CAPÍTULO 25 #2
El guerrero le sonrió y sus dedos siguieron tocando la entrepierna de la joven por encima de la tela. La odió por no usar falda en ese momento, pero no tenía aliento a decirle nada en ese instante, pues había perdido la voz al tiempo que su miembro se endurecía.
—Sloan está sonriendo. Eso sí es raro.
La voz de Kester lo sorprendió y ambos dejaron de tocarse. Su hermano los miró con un gesto divertido en la cara y se cruzó de brazos al otro lado de la mesa.
—No sé qué me sorprende más, si esa sonrisa o el respingo que habéis dado al mismo tiempo, como si os hubiera sorprendido haciendo algo que no debíais.
Sloan gruñó.
— ¿No tienes a otro a quien molestar?
Kester se encogió de hombros.
—Siempre me ha parecido más divertido hacértelo a ti.
—A mí también me parecería divertido dejarte sin dientes y cortarte la lengua… —fue la respuesta de Morag.
Kester le guiñó un ojo y levantó las manos en señal de paz.
—Y ahora tu esposa te defiende. Sois los dos igual de raros… Uno ya no sabe si creer que os odiáis u os amáis.
—Tal vez mitad de uno y mitad de otro… —respondió Sloan.
Kester chasqueó la lengua.
—Al final me vais a reconocer que fue buena idea dejaros encerrados en la mazmorra.
—Más quisieras… —respondió su hermano.
Kester arqueó las cejas y negó con la cabeza al tiempo que se alejaba de ellos, dejándolos solos de nuevo. En ese instante, Sloan volvió a aproximarse a ella, diciéndole al oído.
—Cuando te recuperes un poco, hay que seguir esa conversación.
Morag lo miró con una sonrisa pícara a pesar de su cansancio.
—No creas que soy una mujer débil. Ya me he recuperado lo suficiente.
Sloan le devolvió la sonrisa y se dejó caer contra el respaldo de su silla.
Desde el otro lado de la mesa, Arran se levantó de su asiento y levantó su copa.
—Brindemos por esta unión. Aunque Alasdair no es nuestro hermano de sangre, lo consideramos como tal en nuestra familia, por lo que hay que seguir celebrando este enlace. Os deseamos lo mejor para estos meses.
Todos los Chattan levantaron sus copas. Todos, excepto Cora, que clavaba su mirada en Alasdair. Este, para su sorpresa, tampoco levantó su copa, sino que bebió de ella sin apartar su iracunda mirada de la joven, a quien no había podido ignorar a pesar de que su mente lo intentaba una y otra vez.
Arran volvió a llamar la atención sobre los asistentes y dijo:
—Y puesto que veo que el ánimo está decayendo en algunos de vosotros, ¿qué os parece si nos vamos de caza antes de que anochezca? Estáis todos demasiado parados.
Rowan se levantó de su asiento y lo secundó.
—Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Arran. Podemos salir al bosque a cazar. Además, sé que a Alasdair es una de las cosas que más le gustan.
El aludido sonrió por primera vez desde que se había casado y accedió.
—Eso no puedo rechazarlo. Buena idea, Arran.
El aludido levantó su copa al tiempo que el novio miraba a Lottie.
—Yo me quedaré en el castillo —dijo la joven.
Alasdair asintió mientras los demás iban aceptando la salida. Incluso la propia Gillian se levantó y le dijo a Rowan.
—Iré con vosotros para recoger algunas plantas que me hacen falta.
El laird asintió y miró a Kester.
—Tú quédate en el castillo para protegerlo.
El aludido dejó escapar un resoplo.
—¿Lo dices en serio? ¿Para una vez que vamos todos a cazar y me tengo que quedar vigilando?
Arran le dio una palmada en la espalda a su hermano gemelo.
—Lo siento, hermano. Me quedaría contigo, pero he sido yo quien ha tenido la idea.
Kester renegó entre dientes y se separó de él para sentarse al lado de su madre. Por su parte, Sloan miró a Morag, que le dedicó una amplia sonrisa.
—Dime que no me estás pidiendo permiso para ir…
Sloan dejó escapar una risa.
—No, simplemente quiero ver si estás bien para poder irme tranquilo.
Morag arqueó una ceja.
—Así que yo no estoy invitada… —no fue una pregunta, sino una afirmación.
