Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 19 #2
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CAPÍTULO 19 #2

Sloan se había sumido en un completo silencio durante el camino de regreso a las tierras Chattan.

Apenas le había dirigido la palabra mientras escapaban de las tierras de sus enemigos, algo que Morag dejó pasar en ese instante de tensión.

Sloan ni siquiera se había detenido a descansar o comer, temeroso de que los Gunn conocieran atajos por lo que cazarlos antes de que estuvieran fuera de su alcance.

Por ello, en el momento en el que cruzaron la frontera y pisaron tierras Chattan, ambos suspiraron de alivio y Sloan siguió adelante como si nada hubiera pasado.

Pero Morag no había olvidado la infinidad de preguntas que tenía en su mente.

Por lo que azuzó a su caballo y se colocó delante de Sloan, cortándole el paso.

El guerrero tiró rápidamente de las riendas, provocando que el caballo se apoyara únicamente en sus patas traseras y amenazara con tirarlo, pero logró estabilizarse y miró con rabia a Morag.

—¿Se puede saber por qué has hecho eso?

—Porque aún no me has explicado qué ha pasado en ese despacho. Y creo que merezco saberlo.

Sloan entornó los ojos y Morag vio cómo apretaba las riendas del caballo con tanta fuerza que estaba segura de que se había hecho daño en las manos.

—No hay nada que contar.

—Mentiroso… —le espetó la joven—. ¿Por qué no me lo quieres decir?

—Tenemos que seguir —intentó desviar Sloan.

Morag volvió a interponerse en su camino y desmontó del caballo.

—No pienso moverme de aquí sin saber antes qué ha pasado en el despacho de Gunn para que salieras así de él y me sacaras casi a rastras.

Sloan rugió de rabia y desmontó de un salto, acercándose a ella después.

— ¿De verdad quieres saber qué ha pasado? —preguntó elevando el tono de voz.

—¡Sí! —exclamó la joven con firmeza.

Sloan rechinó tanto los dientes que la joven lo escuchó con claridad.

—Luke Gunn quería quedarse contigo.

La expresión de Morag se tornó tensa y ligeramente pálida. Su rostro cambió por completo y, durante unos instantes, la joven se quedó sin palabras. Tenía la impresión de que su garganta se había secado de golpe, impidiéndole reaccionar con la premura que solía hacerlo en otras ocasiones.

Morag dio un paso atrás, como si Sloan la hubiera golpeado. Necesitaba tomar una pequeña distancia para mirar bien al guerrero e intentar adivinar si esas palabras eran reales.

—¿Cómo dices?

—Querías escuchar lo que había pasado, ¿no?

Morag tragó saliva y se obligó a serenarse. De nada le valía perder el control de la situación en un momento tan clave para ellos. Por ese motivo, la joven respiró hondo y se calmó poco a poco.

—¿Por qué quería eso? ¿Acaso no tiene buenos guerreros en sus filas?

Sloan apretó los puños y suspiró, apartando la mirada de ella. El guerrero se apartó de ella, provocando que la joven entendiera a la perfección sus verdaderas intenciones.

—No me quería como guerrera en sus filas, ¿verdad?

Sloan paró y se giró hacia ella con los brazos en jarras. Suspiró y negó con la cabeza.

—Lo que quería era hacerte suya y dejar que sus hombres… te violaran para hacerle pagar a los MacBean las muertes durante la guerra.

Morag sintió de nuevo ese mismo terror que hacía años que no había vuelto a sentir. Su respiración se aceleró y necesitó unos segundos para reponerse.

—Pero él sabe que tú y yo nos casamos…

—Sí, pero recuerda a la perfección que ninguno quería hacerlo. Pensaba que yo estaría dispuesto a dejarte allí tan solo para deshacerme de ti.

Morag clavó su mirada en Sloan y descubrió que este la miraba de forma penetrante.

—¿Y por qué no lo has hecho?

Sloan se acercó lentamente a ella, hasta quedarse a solo unos centímetros de la joven.

—Porque eres mi esposa, Morag. Y porque no pienso dejar que nadie más te haga daño ni mancille tu cuerpo y tu alma.

