Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 114
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Capítulo 114

N o puedo respirar.

Ni volveré a poder nunca.

Me ha dejado hecha un desastre sin siquiera tocarme y luego ha llevado la mano a mi garganta. Mi bajo vientre se retuerce con fuerza bruta y mi sexo se queja anhelante.

—Y para que conste —me mira de arriba abajo, encendiéndome como un maldito incendio forestal descontrolado—, no me gustabas más antes. Siempre me has gustado más tú.

Tiemblo de deseo. De miedo. Por culpa de la adrenalina, que no entiende de locuras ni errores. Llevo mis dedos hasta su garganta, pero no para hacerle lo mismo. Mi índice roza su piel tatuada, la maldita C.

—Sabes que es por ti, no hagas preguntas estúpidas —habla en mi boca y rezo porque me bese, pero no lo hace.

Me suelta y recupero todo el oxígeno de golpe.

Nunca he estado bien de la cabeza. Por eso esto me excita tanto. Por eso soy capaz de desearlo tanto cuando cualquiera en mi situación estaría llorando en una esquina y pidiendo hueco en un manicomio.

Adrien me da la espalda y se aleja un paso de mí como si pretendiera dejarlo ahí. No sé qué parte de mí actúa primero. Si la rabia, la humillación o el deseo, pero tiro de la toalla y la dejo caer al suelo.

El sonido es tan característico que aunque me esté dando la espalda, gruñe a sabiendas de lo que acabo de hacer.

Un latido después se da la vuelta y hace lo que no había hecho antes. Recorrer cada centímetro de mis pechos expuestos con la mirada. Los pezones se me ponen duros como el cristal y mi respiración se vuelve aún más errática.

Podría caerme al suelo de lo débiles que siento las rodillas. Esto está mal, pero no puedo remediarlo. Ni quiero. Es la primera vez que pienso en mí. La primera vez que elijo hacer lo que yo quiero, joder.

— Clara —mi nombre suena a un gruñido animal de sus labios y sé que es una advertencia.

La última. Pero yo estoy harta de que todos los hombres de mi vida decidan cuándo se quedan y cuándo se van. Rompo toda distancia acercándome a él con pasos decididos y, estampando mi cuerpo contra el suyo, alcanzo su boca y le beso.

Puede que lo inicie yo, pero en el momento en que mis labios colisionan con los suyos Adrien Volkara toma posesión de mi boca y de mi cuerpo.

Hunde los dedos en mi pelo mientras su otra mano abarca mi culo para atraerme hacia sí y frotarse con una rabia que me excita hasta el infarto. Le correspondo. No me reconozco.

Su lengua y la mía entran en guerra, pero es él quien me conquista.

Me devora mientras su erección me llama a gritos.

Alcanzo el botón de sus vaqueros y lo desabrocho.

Me coge de las muñecas adueñándose de mis intenciones y cuando me besa, parece que está comiéndome viva.

Es un depredador mostrando cero misericordia a su presa y yo solo puedo aceptar lo que me da.

— Çmenduria ime.

Gimo.

—Dilo otra vez.

—Vajza ime e egër.

Gimo más fuerte. Mi corazón late más fuerte que un martillo.

—Quítamelos —pido frotándome contra él, del todo insatisfecha, bebiendo de su sabor y anhelando más de lo que me da.

Es un beso cargado de ira ardiente, de rabia y lava, de los que te queman hasta los pensamientos futuros. Me está follando con la boca, la virgen.

Su mano en mi nuca me atrae hacia sí mientras me aprieta contra la cómoda. Sube una de mis piernas para encajarse más en mí y con la fricción de su duro cuerpo rozo el cielo y todo lo santo. Voy a correrme de un momento a otro, voy a…

—Mamiiii, ¡ya sé lo que quiero cenar! ¡Tienes que darte prisa! —La voz de Liam nos llega desde la calle, acompañada de sus rápidos pisotones.

Lo siguiente es el disparo.

Un disparo que lo silencia todo.