Capítulo 111
C hloe me clava el cuchillo en pleno estómago mientras Verónica se jacta de haberse follado a Kenerick con el vestido de novia puesto. El mío. Y mientras tanto, Kenerick solo mira y canturrea «Claaaa-ra, Claaaa-ra»…
—¿Mami? Mami, despierta. —La voz de Liam me hace abrir los ojos de golpe y por poco se me sale el corazón por la boca.
—¿Liam? ¿Estás bien? ¿Ocurre algo?
—Estabas teniendo una pesadilla.
Era tan real.
Han pasado horas porque el sol que entra por la ventana no es el del amanecer. Parece algo más que mediodía.
—Gracias por despertarme, tesoro.
—Mami —pregunta en susurros—. ¿Dónde está papá?
Dios mío. Esta conversación no va a ser fácil. Rompo el abrazo y lo miro a los ojos buscando las palabras adecuadas.
—Verás, él…
—No va a venir con nosotros, ¿verdad? —me coge la mano y se la aferra al pecho, a la altura del corazón—. Dime que no.
—No, cariño. No va a venir.
Exhala aliviado. La imagen de Chloe degollando a Kenerick se repite ante mí revolviéndome el estómago vacío y creándome un nudo en la garganta.
—Me alegro. No quiero que vuelva a ponerte triste. —Se abraza a mí y se me escapan las lágrimas.
—¿Por qué dices eso?
—Cada vez estabas más apagada. Ahora pareces más tú. —Me limpia la lágrima que se me escapa.
Mi chiquitín siempre me ha elegido. Estuviera como estuviera, siempre he sido su persona favorita. Podría llorar mil años por eso.
Acaricio su pequeño cuerpo sin entender cómo he podido hacer algo tan bien, tan perfecto.
—¡Hala! ¿Y esto? —señala la franja de piel que hoy no he maquillado y que… ha dejado al descubierto la tinta de mi tatuaje—. ¿Es nuevo? ¿De cuándo? ¿Te ha dolido?
—Lo tengo desde hace tiempo, tesoro, pero lo llevaba tapado. ¿Te gusta? Es un águila. —Está en el interior de mi pierna, así que las mujeres de Westchester coincidirían en que es provocativo y vulgar.
—Es muy bonito, ¿es porque te gustan?
—Se suponía que el águila era yo. ¿Recuerdas que te conté que mami creó una app que le dio mucho dinero? Me lo hice en aquella época, cuando quería comerme el mundo, pero luego… no encajaba muy bien con mi vestimenta, así que lo tapaba.
—¡Tienes que enseñarlo! —se incorpora en la cama—. A mí me encanta.
Me incorporo también. Tengo el corazón roto en mil pedazos, pero cuando miro a este pequeñajo el futuro parece prometedor. Si no acabamos en manos de la gente equivocada, claro está.
—Mami, ¿te estás poniendo triste otra vez?
Dios, tiene mucha inteligencia emocional y empatía. Demasiada para mi propio bien.
—No.
—¿Mientes?
Carraspeo.
—Tesoro, quiero pedirte algo. —Rebusco en la bolsa que descansa en la mesita de noche y saco la pequeña caja que compré en el veinticuatro horas—. ¿Me ayudarías con algo?
—¡Pues claro! ¿Qué es?
—Es un tinte. ¿Te apetece verme como soy en realidad?
Se le ilumina la cara del entusiasmo.
Vamos a poder con esto. Vamos a poder con cualquier cosa porque estamos juntos.