Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 29 #2
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CAPÍTULO 29 #2

A pesar de que uno de los cometidos de Sloan era enterrar también a su hermano Kester, el guerrero se quedó al lado de Morag, mostrándole a Rowan su desacuerdo en ese instante por su negativa a creer a su esposa y a Cora.

Ambos hermanos mayores se miraron entre ellos y se retaron con la mirada.

Rowan entornó los ojos, pero se mantuvo callado.

Por su parte, Sloan lo miraba por encima del hombro. A pesar de que siempre habían estado uno al lado del otro y este era su segundo al mando, Sloan tenía la impresión de que se había roto algo entre ellos cuando Rowan se dejó cegar por el dolor en lugar de querer escucharlos.

Los Ross habían hecho un buen trabajo. No solo habían matado a algunos miembros de la familia Chattan y los habían llevado a la guerra. También habían provocado que la guerra se sirviera entre ellos por su diferencia de pensamientos respecto a los culpables.

Sloan apretó la mano de Morag. Sin lugar a dudas, la guerra había dividido a los Chattan. Los había matado, separado, pero, sobre todo, arrasado. Y así serían aún más fáciles de derrotar.

Sloan y Morag lo sabían. Por eso, se miraron entre ellos con preocupación. Sabían que ahora era cuando empezaba la guerra de verdad. Tan solo les quedaba rezar para que nadie más acabara muerto.

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Esa misma noche, tras haber evitado reunirse con el resto de la familia, Sloan y Morag se encontraban en su dormitorio.

Estaban sentados en los sillones frente a la chimenea, disfrutando de una copa de vino con la intención de calmar sus nervios.

Morag se encontraba más repuesta después de la brutal paliza, por lo que había aguantado más tiempo levantada y sin necesidad de descansar.

Sloan, sin embargo, se veía más cansado que nunca. Ese día parecía haber envejecido diez años después de la pelea con su hermano en el entierro de su madre y hermano. Aún no podía creer que Rowan hubiera dicho aquellas palabras a Morag, y entre ellos todavía no lo habían hablado.

—Sabes que me importa una mierda que tu hermano Rowan me considere o no de la familia.

Aquellas palabras hicieron que Sloan levantara la mirada del fuego.

— ¿Cómo sabes que estaba pensando en eso?

—Te conozco.

—No ha debido decir eso. Eres de la familia desde el momento en el que te casaste conmigo. Lo has demostrado con creces. Te metiste en el corazón de un clan enemigo para averiguar si ellos eran quienes estaban detrás de Cora. Y has luchado por nosotros. ¿Por qué demonios ha dicho eso?

—Ha sido fruto de su dolor. Estoy segura de que Gillian después a hablado con él.

—Espero que no vuelva a repetir algo así o nos iremos del castillo.

Morag suspiró y alargó una mano para tocarlo.

—Creo que todos debemos relajarnos y pensar fríamente. Nos estamos dejando arrastrar por el huracán que ha levantado Ross con este ataque. Quería rompernos, y lo ha conseguido. Si tu hermano no nos cree, debemos hacer nosotros algo para lograr acabar con Ross.

—No tenemos las fuerzas que se necesitan para atacar a un clan.

Morag sonrió de lado y se dejó caer contra el respaldo de la silla.

—Hombre de poca fe… ¿Recuerdas que antes de casarme contigo pertenecía a un clan que se llamaba MacBean?

La sonrisa de la joven aumentó al ver la mirada de Sloan.

—Mañana mismo pienso escribir a Jacob para contarle todo. Él podría ayudarnos. Si Rowan no quiere ir a por Ross, lo haremos los MacBean.

—Te olvidas de los Comyn…

Morag chasqueó la lengua.

—Ahí sí que no podemos entrar porque es el hermano de Gillian.

Cora dijo que era un traidor, pero no podemos lanzarnos contra los Comyn sin echarnos encima a tu hermano Rowan.

Además, no sabemos hasta qué punto están metidos en esto.

