Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 109
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Capítulo 109

D ecir que su cuerpo se queda frío sería quedarse muy corta. Llevo cuatro minutos y medio en el veinticuatro horas y juro que en el pasillo en el que Adrien me espera se están formando icebergs.

En serio, creo que he visto un par de pingüinos rondando la zona.

El enmascarado mudo que ya ni está mudo ni lleva máscara, me está dando exactamente lo que le he pedido. Espacio. Y aun así, parece un castigo.

El aura tensa que emana de su cuerpo es peor que cualquier grito de enfado. Kenerick me habría esposado a la cama y me habría dejado allí hasta que me arrepintiera de mis palabras, de ir contra sus reglas, de mis elecciones y hasta de mi vida entera.

Y aun así, lo que hace Adrien se me antoja mucho peor… Su enfado es tan intenso que me aplasta el corazón impidiéndole latir con normalidad. Esto no puede ser culpa, ¿o sí?

Me importa lo que piense.

Me importa mucho.

Mierda, mierda.

—Ya estoy lista —le digo y no me responde.

Camina hasta la caja y deja un fajo de dinero en el mostrador. Unos shorts, una camiseta blanca básica cualquiera y algo de ropa interior no valen tanto, pero parece demasiado cabreado como para esperar su cambio.

Parece que le crece la espalda por momentos.

A este paso le van a salir músculos hasta en el cogote.

—Te lo devolveré —le digo cuando me topo con él en la puerta.

Echa a andar. Por la mirada asesina que me lanza, creo que el dinero que acaba de gastarse en mí es la última de sus preocupaciones.

—Me gustaría cambiarme. ¿Puedes abrir el furgón, por favor?

Lo hace con resoplidos. La cosa está tensa de narices.

No me doy cuenta hasta que me pongo los shorts de que enseño un poco el culo con ellos. ¿Pero qué más da? Ahora soy viuda, y fugitiva. Tengo cosas mejores de las que preocuparme.

—Necesito dejar de ver a la señora Ashcroft cada vez que me miro en el espejo y este es el primer paso —gruño dándome codazos contra los asientos—. Teñirme el pelo a mi color natural será el siguiente.

Morena. Morena. Morena.

Por ahora, me recojo el pelo en un moño medio deshecho. Arrugo el vestido para tirarlo en cuanto salga, pero me dejo puestas las perlas. Siempre me han hecho sentir femenina, a diferencia de la ropa cara que me hacía sentir que la necesitaba para valer algo.

Miro a Adrien a través de la ventanilla.

Está dándole la espalda al furgón mientras me cambio.

Quiero esconder la cabeza bajo la almohada como cuando era una niña pequeña.

Pero no puedo así que de un tirón, corro la puerta del furgón y salgo fuera.

Tengo el tiempo justo de acercarme a la pequeña basura cerca del coche antes de que Adrien me eche un buen vistazo y me clave al suelo.

Me repasa de arriba abajo y me deja sin respiración.

No he comprado suficiente ropa interior.

Veo cómo su nuez se mueve despacio a través de su cuello, a través de la maldita C de su cuello, y cómo sus ojos al llegar a los míos reflejan…

Nada. La más pura inexpresividad.

La desilusión me sacude un poco, pero finjo que no.

—Siento si te gustaba más antes, pero es lo que hay.

Vale. Quizá no finjo que no.

Adrien no contesta, solo echa a andar hacia las habitaciones mirando de vez en cuando por encima de su hombro para asegurarse de que le sigo.

—Espera —rodeo su muñeca antes de que entremos ahí—. Siento lo que he dicho.

Mira mi mano como si el contacto fuera algo mal hecho y se limita a decir:

—Muy bien.

Mueve la cabeza para que pase y luego llama a Aileen. Por alguna razón mi cerebro decide elegir ese momento para recordarme que es solo su hermana. Sam también sale de la habitación. Me acuesto junto a Liam, que sigue dormido y pienso cómo se ha podido joder todo en tan poco tiempo.

Las cosas estaban jodidas desde el principio, Clara, lo que pasa es que tú no lo sabías.