CAPÍTULO 17 #3
La joven acabó mirando a Uriel, que era uno de los hombres que había en el despacho y que, casualmente, sujetaba la cuerda de Morag.
El guerrero tiró de ella y logró tirarla al suelo.
Morag lanzó un gruñido cuando su rodilla magullada se dio de bruces con la piedra del suelo, pero rápidamente se obligó a levantarse.
La sonrisa en el rostro de Uriel le indicó que estaba disfrutando de ello, pero Morag no le dio ni un solo motivo para seguir haciéndolo, por lo que lo ignoró por completo.
A su lado, Sloan gruñó y le enseñó los dientes a Uriel, pero este se limitó a mirar hacia su laird, que siguió hablando.
—Independientemente de la facilidad o no que habéis tenido para entrar en mi castillo, me asaltan numerosas dudas como, por ejemplo, ¿qué demonios hacéis aquí? ¿Queríais robarme?
Sloan arqueó una ceja.
—¿Robarte? No hay mucho donde sacar, la verdad. Y no, no pretendíamos robarte ni matarte, si es tu siguiente cuestión.
—Entonces, ¿por qué cojones estáis en mi castillo?
Sloan y Morag se miraron entre ellos y, rápidamente, respondió la joven.
—Es culpa mía.
Sloan arrugó la frente y la miró de forma salvaje.
—Morag… —le advirtió.
La joven le devolvió la mirada y con ella quiso decirle que ya lo había pensado. Fue idea suya y siempre dijo que se culparía a ella misma por haberlo llevado allí. Después, devolvió la mirada hacia el laird Gunn y le dijo:
—Si estamos aquí es porque yo lo convencí para venir, pero es culpa mía.
—Eso no es…
—¡Cállate! —exclamó la joven—. Tengo la certeza de que uno de los clanes es el verdadero culpable de haber llevado a los demás a la guerra.
Los Chattan y los Comyn se unieron en matrimonio, por lo que están exentos.
Después, los MacBean nos hemos unido a los Chattan, por lo que tu idea de que Jacob es el culpable es una maldita tontería.
Luke sonrió de lado.
—Así que has revisado mi correspondencia…
—Vi esa carta que no llegaste a enviar a Elijah Comyn. Por cierto, algo curioso tratándose de un enemigo.
—Te sorprendería saber que Elijah y yo fuimos amigos en nuestra juventud.
Los ojos de Sloan y Morag se abrieron desmesuradamente.
—¿Perdón? —preguntó el guerrero, asombrado.
Luke lo miró, pero sus ojos volvieron hacia Morag.
—Exacto. Él y yo fuimos amigos, por lo que, a pesar de las tiranteces y la guerra, siempre lo respeté. Eso que dices, muchacha, yo ya lo pensaba desde hace tiempo, y sí, tenía la seguridad de que era Jacob MacBean.
—Mi laird es inocente.
—Entonces, quedan cuatro clanes, y uno de ellos soy yo. Por eso estáis aquí…
Morag y Sloan asintieron.
—Los Ross también son inocentes —siguió el guerrero—. La hija del laird se casará con uno de los hombres de mi hermano Rowan.
—¿Y vuestro plan era venir aquí a descubrir si soy culpable?
—Exacto —afirmó Morag.
Luke Gunn suspiró y se cruzó de brazos, mirándolos alternativamente.
—He de reconocer que debéis tener los cojones más gordos de toda Escocia para venir a tierras enemigas y penetrar en el castillo para eso.
Morag interpretó sus palabras como un halago y sonrió de lado.
—Pero, al mismo tiempo, considero que habéis perdido el juicio por completo. ¿Quién haría algo así?
—Soy capaz de lo que sea por mi clan y mi laird —respondió Morag rápidamente.
— ¿Tendrías el valor de morir por él también?
—Siempre —afirmó—. Cuando no tienes nada que tire de ti cada amanecer, ni siquiera tu vida merece la pena. Llevo años viviendo y luchando por mi laird. Vine aquí por él, pero si he de morir, aceptaré la muerte para regresar con mis ancestros, que ya me están esperando al otro lado.
