Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 120
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Capítulo 120

H ace horas que Britney y Sam conducen y hablan sobre quiénes en los distintos departamentos del FBI son los mejores agentes y quiénes jamás podrían considerarse de la élite.

Aileen y Liam llevan fritos desde que ocuparon sus nuevos asientos, pero Clara no y ya me he cansado de fingir que me creo su rollo de que está dormida.

Casi te pierdo.

Y ahora te tengo aquí, a mi lado, y se me está yendo la cabeza.

No tienes ni puta idea de cuántas noches he deseado esto.

Coloco una de mis camisas sobre su cuerpo y la tapo. Su rostro se tensa y es jodidamente gracioso que siga fingiendo.

Meto la mano bajo la improvisada manta y acaricio su coño suave a través del pantalón elástico. Le tapo la boca al tiempo que gruñe un:

—¿De qué vas?

—Vaya, vaya, la falsa bella durmiente ha despertado —susurro en su oído robándole un poco más de oxígeno antes de apartar la mano y liberarla.

Su mirada se enciende y sus pupilas se dilatan mientras se recupera. Mi pequeña bestia tiene los gustos más curiosos.

—Me has despertado tú.

Tiro de ella hacia mí y su cuerpo encaja a la perfección con el mío. Y huele tan bien…

—Abre las piernas.

—Vete a la mierda.

—¿Sabes lo que sería para ti sentir mi piercing justo donde sé que lo quieres?

—N-no es verdad… —boquea como un pez fuera del agua, con las mejillas rojas.

Rozo los nudillos contra su clítoris y ella da un bote y se aferra a mi brazo con las dos manos. Aumento la fricción. Acelero el ritmo ignorando la puta erección que está a punto de atravesarme el pantalón.

—¿No lo es?

Esta vez no es capaz de hablar. Y eso que todavía no le he metido nada en la boca.

—Si no es lo que quieres, ¿por qué estás apretando así los muslos? ¿Mmm? —sonrío arrogante.

—Intento cortarte la circulación de la… —Un pequeño bache en el coche juega en su contra y me clava las uñas, lo cual me arranca una carcajada que solo oye ella—. Eres un desvergonzado.

—Ea, ea.

—Y un puto cerdo asqueroso.

Pobre, pobre Clara. No tiene ni idea de lo mucho que me pone que sea una pija redicha y a la vez de lo más vulgar.

—No pareces recordar que ya he visto el aspecto que tienes cuando te corres.

Sus mejillas, sus orejas y hasta su cuello estallan en fuego y sigo con el roce, sintiendo cómo la humedad de su miel moja poco a poco la tela deportiva.

—No puedes hacer lo que quieras conmigo, ¿c-c-cuántas veces tengo que repetírtelo? —se mueve contra mí, traicionándose.

—No lo hago —me acerco a su boca y lamo su labio inferior—.

No te estoy tocando como quiero. De hacerlo tendrías tres de mis dedos dándote placer, Clara.

O mi polla hundida hasta la base. No estoy satisfecho, pero quiero que tú lo estés.

Y si algo de esto no te gusta, solo tienes que apartarme la mano en vez de aferrarte a mí con todas tus fuerzas.

Mi erección da una sacudida apretándose más y más contra el pantalón mientras la ofensa le inunda los ojos y otra emoción mejor le separa los labios de forma obscena y hasta le mece las caderas.

Veo en su iris la batalla que libra consigo misma.

Veo cómo el siguiente bache inclina la balanza a mi favor.

Cierra los ojos y apoya la cabeza en el respaldo, sin dejar de aferrarse a mí con rabia, regalándome una visión perfecta de sus pechos.

Aumento la fricción. Arriba y abajo. Haciendo lo posible para no perderle el pulso a mi autocontrol, subirla a mi regazo y empalarla a la vista de todos.

—¿Quieres que te los meta? ¿Tres? —doy tres toquecitos con la punta de los dedos en su centro.

—No.

—Mentirosilla…

—¿Para qué iba a quererlos si me basto yo sola?

Hundo los tres dedos un poco a través de la tela, sin poder llegar muy lejos por culpa de la barrera que suponen sus shorts. Pero esta vez es ella misma la que lleva una mano a su boca para contener un gemido.

—¿Estás segura de eso?

—Eres un… —Se muerde el labio inferior con fuerza, empeñada en cerrar los ojos.

—No los cierres o me detendré, pequeña bestia.

Me lanza una envenenada mirada asesina capaz de derrumbar ciudades enteras, pero a mí me hace gracia, porque su necesidad está en carne viva.

—Eso es, buena chica. No los apartes de mí, vajza ime e egër . Quiero verte. Y quiero que tú me veas a mí.

Aprieta las piernas enjaulando mi mano contra sí. Sus ojos siguen sobre los míos, retándome como una salvaje, cuando empiezan a temblar las piernas.

—Esto te gusta, ¿eh? —vuelvo a lamer su labio inferior.

—Soy repugnante por dej… —susurra, pero las cejas se le curvan hacia arriba en pura súplica.

No aparta la mirada.

No la aparta de mí.

Está a punto de correrse. Acelero la velocidad de mis movimientos y su coño palpita más rápido. Y más.

—Imja —gruño salivando, prendado de ella.

—No. No soy tuya.

—Sí lo eres.

— No . —Se le llenan los ojos de lágrimas, ahogada por el miedo de enfrentar lo que siente, lo que quiere y quién es en realidad. Aleja mi mano de sí y se revuelve en el asiento, sin lugar al que escapar—. He dicho que no —maldice jadeante, sin apartar la mirada de mí.

No me importaría que no le apeteciera correrse ahora.

Pero sí me cabrea que nos niegue lo que ambos nos merecemos. Aunque no pienso demostrárselo.

—Está bien, como quieras. Cuando te canses de fingir, despiértame. —Cierro los ojos y apoyo la espalda contra el asiento, duro como una piedra.

Me reconforta saber que ella está más jodida.