Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Sloan no supo cómo llegó al bosque donde lo esperaba Morag con los caballos, pero esta, al ver su rostro demudado, totalmente blanco, supo que algo andaba mal.

—¿Qué pasa?

—¡Corre! Debemos irnos —vociferó llegando junto a ella y agarrando las riendas de su caballo—. Te ha reconocido.

—Maldita sea. Parecía más tonto de lo que es…

Ambos montaron sobre los caballos y se alejaron de allí rápidamente. Sin embargo, no contaban con la rapidez de los guerreros Gunn y en cuestión de minutos, antes de que hubieran recorrido un buen tramo del bosque, un silbido a su espalda, lejos de ellos, llamó su atención.

Sloan miró por encima de su hombro y vio a los guerreros Gunn persiguiéndolos.

—Maldita sea. Vienen detrás.

—Tenemos que despistarlos, Sloan. ¿Nos separamos?

El guerrero la miró fijamente a pesar de la velocidad a la que cabalgaban.

—¿Has perdido el juicio? Van a ir todos a por ti.

—Al menos, tú tendrás una oportunidad para escapar.

Sloan negó con la cabeza.

—No pienso dejarte sola en esto. Somos un equipo, ¿recuerdas?

Morag sonrió.

—Sí, pero es a mí a quien han reconocido. Nos van a matar.

El guerrero abrió la boca para responderle, pero el silbido de una flecha lo obligó a mirar hacia atrás.

Sin embargo, no lo hizo con la suficiente velocidad, ya que esa misma flecha se clavó en una de las patas del caballo de Morag.

Al instante, esta salió despedida del mismo, lanzando un grito entre sorprendido y asustado.

Chilló de dolor cuando su cuerpo se dio de bruces contra el suelo.

Sloan intentó parar su caballo para ayudarla, pero este, asustado por los acontecimientos, logró tirarlo a él también de la montura.

En un instante, ambos se encontraron sin caballos, pues este último se alejó de allí a pesar de la insistencia de Sloan para atraerlo a él.

El guerrero se lanzó contra Morag, que se puso en pie con dificultad, llevándose la mano a un costado, dolorido por el golpe.

—¡Se acercan! —vociferó Morag.

—¡Corre! —gritó Sloan empujándola hacia uno de los extremos del bosque.

Ambos escaparon de allí, sorteando los árboles y alejándose de los guerreros Gunn, que ganaban terreno sobre ellos.

Sloan le tomaba la mano a la joven y no la soltaba a pesar de que no podía correr con su misma velocidad debido al dolor de su costado.

También le dirigía miradas cargadas de preocupación al ver su rostro dolorido.

Y eso fue lo que le dio la fuerza necesaria para seguir adelante, ya que era la primera persona que le apretaba la mano para seguir adelante a pesar de todo.

Siempre había sido ella sola consigo misma la que tenía que solucionar sus problemas.

Pero con Sloan era diferente. Él la sostenía y prometía protegerla con la mirada.

Ambos siguieron corriendo hasta que, de repente, el terreno cambió y pasó de ser totalmente llano a un increíble desnivel por el que no podían continuar. Los dos miraron hacia atrás.

—Mierda, no podemos seguir —se quejó Morag con la respiración ligeramente trabajosa.

—Debemos saltar.

Morag lo miró como si, de repente, le hubieran salido dos cabezas.

—¿Estás loco? Nos vamos a matar.

—Y si no lo hacemos, serán ellos quienes nos saquen las entrañas.

Los guerreros del clan Gunn estaban a menos de cincuenta metros de ellos. Y el suelo temblaba tan fuerte que su propio pecho golpeaba al mismo ritmo.

—No te soltaré, Morag. Estaré a tu lado.

La joven volvió a mirarlo y desvió los ojos hacia el desnivel de tierra. Acabó asintiendo al ver que los Gunn estaban a punto de atraparlos.

—No te atrevas a soltarme.

Sloan sonrió de lado.

—Nunca.

De un salto, ambos guerreros se lanzaron contra el desnivel y comenzaron a rodar por él.

Había una gran altura hasta llegar al fondo de este, pero no tenían otra opción.

A medida que ambos rodaban, sus manos se soltaron y numerosas flechas de los arqueros cayeron cerca de ellos, pero la suerte no quiso que fueran alcanzados por estas.

Morag tenía la impresión de que todo su cuerpo estaba rompiéndose en mil pedazos.

No podía soportar el dolor que le producían las piedras y ramas que había dispersas por la tierra a medida que caían hacia un lugar que parecía cada vez más lejano.

La joven dejó escapar un grito de dolor al tiempo que escuchó a Sloan quejarse.

Apenas podía verlo, ya que todo el mundo a su alrededor se movía demasiado deprisa.

Todo daba vueltas, y su estómago comenzó a protestar, amenazando con hacerla vomitar si no paraba pronto.

La joven creyó ver a los guerreros del clan Gunn en lo alto del desnivel, observándolos, seguramente deseando que sus vidas acabaran allí con el cuello roto. Y, antes de que pudiera pensar en algo más, todo se volvió negro a su alrededor.

Sloan sintió que su cuerpo dejaba de dar vueltas de golpe.

Sentía dolorida su cabeza y notaba cómo un hilo de sangre corría desde su ceja, la cual le escocía terriblemente, hasta la mejilla, donde se perdía entre la barba.

