Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 28 #2
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CAPÍTULO 28 #2

—¿Por qué dices eso? Los Ross la entregaron para forjar alianzas.

Cora rio con ironía.

—¿Alianzas? Lo que querían era engañarnos a todos. ¡Os dije que no le contarais nada a Lottie, que no me fiaba de ella!

Alasdair levantó una mano, aún sorprendido por sus palabras.

—No tiene sentido lo que dices, Cora. Gillian y Morag también se casaron para forjar esas alianzas.

—¡Pero los Ross nos han mentido! Escuché a hablar a Lottie con Faith, la sirvienta. Ese es el clan que me buscaba. Ellas lo admitieron.

Alasdair suspiró y se llevó las manos a la cara mientras caminaba de un lado a otro. En un momento dado, dirigió su mirada hacia el dormitorio de la que había sido su esposa durante unas horas, y acabó negando con la cabeza.

—Lottie está muerta, Cora. Si ella fuera culpable, ¿no crees que habría sobrevivido?

La joven lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿De verdad no me crees? ¡Las escuché! Incluso la propia Morag os lo podrá contar. Ella tampoco se fiaba de Lottie. Tu querida esposa se cortó las muñecas delante de mí.

Alasdair dio un paso atrás.

—¿No lo harías tú?

Cora frunció el ceño.

—¿Matarla, yo? ¿Por qué?

—Por celos…

Cora sintió esas palabras como una puñalada. Limpió con rabia las lágrimas de su rostro y se arrepintió de haberse lanzado a sus brazos. Había esperado encontrar en él por fin al hombre comprensible que deseaba, pero volvía a ser su enemigo dentro del castillo.

La joven dejó escapar una risa amarga y dio otro paso atrás, acercándose a las escaleras.

—Déjalo. Ya veo que en este castillo mi palabra no vale nada. Si quieres, también puedes pensar que he sido yo la que he matado a mi propia madre y a Kester. Ya da igual.

La joven bajó las escaleras de dos en dos y se alejó de él. Corrió hacia las cocinas para buscar a la sirvienta y obligarla a que hablara. Desconocía qué había pasado abajo durante el ataque, pero intentó no mirar al suelo, a los guerreros muertos.

Corrió hacia su objetivo y, al llegar allí, se encontró con Morag y Sloan, que intentaban ordenar algo de todo lo que habían tirado. Nora se encontraba llorando en los brazos de otra sirvienta y Morag la miró en cuanto pasó.

—¿Cómo estás? Ya nos hemos enterado de lo de… vuestra madre…

Cora se incomodó y se encogió de hombros.

—Todo lo bien que se puede estar después de ver cómo matan a tu hermano y a tu madre.

Sloan no se acercó a ella, tal y como sí hizo Morag para abrazarla fugazmente.

Su orgullo y su dolor aún latente provocaron que su frialdad volviera a surgir de nuevo.

Aún no había podido asimilar la muerte de Kester cuando le habían informado del fallecimiento de su madre, por lo que sus sentimientos se encontraban a flor de piel y no sabía cómo gestionarlos.

—Han matado a muchos guerreros y a varios sirvientes —le informó.

Cora lo miró y le preguntó:

—¿Una de ellas es Faith?

Sloan asintió, provocando que Cora lanzara un rugido.

—¡Maldita sea! ¡Se han quitado la vida para evitar que las acusáramos!

Morag asintió de forma imperceptible y suspiró largamente. Sloan, por su parte, las miró sin comprender.

—¿A qué te refieres con eso?

Morag lo miró y estuvo a punto de responderle, pero Cora se le adelantó:

—¿Qué más da? Seguramente, pensarás lo mismo que Alasdair. A veces pienso que lo mejor hubiera sido que yo no naciera en esta maldita familia donde nadie se da cuenta de que yo tengo mi propia voz y que ninguno quiere escuchar.

Sloan abrió la boca para responderle, ya que no entendía qué estaba pasando, pero Cora se separó de Morag y se marchó de allí.

Esta estuvo a punto de salir tras ella, pero se sentía tan cansada y dolorida que necesitaba de las pocas fuerzas que le quedaban para ayudar en todo lo que pudiera. Ya hablaría con Cora más tarde.

Morag suspiró y se apoyó contra la encimera.

Todo a su alrededor era un caos: las mesas y sillas tiradas, comida tirada por el suelo, cacerolas esparcidas por cada rincón de la cocina…

Pero lejos de allí no era mejor. Los atacantes habían tenido tiempo para desordenar todo antes de marcharse.

Seguramente, habían estado buscando a Cora y, al no encontrarla, se habían ido para evitar ser descubiertos por ellos a su llegada.

—¿A qué se refería Cora con eso? Tengo la impresión de que tú lo has entendido a la perfección.

Morag levantó la mirada hacia él, pero antes de responder les pidió a los sirvientes que los dejaran solos.

