Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Cora se encontraba en lo alto de la torre más alta del castillo cuando vio llegar una comitiva en la lejanía. La joven entornó los ojos y apretó los puños al reconocer el estandarte que los acompañaba.

Llevaba días esperando ese momento y rezaba todas las noches para que no llegara jamás. No obstante, la fortuna no le sonreía, ya que quedaban escasos minutos para que esa comitiva llegara al castillo.

La joven tragó saliva y apretó con fuerza el arco.

Lo estrechó contra ella, preguntándose qué pasaría si desde allí los apuntaba con una flecha y los mataba a todos.

Vio que ella llegaba en una carreta. Desde allí no podía ver el rostro de la joven, pero sus ropajes parecían ser realmente buenos y elegantes, algo que ella jamás podría ponerse, ya que no formaba parte de su estilo de vida ni de su carácter.

Esa misma carreta estaba siendo protegida por tres jinetes que, seguramente, se marcharían de allí en cuanto dejaran a la joven.

La hija de laird Ross se aproximaba al castillo Chattan para formalizar su boda de un año y un día con Alasdair, y Cora aún no había podido gestionar lo que esa boda le provocaba.

Durante días, había culpado a Alasdair de ella, tratándolo aún peor que cuando todo saltó por los aires en el castillo y toda la familia descubriera que estaban así porque la buscaban a ella.

Durante días, había escapado de la mirada de Alasdair, de su presencia…

pero este siempre lograba encontrarla, como si la conociera mejor incluso que ella misma. Y eso lo odiaba.

Cora cerró un instante los ojos y, en el momento en el que los abrió, dio tal respingo que estuvo a punto de caer de la torre de no ser porque la férrea mano de Alasdair la atrapó a tiempo.

No sabía cuándo había aparecido, ni siquiera si llevaba mucho tiempo detrás de ella y simplemente estaba esperando a que se cansara de estar allí, pero tampoco se atrevió a preguntarle.

Alasdair no la miraba en ese instante. Sus ojos azules como el cielo miraban hacia el frente, concretamente a esa comitiva que se acercaba al castillo y que estaba a punto de llegar al portón.

El emblema de los Ross ondeaba con fuerza, por lo que no cabía duda de que su boda era inminente. Ya no había vuelta atrás.

—¿Cuándo vas a dejar de escapar de mí? —preguntó con voz oscura el guerrero, mirándola a ella por primera vez.

Cora lo encaró.

—Siempre lo haré, Alasdair. No quiero tu presencia cerca de mí, no quiero que me cuides cuando yo misma puedo hacerlo, no quiero que me vigiles, que me sigas o tan siquiera que me hables. Quiero estar sola. ¿Lo entiendes?

Alasdair frunció el ceño.

—Sí, lo entiendo. Pero las órdenes son otras.

—¡Las órdenes de mi hermano me importan una mierda! —exclamó la joven—. Ni siquiera me importa mi propia vida. Ojalá ese maldito laird me atrape de una vez por todas y me libere de la carga que llevo y de todo lo que siento.

—¿Tanto odias lo que sientes?

—¡Sí! Odio lo que siento, lo que he provocado y lo que he llegado a decir a ciertas personas a lo largo de mi vida.

Cora clavó su mirada en él con toda intención.

—Ojalá pudiera volver atrás para cambiar todo eso. Es una pena no saber quién está detrás de todo esto porque te juro por Dios que haría todo lo posible para acabar cuanto antes con la guerra.

Cora intentó marcharse, pero Alasdair la paró agarrándola del brazo.

—Nadie en este castillo permitiría que hicieras algo así.

—Soy libre para decidir sobre mi vida, Alasdair. Y ahora, vamos, tu futura esposa acaba de atravesar el portón. Estarás deseoso de conocerla…

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Unos minutos después, toda la familia Chattan se encontraba en el patio para darle la bienvenida a Lottie Ross, la hija del laird, que prometió enviarla como muestra de su inocencia en la guerra.

Cora se encontraba en un extremo de la familia, ligeramente apartada y con gesto claramente contrariado por la presencia de esa joven en el castillo.

En el centro de todo estaba Rowan, que esbozó una sonrisa entre amable y tensa.

Saludó a la joven Lottie y le presentó a Gillian, su esposa.

Después, señaló hacia su derecha, donde se encontraba Alasdair, igualmente tenso, y los presentó.

