Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

Sloan movió la cabeza de un lado a otro con la intención de relajar sus hombros, aunque sabía que esa tensión tardaría días en marcharse.

Aún no sabía cómo era posible que pudiera controlar la ira que habitaba en su interior, pues lo único que deseaba en ese instante era desenvainar la espada y destrozar todo.

Sabía que desde la muerte de Craig en su alma habitaban numerosos demonios que había tardado años en domar.

Pero, en ese instante, estaba a punto de permitirles salir tan solo para liberarse momentáneamente de ellos.

Se mantuvo junto a la ventana hasta que el día llegó a su fin y la oscuridad reinó por completo en el firmamento.

Respiró hondo y se apartó de ella para regresar junto a la cama.

Se sentó con cuidado en el borde de esta y acarició la mano de Morag.

En esta también había heridas que no quería tocar, pero necesitaba sentir su tacto, su piel, el repiqueteo de su corazón en su cuerpo. Quería sentir que seguía viva, con él.

—No te rindas, Morag —le pidió—. Vive, aunque solo sea para despertar y abandonarme para siempre.

Deseaba que la joven estuviera junto a él, pero si ella no lo deseaba así, esperaba que tuviera una vida feliz en otro lugar, pero que estuviera viva, no así.

Durante el día la había escuchado gemir a medida que Gillian la curaba.

Y aunque Sloan le había gruñido para que tuviera más cuidado, sabía que no podía haberlo hecho de otra manera, ya que todo su cuerpo estaba completamente roto.

Lo más sorprendente de todo era que Morag siguiera viva después de eso.

No sabía qué clase de espíritu habitaba en el interior de la joven, pero estaba seguro de que poseía una fuerza de voluntad inquebrantable para no dejarse morir fácilmente.

Sloan dejó pasar el tiempo sin separarse de ella. No sabía cuántas horas habían pasado desde que Gillian lo había dejado solo, pero sabía que era muy tarde cuando unos nudillos llamaron casi con cierto temor a la puerta de su dormitorio.

Extrañado, Sloan le dio paso y no pudo evitar arquear una ceja, sorprendido, al ver que el rostro que asomaba por la puerta era el de su hermana Cora.

—¿Sigues despierta? —le preguntó.

Cora tragó saliva y entró.

—Sí, ¿te importa que te acompañe un momento?

Sloan negó con la cabeza.

—¿Por qué me habría de importar?

—Porque conozco cómo eres cuando estás rabioso y no quiero importunarte.

Sloan desvió la mirada y sonrió con tristeza.

—Ya…

Cora se acercó a la cama con la mirada puesta sobre Morag. La joven se retorció las manos y se mordió el labio inferior con ansiedad.

—¿Cómo se encuentra?

Sloan se encogió de hombros.

—Igual. No se ha movido, no se ha quejado, no ha hecho gesto alguno… Al menos no tiene fiebre.

Cora asintió y lo miró a él en silencio. Boqueó varias veces, pero no logró encontrar las palabras exactas.

Sloan sabía que lo estaba mirando. Durante unos instantes, pensó que tardaría poco en apartar la mirada, pero parecía tan insistente que levantó sus ojos hacia ella.

—¿Por qué me miras así, Cora?

Su hermana carraspeó, incómoda.

—Yo… solo quería pedirte disculpas, Sloan.

El guerrero frunció el ceño.

—¿A mí? ¿Por qué?

—Porque ha sido culpa mía.

El guerrero siguió mirándola sin comprender.

—No sé a qué te refieres.

—El ataque de Morag ha sido culpa mía.

Sloan arqueó una ceja.

— ¿Fuiste tú quien envió a los mercenarios? —Cora negó—. ¿Fuiste tú quien empuñó el arma con la que la hirieron?

La joven volvió a negar con seriedad.

—Entonces, no eres tú la culpable.

—Pero todo esto pasa por mí. La muerte de toda esa gente, la de padre, los ataques… Si yo no hubiera nacido…

Sloan se levantó de golpe y la miró de forma penetrante.

—No te atrevas a terminar esa frase, Cora. ¿Cómo osas decir algo así?

La joven dio un paso atrás y se encogió de hombros. Desde hacía semanas sentía que el suelo temblaba bajo sus pies, que todo su mundo se venía abajo, no veía salida, no veía la luz que brillaba a su alrededor. Para ella, todo eran tinieblas y no había forma de escapar de ellas.

—Es lo que pienso, Sloan.

El guerrero rodeó la cama y se acercó a ella.

Durante las últimas semanas, había estado tan metido en los problemas del clan que no se había dado cuenta de lo que estaba pasando dentro de la familia.

El vínculo que había entre todos parecía romperse, y la primera en caer sería Cora si no cambiaba su pensamiento.

Su hermana y él siempre habían tenido sus diferencias e incluso jamás habían mantenido una conversación de esas características, pero verla en ese estado le preocupó en demasía. El guerrero la tomó del rostro y la miró a los ojos; esos mismos ojos que su madre.

