Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 113
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Capítulo 113

C uando entré en esta habitación no pensaba que las cosas acabarían así.

Se ha lavado la cara y no lleva ni una gota de maquillaje. Encima tiene puestos esos pantaloncitos minúsculos que son una clara arma de tortura. Por no hablar de su culo. Y de sus piernas.

Ah, ¿y no lo he dicho? Estaba en toalla, poniéndomela dura desde la distancia. Una toalla minúscula que a duras penas cubría sus generosos pechos y que ahora tengo yo en las putas manos.

Si supiera las ganas que tengo de tumbarla en el suelo, separarle las piernas y penetrarla hasta que se desmaye, me tendría miedo.

—Debería darte una bofetada por ser tan insolente —susurra atravesándome con la mirada.

Freno mis movimientos y dejo de limpiarla. Podría bajar la mirada y recorrer cada centímetro de piel expuesta porque aquí la valiente no se ha tapado con las manos. ¿Cómo le digo que su orgullo y rebeldía son lo que más me pone porque es su verdadero yo?

Me inclino hacia ella y no se inmuta. Mi boca roza su cuello mientras mis dedos anudan la toalla a su espalda, cubriéndola.

Me alejo de ella cuando está temblando de deseo. Tanto que si seguimos así, empezará a gotear sobre la alfombra.

—No vuelvas a hacer eso. No tienes derecho a verme desnuda solo porque te apetezca.

—No te he visto desnuda. No sé por qué debería tener el más mínimo interés.

Resopla y baja la mirada a mi entrepierna. Ah, ya, buen punto: estoy más duro que una piedra.

—Me pasaría con cualquiera. Soy humano.

Y una puta mierda con cualquiera.

Es ella.

Es su olor.

Es su puta mirada rabiosa y desafiante.

Pero eso Clara no tiene por qué saberlo.

Aprieta los dientes, tensando su bonito, dulce y delicado rostro.

—¿Vas a dejar de estar enfadado conmigo en algún momento?

—¿Enfadado? ¿Por qué iba a estar enfadado?

Claro que estoy enfadado con ella.

Me ha comparado con el mayor hijo de puta de la historia solo porque la deseo más de lo que respiro. No ha sido un golpe bajo, ha sido un puto puñal oxidado directo a mi corazón y sí, estoy cabreado.

—Antes te he dicho que siento haber…

—Sí, te oí.

—Te gusta mucho interrumpir a la gente mientras habla.

—Vete a vestir, Clara. No puedes retrasar al grupo infinitamente. No todo gira en torno a ti.

Me doy la vuelta, pero me coge de la muñeca con tal de detener mis pasos.

—Espera.

—Para ser alguien que reiteradamente me ha pedido que no la toque invades mucho el espacio personal de los demás.

Me suelta avergonzada, pero no agacha la mirada.

—No te pareces a Kenerick.

—Anda, ¿no?

—Me has contado la verdad desde el principio —sigue ignorando mi tono borde—.

Gracias a ti supe que no podía fiarme de Chloe y de Kenerick.

Me ayudaste, aunque fuera mordiéndome el labio.

Te mantuviste cerca incluso después de que te pidiera de malas formas que te largaras de mi jardín.

Y también… imagino que solo estás aquí porque eres un policía demasiado cabezón como para dejar un caso a medias, aunque te suspendan, pero gracias.

Tengo una segunda oportunidad y me la has dado tú.

Vuelvo a invadir su espacio, acercándome más de lo que debería, hasta que mi boca habla sobre la suya.

—Estoy aquí por ti, Clara. No por el caso. —Llevo la mano hasta su garganta y aprieto.

Separa los labios, pero no llega a pronunciar palabra. No puede.

—Y para que conste —le miro de arriba abajo—, no me gustabas más antes. Siempre me has gustado más tú .