Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Aileen Volkara
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Aileen Volkara

P asar el día juntos encerrados en un furgón es de lo más divertido, y una experiencia que recomiendo mucho no saltarse

Dicho.

Por nadie.

Nunca.

Mi hermano finge que no está cabreado por no tener encima de su regazo a la mujer con la que está tremendamente obsesionado desde hace meses.

Britney finge no morirse de celos, pero cada vez que Clara abre la boca escupe un veneno más letal que una Oxyuranus microlepidotus.

Sam se mantiene al margen porque, bueno, es Sam.

La señora Ashcroft finge no estar a punto de perder los estribos.

Liam es el chicle que nos mantiene a todos unidos y cuerdos. Aunque a unos más que a otros.

Y yo me quedo callada, sin pensar en absolutamente nada, pero sobre todo, sin pensar en el mensaje que me ha enviado el cretino asqueroso de Ragnar.

Ragnar

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«Sabes que estoy aquí para ti» se ha grabado a fuego en mi piel y pienso arrancármela a tiras si hace falta.

Paramos en un motel y me acerco a alquilar tres habitaciones roñosas que, seguramente, ya estén habitadas por cucarachas. Resulta que no les quedan individuales, así que cojo una para seis personas. Fijo que se han hecho orgías ahí dentro. Mañana me bañaré en desinfectante.

Me topo con Clara al salir de la recepción.

—Hola. Venía a ver si necesitabas ayuda.

—No, tranqui —le ofrezco la llave y la pongo en contexto.

No parece importarle mucho. Eso o reprime sus verdaderas emociones.

—Siento que estés en esta situación, Aileen.

—No es culpa tuya, Clara.

—¿De verdad? Porque me da la impresión de que mientes.

—Si lo dices por mi cara, mi cabreo no tiene nada que ver contigo, te lo aseguro.

—¿Y con qué…?

—Un capullo de mucho cuidado llamado Ragnar. Se folla a todo lo que se mueve y aun así tiene la desfachatez de creerse un puto galán. Es insoportable y lo ha tenido mucho más fácil en el FBI solo por ser hombre, y… — Y cree que puede tenerme solo porque las ha tenido a todas.

—¿Y…?

—Y le odio.

—Normal, suena súper odioso —dice, siendo un verdadero encanto. Se lleva la mano a la frente y descubro que es otra de sus migrañas.

—Te iría bien acostarte.

—No, prefiero hacer guardia primero, si no os importa. De todas formas, así no podría dormir.

Veo a Adrien bostezando y en cuanto llegamos hasta él dice que va a tumbarse. Lo hace junto a Liam, que ya estaba frito en sus brazos.