Tal vez ninguno quería casarse y habría dejado que me cortaran un brazo antes que hacerlo, pero soy un hombre que se toma muy en serio sus juramentos y hace semanas hice uno en relación a ti.

Mi deber es protegerte y hacerte sentir que todo está bien, aunque todo a nuestro alrededor esté quemándose.

Y no me digas que tú sola puedes protegerte porque ya sé que tú puedes conseguirlo.

No dudo de ti ni de tus cualidades, pero déjame ser la espada que te protege mientras tú miras hacia otro lado, Morag.

Sloan tragó saliva.

—Sé que no necesitas a nadie que te defienda, tan solo pretendo que este matrimonio no sea un infierno. Además, tú me escuchaste cuando… te conté lo de Craig. Eres la única que ha entendido mi dolor mejor que nadie. No podía dejar que ese desgraciado de Gunn se quedara contigo.

Morag boqueó varias veces sin llegar a decir nada, pues sentía que se había quedado sin palabras una vez más.

Era la primera vez que alguien como Sloan, que la había odiado hasta la saciedad, se atrevía a defenderla y a dar la cara por ella, para protegerla de un destino que podría haberse convertido en algo parecido a lo que ya vivió años atrás.

Había salido de un infierno para tal vez meterse en otro.

Y tan solo había logrado escapar de él gracias a Sloan.

Jamás pensó que él la defendiera de esa manera.

Ahora que entendía lo que había pasado, recordó la mirada de odio con la que Sloan salió del despacho de Luke Gunn.

Había sido algo demasiado oscuro, abrumador y escalofriante.

Ella pensaba que lo que había sucedido dentro de ahí era algo completamente diferente, pero ahora que sabía la verdad no podía dejar de temblar.

Temblar ante el destino del que había escapado y ante lo que Sloan había hecho por ella.

Sin pensar en lo que estaba haciendo, Morag acortó la poca distancia que los separaba y se lanzó a sus brazos.

En el rostro de Sloan se dibujó una expresión de sorpresa que no logró ver bien, pues unió sus labios a los del guerrero, que la recibieron con esa misma sorpresa.

Durante un instante, las manos de Sloan se quedaron fuera del cuerpo de Morag, pero rápidamente la rodearon con fuerza, acercándola a él.

Dejó que fuera ella la que decidiera sobre ese beso, y se sorprendió al ver cómo rápidamente la joven profundizaba el mismo y jugaba con su lengua como si ese simple movimiento lo hubiera estado haciendo durante toda su vida.

Instantes después, se separó ligeramente y lo miró a los ojos.

— ¿Qué haces? —preguntó Sloan, aún sorprendido.

—Besarte —fue su respuesta.

Durante unos segundos, ambos se retaron con la mirada, hasta que el propio Sloan apretó su cintura contra él y la atrajo con seguridad y fiereza.

Los labios de ambos volvieron a chocar entre ellos, provocando una danza que parecía asemejarse a la lucha que tuvieron días atrás junto al lago del castillo Chattan.

Como dos buenos guerreros, dejaron que sus lenguas tomaran la iniciativa y se dejaran sumir en una pelea de egos en la que ninguna quería ser la perdedora.

Al contrario, querían demostrarse quién era cada una.

Morag gimió de placer cuando los dedos de Sloan se clavaron en su cadera, atrayéndola más hacia él y haciéndola sentir su palpitante miembro, que había despertado de su letargo para reclamarla como suya.

Y a pesar de que se encontraban en medio de un prado en el que alguien podía verlos con total claridad, a ninguno le importó que comerciantes o viajeros cruzaran por la zona mientras ellos se dejaban llevar por la pasión.

La propia Morag tomó la iniciativa en ese instante y comenzó a desvestirse, tirando a un lado la ropa, como si no le importara encontrarla de nuevo.

Al mismo tiempo, Sloan la imitó, pero tendió el manto en el suelo después de desnudarse.

Tras eso, alargó la mano y atrajo a la joven hacia él para besarla de nuevo.

