 124

H acer guardia mientras Adrien dormía era mi única oportunidad de coger las riendas de mi vida y no pienso desaprovecharla.

—¿Por qué te mueves así? —pregunta Britney a mi lado, con cara de pocos amigos.

La suya normal, vamos. La única que tiene.

—Porque me estoy meando —miento.

Me muevo incómoda porque tengo unas llaves clavadas contra mi sexo y disimular no me está saliendo del todo bien.

—Pues ve al baño.

—Deberías ir tú primero, cielo —miro al pibón a mi lado, que se ha quedado en sujetador hace veinte minutos porque si no enseña las tetas no es persona.

A ver, tiene un tipazo de infarto, y si no fuera tan odiosa se lo diría, pero su apariencia es su punto débil. Y voy a aprovecharlo.

—¿Disculpa?

—Tienes corrida la máscara de tanto sudar. Das un poco de asco.

—¿Perdona? ¿Tú quién te has creído para hablarme así? ¿Qué quieres, que te arrastre del pelo por todo el aparcamiento? Porque me sobran los motivos, niñata.

—Ya veo. Así que solo tú puedes meterte con los demás.

Pues sí que tienes la piel fina. Además, no he dicho nada malo tuyo, solo de tu maquillaje, el cual es evidente que no está pensado para larguísimas horas de trabajo sin descanso.

Pero, eh, ¿quieres tener ese aspecto cuando se nos termine el turno de guardia?

Por mí, bien. Como si quieres desnudarte entera para soportar el calor, ni siquiera los ojos de mi hijo viajarán más allá de tus ojos de panda…

Se levanta de la silla y se mete en la gran habitación que compartimos.

Me va el corazón a mil por hora. No me puedo creer que haya salido bien.

En cuanto la oigo cruzar la puerta del salón en dirección al baño mugriento, salgo escopeteada hacia el dormitorio donde está mi hijo, llaves en mano. Adrien duerme junto a Liam. La imagen resulta impactante como poco.

No dudes.

No dudes, Clara.

Hazlo ahora.

¡Ahora o nunca!

Cojo a mi hijo en brazos y salgo a toda velocidad. Me aseguro de que la puerta esté entornada, tal y como la ha dejado Britney, y luego corro teniendo un déjà vu horroroso de la noche en la mansión.

Dios, dios, ¡DIOS!

Lo dejo en el asiento de atrás y le abrocho el cinturón más o menos cuando Britney sale de la habitación del motel y me ve.

No, no, no.

Mierda, MIERDA, ¡MIERDA!

—¡Eh! —exclama y viene corriendo hacia nosotros, pero yo ya me he subido y estoy cerrando la puerta.

Saco el coche del aparcamiento y piso el acelerador. Britney nos persigue un pequeño tramo, pero enseguida ve que no tiene sentido insistir. Ni siquiera su ego puede convencerla de ser más rápida que un coche.

Nos llevamos el único vehículo.

Somos libres.

Si no puedo fiarme de la policía, yo misma protegeré a mi hijo. Lo traje al puto mundo, ¿cómo no voy a poder hacer cualquier otra cosa?