CAPÍTULO 15
Sloan se arrebujó bajo la capa a medida que se aproximaban al castillo.
Su corazón palpitaba con fuerza ante la presencia de más de una veintena de guerreros del clan Gunn que no dejaban de observarlos.
Rezó para que ninguno de ellos reconociera su anatomía, pues su rostro estaba oculto bajo la capucha de la capa, ya que había comenzado a llover.
Se preguntó dónde estaría Morag y si estaba bien.
Estaba deseando penetrar en la fortaleza y buscarla para escapar de allí cuanto antes.
Ese maldito plan ya le había parecido demasiado peligroso, pero ahora que estaba ante las puertas del enemigo, le parecía imposible salir de allí con vida.
Sloan respiró hondo y evitó mostrarse sorprendido cuando les abrieron las puertas y los dejaron entrar.
Levantó su vista y descubrió que había varios puestos de comerciantes a un lado del patio, algo que explicó el motivo por el que había visto tanto movimiento en la distancia a lo largo de todo el día.
Uno de los guerreros del clan los condujo hacia un extremo del patio y les pidió que montaran allí su puesto.
Sus acompañantes asintieron y Sloan los ayudó, pero con la mirada puesta en el resto del patio con la intención de saber algo de Morag, o al menos verla en la distancia.
Sin embargo, mientras la noche se cernía sobre el castillo, ni la vio ni supo nada de ella, lo cual lo puso aún más nervioso de lo que ya estaba.
—¿Dónde dormiremos? —preguntó Sloan para intentar planear su entrada a la fortaleza.
—Debajo de la carreta —le informó uno de los comerciantes—. Por cierto, muchacho, no nos has dicho tu nombre.
Sloan sonrió con amabilidad.
—Mi nombre es Nicolas —mintió acordándose del guerrero tan cercano a su hermana Cora.
—Nosotros somos Zach y Andrew.
El guerrero asintió sin perder la sonrisa y sintió cómo le dolían las mejillas. Si Morag estuviera allí se reiría de él, ya que no estaba acostumbrado a sonreír durante tanto tiempo. No obstante, debía fingir un carácter muy diferente al suyo para evitar levantar sospechas sobre su persona.
En el momento en el que el puesto se irguió y colocaron las joyas de madera que hacían esos dos comerciantes, Sloan suspiró y volvió a barrer el patio con la mirada. Siguió sin encontrar a Morag y su nerviosismo aumentó aún más.
—Te veo muy interesado en el castillo —dijo Zach.
Sloan se sobresaltó, aunque logró disimularlo bien. Se giró hacia él y se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.
—Siempre me ha llamado la atención la diferente forma de vida que separa un castillo de una aldea común.
El comerciante le dio una palmada en la espalda.
—Esta vida es muy diferente a la nuestra y no podemos aspirar a ella. Aquí o eres sirviente o eres guerrero. Nuestra vida es más interesante, yendo de un lado a otro y conociendo gente nueva, como tú.
Sloan asintió.
—Cierto. Y no os imagináis lo que os agradezco vuestra ayuda.
—Gracias a ti, Nicolas. Ahora, es mejor descansar.
Sloan asintió y los vio dirigirse hacia la carreta.
Él hizo lo propio, pero sin perderse ni un solo detalle de lo que pasaba en el patio.
El resto de comerciantes parecía querer descansar también, mientras que los guerreros Gunn hacían el cambio de guardia.
La luz en el lugar era apenas visible, por lo que todo se estaba quedando a oscuras.
Sloan entornó los ojos para intentar ver algo en la oscuridad y observó a los guerreros de la muralla.
Se dirigieron hacia un punto estratégico del castillo, mientras que otras zonas se quedaban libres de vigilancia.
El guerrero estuvo a punto de esbozar una sonrisa, cuando descubrió que el camino hacia el castillo, desde donde él se encontraba, era de fácil acceso, pues allí no había guerreros.
Calculó la distancia y vio que podía esconderse entre varias carretas viejas, rodear las caballerizas y correr hacia un extremo del castillo para ocultarse de la vista de todos.
