CAPÍTULO 24 #2
—Cuando recuperé la consciencia y no podía moverme por el dolor, miré a la luna.
Sabía que me moría porque podía sentirlo dentro de mí.
La fuerza se me escapaba y me costaba mucho respirar, pero hubo un instante en el que oí a mi madre.
Ya sé que no es posible porque está muerta, pero te juro por mi vida que la escuché.
Me dijo que no me rindiera. Y, en ese momento, te vi.
Tu imagen fue la única que me vino a la mente cuando mi madre me dijo eso y sentí demasiada angustia al darme cuenta de que no iba a volver a verte.
Fue entonces cuando supe que te amaba, que lo que yo sentía por ti no era una simple amistad, alguien con quien bromear o incluso…
bueno, entregarme a ti. No. Para mí eras algo más.
Sentir que no iba a volver a verte me hizo darme cuenta de que en realidad eras algo más, algo que había querido negarme desde el momento en el que te conocí porque representabas todo lo que me había hecho daño una vez en la vida.
Morag sonrió con tristeza y desvió la mirada cuando Sloan se sentó en el borde de la cama.
—Siempre he sentido a mis compañeros del clan MacBean como amigos, pero fuera de ahí, cualquier hombre representaba un peligro para mí.
Y eso es algo que sentí demasiado profundo cuando te vi por primera vez.
Mirarte a la cara fue como sentir un golpe en el centro del pecho, como si el suelo comenzara a temblar y los demonios que siempre me habían perseguido me hubieran encontrado de nuevo.
Y me asustó. Sentí más miedo que nunca, porque jamás me había sentido atraída por nadie.
Y hacerlo por alguien que, para colmo, era enemigo de mi clan era aún peor, casi humillante para mi orgullo.
Necesitaba burlarme de ti, golpearte, odiarte…
No porque quisiera, sino porque tenía miedo de lo que realmente sentía.
La joven alzó la mirada hacia él y sonrió con las mejillas rojas por la vergüenza.
—Cuando ese caballo apareció junto a mí al tiempo que veía tu rostro en mi mente, apenas me podía mover. Y en el momento en el que lo monté, no sabía hacia dónde me iba a dirigir. Pero vino aquí. Es como si el animal hubiera adivinado a quién quería ver antes de morir.
Morag suspiró.
—¿Sabes? Desde que estoy aquí tengo la impresión de que he vuelto a nacer.
Como si hubiera estado muerta durante muchos años y, de repente, vuelvo a la vida.
Estar a tu lado ha sido como un renacer.
He despertado del letargo en el que me había sumido después de tantos abusos, y tú me has demostrado que un verdadero hombre de honor no daña, protege.
A tu lado me siento libre, sin necesidad de fingir que todo está bien cuando siento que mi alma está rota.
No tengo que demostrarte nada porque tengo la impresión de que igualmente tú sabes cómo me siento.
Y vivir sin fingimientos es una de las mayores libertades que podemos experimentar.
No me obligas a cambiar mi carácter ni a decirme cómo me tengo que vestir.
Me aceptas tal y como soy, y eso no lo admite un hombre cualquiera, Sloan.
Eso lo hace un verdadero hombre de honor.
Morag sonrió tímidamente y agachó la mirada hacia sus manos.
—En el bosque, cuando pensaba que no volvería a verte, me dije que cuando te tuviera delante, te iba a sorprender con una declaración de amor, pero te has adelantado. No es justo. Siempre te quieres quedar por encima…
Sloan sonrió y le tomó la mano con cuidado para no hacerle daño.
—Bueno, te dejo que ahora seas tú quien decida el siguiente movimiento.
—No sé qué hay que hacer después de algo así.
—Yo tampoco.
Morag rio.
—¿Y si me besas? Tal vez así logres que me recupere antes.
—Te quedan otras dos semanas ahí metida.
Morag lo agarró de la camisa y lo acercó a ella.
—Ni en tus mejores sueños…
Sloan sonrió antes de besarla. No podía creer lo infinitamente fácil que le había resultado dejar su orgullo a un lado para declararse a Morag.
En su mente había meditado una y otra vez lo que podría decirle, pero no le había resultado tan fácil como dejar salir las palabras en el momento adecuado.
El temor a ser rechazado lo había hecho temblar de miedo, pero ver la comprensión y el amor en los ojos de Morag, en ese momento tan íntimo y bonito entre ellos, le pareció realmente especial.
