Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 107
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Capítulo 107

—P uede que me hayas investigado, pero no sabes nada sobre mí —dice molesta, marcando esa palabra—. Sigue hablando.

—Mi equipo y yo tiramos de unos hilos y cabreamos a personas con influencia que lograron que me sacaran del caso. Pero para entonces ya era tarde. Nadie iba a conseguir que me alejara de ti ni dejara de protegerte.

—¿P-protegerme?

—Kenerick se había cubierto las espaldas. En caso de que tú averiguaras toda la verdad e intentaras dejarlo, tenía… —carraspeo—, tenía a gente lista para matarte.

—Pero es él quien está muerto, esos asesinos ya no tienen razones para hacerme daño, ¿verdad?

—Kenerick planeaba matarlos él mismo una vez acabara con todo el trabajo.

—Si pensaba matarlos a ellos también, eso… Eso significa que les prometió un dinero que nunca pensaba pagarles, ¿verdad? Unas cantidades desorbitadas, ¿me equivoco?

Mi polla se lleva un latigazo de placer por lo lista que es, joder. JODER.

—No, no te equivocas.

—Así que ahora vienen a por mi dinero.

—Sí. Esa es una de las razones por las que Liam y tú estáis en peligro.

Se le abre la boca con sorpresa y una maldición muda, y lo hace de una manera muy sensual que me da todo tipo de ideas húmedas y placenteras. Joder, es enfermizo, no hay un solo segundo que no la desee.

—Contrataré a un guardaespaldas.

—No, no lo harás.

—¿Por qué no?

—Porque no dará la talla, te harán daño y tendré que vengarme matándolo con mucho dolor cuando, en realidad, él solo era un pobre hombre mediocre que tendría que haberse limitado a ser portero de discoteca, pero que se vio tentado por tu generosa oferta económica.

Boquea como un pez fuera del agua.

—Y tienes que dejar de hacer eso —le advierto.

—¿El qué?

—Abrir la boca de esa manera. Me desconcentra.

Se le ponen rojas hasta las orejas y acompañada de su mirada asesina es suficiente para ponérmela dura.

Más.

—Eres solo un policía, puedo encontrar a alguien que esté a la altura de tus… ¿por qué sonríes así?

Le enseño la placa. Pasa de roja a blanca bastante rápido.

—¡¿Eres un agente del FBI?! —exclama en susurros.

—Me encanta la admiración que desprenden tus ojos, pequeña bestia. Deberías controlarla también.

—¿Ad-admiración? Yo no admiro nada. Por… ¿por qué no estamos en las oficinas de dondequiera que trabajes? ¿Por qué estamos huyendo como criminales?

—Porque me suspendieron. Y, perdona, «¿criminales?». Para mí esto son unas merecidas vacaciones.

—Creía que cuando te suspendían te quitaban la placa y el arma.

—No siempre. A veces solo quedas apartado de funciones operativas y pierdes acceso a todos los archivos de la investigación.

—¿Por qué? ¿Por qué iban a tener esa consideración?

—Porque soy buenísimo en mi trabajo y saben que si me tocan los cojones me iré a trabajar a otra parte.

—Por eso has seguido investigando por tu cuenta. Eres uno de esos agentes que hacen lo que les da la gana.

—No vas mal encaminada, pero no soy un lunático. Planeo bien mis estrategias.

—¿Y Sam y Aileen quiénes son? ¿Tu padre y tu novia?

Se me escapa una carcajada sonora y ella da un respingo. Me mira debatiendo si pedirme que vuelva a hacerlo o ofenderse.

—No, eran parte de mi equipo. El resto se quedaron en la central, tal y como les pedí. —Pero me habrían seguido sin dudarlo.

—Pero Aileen sí es tu novia.

—¿Esta es tu manera de pedirme que vuelva a besarte? Ven, siéntate en mi regazo.

—No, es mi manera de decirle en cuanto la vea que se busque a alguien que no sea un desgraciado que la engaña con la primera cualquiera que…

—Es mi hermana. Y tú no eres una cualquiera.

Se queda helada. Muda. Atesoro cada reacción porque esta mujer es mi puto imperio romano, mi pensamiento recurrente, mi fijación obsesiva…