El guerrero inclinó la cabeza a modo de saludo, pero la joven elevó una mano para que la tomara y la besara. Rápidamente, y sin perder su gesto serio, Alasdair depositó un beso en la base de la mano y le sonrió ligeramente.

Cora ni siquiera logró escuchar las primeras palabras que se dirigieron los futuros esposos, pues en su mente ideaba una y otra vez un plan diferente para acabar con la vida de esa joven que acababa de llegar y le provocaba auténtico asco.

—Y ella es mi hermana Cora.

La joven se sobresaltó al escuchar su nombre.

Había estado tan metida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que Rowan estaba presentando al resto de la familia.

Lottie dirigió una mirada hacia ella y se acercó con una sonrisa amable en los labios, pero Cora se opuso a devolvérsela a pesar de la mirada de advertencia de su madre.

La escudriñó de arriba abajo y no pudo evitar rechinar los dientes ante la belleza de la joven hija del laird Ross.

Lottie era una mujer de cabello rubio rizado.

Sus ojos azules eran muy bonitos, casi mágicos, vividores y curiosos.

Su esbelta y femenina figura resaltaba bajo un precioso vestido de color violeta.

Era de estatura más baja que Cora, por lo que esta tuvo mirar ligeramente hacia abajo, y en ningún momento le devolvió la sonrisa.

—Es un placer conocerte, Cora. Espero que durante el tiempo que esté en el castillo podamos hacer amistad ahora que nuestros clanes son aliados.

La aludida tragó saliva y estuvo a punto de espetarle algo grosero, pero una mirada de advertencia de Rowan la obligó a tragarse el insulto y encogerse de hombros.

—No lo creo, pero el tiempo lo dirá.

La vio fruncir ligeramente el ceño, sin comprender el porqué de sus palabras, pero Lottie acabó sonriendo amablemente y se giró de nuevo hacia el que sería su esposo.

—No sé qué habló mi padre con vosotros, pero cuando me dijo que debía venir hasta aquí para casarme con uno de los guerreros del clan Chattan, le pedí que no fuera de forma inmediata. Me parece demasiado precipitado hacer algo así sin antes conocernos.

Alasdair asintió con amabilidad.

—Opino lo mismo.

Rowan accedió igualmente y llamó su atención.

—Estamos de acuerdo en eso, muchacha. Además, uno de mis hermanos está fuera y le gustaría acudir a la boda, así que esperaremos hasta que regrese junto con su esposa.

Las cejas de Lottie se elevaron elegantemente.

—¿Hay un hermano más?

Gillian asintió y la tomó de las manos con amabilidad.

—Sí, pero ha salido a hacer un trabajo para el clan. Entremos dentro y hablemos sobre cómo están las cosas. Los hombres de tu padre pueden tomar algo antes de marcharse.

Lottie asintió y toda la familia penetró en el castillo. Antes de poner un pie en el interior, la recién llegada dirigió una mirada hacia Cora, que clavaba su mirada en ella. Lottie se la devolvió sin comprender y siguió a Gillian cuando esta la tomó del brazo con amabilidad.

Cora intentó marcharse de allí, pero Amelia la agarró de la ropa y la giro hacia ella.

—Has sido muy descortés con la joven Ross.

Cora se encogió de hombros.

—Hasta hace unas semanas, todos éramos enemigos. No veo la diferencia entre un tiempo y otro…

—Va a ser la esposa de Alasdair. Él es como tu hermano.

—Ni me importa esa boda ni él es mi hermano, madre.

—Ha crecido con nosotros, Cora.

La joven resopló.

—Eso no lo convierte en mi hermano ni nada mío, madre.

—¿Por qué demonios lo odias tanto, hija?

Cora miró la espalda del guerrero, que caminaba hacia adelante junto con el resto del grupo, al lado de la que sería su mujer.

— Él no es nada para mí, madre. Acéptelo de una vez.

—Lo consideres o no, debemos ser amables con esa muchacha. Su padre la ha enviado aquí, entre personas a las que hasta hace poco eran consideras enemigos. Tenemos que hacerle más agradable su estancia.

—Que se la haga su prometido. Yo no tengo nada que ver.

Cora intentó marcharse, pero su madre la agarró del brazo una vez más.

—Vas a venir al salón para hablar con ella y darle la bienvenida al clan. No puede vernos como enemigos, sino como aliados y su nueva familia.

La joven apretó los puños.

—Preferiría no ir, madre.

—A veces en la vida tenemos que hacer cosas que no nos gustan tan solo por el bien del clan…

Cora arrugó el rostro.