Ninguno era muy ducho en palabras. Al contrario, eran más bien personas de demostrar lo que sentían en lugar de decirlo con palabras.
Por eso, a Sloan no le hicieron falta más palabras de Morag.
Estaba seguro de que, con el paso del tiempo, ambos llegarían a abrirse más.
Pero por ahora le bastaba el simple hecho de que estuviera despierta y le hubiera confesado su amor. Lo demás vendría solo.
El guerrero se separó de ella y la miró con una sonrisa.
—Reconozco que igualmente es raro este momento después de todo lo que nos hemos insultado y odiado.
—Puede que sea la providencia… Las almas que están destinadas a estar juntas se reconocen en el instante en que se ven, aunque se empeñen en odiarse. Hemos hecho todo lo posible para odiarnos, pero si la fortuna nos quería juntos, al final lo ha logrado.
—Pues espero que esa misma fortuna nos sonría por muchos años más. Por Dios, Morag, no te imaginas lo que he sufrido estos días al ver que no despertabas.
Sloan elevó una mano y acarició su mejilla.
—Creo que tú tampoco puedes imaginar la de veces que me arrepentí de que no me acompañaras al viaje.
El guerrero sonrió.
—Es la primera vez que me das la razón en algo.
—No te emociones. Si lo hago es porque quiero quedar bien después de las cosas bonitas que me has dicho.
Sloan dejó escapar una risa y apretó su mano entre sus dedos.
—Supongo que es normal sentirse extraño después de lo que acabamos de hacer. Lo siento. Aún no me acostumbro a esta nueva etapa de mi vida.
Morag arqueó una ceja.
—¿A qué te refieres con esa nueva etapa? ¿Qué me he perdido?
—Ayer hablé con mi madre sobre Craig. Era la primera vez que lo hacíamos desde entonces y le confesé que me sentía culpable por su muerte.
Morag se mostró sorprendida.
—Vaya… ¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión? Nunca has querido hablar con ellos de él.
—Fuiste tú.
La joven frunció el ceño.
—A mí no me eches la culpa de tus cambios de humor…
Sloan le devolvió una sonrisa.
—Verte llegar así me llenó de terror y no supe gestionarlo, así que no tuve otra opción más que hablar con ella. Sabía que, si no lo hacía, la perdería para siempre. Y ahora no sé si agradecerte que me ames o darte el pésame por tener que soportarme.
Morag sonrió y acarició su mano con ternura.
Después de haber pasado tanto pánico al verse sola contra diez adversarios y haber pensado que iba a morir, se sentía por fin a salvo.
Era un sentimiento repetitivo junto a Sloan.
Siempre había enviado a aquellas personas que se sentían protegidas en casa, y él era su hogar.
Había temido perderlo, pero escuchar sus palabras la había emocionado hasta límites que desconocía.
—Gracias a ti por hacerme sentir que por fin estoy en casa.
Sloan la miró y sonrió. Después de tantas peleas entre ellos se sentía ligeramente incómodo mostrando sus sentimientos, pero era tan solo el comienzo de algo mejor. Estaba seguro de ello. Su interior había cambiado, y por fin lo reflejaba en el exterior, aunque le costara hacerlo con los demás.
—¿Puedo preguntarte algo, Morag?
El tono en la voz de Sloan cambió radicalmente. Por ello, la joven se mostró seria y asintió.
—Al llegar al castillo, dijiste que el hombre que abusó de ti te había reconocido y que era el culpable de esos golpes. ¿Quién demonios es el desgraciado con el que he compartido mesa y techo y que te ha hecho esto?
Morag tragó saliva y desvió su mirada.
—Has dicho que me quieres, ¿verdad?
Sloan asintió.
—El amor es confianza y, como tal, quiero pedirte que confíes en mí un día hasta que pueda decirte quién es.
Sloan chasqueó la lengua.
—Pero ¿por qué? Morag, ese hombre ha enviado a mercenarios a por ti y han estado a punto de matarte. No podemos dejar que siga suelto.
—Y no seguirá suelto, Sloan. Lo desollaremos vivo, te lo juro. Pero primero quiero comprobar algo que me parece importante. Dame solo un día, por favor, y te contaré todo.
—En un día es la boda de Alasdair y Lottie —le aseguró.
Morag lo miró intensamente, pero sin el reflejo de ningún sentimiento en el rostro. La joven tragó saliva y apartó las sábanas de sus piernas.