Sloan la miró de forma penetrante, como si quisiera atravesarla con los ojos.
Sin embargo, Morag no le devolvió la mirada.
El guerrero sintió algo extraño en su interior cuando escuchó sus palabras.
Ella misma lo había animado a vivir y a seguir adelante a pesar de la muerte de Craig, pero la joven seguía sin superar su propia vida.
Al final, él tenía al resto de su familia para luchar y seguir su camino, pero sabía que ella no tenía a nadie más.
Pero algo dentro de él se sobresaltó, se despertó.
Quiso decirle que no estaba sola, que él se encontraba a su lado y que, mientras tuviera un aliento de vida, jamás volvería a estar sola.
—Entonces, tal vez lo que deberíamos hacer con vosotros es mataros directamente por espionaje.
Sloan gruñó entre dientes.
—Gunn, te repito que no hemos venido a tu castillo a hacer daño a nadie. La muerte no es una opción.
—¿Que no es una opción? —vociferó el laird—.
Este es mi castillo, mi hogar, y aquí tengo mis propias normas.
Sois vosotros quienes habéis venido mediante engaños.
Debisteis preguntarme directamente a solas si tenía algo que ver en todo esto y os habría respondido.
No tengo a nadie para ofreceros en matrimonio como MacBean o Ross, pero mi palabra debería ser más que suficiente.
—Me temo que durante esta guerra la palabra de honor de nuestros guerreros ha dejado de tener sentido —dijo Sloan.
Luke Gunn apretó los puños.
—Dame una buena razón para no mataros ahora mismo, Chattan.
—Solo queríamos ayudar al resto de clanes para que la guerra llegue a su fin.
Queremos descubrir quién está detrás de todo esto para acabar con él y que la paz llegue de verdad a nuestras tierras.
Imagina una vida sin ataques, sin robos, sin muertes…
Eso es lo que queremos en nuestro clan y eso es lo que nos ha traído aquí.
El laird miró a Sloan largamente antes de dirigirse sin hablar a Morag. Caminó lentamente hacia ella y la observó de arriba abajo.
—Desde el primer día en que te vi y mostraste esa fuerza me di cuenta de que no eras una mujer cualquiera. Eres fuerte, valiente y, aunque no lo creas, poderosa. Cualquier otro laird estaría encantado de tenerte en sus filas.
La joven tragó saliva. Tenía la impresión de que esas palabras sonaban a despedida, por lo que miró de reojo a Sloan, que estaba tenso. Luego, vio cómo Luke Gunn miraba a Uriel, que seguía sujetando la cuerda que ataba las manos a Morag, y le dijo:
—Sácala al pasillo. Tengo algo que hablar con Chattan.
La joven frunció el ceño y rápidamente se negó en rotundo.
—Si vais a hablar de mí o de algo de la guerra que me compete, merezco estar presente.
—Lo que vas a merecer es un viaje al cadalso si no sales del despacho en este instante —le advirtió Luke Gunn.
Uriel tiró de la cuerda y Morag se vio impulsada hacia el exterior.
—¡Sloan! —gritó.
El aludido dio un paso hacia ella, pero lo obligaron a alejarse de la puerta, que se cerró con un sonoro portazo ante la salida de la joven.
—Creo que no son formas para tratarnos… —se quejó con voz oscura y tranquila.
Gunn sonrió de lado.
—No estás en condiciones de advertirme si actúo bien o mal con aquellos que entran en mi castillo para espiar. ¿No crees?
Sloan rechinó los dientes y calló.
—¿Qué quieres? ¿De qué me vas a hablar para que ella no lo pueda escuchar?
Luke se frotó las manos y se aproximó lentamente a él. Una extraña sonrisa se dibujó en sus labios.
—Estoy dispuesto a firmar un acuerdo con los Chattan que pruebe mi inocencia en toda esta guerra.
Se lo llevarás a tu hermano y dejaréis de poner vuestra maldita mira sobre mí.
Yo no tengo nada que ver, alguien comenzó a atacarme y todo desembocó en una guerra, así que espero que eso sirva para evitar que volváis a meteros en mis tierras y entre mis muros.