—Tú no eres culpable de nada, Cora. Quien tiene la culpa de todo es un loco que se ha dejado llevar por una visión que podría no haberse cumplido si hubiera seguido su vida como si nada. Él mismo es quien va a provocar que su clan caiga por sus locuras , pero no tú.

Cora suspiró y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.

—¿Sabes cuál es el peor sentimiento de todos, Sloan?

—El guerrero esperó que continuara—. Que padre me entrenó como una guerrera más del clan y, sin embargo, a veces me siento demasiado cobarde como para ser portadora de una espada.

Si de verdad fuera una guerrera, debería salir fuera de estos muros y ser yo quien buscara a ese desgraciado, no dejar que Morag y tú lo hagáis por mí.

—No fuimos a tierras Gunn porque pensáramos que eres una cobarde, Cora.

La joven suspiró.

—No hace falta que lo penséis vosotros. Ya lo pienso yo… Pero no he venido aquí a que tú te preocupes por mí, Sloan.

Cora dio un paso atrás y esbozó una sonrisa triste.

—Tú tienes bastante ahora con tu esposa en la cama. Todo el mundo se ha preocupado por ella durante el día, pero estoy segura de que nadie te ha preguntado a ti cómo te encuentras.

Sloan se encogió de hombros.

—Estoy bien.

La joven arqueó una ceja.

—Tú me has dado una pequeña charla. ¿Necesitas que yo te dé otra?

—No hagas lo mismo que Gillian, por favor.

Cora levantó las manos en señal de paz y sonrió ampliamente.

—No quiero ser el centro de tu ira. ¿Necesitas que te traiga algo de comer? No has salido de aquí en todo el día y sé que no has comido nada.

—No tengo hambre.

Cora lo miró durante unos momentos y acabó asintiendo. Conocía muy bien a Sloan y sabía que, con él, lo mejor era no insistir. Por ello, le puso una mano en el hombro y lo apretó suavemente.

—Buenas noches, hermano.

—Igualmente, Cora.

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Dos días después, Rowan apareció en el dormitorio de Sloan para hablar con él. Tras llamar a la puerta y entrar justo pasado el mediodía, Sloan supo que iba a hablarle sobre lo que los hombres habían encontrado.

—Aunque estoy aquí encerrado, sé que enviaste a algunos hombres a investigar por la frontera.

Rowan asintió y se acercó a la cama. Observó el rostro pálido de Morag y rápidamente le respondió a su hermano.

—Supongo que me conoces muy bien. Envié a tres hombres a inspeccionar la zona de la frontera y encontraron el lugar donde atacaron a Morag.

—¿Por qué estás tan seguro de ello?

Rowan le mostró las manos, que hasta entonces habían estado ocultas tras su espalda y le mostró la espada de Morag.

—Han encontrado su espada y había restos de sangre a su alrededor.

De igual forma, la tierra de esa zona estaba demasiado removida y había numerosas huellas.

Fueran quienes fueran, te aseguro que no eran un simple par de hombres.

Dicen que han encontrado huellas de al menos una decena de pies, pero no estamos seguros.

Sloan siseó de rabia.

—Malditos cobardes.

—A pesar de nuestras pesquisas, no hemos encontrado nada. Han seguido sus huellas, pero se han perdido en un riachuelo.

Sloan suspiró y caminó por el dormitorio de un lado a otro.

—Seguimos sin nada, joder. ¿Cuándo va a acabar?

—Hay algo que saco en claro de esto, Sloan, y es que, sea quien sea el culpable, está preocupado. Seguramente, sabe que hemos ido a tierras Gunn a investigar y que hemos descubierto que son inocentes. Con Morag aquí y la hija de Ross hemos descartado otros dos clanes.

—Los Urqhart y los MacGillivray son demasiado parecidos. No me inclino más por uno u otro.

—Yo tampoco. Por eso pienso en enviar a una pareja de guerreros a sus tierras.

—Es una misión suicida.

Rowan sonrió de lado.

—Igual que la vuestra hace una semana.

Sloan suspiró.

—¿Has hablado con Gillian sobre su hermano?

Rowan negó con la cabeza

—Pero tengo la impresión de que ella ya lo piensa y no quiere decirme nada para evitar conflictos nuevos.

—Puede ser… Pero hay algo que me preocupa de todo lo que has dicho.

—¿El qué?

—Que el culpable de todo pueda saber que hemos ido a tierras Gunn y que lo hemos encontrado inocente… Si eso es así, hay un traidor entre nosotros.

Rowan asintió.

—Eso es algo que también me preocupa.

—¿Será la misma persona que atacó a Gillian en el sótano?

—Temo que sí.

—Hay que intentar acorralarlo.

—El problema está en asignarle ese trabajo a alguien. ¿Y si se lo digo precisamente al traidor? De todas formas, sea quien sea, tú no te separes de Morag. No quiero que esa persona entre aquí e intente acabar con el trabajo de esos mercenarios.

Sloan asintió.

—No me separaré de ella hasta que abra los ojos.