Tal vez no todo el clan está de acuerdo.

Puede que incluso el traidor sea únicamente el hermano de Gillian y el resto de sus hombres no sepa nada…

Sloan asintió.

—Se ha puesto todo demasiado turbio, Morag.

—Nada nuevo. ¿Esperabas que esto iba a ser fácil?

—Esperaba encontrarlo, matarlo y que todo acabara sin llegar a marchar a la guerra.

Morag asintió.

—La vida es un camino de rosas, pero estas tienen espinas.

A veces, te hieren; otras, te envenenan, pero en muchas ocasiones el sol alumbra el camino y puedes ver con claridad para evitar clavártelas.

Todo saldrá bien. Incluso tu relación con Rowan.

Ahora mismo está ciego por el dolor, y es normal.

Llegaremos a convencerlo antes de marchar a la guerra.

Sloan asintió y suspiró. Se levantó de la silla y se arrodilló frente a Morag.

Puso las manos en los muslos de la joven y levantó la cabeza hacia ella.

Después de todo lo que había pasado, necesitaba sentirla más que nunca.

Quería besarla, acariciarla, abrazarla… cualquier cosa le valía si con ello podía tenerla junto a él todo lo que pudiera.

Aún sentía miedo al pensar en que, si Morag no se hubiera levantado de la cama el día anterior, habría acabado muerta como los demás.

Era un pensamiento que no había dejado de tener un minuto tras otro, pero que no se había atrevido a poner en palabras.

Morag sonrió y alargó una mano para sostener su rostro. Bajó la cabeza y lo besó:

—Quédate conmigo, Morag —le pidió.

—Estoy aquí ahora, Sloan —aseguró la joven.

—Me refiero cuando pasen los meses y llegue la hora de romper el matrimonio. No regreses al clan MacBean. Sé mía para siempre: aquí, en tu clan, donde sea… quédate a mi lado…

La joven lo besó de nuevo y lo obligó a levantarse con ella. Lo empujó suavemente hacia la cama y lo abrazó tumbada sobre esta.

—No pienso dejarte nunca, Sloan. Ni ahora, ni cuando pasen los meses, ni después de esta guerra… Me ha costado encontrarte. Y ahora que tengo un lugar al que llamar hogar, no voy a irme.

Sloan la miró con el temor reflejado en los ojos.

—Lucharé hasta mi último aliento para que tengas un hogar lleno de paz, Morag, donde nadie más te haga daño.

La joven sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Ya lo tengo. Tan solo hace falta pulir algunas cosas. Nada más…

Sloan la besó y acarició su mejilla.

—Te amo, Morag MacBean.

—Y yo a ti, Sloan Chattan. Eres el hombre que nunca creí encontrar.

Ambos se sonrieron y sostuvieron la mirada.

— ¿Juntos en esta guerra?

El guerrero asintió.

—Hasta que acabe la eternidad.

Sloan la cubrió con su cuerpo y comenzó a desnudarla con sumo cuidado.

Quería demostrarle hasta dónde llegaban sus palabras, pues él no hacía juramentos en vano, y la amaba tanto que necesitaba dejarle claro que no era solo algo pasajero, sino que por fin se había atrevido a dejar la frialdad a un lado para vivir la vida intensamente.

Nadie más podía imaginar hasta dónde llegaba su amor, ni siquiera ella, por eso quería demostrarle todo lo que sentía, al menos mientras durara la paz.

Y cuando llegara el momento de ir a la guerra, quemaría el mundo para evitar que hicieran daño a Morag nuevamente.

Y después, lanzaría a las llamas a todo aquel que se hubiera atrevido a tocarle un solo centímetro de piel.

Morag era su esposa. Suya. Y él estaba dispuesto a vengarse por cada gota de sangre que la joven había derramado por culpa de otros.

Sin embargo, mientras tanto, le hizo el amor suavemente y le dijo que la amaba hasta la saciedad.