Capítulo 99
L a miro a través del retrovisor mientras conduzco. Liam, que no tiene ni idea de todo lo que ocurría realmente en su casa, duerme en su regazo desde hace media hora, pero ella no. Está muy ocupada teniendo la mirada perdida como para dormirse.
Una hora después paramos a poner gasolina y su puerta le hace el eco a la mía cuando me bajo.
—Deberíamos hablar —dice y cometo el error de mirarla a la cara.
El aire en mis pulmones, los pensamientos lógicos, la razón… Todo se desvanece cuando la encaro.
Me he pasado muchas horas estudiando a esta mujer y ha sido jodidamente difícil porque nadie puede pensar bien con la polla dura. Abro la tapa del combustible, introduzco la manguera en el depósito y maldigo todo lo maldecible.
—¿Hola?
—Lo haremos, pero este no es un buen momento.
Dios, cuánto me gusta mirarla.
—¿Por qué no?
—La gasolinera no es un buen lugar y aún no hemos puesto suficiente tierra de por medio. Tenemos que seguir.
No me hace falta mirarla para saber que el silencio no es característica clave de su satisfacción, pero me recorre una avalancha de regocijo cuando la veo poniendo morros.
Error.
Doce metros. He intentado mantenerme a esa distancia y me ha ido bien siempre que la he cumplido. Cuando no he acabado mordiéndole la boca o viendo cómo tenía un orgasmo.
—¿Qué clase de apellido es Volkara?
—Albanés.
—¿Eres albanés?
La miro sin responder. Su curiosidad sobre mí me hace cosquillas donde no debería.
Veo las preguntas formándose en su iris y quiero soltar la manguera, cogerla a ella y estamparla contra el lateral del coche pidiéndole explicaciones.
Por ejemplo, ¿por qué mierda quería a ese hijo de puta?
¿Por qué cojones me pidió que no volviera a su jardín cuando yo soy el único que la ve por quien es?
Pero esta pobre mujer no necesita saber ahora que el peligro que tiene delante es mucho peor que el que ha dejado atrás.
—Creo que Liam y yo vamos a…
—No.
—No sabes lo que iba a decir.
—No vais a iros por vuestra cuenta. —Termino de poner gasolina, devuelvo la manguera a su sitio y cierro el depósito.
Clara decide que ese es un buen momento para poner la mano sobre mi antebrazo. Me petrifico.
Me. Está. Tocando. A mí. Joooooder, pequeña bestia. No te conviene hacer eso.