—Tiene razón, madre. Por el bien del clan, debería hacer ciertas cosas…

Amelia entornó los ojos, pues no llegó a comprender lo que quería decir su hija, sin embargo, calló al ver que la joven seguía al grupo para finalmente unirse a ellos en la bienvenida de Lottie Ross.

Minutos después, toda la familia se encontraba en uno de los salones más amplios del castillo arropando a recién llegada para que su estancia en el castillo fuera lo más armoniosa posible. Amelia se sentó al lado de Lottie y le tomó la mano con cariño.

—Y dinos, muchacha. ¿Cómo están las cosas por tu clan?

La joven se encogió de hombros.

—Bueno, no tan bien como nos gustaría a todos. Hay ataques cada dos días y han robado en muchas granjas de la frontera. No sé cómo va a sobrevivir esa gente el siguiente invierno… Supongo que mi padre deberá ayudarlos de alguna manera.

Amelia asintió y chasqueó la lengua.

—Todos estamos igual, me temo. Hace poco mataron al padre de Gillian y Jacob MacBean casó a su guerrera con mi Sloan.

—¿Ese es el hermano que falta?

Rowan asintió y se sentó frente a ella.

—Sí. Y supongo que, ahora que vas a formar parte de nuestro clan, podemos contarte algo.

Cora resopló y negó con la cabeza.

—¿De verdad, hermano? Acaba de llegar y ya le vais a contar algo que debería ser más secreto.

Rowan la miró de reojo.

—Con Morag no tuviste problema alguno para contárselo al día siguiente de casarse con Sloan.

—Estaba claro que ella no tenía nada que ver con todo esto.

—¿Y ella sí? —preguntó Alasdair señalando a Lottie, que los miraba sin comprender.

—No quiero ser la causante de problemas en la familia —terció la joven.

—No pasa nada —respondió Alasdair—. Cora tiene un carácter especial y difícil.

La joven apretó los puños y se mantuvo callada mientras miraba por la ventana. No le parecía bien que alguien completamente nuevo en el clan supiera que la buscaban a ella. Y menos la futura esposa de Alasdair, a la que acababa de firmarle la guerra por casarse con él.

Escuchó el suspiro de Kester cerca de ella y levantó la mirada hacia él. Este le hizo un gesto con los hombros, preocupado por su enfado, pero la joven se limitó a negar con la cabeza. R ápidamente, este se puso a su lado y apretó suavemente su mano para calmarla.

—Estoy contigo, hermana —le susurró sin apenas mover los labios.

Cora asintió y le dedicó una suave sonrisa mientras los demás le contaban a Lottie la situación en el clan.

—Entonces, ¿buscan a tu hermana?

Cora giró la cabeza ligeramente y la miró por encima del hombro, pero se mantuvo callada.

—Sí, y mi hermano Sloan y su esposa, Morag, han ido a tierras Gunn para intentar averiguar si ellos tienen algo que ver en todo esto.

El rostro de la joven estaba sorprendido.

—Vaya… Me habéis dejado sin palabras. Nunca hemos pensado que todo esto se debía a una sola persona.

—Te equivocas, Lottie Ross —dijo Cora, interviniendo—. No se trata solo de una persona, sino de dos: una de ellas soy yo, por supuesto. Y la otra es un puto gilipollas sin juicio alguno que se cree con la suficiente capacidad para atraparme.

La hija del laird Ross acabó sonriendo.

—Me parece muy valiente por tu parte asumir el problema de esa manera. Te admiro por ello, Cora.

La aludida desvió la mirada y suspiró largamente.

Sin lugar a dudas, la presencia de la futura esposa de Alasdair en el castillo iba a ponerla nerviosa y la sacaría de quicio, pues no estaba dispuesta a aceptar su amabilidad.

La odiaba por lo que representaba y por lo que estaba a punto de convertirse.

Y a partir de ese momento, Cora se obligó a abstraerse de la conversación, pues no podía aguantar por más tiempo el agujero que se estaba agrandando en su corazón.

El peso de su espalda aumentaba y sentía que no podría con él por más tiempo.

Necesitaba hacer algo no solo por su clan, como su madre le había dicho, sino por ella misma.

Estaba cansada de ver cómo los demás hacían cosas por salvarla mientras que ella estaba obligada a mantenerse encerrada entre cuatro paredes.

Esperaba descubrir pronto la identidad del culpable, y cuando lo hiciera, tomaría las riendas de su propia vida, independientemente de lo que los demás quisieran hacer con ella.