Capítulo 18
Thalia
LA RESIDENCIA DE NOLAN HAWTHORNE SR. en Nueva York era a la vez grandiosa y sobria.
Construida durante la Edad Dorada, el anciano había mantenido el estilo, con las modificaciones justas para adaptarla a los estándares actuales.
Allí se celebraría la cena anual de Acción de Gracias de la familia Hawthorne.
Sería la primera vez que asistía. El año pasado no pude ir porque estaba cuidando a mi madre. Este año no tenía excusa.
Todos los hijos de Nolan Hawthorne estaban allí excepto tres.
Ivy, quien, según Carey, había huido de la familia para valerse por sí misma, sin la fortuna familiar.
Teníamos prohibido pronunciar su nombre.
Levi estaba en Cambridge cursando su máster, y Raine, la menor de la familia, en un internado.
El resto —Nolan Jr., el hermano mayor de Carey, y Ty y Seb, los menores— sí habían venido.
Nolan Sr. ocupó la cabecera de la mesa, mientras que Jacqueline se sentó en el otro extremo.
Carey tomó asiento junto a Jacqueline, y yo a su lado.
A mi derecha estaba Seb. En el lado opuesto, Nolan Jr. se colocó junto a su padre, y Ty junto a él.
Los dos Nolan habían estado enfrascados en conversación desde que llegamos, y cada vez que captaba fragmentos, siempre hablaban de negocios.
Ty y Seb iban a lo suyo mientras Carey olvidaba que yo existía.
Jacqueline parecía contentarse con observar a los demás y, de vez en cuando, mendigar halagos sobre la comida.
—Comida maravillosa —dijo Ty a Jacqueline.
Seb soltó una risita. Jacqueline sonrió radiante.
—Gracias, Ty. Me encanta cocinar para todos vosotros.
Si captó el tono burlón en la voz de Ty, no lo demostró. La comida estaba buena, pero no gracias a ella. Tres chefs se estaban dejando la piel en la cocina para preparar aquella comida.
—Y tú, Thalia, parece que lo estás disfrutando, ¿no?
Justo estaba sirviéndome un cuenco de estofado y me sentí como una glotona pillada en el bufé. Esbocé mi mejor sonrisa.
—Está increíble. Te ha quedado genial.
—Gracias. El menú es de mi madre. Es griega. Has comido mucho. ¿Estás comiendo por dos, quizás? Tu vientre parece un poco…
Hizo un gesto curvo sobre su propio estómago.
¿Tan gorda estaba? Había engordado un poco después de adelgazar bastante cuando murió mi madre.
Solo estaba recuperando el peso perdido, no mucho más.
A mi lado, noté que Carey se tensaba y me volví hacia él.
Probablemente estaba pensando en el trato que había hecho con su padre.
Miré a Nolan Sr., que parecía ajeno a nuestra conversación.
Tenía la cabeza inclinada hacia su hijo mayor y escuchaba atentamente lo que decía.
—Eh… No hay bebé. Todavía.
Forcé una sonrisa cansada.
—Oh.
Jacqueline parecía un poco decepcionada.
—Estás un poco rellenita; pensé que tendría algo que ver con un embarazo.
El calor me subió a las mejillas.
—Deberías tener cuidado, ¿sabes? —continuó—. Un dónut al día y acabarás en la sección de tallas grandes. Tu gente, sobre todo, tiende a ensancharse de caderas.
Carey golpeó la mesa y todos se callaron.
—Deja en paz a mi esposa.
Jacqueline se atragantó.
—Solo estaba diciendo la verdad, cariño; no pretendía ofender.
—Su cuerpo está perfectamente bien tal como está. ¿Puedes dejarla en paz de una vez?
—¿Carey?
Parecía herida.
—Jacqueline.
La voz de Carey era dura, inflexible.
El silencio se hizo más denso. Se podía oír el vuelo de una mosca. Me costaba masticar la comida que ya tenía en la boca. Todas las miradas estaban clavadas en Carey y Jacqueline, esperando ver quién cedía primero.
La boca de Jacqueline se ensanchó en una sonrisa tensa y se inclinó hacia mí.
—Estás estupenda, querida. Solo me preguntaba cuándo veremos al primero de la próxima generación Hawthorne.
—Ya hay un niño por ahí —murmuró Ty.
Pocos lo oyeron, o quizá todos, pero fingieron no haberlo hecho.
Debían de estar hablando del hijo de Ivy.
