Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 112
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Capítulo 112

N o esperaba que dos minutos después de lavarme el pelo, cuando todavía tengo gotas cayéndome por la frente y manchas de tinte en el cuello, la puerta de la habitación se abriera y…

Adrien se ha duchado y lleva otra camiseta. Una marrón, a juego con sus imposibles ojos castaños. Y yo estoy con una toalla pequeña alrededor del pecho y los shorts minúsculos. Algo apropiado para estar solo con mi hijo, pero si añadimos al tatuado a la ecuación… dios, ¿hace calor aquí o soy yo?

—¡Mamá se ha teñido el pelo! —suelta mi hijo contento de verle, acercándose a él.

—Ya lo veo, Liam —dice en tono dulce, pero no deja de mirarme a mí.

Y su mirada no es precisamente dulce.

So-co-rro.

—Mamá tiene pesadillas.

—Shhh, hijo, eso era secreto. —Siento cómo las mejillas se me ponen rojas.

—Shhh, es secreto —añade por lo bajo.

Que alguien me mate.

De repente, como si el destino no estuviera satisfecho y quisiera empeorar aún más la situación, un pibonazo entra en la habitación. Y no hablo de Aileen, es otra mujer. Piernas kilométricas, labios jugosos y brillantes, melena resplandeciente…

—Así que estos son los famosos Ashcroft que están causando tanto revuelo. Por fin nos conocemos. Soy Britney. Encantada. —La que parece una modelo nórdica de ojos negros no se molesta en extender la mano hacia mí, solo en sonreír de manera angelical.

Yo no estoy encantada.

Al menos, no de estar medio desnuda y con unos shorts que me han costado cuatro dólares. Ella lleva un mono con pinta de caro, negro y ajustado, y yo ni siquiera llevo mis perlas, me las he quitado para no mancharlas. ¿En serio tenía que conocer a esta despampanante modelo justo ahora?

—Encantada —miento como una marrana. ¿Dónde mierda he tirado mi carísimo vestido? Seguro que todavía se podía lavar, en fin, ¿qué son un par de manchitas de sangre? —. Y dime, ¿también eres…?

—¿Del FBI? Sí. Estoy bajo el mando de Adrien. A sus órdenes. —Masca el chicle de forma obscena mientras lo mira, pero él sigue con los ojos clavados en mí, como si pudiera atravesar la toalla con la mirada y disfrutar de su pornografía en directo—. Si el jefe dice que salte, yo salto.

La piel me arde de celos. «Bajo el mando» ha sonado a «bajo su cuerpo». Y mejor no empiezo a hablar de lo que me parece lo demás.

Me tensa pensar lo que puede haber pasado entre ellos dos. O pensar en lo que ella quiere que pase. Dudo que tuviera algún problema para conseguirlo, es guapísima. Y yo sigo en puta toalla, demasiado alterada como para no reconocer que sí, estoy celosa.

—Te he pedido que te quedaras en la central y no lo has hecho, tanto no me obedeces.

—Es verdad, soy una chica muy mala.

¿Me sale humo por las orejas?

—Hala, el FBI. Cómo mola —dice mi impresionable hijo.

¿Alguien quiere enterrarme un poco más hondo?

¡Al parecer en este motel regalan palas!

Se genera un breve silencio que solo rompen las gotitas que caen en el suelo desde mi corta melena.

Adrien rompe el contacto visual por fin y se agacha para quedar a la altura de los ojos de Liam. Se tiene que agachar un montón.

—Vamos a cenar algo antes de irnos de aquí. Aileen y Sam están fuera, ¿quieres ir con ellos y escoger la mejor mesa de la cafetería?

Me mira buscando permiso y asiento.

Ya, ya, me pide permiso ahora que estoy delante, ¡pero este niño trajo al Spiderman a mi casa y eso no se me va a olvidar fácilmente!

—Britney, acompáñale.

—Adrien, ¿estás seguro de que no quieres que me q…?

—Ya me has oído.

Es satisfactorio ver a la rubia marcharse hasta que se da la vuelta y veo que por detrás tiene tipazo igual que por delante. Debería ponerme a subir escaleras en mis ratos libres. Me he fiado demasiado del pilates esporádico.

Nos quedamos solos cuando la puerta se cierra y me siento jodidamente desnuda.

—¿Has dicho cena? ¿C-cuánto hemos dormido?

—Pasan de las seis y media de la tarde.

Acorta la distancia y yo dejo de respirar. Se acerca más y quiero retroceder, pero parece tan enfadado conmigo todavía…

—Tienes el cuello manchado.

Lo que fuera a responderle muere en mi boca cuando tira de la toalla mojada que cubre mis pechos y me la arrebata.

—¿Qué crees que…? —susurro jadeante.

No ha desviado la mirada hacia abajo todavía, pero podría. En cualquier momento.

—Limpiarte —me pasa la toalla por el cuello en el que probablemente sea el gesto más erótico que he experimentado en toda mi vida.

Su boca está a escasos centímetros de la mía. La ira sigue emanando de sus ojos con violencia distante. Está tomando posesión de mí, quedándose con el control de todo y yo no… no puedo respirar.

—¿Me estás castigando? ¿Es eso?

—¿Esto te parece un castigo? —me frota más fuerte y me hace daño, pero también me arranca un gemido. Luego pone una mano en mi espalda desnuda y me atrae hacia sí—. Deja de moverte.

—Debería darte una bofetada por ser tan insolente —susurro.

Es humillante lo incapaz que soy de alejarme de ese iris hipnótico, de su olor intoxicante, de lo que sea que me está haciendo. Humillante en mayúsculas.

Adrien frena el movimiento de sus dedos. Mis mejillas no pueden estar más rojas, ni mi pulso más acelerado.