—Te despertaste ayer después de una brutal paliza. ¿De verdad quieres venir a cazar?
Morag negó con la cabeza.
—La verdad es que estoy tan cansada que lo único que deseo es dejarme caer sobre la cama.
Sloan le agarró la mano.
—¿Estarás bien?
—¿Sin ti? Sabes que sí —bromeó—. Además, llevas dos semanas sin separarte de mí y sin salir del dormitorio. Ve y disfruta antes de que te vuelvas loco por completo.
Sloan sonrió y se levantó de su asiento.
—Contad conmigo.
Arran se volvió hacia Cora.
—¿Te vienes? Eres buena cazando…
La joven levantó la mirada hacia él, sorprendida de que la hubieran incluido en el plan. Carraspeó con incomodidad y miró de reojo a Morag. Fue una mirada rápida, pero sabía que no podía fallarle.
—Me quedaré en el castillo. No tengo ánimo para salir a cazar.
Arran asintió y dio una palmada. Algunos de los guerreros allí presentes se animaron a salir a esa cacería, así que dejaron sus asientos y se marcharon de allí. Las pocas personas que quedaron en el salón se miraron entre ellas, hasta que Morag fue la primera en levantarse de su asiento.
—Si no os importa, estoy demasiado cansada y me gustaría marcharme a descansar.
Amelia asintió.
—Claro que sí, hija. Has aguantado demasiado. Debes recuperarte del todo.
La joven le sonrió y le hizo un gesto de respeto a Lottie antes de mirar a Cora. Fue algo rápido, pero dijo demasiado con sus ojos, algo de lo que nadie fue consciente. La más joven de los hermanos asintió de forma imperceptible antes de que Morag abandonara el salón.
Poco a poco, los asistentes a la boda fueron saliendo, hasta que únicamente quedaron Amelia, Cora y Lottie dentro del salón. La primera de ellas se levantó con gesto cansado.
—Ha sido un día de emociones y necesito unos momentos de soledad. Me iré a mi dormitorio. Si me necesitáis, estaré ahí. Bajaré para cenar.
Cora y Lottie asintieron con una sonrisa y la vieron marchar. Cuando ambas mujeres se quedaron solas, Cora no supo de qué hablar. Por ello, levantó la mirada hacia la recién casada y le dijo, amablemente:
—Una novia no debería quedarse sola en el día de su boda, pero, si no te importa, yo también estoy cansada. Me iré a leer.
Lottie asintió sin perder la sonrisa.
—No tienes que preocuparte, Cora. Esta no es una boda normal. Todos sabemos que Alasdair y yo nos hemos casado únicamente por deseo de mi padre para demostrar nuestra inocencia.
Cora asintió y se levantó de la silla para marcharse, sin embargo, la voz de la joven volvió a romper el silencio.
—Ahora que estamos en el mismo bando, espero que podamos ser amigas, Cora. Ya sé que tú y yo no hemos empezado con buen pie.
La aludida tragó saliva.
—Ya tuvimos esta conversación.
—Sí, y no me diste una negativa rotunda.
—Tan solo te pido tiempo —respondió con el gesto ligeramente tenso—. No soy una persona que se dé rápidamente a los demás.
Lottie asintió.
—Ya me imagino, y menos con todo el peso de tus hombros por toda la guerra.
Cora no digirió bien aquellas palabras, pero se obligó a sonreír, no por ella, sino por todo el clan. Tragó saliva y se dirigió hacia la puerta.
—Si yo fuera tú, también me iría a descansar un par de horas. Esta es tu noche de bodas.
Cora estuvo a punto de sonreír ante la expresión que dibujó Lottie de auténtico nerviosismo y terror, pero logró contenerse.
Con un gesto de su mano, se despidió de ella y salió del salón.
No obstante, sus pies no la llevaron hacia su dormitorio, donde había dicho que se encaminaba para supuestamente descansar, sino que se dirigió hacia uno de los escondidos rincones del pasillo, desde donde podía ver con claridad la puerta del salón.
Su corazón latía de forma acelerada, pero le había prometido a Morag una cosa, ya que ella seguía convaleciente y, nada más saber lo que su cuñada pretendía, aceptó sin pensárselo.
Ahora solo le quedaba descubrir la verdad de lo que estaba pasando.