Cuando estos se marcharon, la joven agarró una silla, la colocó al lado de una pared y se dejó caer sobre ella con gesto dolorido y cansado.

Cerró los ojos unos instantes y después clavó su mirada en su esposo.

—Cuando desperté, me preguntaste quién me había dado la paliza y cuando te conté lo que me hicieron hace más de diez años, me preguntaste lo mismo.

Efectivamente, se trataba de la misma persona, pero lo que no imaginaba era que ese desgraciado era el que nos iba a llevar a la guerra por aquella visión sobre Cora.

Sloan frunció el ceño y se sentó a su lado.

—¿Me estás diciendo que sabías quién había provocado todo esto?

—Lo supe en el momento en el que me lo confirmaron los mercenarios antes de intentar matarme. Antes de eso, solo tenía la certeza de lo que me habían hecho a mí. Nunca quise decirte quién era el laird que me vendió a un prostíbulo porque no quería que hicieras algo que yo no te había pedido.

Morag respiró hondo.

—Fue Ruairidh Ross. Él mató a mis padres y él me llevó a ese burdel donde él mismo me violó incontables veces.

Sloan apretó los puños contra sus piernas, gesto que no pasó desapercibido a Morag.

—En la última reunión estaba sentado justo frente a ti. ¿Por qué no hiciste algo? ¿Cómo es posible que pudieras contenerte tanto si yo mismo soy incapaz de hacerlo con lo que estás contando?

—Nunca busqué venganza porque no quería envenenar mi alma.

Había sobrevivido milagrosamente y no quería ensuciar mi vida con algo así.

Solo deseaba seguir adelante con mi vida e intentar olvidar lo que pasó, pero él me reconoció.

Durante estos años he cambiado, pero no tanto como para que no me reconociera.

Envió a esos mercenarios a por mí y me confesaron, en cierta manera, que ellos estaban detrás de todo esto.

Por eso, cuando desperté, te pedí un día para decirte la verdad porque quería comprobar si la hija de Ross sabía algo y estaba metida en esto.

Y por ese mismo motivo, le pedí a Cora que la vigilara porque yo no podía.

Sloan arqueó una ceja y se llevó las manos a la cara.

—Lo que me estás contando, Morag… ¿Por qué no tuviste la confianza suficiente para contármelo? Te habría ayudado.

Morag sonrió de lado.

—Si yo te hubiera contado, nada más despertar, que probablemente Lottie Ross era una de las culpables de la guerra, ¿me habrías creído? ¿O habrías esperado a confirmarlo?

Sloan dudó, algo que hizo sonreír aún más a Morag.

—Habrías ido a por ella y tal vez era inocente, pero Cora la vigiló después de que os marcharais a cazar.

Luego, vino a nuestro dormitorio para contarme que había escuchado una conversación entre Lottie y Faith en la que ambas confesaban estar metidas hasta el fondo.

Por eso, fui a buscaros. Hablaron de un ataque, Sloan.

Así que ya sabemos quién es la persona que buscábamos: Ruairidh Ross. Siempre fue él…

Sloan suspiró y se levantó de la silla. Caminó de un lado a otro de la cocina y acabó mirando hacia la despensa, donde habían encontrado el cuerpo de Faith.

—Pero no entiendo por qué la esposa de Alasdair y la sirvienta están muertas… Si estuvieran del lado de los que nos han atacado, estarían vivas…

Morag sonrió.

—Qué buen plan, ¿verdad? Engañar hasta el final… Hay quien prefiere ser un mártir en su comunidad para que los demás sigan adelante con el plan.

—Todo esto es muy complicado de explicar… Lottie nunca nos atacó, y tuvo muchas oportunidades… No sé si Rowan…

—Me da igual lo que opine tu hermano. Los culpables son los Ross, Sloan. Queríamos un nombre y ya lo tenemos.

El guerrero asintió y suspiró.

—Además, ese nombre lo hemos escuchado tanto tu hermana como yo. Somos dos personas de clanes diferentes que sabemos la verdad. ¿Crees que Rowan no nos creerá?

Sloan se encogió de hombros y se acercó a ella para estrecharla entre sus brazos.

—Ahora mismo, lo único que tengo claro es que te amo demasiado. Lo demás ha saltado por los aires…

Morag se dejó abrazar por él. Se sentía tan cansada que habían comenzado a temblarle las piernas. Estaba a punto de desmayarse y, aun así, se obligaba a seguir atenta a todo, a estar bien, a tener fuerza. Acababan de atacar el castillo y tenían que enterrar a muchos muertos.

—Por Dios, Morag, no me quiero imaginar lo que has debido de sentir con Ross cerca de ti después de todo lo que te hizo… ¿Cómo es posible que tengas esa fuerza de voluntad? Yo lo habría atravesado con mi espada en la primera reunión…

La joven se separó ligeramente.

