CAPÍTULO 19
Morag caminaba de un lado a otro del pasillo con nerviosismo.
La tensión se mascaba en el ambiente y era incapaz de mantenerse parada en el sitio.
Ahora que se encontraba sin ataduras en sus muñecas, la joven mantenía los brazos en jarras, indicando claramente que su carácter en ese instante no era el mejor que se podía esperar de ella.
En medio del pasillo, y apoyado contra la pared, Uriel la observaba con el ceño fruncido y a duras penas conteniendo su mal humor. Nada tenía que ver con la mirada que le había dedicado antes de que la joven abandonara el castillo para escapar de allí.
De igual manera, Morag tampoco lo observaba de la misma forma.
Había pasado de ser un objetivo con el que llevarse bien a ser un potencial enemigo, porque estaba segura de que ningún hombre deseaba que lo engañaran de la misma manera que ella había empleado para engañarlo a él.
Pero ya no le importaba. Estaba segura de que iban a morir ese día en el castillo Gunn por espionaje, aunque el hecho de que le hubieran quitado la cuerda de las muñecas le indicaba que tal vez las cosas tomarían un rumbo que aún desconocía.
Sloan aún seguía dentro del despacho del laird Gunn y desde allí no se escuchaba absolutamente nada, por lo que no sabía qué demonios estaban hablando dentro para tardar tanto en salir y darles un veredicto.
En un momento dado, Morag se giró para seguir paseando y su mirada se cruzó con la de Uriel, que frunció el ceño aún más.
—¿Me vas a decir ya lo que piensas o vas a seguir mirándome como si quisieras consumirme?
—La verdad es que me gustaría consumirte por completo. En eso llevas razón —le respondió el guerrero Gunn—. Pero hay algo que aún me carcome por dentro y es el hecho de haberme dejado engañar por una zorra como tú.
Los pies de Morag pararon en seco y clavó su mirada en él. Poco a poco, una sonrisa se dibujó en sus labios, hasta que sus dientes asomaron entre sus labios.
—Así que lo que más te duele es que una mujer haya podido engañarte… Debe de ser muy doloroso para el ego masculino. ¿Vas a llorar?
Uriel apretó los puños y rechinó los dientes. Intentó hacerla dudar con la mirada, pero el rostro de Morag se veía tan seguro de sí mismo que fue imposible penetrar en su coraza para hacerle daño.
—El laird debería ahorcaros en medio del patio por lo que habéis hecho.
—Y dime, Uriel Gunn, ¿qué te jode más, el hecho de que Sloan y yo tengamos los cojones más gordos que todos vosotros juntos o que hayamos logrado burlar vuestra seguridad para entrar en vuestro castillo? Lo primero, ¿verdad?
Uriel se separó de la pared y se dirigió directamente a ella. Morag se quedó parada en el sitio y lo vio levantar las manos para aferrarla de la camisa. La joven se quedó quieta, con el mentón elevado y a la espera de un golpe que realmente no llegó.
—No tientes a la suerte, MacBean. Ya has burlado a la muerte al no morir tras tirarte por el terraplén. Puede que la fortuna te dé la espalda y acabes muerta con el cuello cortado en medio de este pasillo. Y te aseguro que nadie te echará de menos.
Morag sabía que tenía razón en sus últimas palabras, ya que se encontraba sola en el mundo, sin embargo, sonrió para que este no viera el efecto que habían tenido en ella.
— ¿Sabes lo que ocurriría después? Con la suerte de tu lado, tu laird no te iba a matar por lo que acababas de hacer.
Sin embargo, como tú dices, la fortuna te daría la espalda porque ese mismo laird te lanzaría contra los MacBean y los Chattan por haberlos traído a las puertas del castillo para declararos la guerra.
No conozco mucho a los Chattan, pero te aseguro que los MacBean te despellejarían vivo lentamente.
Desearías volver atrás en el tiempo y, en lugar de cortarme el cuello, disfrutar de las vistas de mi trasero porque es lo único hermoso que vas a tener frente a ti durante mucho tiempo…
Con gesto iracundo, Uriel la soltó y regresó junto a la pared para apoyarse contra ella.
En ese preciso instante, la puerta del despacho de Luke Gunn se abrió de golpe.
La joven no pudo evitar dar un respingo, pues Sloan la había abierto con tanto ímpetu que esta se chocó contra la pared y volvió a cerrarse sola a su espalda.
Morag lo miró con la duda reflejada en sus ojos, pero no tuvo tiempo para preguntar qué demonios estaba pasando.
Vio que Sloan se acercaba a grandes zancadas hacia ella y la agarraba del brazo con firmeza.
La giró hacia el otro lado del pasillo y ambos comenzaron a caminar hacia la salida de la fortaleza.
—¿Qué ocurre? —preguntó Morag en un susurro.
Sloan apenas la miró de soslayo.
—Sigue caminando y no mires atrás —sentenció con voz firme y oscura.