Todo lo que sabía, y la mayor parte me lo había contado Darcy, era que Ivy se había distanciado de la familia y había tenido un hijo poco después.
Darcy no cree que lo tuviera después, sino antes.
Piensa que a Ivy la apartaron de la familia por un romance con un empleado.
Pero el padre del niño era demasiado pobre o demasiado cagueta para hacerse cargo del bebé.
Fuera como fuese, Nolan Sr. fingía que el niño no existía.
—Espero que lo estéis intentando —bramó Nolan Sr.—. El tiempo apremia.
Su mirada se posó en mí por primera vez en todo el día. ¿Me estaba amenazando? Desde luego sonaba a amenaza, aunque se reía mientras hablaba.
—Aún hay tiempo —dijo Carey, con el mismo tono acerado que había usado con Jacqueline.
Nolan Hawthorne pareció echarse atrás a regañadientes. Enseguida se olvidaron de nosotros y la conversación pasó a otros temas. Me incliné hacia Carey y susurré:
—Gracias.
—No lo he hecho por ti.
No se volvió a mirarme. Tenía la mirada fija en el plato.
—No quiero que me acosen por un hijo que jamás les voy a dar. Tienen que saberlo.
—Bueno, gracias de todas formas.
Carey y yo no volvimos a hablar. Mi atención se centró en Ty, que parecía encantado de contarme todo sobre su carrera.
Ty y Seb estudiaban diseño arquitectónico y planeaban abrir un estudio juntos al terminar la universidad.
De los cuatro hermanos presentes, Ty y Seb eran en los que menos se entrometían sus padres.
No recuerdo que Nolan Sr. preguntara por ellos ni una sola vez.
Después del almuerzo, pasamos a lo que yo llamaría un salón.
Había una gran chimenea en el centro de la pared, y sobre ella, un Picasso.
Picasso era uno de los pocos artistas que sabía reconocer, y como el resto de la casa, aquella habitación evocaba el viejo Nueva York: paneles de caoba, sofás rojos y mesas de roble con patas curvadas.
Nos sirvieron bebidas alcohólicas; pedí lo mismo que Carey, bourbon con hielo: pésima decisión. Bajaba suave por la garganta y claramente sabía a caro, pero era horrible. Gasolina de lujo. Me senté en uno de los mullidos sofás, le di sorbitos a mi copa y fingí mirar algo importante en el móvil.
—Sabes, acabo de darme cuenta de que tú y yo casi nunca hemos hablado. Debería remediarlo. Al fin y al cabo, eres de la familia.
Me volví y vi a Nolan Jr. sentarse a mi lado. Tenía un vaso de bourbon en la mano, aunque no parecía costarle tanto como a mí. Parecía simpático y relajado.
No creo que me considere parte de la familia todavía. Al fin y al cabo, resulta raro considerarme una de ellos después de tantos años viéndolos desde fuera. Paseé la mirada por la habitación. Seb, Ty y Jacqueline charlaban en corro. Carey estaba apartado en una esquina con su padre.
—No me siento así —le dije a Nolan Jr.
Siguió mi mirada y se rio entre dientes. —A veces podemos ser un poco cerrados, pero créeme, somos gente acogedora cuando nos conoces mejor. Bueno —ladeó la cabeza—, exceptuando a mi padre y a mi madre.
Me reí, y él hizo lo mismo.
—Sabes, no creía que Carey fuera a hacerlo al final, pero me alegro de que lo hiciera.
Di un sorbo a la horrible bebida, sin entender del todo de qué hablaba. —¿Qué hizo?
—¿Casarse contigo?
—¿Eh?
—Vuestro eterno «¿lo harán o no lo harán?» era agotador de presenciar desde fuera.
Casi me atraganto con la bebida. —Mi relación con Carey no era nada de eso.
Nolan Jr. puso los ojos en blanco. —No actúes como si no os hubierais estado calentando el uno al otro desde que erais adolescentes.
Negué con la cabeza, rechazando esa realidad que nunca existió.
Ladeó la cabeza. —Venga ya. Sé que elegías a propósito limpiar su habitación solo para tentarlo. Y mi hermano no tenía por qué ir al colegio por la misma ruta que pasaba por el tuyo cuando por otro camino tardaba diez minutos menos.
—Eso no es lo que... —intenté rebatirlo, pero no se me ocurrió nada. No tenía ni idea de que había sido Carey quien había elegido esa ruta—. Pensé que mi padre se lo había pedido.
