CAPÍTULO 16
Morag apenas había podido dormir después de lo ocurrido con Sloan en el despacho del laird Gunn.
A pesar de que se había repetido hasta la saciedad que no debía pensar en él más de lo necesario, no podía parar de recordar sus manos y sus poderosos brazos.
La había rodeado con ellos cuando los guerreros Gunn habían acudido al despacho del laird después de escuchar el portazo que ellos mismos dieron cuando Morag atacó a Sloan sin saber que era él.
Y la sensación de protección que había sentido había sido tan intensa que algo dentro de ella había ardido por completo.
Siempre se había dicho que no necesitaba a nadie en su vida para sobrevivir, que había vivido cosas peores que una guerra y que la ayuda que pudiera recibir estaba de más.
No obstante, y a pesar de su guerra inicial con él, con Sloan le ocurría algo demasiado extraño.
No sentía por completo que su ayuda fuera porque pensaba que ella no era capaz de protegerse, sino que lo sentía como un complemento a lo que ella ya podía hacer.
Y a pesar de todo, le parecía realmente extraordinario.
Su corazón palpitaba al recordarlo y su cuerpo clamaba ardiente por él. Pero sabía que no podía obsesionarse con el guerrero, pues en unos meses volvería a su clan y su relación con él quedaría en el olvido.
Morag suspiró largamente y se incorporó en la cama al ver que la noche daba paso a un nuevo día.
Tenían que salir de allí cuanto antes, pues podrían cruzarse con alguien que los reconociera.
Habían llegado allí con la esperanza de encontrar a un culpable y se habían encontrado con otro inocente.
Sin embargo, si los descubría allí, podría matarlos por espionaje.
Colocó bien su ropa, puesto que no se había atrevido a quitársela por temor a ser atacada durante la noche, y se preparó mentalmente para llevar a cabo la salida de ese castillo de forma inmediata y sin mirar atrás.
Lo único bueno que habían sacado de esa misión era que habían eliminado a un nuevo clan de la lista de posibles culpables. Pero les quedaba la peor parte.
Antes de salir de su dormitorio, Morag rezó para que la suerte siguiera de su parte y pudieran escapar de allí con facilidad.
Por lo que, sin perder más tiempo, la joven salió del dormitorio y se puso la capa sobre los hombros.
Esperaba no cruzarse con ninguna otra sirvienta para evitar que le preguntaran a dónde iba así, ya que su trabajo estaba dentro del castillo.
Pero recorrió los pasillos aún vacíos con facilidad.
Sonrió al descubrir que los sirvientes de ese lugar no madrugaban tanto como los Chattan o en su propio clan, por lo que pudo llegar a la escalinata sin cruzarse con nadie.
Sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa cuando al intentar pasar al lado de las escaleras se topó con una voz que conocía a la perfección.
—Me sorprende ver que la costurera del castillo es tan madrugadora…
Luke Gunn le habló mientras terminaba de bajar las escaleras.
Morag tragó saliva y apretó los puños, aunque rápidamente los relajó para que el laird no viera que se había tensado al escuchar su voz.
Se giró lentamente con una sonrisa, rezando para que el flequillo y el pelo más corto y canoso por la ceniza desviaran el recuerdo que podía tener de ella.
No obstante, no lo miró a los ojos, sino que mantuvo la cabeza agachada.
—Siento si os he importunado, mi laird —dijo con cierta dificultad—, pero ayer me comentaron las sirvientas que hoy habrá un mercado dentro del castillo y quería verlo antes de que mis quehaceres comenzaran.
Luke terminó de bajar las escaleras, provocando que Morag se tensara aún más, pues se acercó a ella hasta quedarse a solo unos pasos. La joven rechinó los dientes y deseó que la dejara continuar y no le hablara más. Pero no podía marcharse y seguir su camino, cortando la conversación de golpe.
—No me importunas, muchacha. Al contrario, me gusta que mi gente tenga libertad para moverse de un lado a otro siempre y cuando no descuiden sus trabajos.
—Regresaré antes de que el resto de sirvientas se haya levantado.
Luke sonrió y se cruzó de brazos al ver que Morag se giraba para salir del castillo. Sin embargo, su voz la frenó de nuevo.
—Levanta tu cabeza y mírame.
