Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

La joven abrió mucho los ojos al descubrir que se trataba de la única estancia que sí tenía una rica decoración.

La mesa principal estaba hecha de una madera oscura en la que habían tallado varias flores escocesas.

Tres de las paredes estaban repletas de estanterías con libros, mientras que la cuarta, donde había una ventana, poseía un enorme escudo con el emblema de los Gunn.

Morag torció la cabeza al verlo y renegó de ese clan, deseando volver al suyo, donde sentirse segura y a gusto.

Y en ese instante, la imagen de Sloan apareció en su mente.

Al menos en un año no podría regresar a su hogar, pero, por un instante, había dudado sobre regresar o no, sorprendiéndose a sí misma por ese pensamiento.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Se reprendió a sí misma por pensar semejante locura y se dijo que debía ser la primera y última vez que se atreviera a pensar en algo así.

Sloan sería su marido durante un año, pero después la devolvería a su clan.

Y ella debía estar contenta por ello. No obstante, no pudo evitar sentir algo extraño en su pecho frente a esa posibilidad, ya que le produjo un vacío enorme.

Morag tragó saliva y sacudió la cabeza. Se dijo que no era momento de pensar en Sloan, sino que debía poner toda su atención en buscar algo que incriminara a los Gunn y poder apartar de su mira al resto de clanes.

La joven se lanzó contra las estanterías y comenzó a buscar entre los libros con la esperanza de ver algún papel escondido entre ellos.

La joven desconocía cuánto tiempo había pasado cuando por fin logró terminar de examinar las estanterías.

No había encontrado absolutamente nada, por lo que no pudo evitar torcer la cabeza, contrariada.

Desde una de las esquinas del despacho, se giró y miró hacia la mesa.

La única esperanza que le quedaba para descubrir algo se encontraba a dos metros de ella.

Si ahí no encontraba algo, no sabía qué pensar de los Gunn.

Con paso lento, pero firme, Morag se dirigió hacia la mesa.

Se inclinó para abrir el primero de los cajones.

En él encontró varias misivas que pertenecían a unos familiares del laird, pero nada importante que reseñar.

Chasqueando la lengua, contrariada, Morag las dejó caer y revisó el cajón para comprobar que no tuviera un doble fondo. No obstante, no encontró nada.

La joven estaba a punto de perder la paciencia. Cerró los ojos unos instantes y dirigió su mano hacia el segundo cajón, sin embargo, un ruido extraño en el pasillo llamó poderosamente su atención.

Su corazón volvió a exaltarse y levantó la mirada hacia la puerta.

Morag sintió cómo se le cortaba el aliento y corrió hacia la pared para esconderse detrás de la entrada.

Rápidamente, levantó ligeramente su falda y agarró una de las dagas que guardaba entre sus botas.

Si debía luchar contra alguien, lo haría sin dudarlo.

Esos escasos momentos parecieron horas para Morag.

Esos sigilosos pasos se acercaban a ese despacho, pero antes abrieron una puerta cercana, como si buscaran algo.

¿Y si había algún traidor dentro de los muros del castillo Gunn?

Si fuera así, tanto Sloan como ella corrían doble peligro metidos allí.

Cuando los pasos pararon justo tras la puerta, Morag contuvo el aliento.

No quería hacer ruido alguno para evitar ser descubierta por la persona que había al otro lado.

Aferró con fuerza la daga y se preparó para atacar.

A través de la ventana no entraba ni un solo rayo de luz de luna, por lo que apenas podría ver más allá del candil que ella misma había encendido al entrar.

Morag se golpeó a sí misma. No se había dado cuenta de que apagarlo antes de ponerse detrás de la puerta, por lo que podrían descubrirla allí metida.

El pomo de la puerta giró suavemente, intentando hacer el menor ruido posible.

La joven se preparó para atacar. Tragó saliva y levantó el brazo a medida que la puerta se abría lentamente, como si la persona que había tras ella temiera ser descubierto.

Durante un instante, Morag se preguntó si existía la posibilidad de que otros clanes hubieran pensado lo mismo que ella y se hubieran internado entre los muros de los Gunn.

Si eso fuera posible, estaban perdidos. Al ver la sombra que se proyectó en el interior del despacho, Morag frunció el ceño.

Rápidamente, el cuerpo del recién llegado apareció en su punto de visión y, sin detenerse a comprobar quién era, se lanzó contra él.

Morag dio un salto y se subió sobre su espalda.

La joven lo escuchó gruñir al tiempo que se cerraba la puerta con un fuerte golpe cuando el hombre trastabilló y, con ella a la espalda, se vio impulsado hacia atrás.

Morag levantó la mano para apuñalarlo, pero él logró aferrarle la muñeca con fuerza y, doblándose sobre sí mismo, la lanzó por encima de su cabeza. Morag dejó escapar una exclamación de dolor cuando todo su cuerpo se dio de bruces contra el suelo.