—Creo que todo el control ha valido la pena. Si no, no te habría conocido.

Sloan sonrió ligeramente.

—Pero hemos tenido que perder tanto para llegar a este momento…

Morag puso las manos en su rostro.

—Piensas en Arran, ¿verdad?

El guerrero asintió.

—Veo mi reflejo en él. Lo va a pasar muy mal con la pérdida de Kester.

—Te tiene a ti para apoyarse. Solo tú lo puedes entender mejor que los demás.

Sloan la besó tiernamente y se separó de ella.

—Deberías ir a descansar. Yo iré a hablar con Rowan.

—Creo que es mejor que os ayude…

—¿Quieres desfallecer? Estás demasiado pálida, Morag. Tienes que descansar, por Dios.

La joven abrió la boca para quejarse, pero Sloan arqueó una ceja.

—Nunca te alejaría en algo así, pero vas a caer enferma. Lo sabes…

La joven suspiró y acabó asintiendo.

—Por una vez, y sin que sirva de precedente, te doy la razón. Me tiemblan demasiado las piernas y el costado me duele como nunca.

Sloan la besó tiernamente y se separó de ella.

Ambos tomaron un rumbo diferente y, mientras la joven se marchaba al dormitorio para reposar, Sloan se dirigió a buscar a Rowan.

El castillo era un hervidero de gente. Los guerreros que habían quedado vivos se encontraban recogiendo los cuerpos de los que habían muerto.

La sangre pululaba por todas partes y el hedor que comenzaba a penetrar por cada rincón de la fortaleza tardaría mucho en irse.

Sloan suspiró cuando encontró a Rowan y Alasdair hablando junto a la puerta de salida del castillo.

Al llegar a ellos, puso escuchar de nuevo el lamento de Arran, que seguía en el centro del patio junto al cuerpo de Kester, ya que se negaba a que lo cargaran para enterrarlo al día siguiente, junto a los demás.

—Creo que necesitará mucha ayuda para sobreponerse a la muerte de Kester —murmuró Rowan con la mirada sobre Arran.

Sloan asintió.

—Es fuerte. Lo conseguirá, aunque al principio el dolor tomará el control de su vida.

Rowan lo miró.

—Lo entiendes demasiado, ¿verdad?

—Yo sentí lo mismo por Craig. Incluso hasta hace poco ese dolor seguía manejando mi vida, pero no he venido a hablar de eso ahora, sino de los Ross y la esposa de Alasdair.

Este arqueó una ceja.

—¿Ya te lo ha contado Cora?

Sloan frunció el ceño.

—¿Lo sabéis?

Rowan asintió.

—Me lo acaba de contar Alasdair y pienso lo mismo que él. No puede ser cierto. Su esposa seguiría viva si los atacantes fueran los Ross.

Sloan lo miró intentando calmarse.

—¿De verdad no vais a creer a Cora? ¿Qué ganaría ella al contar una mentira?

—Ella siempre ha odiado a Alasdair y a Lottie.

—¿Y? Eso no es concluyente, Rowan. Además, no solo es Cora la que lo cuenta, Morag también está de acuerdo.

—Tu esposa despertó ayer, Sloan. O está desorientada o puede que se haya dejado llevar por Cora.

Sloan dio un paso atrás y los miró como si les hubieran salido dos cabezas.

—Ruairidh Ross es quien violó a Morag durante años y la obligó a trabajar en un burdel.

—Razón de más para aceptar los delirios de Cora —sugirió Rowan.

— ¡Los que la atacaron cuando iba a su clan le confirmaron que era Ross! —insistió Sloan—. Rowan, ¿tanto dolor tienes que no quieres verlo?

—No se trata de dolor, Sloan, sino de ver lo que ha ido pasando en el clan. Los Ross nos entregaron a Lottie para aliarse con nosotros.

—Un truco perfecto para engañarnos. ¿De verdad no lo veis?

Alasdair chasqueó la lengua.

—Reconozco que casarme con esa muchacha no era mi sueño, pero siempre se portó con respeto y amabilidad. ¿Cómo iba a fingir tanto una persona?

—Morag aguantó la presencia de Ross en las reuniones. Te aseguro que hay personas que tienen demasiado aguante…

Rowan negó con la cabeza.

—No puedo aceptar esa versión, Sloan. No creo que hayan sido los Ross.

El guerrero miró a su hermano mayor con furia.

—Está claro que el dolor te ciega, hermano, porque has perdido totalmente la razón y la credibilidad como laird.

Rowan frunció el ceño.

—No vayas por ese camino, Sloan.

—Vete a la mierda —le espetó el guerrero antes de girarse y regresar por donde había venido.

La familia se había roto, sin duda. Si eso era lo que pretendían sus enemigos, claramente habían ganado la guerra.