Capítulo 98
L as sirenas están cada vez más cerca.
—Liam, sube al coche, rey —pide la voz femenina, ¡y él va y lo hace!
—Oye, perdona, ¿quién eres tú y por qué le estás dando órdenes a MI hijo?
Un hijo que casi me arrebatan.
Un hijo que creía que no iba a volver a ver.
En serio, flipo por no estar potando ahora mismo.
—Alguien va a tener que trabajar sus problemas de confianza —dice esa voz sexy a mi lado—. Sube al coche, Clara.
Mi corazón da un vuelco.
—No pienso subirme al coche de un desconocido enmascarado que no me ha dicho ni su nombre y… —enmudezco cuando se quita la máscara.
MADRE. DE. DIOS.
No sé qué esperaba.
¿Una cara corriente?
¿Una cicatriz monstruosa?
¿La nariz rota de un tío perturbado que se cuela en jardines ajenos?
No lo sé. Pero desde luego, esto no .
Ya sabía que tenía el pelo negro, ondulado y despeinado, como si hubiera metido sus dedos entre los mechones, porque se le ha caído la capucha a medio camino. Y también sabía que sus ojos son castaños claros de un modo imposible, además de muy penetrantes. Cargados de rebeldía, de poder.
Lo de su boca es nuevo.
Sus labios son tan gruesos y bien dibujados que casi da rabia mirarlos sabiendo que no puedes acercarte. Y su mandíbula… Su mandíbula tuvo que ser diseñada por alguien empeñado en hacerme perder un tiempo valiosísimo.
Es injusto.
Es absolutamente injusto.
Acabo de ver arder mi casa.
Acabo de descubrir que mi marido era un psicópata, la au pair una asesina, mi mejor amiga una zorra asquerosa y que Damon era el único en esa casa que no me quería quitar de en medio.
Y ahora el universo, que claramente tiene un sentido del humor muy retorcido, me planta delante de un hombre que parece sacado de uno de los libros que comparto con mis queridas Food4VillanosTatuados, MorallyGreyFucker y NoSoyTuMami_OSí .
Uno de esos que te persiguen hasta en sueños, pero que pertenecen allí: en la ficción.
¿Este hombre es el culpable de que tenga una herida en la parte interior del labio inferior? ¿Este hombre es la razón por la que sigo viva? ¿Este hombre es el que se ha encargado de poner a mi hijo a salvo?
—Clara —pronuncia mi nombre de una forma que no he escuchado en toda mi vida.
Casi parece otra cosa.
—No me has dicho tu nombre.
—Adrien Volkara —dice con un acento que desconozco—. Ahora sube al coche.
—No. Tu nombre no es suficiente para… —me coge de la cara y me atrae hacia su boca con brusquedad.
—Mantenerme apartado de ti ha sido lo más difícil que he hecho nunca y no estoy dispuesto a soportar la puta agonía ni un solo segundo más.
—¿Agonía? —susurro inhalando la menta de sus labios.
Tira de mi bolso y lo deja caer al suelo.
—No puedes llevártelo. Mira, el furgón es una mera cortesía, pero a mí me encantaría subirte a mi moto y esposarte a mí. Tengo un amigo al que le funcionó muy bien el método. Decide .
Su cercanía me seca la garganta y no me deja pensar.
Liam insiste en que suba y me convenzo de que lo hago por eso.
Nos vamos de allí pisando el acelerador y tengo la impresión de que no volveré jamás a Westchester.
Al mirar atrás, veo la mansión Ashcroft envuelta en llamas y un escalofrío me recorre la espalda. Sé que es imposible, pero tengo la impresión de que veo a una persona bailando dentro.