Sloan arqueó una ceja, sorprendido.
—¿Así sin más?
La sonrisa del laird Gunn se hizo aún más grande.
—No, exactamente… Voy a hacerte una pregunta, Chattan, y espero que respondas con sinceridad.
El corazón de Sloan se sobresaltó. Algo en su interior le decía que el trato con los Gunn le saldría bastante caro y, en parte, tenía cierto temor a escuchar sus palabras.
Lo vio sacar una daga de su cinto para cortar las cuerdas que ataban su muñecas y Sloan no pudo evitar arquear una ceja al ver que lo dejaba libre.
El guerrero movió las manos ligeramente mientras clavaba su mirada en él y esperaba su pregunta.
—Recuerdo esta última reunión en tu clan cuando te obligaron a casarte con esa muchacha…
Sloan asintió con ciertas reticencias.
—Por lo que vi, ella tampoco quería casarse contigo.
—¿A dónde quieres llegar, Gunn? —lo interrumpió Sloan sin poder contenerse por más tiempo.
—A que tienes dos caminos por delante y me gustaría saber cuál de ellos eliges.
Sloan apretó la mandíbula.
—¿Y cuáles son esos caminos?
—Está claro que debes redimirte por lo que habéis hecho a mi clan. Si os dejo marchar libremente, daré una impresión que no quiero mostrar. Jamás he sido benévolo con mis enemigos, por lo que marcharos sin un castigo me dejaría en mal lugar si esto sale de aquí.
—¿Me vas a cortar una mano?
Luke Gunn sonrió y negó con la cabeza.
—Sería una buena idea. Dejarte sin la mano que usas para manejar la espada sería algo increíble, pero prefiero algo mejor. Después tendría que decidir qué hacer con tu mano y no es un recuerdo que quiera tener el la repisa de una de mis chimeneas…
—¿Entonces? No tengo todo el día.
—Te equivocas. Ahora mismo, tienes todo el tiempo del mundo para mí, Chattan.
Sloan resopló con fuerza y esperó a que hablara.
—Quiero que tu hermana se case conmigo.
El corazón de Sloan se paró de golpe. Intentó, por todos los medios, que su rostro no mudara y mostrara el asco y el terror que le había producido la imagen de Cora en brazos de ese desgraciado.
Al contrario, se mantuvo sereno y respondió con voz excesivamente calmada, lo cual le produjo un tinte oscuro a su voz:
—Mi hermana Cora ya está prometida a un hombre del clan —mintió descaradamente.
Rezó para que Luke Gunn no siguiera por ese camino. Sin embargo, insistió.
—Supongo que podríais cancelar ese compromiso.
Sloan arqueó una ceja y deseó que su hermana no se enterara jamás de esa conversación, pues le dijo:
—Mi hermana está prometida a ese guerrero porque los sorprendimos yaciendo juntos en un pajar —aquella mentira haría que el honor de su hermana se viera mancillado, pero prefería eso a que la joven tuviera que aguantar de por vida al laird Gunn.
—Vaya, una lástima que tu hermana se haya convertido en una zorra…
Sloan apretó los puños y se obligó a no responder. Estaba en tierras enemigas y que eso saliera bien dependía de su comportamiento en ese instante.
—Entonces, supongo que tendrás que elegir la otra opción.
—Depende de cuál sea… Si no me gusta, no la elegiré.
—Tal vez moriréis…
—Traerás la guerra a las puertas de tu castillo. Y no solo vendrán los Chattan, también los MacBean.
—De una de ellos quería hablarte…
—¿Morag?
Luke Gunn asintió.
—Como te he dicho, me dio la sensación de que no queríais casaros, así que me gustaría que esa muchacha se quede en este castillo.
El mundo de Sloan comenzó a temblar bajo sus pies al escuchar esas palabras. Si no había querido que su hermana acabara entre esos muros, tampoco querría, por nada del mundo, que Morag se quedara allí. No. Imposible.
—Eso no puede ser, Gunn.
—¿Por qué?
—Porque Morag es mía.