Morag frunció el ceño. No entendía qué demonios estaba pasando para que Sloan saliera de esa manera del despacho de Luke Gunn y para que caminaran hacia la salida del castillo sin que nadie se opusiera a ello.
Cuando el viento volvió a rozarle el rostro, Morag respiró hondo.
Necesitaba calmarse de alguna manera, pero sabía que no podría conseguirlo hasta que supiera de una vez por todas qué estaba ocurriendo.
Sin soltarla, Sloan la llevó hacia adelante, hacia el centro del patio, donde había un par de guerreros del clan que los miraron de forma extraña.
Morag vio cómo se llevaban las manos a la empuñadura de las espadas y temió que fueran a ser atacados a pesar de que ellos no les habían hecho nada en ese momento.
Al llegar a ellos, Morag no supo qué decir, pero vio cómo Sloan sacaba una misiva del sporran y se la entregaba a uno de ellos.
—Vuestro laird nos ha dado la libertad, así que tenéis que entregarnos un par de caballos para salir de vuestras tierras.
La joven miró a Sloan con los ojos muy abiertos y en completo silencio. No quería decir nada que pudiera entorpecer lo que el guerrero había conseguido, por lo que se juró que esperaría a saber la verdad cuando estuvieran bien lejos de ese castillo.
Su corazón se aceleró al darse cuenta de que no serían ajusticiados y se preguntó cómo demonios había conseguido Sloan que les perdonaran la vida a pesar de lo que habían hecho.
Los guerreros del clan Gunn leyeron la misiva y los miraron alternativamente.
Finalmente, asintieron y silbaron para que el mozo de cuadras los escuchara.
Le ordenaron que preparara dos caballos y se los entregaran a Sloan y Morag, que tuvieron que esperar pacientemente en medio del patio mientras a su alrededor seguía llegando gente para visitar el mercado que había en un extremo.
Morag no dejaba de dirigirle miradas a Sloan.
Intentó descifrar el motivo de la expresión iracunda de su rostro, pero el guerrero era un hombre tan hermético que no pudo adivinar absolutamente nada.
La joven tragó saliva con fuerza. Se sentía incómoda mientras a su alrededor la vida parecía seguir como si ellos no hubieran entrado allí con engaños.
Tenía la impresión de que iban a ser atacados en cualquier momento, y cuando su paciencia estaba llegando a su fin, el mozo de cuadras apareció con los dos caballos.
—Supongo que uno de ellos lo reconocerás, Chattan. Es el tuyo, que ha atravesado el portón a punto de desbocarse.
Sloan se mostró ligeramente sorprendido, aunque rápidamente cambió la expresión de su rostro nuevamente.
Sin perder la tensión en su espalda, ambos montaron sobre los caballos y comenzaron a galopar fuera de la muralla del castillo.
Hacía una hora habían entrado con las manos atadas, cansados, doloridos y con la seguridad de una muerte cercana por espionaje.
Ahora, salían casi triunfales del castillo, a caballo y sin ser perseguidos por los Gunn.
—¿Se puede saber qué está pasando para que los Gunn nos dejen marchar así como así?
—¿Preferirías morir? —preguntó Sloan.
Morag frunció el ceño y miró un segundo hacia atrás para comprobar que ya habían perdido de vista el castillo. Sloan había tomado la iniciativa e instaba a su caballo con tanto ahínco que la cabeza de Morag se llenaba de preguntas que deseaba que fueran respondidas cuanto antes.
—¡No! Pero es que no entiendo qué ha llevado al laird Gunn a dejarnos marchar. ¿Qué le has dicho?
—¡Nada! —exclamó Sloan desde su caballo.
Morag lo miró con una ceja enarcada. Claramente, no creía lo que le acababa de decir, por lo que clavó las espuelas en el animal para ponerse a su altura.
—Ya nos hemos alejado lo suficiente del castillo.
—¡No! Debemos dejar estas tierras cuanto antes.
Morag resopló.
—Oh, por favor, Sloan. Solo será un instante. ¿Por qué no paras y hablamos? ¿Qué ha pasado en el despacho para que estés así? ¿He hecho algo que te haya molestado?
La joven lo observó atentamente. Vio cómo su espalda estaba totalmente rígida por la tensión, sus hombros cuadrados, su mentón elevado y sus labios apenas formaban una fina línea.
Desconocía qué estaba pasando para que el guerrero no pudiera celebrar que habían escapado finalmente de una muerte segura dentro de los muros de los Gunn.
—Tenemos que salir cuanto antes de estas tierras o moriremos. Tenemos una hora de ventaja.
—¿Qué? ¿Nos van a cazar?
—¡Exacto!
Morag miró de nuevo hacia atrás y descubrió que en pocos minutos habían tomado mucha ventaja respecto a los Gunn.
No obstante, algo en su interior le decía que ese no era el único motivo que había llevado a Sloan a comportarse así.
Por ello, en ese instante se dijo que lo mejor era ceder para escapar cuanto antes de las tierras Gunn.
Pero en el momento en el que cruzaran la frontera, su esposo no escaparía de sus preguntas.
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