—Oye, ¿qué demonios haces, Morag? Una cosa es despertarte y esperar a levantarte en unos días y otra, muy diferente, es despertar y directamente levantarte. Necesitas reponerte.
La joven lo miró y boqueó varias veces.
—Está bien. Dile a Cora que me traiga una bandeja con comida.
Sloan arqueó una ceja.
—¿Cora? No estoy segura de que quiera hacer de sirvienta.
Morag sonrió de lado.
—Dile que la necesito para cosas de mujeres que tú no puedes hacer.
Sloan dudó y acabó respirando hondo y asintiendo.
—Está bien, pero mañana pienso arrancarte de cuajo el nombre de ese miserable.
—Te lo diré antes si puedo…
Sloan sonrió y se dirigió hacia la puerta para buscar a Cora.
El guerrero la miró una vez más antes de abrir y salir.
Le parecía extraño que la joven hubiera despertado y que, en cuestión de minutos, se hubieran dedicado esas palabras.
Pareciera que habían pasado días desde la recuperación de Morag.
¿Cómo era posible que su esposa tuviera semejante capacidad de recuperación?
Sin embargo, desde el dormitorio, y sola, Morag frunció el ceño y miró su costado.
La herida que más le dolía era la de la flecha.
Por lo demás, su cuerpo parecía haberse recuperado en parte, pero seguía sintiéndose débil.
Había intentado mostrarse más recuperada junto a Sloan, pero el fingimiento había estado a punto de llevarla al desmayo. Inspiró con fuerza y cerró los ojos.
En ese momento, sentía que flotaba por las bonitas palabras de Sloan, pero lo que este le había dicho al final la había vuelto a poner sobre aviso.
Su instinto de guerrera se había interpuesto al de mujer enamorada.
Amaba a Sloan por encima de todo. Le había costado reconocerlo, pero ahora que tenía claro ese sentimiento solo podía pensar en solucionar el problema que la había llevado a ese castillo.
Se dijo que más adelante volvería a hablar de amor con Sloan, pero el temblor que tenían sus manos en ese instante se debía más al miedo creciente.
Había intentado levantarse, pero sabía que se habría caído al suelo por la debilidad.
Por ello, decidió hacerle caso a Sloan y quedarse en la cama.
La primera persona en la que pensó debió ser en Gillian, aunque tal vez esta no la creería o no estaría dispuesta a llevar a cabo su petición.
Pero tenían que hacerlo cuanto antes. Conocía a Cora lo suficiente como para saber lo que sentía en esos momentos, y sabía que no se iba a negar a su petición.
Al cabo de varios minutos, que le parecieron eternos, unos nudillos llamaron a la puerta del dormitorio.
Morag estiró las sábanas de nuevo y las colocó lo mejor que pudo.
Su mareo había disminuido, por lo que se sentía un poco mejor.
Le dio paso a la persona que estaba tras la puerta y sonrió al ver que se trataba de Cora.
La hermana de Sloan esbozó una sonrisa.
—Creo que hablo por todos al decir que me congratula verte despierta. Nos has tenido en vilo.
La joven portaba una pequeña bandeja con fruta, pan y queso. La dejó junto a Morag en la cama, pero esta apenas la miró, sino que mantuvo sus ojos sobre ella.
—Muchas gracias. La verdad es que es raro ver que estoy viva. En el bosque sentía que me moría.
Cora se sentó a los pies de la cama.
—Me imagino que fue realmente difícil.
Morag asintió.
—Mucho, pero ahora toca mirar hacia el futuro.
—¿Quién te hizo esto?
—¿Sloan te ha pedido que me lo preguntes?
Cora lanzó una carcajada.
—Sí que lo conoces bien, pero no le digas que me has descubierto.
Morag le devolvió la sonrisa.
—Tranquila. Dile que no he querido contártelo.
Cora asintió.
—También me ha dicho que necesitabas la ayuda de una mujer. ¿Quieres un orinal o algo?
Morag negó con la cabeza y apartó la bandeja.
—De hecho, ni siquiera deseo la comida. Solo quería que vinieras para hablar contigo.
—Me imagino que debe de ser realmente aburrido estar aquí.
—Ojalá fuera por eso, Cora, pero si te he mandado llamar no es para darme conversación.
La aludida arqueó una ceja, sorprendida.
—¿Y para qué entonces?
—Necesito que hagas algo por mí, pero puede ser realmente peligroso.
—Dime qué quieres que haga…
—¿Conoces la historia del caballo de Troya?