Morag se sobresaltó y negó con la cabeza.
—Es una falta de respeto hacia vos, mi laird, mirarlo a los ojos —le dijo intentando evadir esa orden.
Luke Gunn se encogió de hombros.
—No lo es si soy yo quien lo pide…
La joven tragó saliva y levantó la mirada poco a poco. Lo vio sonreír.
—Sigo teniendo la impresión de que te conozco de algo, muchacha, pero no sé de qué.
Morag sonrió ampliamente.
—Mi rostro es muy común y puede que nos hayamos visto en la aldea —respondió con fingida tranquilidad.
Luke frunció el ceño y entornó los ojos.
—No lo sé… Seguiré dándole vueltas.
Morag asintió y volvió a agachar la cabeza.
—Si el laird me deja, me gustaría ir a visitar el mercado.
—Por supuesto. Continúa.
—Gracias, mi laird.
Luke Gunn continuó su camino al mismo tiempo que ella, pero sostuvo su mirada en la espalda de la joven, que se mantuvo erguida y tensa hasta que salió del castillo.
Cuando el viento le dio en el rostro, Morag suspiró. Sentía cómo una gota de sudor surcaba su espalda debido a la tensión acumulada durante esa conversación. Rezó para que Luke Gunn no la recordara, por lo que debían salir de allí cuanto antes.
Caminó con paso lento, fingiendo tener todo el tiempo del mundo mientras los comerciantes comenzaban a vender sus productos a los pocos aldeanos que se habían acercado a esa hora tan temprana de la mañana.
No había mucha gente en el patio, por lo que tal vez tendrían que salir de allí más tarde, pero Morag no tenía la paciencia suficiente como para esperar muchas horas más, pues estaba segura de que el laird Gunn la iba a acabar recordando.
Por ello, con una sonrisa amable en el rostro, se aproximó al puesto de los comerciantes que habían ayudado a Sloan a entrar en el castillo.
Su estatura y musculatura eran imposibles de disimular, a pesar de que llevaba la capa puesta y la capucha sobre su cabeza.
Todo parecía en orden mientras lo vio ayudar a esos dos hombres.
Pero Morag no pudo evitar ponerse nerviosa al tener que interactuar de nuevo con él.
¿Qué demonios le estaba pasando? La joven torció el gesto y siguió adelante, quedándose al otro lado de los comerciantes.
Sloan aún no la había visto, ya que se encontraba de espaldas a ella, pero sí reconoció su voz cuando la joven le preguntó a Zach por lo que vendía.
—¿Los hacéis vosotros? —Señaló hacia los colgantes que había justo frente a ella.
Sloan se tensó de inmediato y se giró lentamente hacia ella al tiempo que Zach le respondía.
—Sí, con nuestras propias manos.
—Son impresionantes.
—Muchas gracias, señorita.
Morag asintió con amabilidad y miró directamente a Sloan. Disimulando, le hizo un gesto para que fuera con ella hacia otro lugar donde nadie los viera, por lo que se despidió de los comerciantes y se alejó de allí, rumbo hacia la parte trasera de las caballerizas, desde donde nadie los vería.
Cuando la joven llegó a ese punto, disimuló al tiempo que miraba hacia la muralla y a los guerreros que había apostados en ella. Sabía que desde allí no los verían, por lo que esperaba que Sloan no tardara en llegar.
Morag respiró hondo. Se sentía realmente nerviosa, incluso más que el día anterior cuando penetró en la fortaleza.
Ahora que ya tenía la información que necesitaba, deseaba salir de allí cuanto antes.
Solo veía enemigos a su alrededor y no podía esperar nada bueno de ellos.
Al cabo de unos minutos, Morag estaba a punto de salir de allí para ir a buscar a Sloan cuando este apareció con paso lento, pero firme.
Ambos miraron a un lado y a otro del castillo y, tras comprobar que estaban solos, Morag comenzó a hablar:
—Tenemos que salir de aquí cuanto antes. Luke Gunn está a punto de descubrir mi identidad.
Sloan abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Has hablado con él?
—He tenido el honor de cruzarme dos veces con su presencia —dijo irónicamente—. Dice que le suena mi cara, así que no puedo estar aquí por más tiempo. Tenemos que salir del castillo sin demorarnos.
