Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 106
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Capítulo 106

—M i pequeña bestia —gruño por lo bajo.

—¿Qué has dicho?

—Digo que pareces estar a punto de saltar por encima de la mesa y morderme la yugular.

—Será porque lo estoy.

—No me oirás quejarme por tenerte subida en mi regazo.

La ofensa y la lascivia brillan en su mirada y dudo si voy a volverme loco. Más de lo que ya lo estoy.

—Me voy. —Se pone en pie y esta vez no la cojo de la muñeca.

Entrelazo sus finos, delicados y largos dedos con los míos rudos que triplican su tamaño.

—Por favor, siéntate —pido acariciándola y poco a poco se le enrojecen las mejillas.

Lo hace y me siento muy bien conmigo mismo cuando no aparta la mano de inmediato.

—Habla.

—Deberías comer un poco antes. Quizá luego no tengas apetito.

—Ahora tampoco lo tengo. Estoy poniendo a Liam en peligro por estar contigo. Ni siquiera debería estar aquí.

Puede. Pero no voy a reconocérselo.

No, si existe la más mínima posibilidad de que eso la aleje de mí.

Es mucho más fácil así en vez de encadenando a madre e hijo a mi coche en contra de su voluntad.

—¿Quieres que me vaya?

—Tienes una manera muy graciosa de interpretar mi silencio.

—¿Entonces? ¿Acaso vas a volver a ser un mimo? Para empezar, ¿por qué tantas notas si tienes unas cuerdas vocales que funcionan perfectamente?

—Tu exmarido tenía cámaras y micrófonos por todas partes, no podía permitir que averiguara quién era.

—¿Cómo iba a saber quién eras?

—Hace escasas horas que has vivido algo muy traumático y no quiero abrumarte con los detalles, pero hace meses mi unidad y yo investigábamos a Kenerick.

—¿De qué estás hablando?

—Como sabes era un hombre poderoso. Lo que desconocías es que utilizaba su empresa como tapadera para dedicarse a hacer favores en la sombra a personas despreciables, turbias, aunque con gran poder.

Kenerick había creado una red de favores que lo benefició mucho a la larga.

Eso le hizo descuidar el negocio y estaba a punto de entrar en bancarrota, por eso necesitaba que se lo entregaras todo, no solo la mansión.

—N-no sabía nada de eso.

—Igual que tampoco sabes que llevaba años robándote dinero sin que te dieras cuenta. —Ladeo la cabeza—. No pareces muy sorprendida.

—Me envenenó, intentó matarme y le oí decir a gritos que iba a hacer lo mismo con nuestro hijo. Perdona si el hecho de que me robara unos cuantos billetes no me deja jodidamente perpleja.

Qué orgullo siento ahora mismo.

—Ojalá hubiera podido matarlo yo.

—Lo mismo digo —estrecha su mirada envenenada.

—No, qué va. Matar a alguien te cambia para siempre. Créeme, no quieres tener las manos llenas de sangre.

—No hables como si me conocieras.

—Te conozco muy bien. He sido tu sombra durante semanas, Clara.

En cuanto digo su nombre, su cuerpo reacciona. Me cuesta lo mío no abalanzarme sobre ella cada segundo que pasa. Tengo una cuenta atrás sobre mi cabeza y tarde o temprano va a llegar a cero.

—De ahí mi obsesión.

—¿Con qué?

—Contigo. —La miro, la estudio y sigo sin tener suficiente—. Es la primera vez que me pasa, lo cierto es que… todavía barajo qué hacer al respecto.

¿Venerarte?

¿Doblegarte?

¿Comerte viva?