—Tu padre le pidió al mío que te dejara más cerca de tu colegio. No en el colegio. Pero ¿qué hacíais vosotros dos en su habitación cuando íbamos allí?
—Pero yo no pedí limpiar su habitación. Simplemente limpiaba lo que me tocara en la lista.
Nolan Jr. sonrió como si acabara de descubrir algo. —Ese pequeño cabrón —su mirada se dirigió a Carey—. Así que también hizo que te cambiaran las tareas. No tenía ni idea de que mi hermano estuviera tan pillado por ti.
Se me encendieron las mejillas, y no fue por el bourbon.
—Parece que por fin tuvo agallas para hacerte suya.
Me sentí como una impostora. Carey había sido obligado a casarse conmigo. Que Nolan pensara lo contrario me hizo querer aclarar las cosas. Al menos él, entre todos, entendería la situación en la que estábamos. —Carey y yo no... No somos. Tu padre...
—Forzó la unión. Lo sé. Presume mucho de ello. Pero créeme, nadie obliga a Carey a hacer lo que no quiere. Ni siquiera mi padre.
—No sé yo. Tu padre puede ser muy dominante.
—Es una fuerza de la naturaleza, eso es verdad —Nolan miró a Carey y a su padre—. Siempre ha tenido la mira puesta en que Carey llegue a presidente; es jodidamente alucinante.
—¿Crees que Carey lo quiere? —Carey nos miró y entrecerró los ojos.
—¿La carrera que mi padre le ha planeado desde que ganó el primer premio en un concurso de debate en segundo de primaria? —Nolan se encogió de hombros—. Tú lo conoces mejor que yo.
Me reí. —¿Yo?
—Vuestras vidas siempre han girado en torno a la del otro.
—¿Carey y yo? —La mera idea sonaba ridícula a simple vista.
Carey y yo rara vez pasábamos tiempo juntos fuera de esos viajes al colegio.
Carey se esforzaba por evitarme. Incluso se aseguró de que sus amigos no me dirigieran la palabra.
Y mira, a pesar de todas las suposiciones de Nolan sobre que Carey había influido de algún modo en mis tareas para que yo limpiara su habitación, Carey y yo apenas hablábamos en esos momentos.
—Probablemente eso es lo que vio mi padre.
—Creo que tú y tu padre no solo compartís nombre, sino también delirios.
Le tocó reírse a Nolan. —Si crees que tu marido no ha estado obsesionado contigo desde el primer día que te vio, la que delira eres tú, cuñada.
—¿De qué os reís? —Carey apareció frente a nosotros con una ligera mueca en el rostro. Fulminaba a Nolan con la mirada.
—De nada. Mi cuñadita y yo nos estábamos conociendo.
Fulminó a Nolan con la mirada, y algo así como una comunicación telepática de hermanos pasó entre ellos. Nolan levantó las manos en señal de rendición burlona y se puso de pie. Me sonrió y dijo: —¿Ves?
No tuve tiempo de descifrar qué quería decir con eso porque Carey dijo: —Padre nos quiere en su estudio.
—¿A ti y a mí? —pregunté, esperando que estuviera hablando con Nolan.
—¿A quién si no?
—¿De qué estabais hablando? —preguntó Carey mientras nos dirigíamos al estudio.
—De nada. —No podía decirle precisamente que estábamos hablando de él.
—No parecía nada. —Carey sonaba enfadado. Caminaba a zancadas y tuve que casi correr para seguirle el paso.
—Solo estaba siendo amable.
—Puede ser amable con quien quiera, pero no con mi esposa. —Su tono era duro y me sorprendió.
—Carey, es tu hermano.
—Que también es un mujeriego que va detrás de cualquier cosa con faldas.
Estaba demasiado sorprendida por su comportamiento como para responder. Me vino a la mente la sonrisa de Nolan. No podía tener razón. No. No tenía ningún sentido.
El padre de Carey ya estaba allí cuando llegamos al estudio.
Estaba apoyado en el lateral de su escritorio, con un aire aún más imponente que nunca a pesar de su fragilidad.
—Vosotros dos estáis eludiendo vuestras obligaciones —dijo en cuanto Carey cerró la puerta.
Apenas había dado dos pasos dentro cuando empezó a hablar.
—Si esto es por la campaña, papá, ya te dije que no puedo empezar ahora. No es el momento.
—¡Estoy hablando de ella! —me señaló, concretamente mi vientre—. ¡¿Por qué no tiene barriga de embarazada?!