—Aún hay poca gente en el mercado. Es muy temprano.
Morag chasqueó la lengua.
—Entonces, me marcharé yo y te esperaré en el bosque. Si vuelvo al interior del castillo, no sé cuándo podré salir. Y puede que me vuelva a cruzar con él.
Sloan resopló.
—Está bien. Disimularé durante una hora. Y en cuanto pueda, correré hacia ti.
Morag asintió y le pidió que fuera el primero en marcharse para disimular.
Pasados unos minutos, la joven observó el patio y comenzó a caminar con tranquilidad hacia el portón de salida, que estaba abierto para recibir a los aldeanos.
Sin embargo, al llegar a él se cruzó con el guerrero que la había recibido el día anterior.
—¿Saliendo del castillo a estas horas?
Morag tragó saliva. Inconscientemente, miró hacia donde se encontraba Sloan y lo vio tensarse sin apartar la mirada de ella. La joven sonrió amablemente y se acercó al guerrero que le había hablado.
—Tengo que ir a la aldea a por unas cosas que me hacen falta. ¿Te gustaría que nos reuniéramos en las caballerizas al mediodía?
Morag jamás imaginó que coquetearía con un hombre, pues siempre le había dado asco, pero la situación lo requería y tenía que poner sobre la mesa todas las cartas para salir vivos de allí.
Vio cómo sonreía el guerrero y le acariciaba la mejilla. Estaba segura de que Sloan la estaba mirando desde su posición y estaba a punto de matar al guerrero por atreverse a tocarla, pero siguió coqueteando con él.
—Desde el primer momento en que te vi sabía que no eras la típica viuda que guarda luto por su esposo.
Morag se encogió de hombros.
—Era un buen hombre, pero una tiene sus necesidades.
—¿Y quieres que yo las cubra?
—Por supuesto… Ahora tengo que irme, pero al mediodía no tengo nada que hacer.
Para su sorpresa, y la del propio Sloan, que estaba a punto de partir la mesa que había frente a él, el guerrero la besó. Morag intentó hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no sentir asco ante ese gesto. Sonrió y dio un paso atrás.
—Entonces, nos vemos en las caballerizas —fue lo último que la joven le dijo al guerrero antes de marcharse del castillo.
En cuanto le dio la espalda a la fortaleza, la sonrisa de la joven se borró de golpe y llevó una mano a su estómago para calmar los nervios y el asco que sentía.
No podía creer que se hubiera atrevido a coquetear con un hombre, y, para colmo, delante de su propio esposo.
Estaba segura de que Sloan estaba a punto de echar humo por las orejas, pero lo había visto totalmente necesario.
Se desvió ligeramente para que desde el castillo no la vieran y, cuando pudo, se dirigió hacia el bosque. Tan solo le quedaba rezar todo lo que sabía para que Sloan pudiera salir con la misma facilidad que ella.
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Una hora más tarde, cuando la gente de la aldea comenzó a llenar el patio del castillo, Sloan miró a Zach.
— ¿Me das unos minutos para ir fuera del castillo a hacer mis necesidades? No aguanto más.
El comerciante sonrió y asintió.
—Claro que sí. Ve. El mercado aún no se ha llenado de gente y es el mejor momento para ello.
Sloan asintió y lo miró de forma penetrante. Ambos se habían portado bien con él y le sabía mal dejarlos en la estocada, pero la vida de Morag y la suya estaba en peligro y debían marcharse de allí inmediatamente.
Alejándose del puesto y dirigiéndose hacia la salida de la fortaleza, Sloan volvió a ponerse la capucha para evitar ser reconocido.
Agachó la cabeza cuando estaba a punto de llegar, pero de repente, se vio adelantado por el propio laird Gunn, que llegó corriendo hacia sus hombres.
Sloan caminó fingiendo indiferencia y tranquilidad.
Sin embargo, su presencia allí provocó que todo su ser se tensara.
—¿Habéis visto a la costurera? —oyó que preguntaba a voz en grito.
Sloan apretó el paso y los puños y, gracias a que hablaba a voces, logró escuchar sus últimas palabras antes de abandonar la fortaleza.
—¡No es una costurera! ¡Es la maldita guerrera del clan MacBean!