No fue un beso casto, puro, fue uno en el que se reflejaron toda la cantidad de sentimientos que habían sentido el uno por el otro desde que se habían conocido.

Fue un beso cargado de pasión, odio, rabia, rencor, miedo…

Una intensa mezcla de sentimientos que los envolvió en un poderoso fuego del que eran incapaces de salir, a menos que dieran rienda suelta al deseo que les recorría el cuerpo en ese instante.

En ese beso y esas caricias, salidas desde lo más profundo de sus entrañas, quedaban claramente reflejadas las intenciones de ambos.

La primera vez que se habían entregado el uno al otro parecía haber más tiempo para las caricias amorosas, más lentas…

Pero en ese instante solo había cabida para la pasión y la intensidad que ambos poseían en su carácter.

Morag gimió cuando las manos de Sloan descendieron por su trasero para aferrarse a él y levantarla del suelo.

Rápidamente, la joven rodeó la cadera del guerrero con ellas y suspiró de placer cuando este se dejó caer de rodillas sobre el manto.

En ese instante, no había momento para la delicadeza.

Era un momento en el que debían sacar de sus corazones todo el sentimiento tan salvaje que habían acumulado durante semanas. Y ninguno estaba dispuesto a ceder.

Morag suspiró cuando Sloan la dejó caer contra el manto y descendió para besarle los pechos.

Los acunó con firmeza, aunque también con sumo cuidado para evitar hacerle daño.

Deseaba hacerla suya. Suya. Solo suya. Que nadie más tuviera el deseo o la intención de arrebatarle a Morag, pues, si se atrevía a hacerlo, quemaría aldeas y el país entero tan solo para traerla de vuelta a sus brazos.

Era suya. Esa increíble mujer, especial, salvaje y atrevida era su esposa.

Una mano libre del guerrero descendió por la piel desnuda de Morag, acariciándola, clavando con suavidad sus uñas, hasta que, finalmente, atrapó la tela de sus pantalones y casi se los arrancó para dejarla completamente desnuda.

Sin perder tiempo, Sloan la besó en los labios. Morag se aferró con fuerza a sus hombros y lo acarició con desesperación. Había sentido tantas cosas en un espacio de tiempo tan corto que necesitaba sacarlo de sí. Por ello, la joven abrió sus piernas para recibirlo.

Ambos gimieron con la primera estocada. Ninguno quería ir despacio, pararse a sentir, a hacer disfrutar al otro…

Querían dejarse llevar por el sentimiento salvaje de su cuerpo y, en cuestión de segundos, el vaivén de sus cuerpos y sus gemidos eran los únicos que rompían el silencio que había a su alrededor.

Ni siquiera sus caballos se acercaron o se movieron de sus lugares.

Los cuerpos de ambos estaban a punto de comenzar a arder.

Sloan sentía que por su espalda corrían una gota de sudor que rápidamente se mezcló con el de Morag.

El rostro teñido de rojo de la joven le indicaba que estaba a punto de perder el control.

La joven se arqueaba contra él de tal manera que provocaban que su placer aumentara.

Los puños de Sloan apretaron con fuerza el manto, estrujándolo entre ellos, mientras el guerrero rugía de rabia al tiempo que la penetraba con fuerza.

Sus labios buscaron la base de su cuello, que no pudo evitar morder hasta hacerla gemir.

Y cuando un intenso escalofrío recorrió su cuerpo, al tiempo que el temblor se extendía por cada músculo, Sloan sabía que estaba a punto de alcanzar el orgasmo.

Como si lo hubiera sentido, Morag acabó aferrándose a él con fuerza, dejándose ir mientras un poderoso placer la recorría de arriba abajo.

Al ver su rostro impregnado por el calor y sus besos, Sloan se dejó ir también y se derramó en su interior con un rugido que provocó que los pájaros más cercanos salieran despavoridos de sus nidos, al tiempo que un fuerte temblor asolaba su cuerpo.

En ese instante, ambos se miraron a los ojos y, sin lugar a dudas, supieron que estaban metidos en un buen lío del que sería muy complicado salir.