Tenía todo el cuerpo dolorido y apenas se podía mover.

Necesitó varios minutos de reposo para poder tener la suficiente energía como para levantarse.

Lanzando un gruñido de dolor, Sloan giró sobre sí mismo y puso las manos en el suelo.

Vio sangre en sus rodillas y en la palma de sus manos.

Se había raspado gran parte del cuerpo a medida que caían, pero no tenía tiempo para detenerse a observar sus heridas.

Un cosquilleo en la nuca le indicó que había un peligro cerca, por lo que dirigió su mirada hacia lo alto del desnivel.

Desde allí, vio a un solo guerrero Gunn que lo observaba con una sonrisa en los labios.

Este tenía un arco en sus manos y lo vio coger una flecha de su carcaj para cargarlo.

Al ver que apuntaba directamente hacia Morag con la flecha, Sloan lanzó un rugido de rabia.

Su corazón se aceleró tanto que no pudo evitar que una exclamación asustada escapara de su garganta.

En ese instante, Sloan sintió lo mismo que cuando tenía seis años y la vida de Craig desapareció para siempre, lanzándolo a una culpabilidad que era incapaz de quitarse de encima.

No quería que ocurriera lo mismo con Morag, la cual había perdido el conocimiento durante la caída.

Por ello, se puso en pie rápidamente, ignorando el dolor, y se lanzó sobre ella, cubriéndola con su propio cuerpo para protegerla de la flecha.

—¡No, Morag!

Cuando Sloan sintió el cuerpo de la joven bajo él, creció en su pecho un instinto de protección que no había sentido jamás por nadie.

Rugió de rabia al pensar en la posibilidad de que una flecha rozara un poco el cuerpo de la joven y no pudo evitar atrapar la cabeza de Morag entre sus brazos y besó su frente esperando la flecha que lo llevaría a una muerte segura.

No obstante, el dolor que esperaba y para el que se había preparado no llegó. Sloan levantó la mirada justo en el momento en el que esa misma flecha se clavaba a un metro de ellos. Vio sonreír al arquero, como si estuviera jugando con ellos en ese instante. Y rugió de auténtica rabia.

Rápidamente, se separó de Morag y vio que la cabeza de su esposa también sangraba desde la ceja izquierda. Su rostro se había arañado en varias zonas y tenía un profundo corte en su brazo izquierdo. La tomó suavemente del rostro y la sacudió ligeramente.

—Morag… despierta.

Sin perder de vista al arquero que había a varios metros por encima de ellos, Sloan la llamó varias veces, hasta que, poco a poco, la joven comenzó a recobrar la conciencia.

—Vamos, estoy aquí, Morag.

Esta abrió los ojos lentamente y los clavó en él. Lanzó un gruñido de dolor cuando intentó incorporarse y todo su cuerpo protestó.

—Al final, me has soltado… —fue lo primero que le dijo.

Sloan sonrió y acarició su mejilla.

—Tenía la esperanza de que esa flecha te diera para poder salvarme.

—No me sorprende de un Chattan —se quejó la joven mientras se incorporaba ayudada por él.

—Y tú eres demasiado testaruda como para morir en tierras enemigas.

Ambos se miraron con una sonrisa, hasta que el silbido del arquero llamó su atención.

—¿Qué demonios hace ese ahí?

—Nos ha disparado, pero solo hay uno.

Morag frunció el ceño y se agarró ligeramente el costado.

—Vámonos. Puede que los demás estén cerca…

Sloan asintió y la ayudó a caminar, pues cojeaba ligeramente de la pierna derecha.

—Sin caballos, vamos a tardar demasiado en regresar a casa… —susurró la joven.

Sloan la miró con una sonrisa.

—Es la primera vez que consideras el castillo Chattan como tu casa.

Morag lo observó de reojo.

—No te emociones. Ahora mismo, cualquier lugar es bueno para considerarlo mi casa, siempre y cuando escapemos de los Gunn.

Sloan abrió la boca para responder, pero otra voz lo hizo por él.

—Me temo entonces que la fortuna no está de tu parte…

Tanto Sloan como Morag se giraron para ver llegar a los guerreros del clan Gunn. El primero de ellos era Uriel, el hombre que la había recibido y a quien le había pedido encontrarse con él al mediodía en las caballerizas.

Con un movimiento rápido, Sloan y Morag desenvainaron las espadas, preparados para luchar contra ellos. La joven cojeó ligeramente, pero se apoyó en la otra pierna mientras clavaba su mirada en el líder del grupo.

—Vaya, parece que tu novio está enfadado… —gruñó Sloan con tono irónico al verlo llegar.

Morag dejó escapar una risa.

—Así que me has visto coquetear con él…

—Y he visto que se te ha dado muy bien hacerlo.

—Estaba disimulando para poder escapar.

Sloan la miró de soslayo.

—Ya…

Morag puso los ojos en blanco y volvió a atravesar con la mirada a los guerreros Gunn. Se vieron rodeados por ellos y apretaron la mandíbula al ser conscientes de que los superaban en número.

—El hermano de Rowan Chattan y la guerrera del clan MacBean en nuestras tierras haciéndose pasar por alguien que no son para engañarnos…

Sloan buscó a Luke Gunn entre ellos, pero no lo encontró.