Intentó reaccionar con rapidez, pero la sombra se cernió sobre ella y le agarró las muñecas, elevándolas por encima de su cabeza:

—¡Por Dios, Morag, soy yo!

La joven, que había comenzado a patalear, paró de golpe sus movimientos. A pesar de la casi oscuridad en el despacho, entornó los ojos y divisó el rostro de Sloan. Estaba tan sorprendida que se había quedado de piedra durante unos instantes, pues no podía creer que el guerrero estuviera allí.

—Pero ¿qué… demonios haces aquí? —preguntó con la respiración acelerada.

—He podido entrar en el castillo gracias a unos comerciantes, pero creo que no es momento de muchas explicaciones. La puerta se ha cerrado haciendo mucho ruido. No sabemos si alguien lo habrá escuchado…

Con gesto aún sorprendido, Morag vio cómo Sloan se levantaba, arrastrando con él a Morag. Ambos se pusieron en pie y el guerrero miró a un lado y a otro del despacho. No obstante, la mirada de ella estaba puesta sobre él.

—¿Has llegado hasta aquí sin que nadie te vea?

El guerrero suspiró y dibujó un gesto irónico.

—La seguridad en el castillo Gunn deja mucho que desear. Aquí se cuela cualquiera…

— ¿Por qué no te has quedado fuera como habíamos pensado?

—Porque tú te estabas jugando la vida y no podía aguantar más ahí. Necesitaba saber si todo iba bien.

Morag lo miró unos instantes más, hasta que acabó sonriendo.

—¿Estabas preocupado por mí?

Sloan desvió la mirada, incómodo.

—No, pero me aburría y quería hacer algo. Cuanto antes terminemos esta maldita mierda, antes regresaremos a casa.

Morag arqueó una ceja y lo miró nuevamente mientras este observaba todo a su alrededor.

—¿Has dicho “a casa”?

—Sí. Y deja de perder el tiempo con preguntas que no nos llevan a nada, maldita sea. ¿Dónde hay que buscar?

Morag tardó varios segundos en reaccionar. Estaba tan sorprendida de esa nueva versión de Sloan que le costaba asimilarlo. Sin embargo, se obligó a reaccionar. Carraspeó y señaló hacia las estanterías.

—Ahí no hay nada, en los dormitorios tampoco y en los salones del castillo tampoco encontrarás nada.

Sloan arqueó ambas cejas.

—¿Has podido mirar todo eso?

—No he perdido el tiempo como tú en el bosque… —se burló.

Sloan le mostró los dientes y gruñó.

—He estado vigilando. No perdiendo el tiempo.

Morag le guiñó un ojo.

—Como sea… Es un castillo pequeño, así que no hay muchos lugares donde mirar. He buscado en el primer cajón de la mesa. Me quedan dos, así que podemos mirar ahí.

Sloan asintió y, juntos, se dirigieron hacia la mesa, pero unos pasos acelerados rompieron el silencio del pasillo y se acercaban rápidamente allí.

—Viene alguien —susurró Sloan.

El guerrero se agachó bajo la mesa. Alargó una mano y tiró de Morag hacia él, le puso una mano en la boca y otra en la cintura para atraerlo más a él, obligándola a pegar su espalda contra él. Instantes después, la puerta del despacho se abrió de golpe.

El corazón de ambos se aceleró, temiendo ser descubiertos.

— ¿Lo has oído? Tal vez no ha sido aquí.

La voz de uno de los guerreros del clan rompió el silencio del pasillo. Tanto Sloan como Morag contenían la respiración bajo la mesa. Temían que esos guerreros se acercaran a ellos y los descubrieran en su escondite.

Morag podía sentir el calor que manaba de la mano que el guerrero tenía en su cintura, pero aún más la que tapaba su boca.

Esa misma mano era la que tanto placer le había dado y, unido al peligro que había a su alrededor en ese instante, Morag sintió que su cuerpo reaccionaba al contacto con Sloan.

Cerró los ojos un instante e inconscientemente apretó los dedos alrededor de las piernas del guerrero, pues este la rodeaba con ellas, protegiéndola.

Podía sentir bajo ellas la dureza de sus músculos, pero también toda la fuerza que proyectaba fuera de él.

Sloan se encontraba tenso por ese momento y, a pesar de todo, Morag sintió que todo estaba bien, pues se encontraba a su lado.

No sabía por qué demonios le ocurría eso con Sloan, pero era la primera vez que le pasaba con un hombre.

Se sentía segura a su lado, protegida y notando cómo su alma entraba en un poderoso calor que no había tenido desde que era tan solo una niña.

Parecía como si a su lado hubiera encontrado el fuego y el ardor con el que sosegar el dolor de su alma, y necesitó respirar hondo para asimilarlo.