El guerrero fingió tumbarse y quedarse dormido, pero sus ojos se quedaron abiertos mientras observaba el inmenso firmamento que se extendía sobre él.
Sloan intentó relajarse, pues una de las cosas más difíciles había salido con extrema facilidad.
Entrar en el castillo ocultando su identidad era algo que le preocupaba inmensamente, pero ahora que estaba dentro casi no podía creerlo.
Dejó pasar el tiempo para que todos los comerciantes de su alrededor se quedaran completamente dormidos, pero no solo ellos. También esperó a que en el interior del castillo el laird y los sirvientes se hubieran ido a descansar para evitar encontrarse con alguno de ellos por el pasillo.
Mientras tanto, Sloan no pudo evitar pensar en Morag y en la intensa noche de pasión que habían vivido dos noches antes en la cabaña.
Su memoria recorrió de nuevo el cuerpo de la joven, como si volviera a tocarla.
La acarició, la besó en su mente y se descubrió deseándola intensamente.
Desde su primer encuentro en aquella reunión hacía ya más de tres meses, se dijo que esa joven guerrera sería su enemiga para siempre.
No obstante, no podía creer cómo habían cambiado las cosas entre ellos.
Habían terminado aceptándose y considerándose un equipo que debía permanecer unido para esa misión, pero nunca pensó que podría llegar a desearla como dos noches antes.
Al contarle su historia, había sentido tal liberación en el cuerpo que había necesitado besarla.
A partir de ahí, no podía creer lo que había pasado entre ellos.
La vio desinhibirse, entregarse sin reservas, pedirle más…
Una sonrisa se dibujó en sus labios frente a esos nuevos sentimientos hacia ella que aún no comprendía del todo y a los que no podía ponerles nombre.
Se dijo que era cariño, amistad, compañerismo…
pero nada más. En poco menos de un año estarían separados de nuevo y cada uno podría hacer la vida que quisiera.
Sin embargo, no pudo evitar sentir celos ante la idea de que Morag volviera a su clan y se casara con algún guerrero MacBean.
Sloan frunció el ceño al pensar en eso, por lo que se obligó a centrarse en lo que tenía por delante esa misma noche.
No estaba seguro de que al entrar pudiera encontrar a Morag, pero lo primero que tendría que hacer era encontrar el despacho de Luke Gunn y buscar entre los papeles para comprobar su implicación en la guerra.
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Morag fingió que se marchaba a su habitación cuando todos los sirvientes lo hicieron.
Durante todo el día, había aprovechado las idas y venidas en su nuevo trabajo para forjar un mapa mental de todo el castillo.
Había observado a todos los sirvientes y le parecieron inocentes.
Había hecho lo mismo con los guerreros y, de no ser porque los consideraba enemigos, podría incluso haber hecho amistad con algunos de ellos, pues le parecieron amables y considerados.
¿Cómo era posible que alguien así pudiera llevar a la guerra a otros seis clanes tan solo por una premonición?
A pesar de que habían pasado los días desde que se había enterado de todo, aún le parecía una tontería el motivo de esa guerra.
Casi podía ver aún los ojos tristes de Cora respecto a esa situación y le sorprendió que aún no hubiera perdido el juicio por soportar el peso de tantas muertes.
Cuando el silencio en el castillo fue más que evidente, Morag se levantó de la cama.
No se había quitado la ropa de trabajo, así que se limitó a abrir lentamente la puerta de su dormitorio.
La suerte, una vez más, había estado de su parte al permitirle tener un dormitorio propio en un extremo donde dormían el resto de sirvientes del castillo.
Si hubiera compartido habitación, tal vez habría tenido que dar demasiadas explicaciones.
Morag sacó la cabeza al pasillo para comprobar que no hubiera nadie y después salió.
Gruñó por lo bajo cuando escuchó el sonido de los goznes de la puerta al cerrarse y caminó por el pasillo intentando hacer el menor ruido posible.
Internamente, pensó en una posible excusa que darle a quien pudiera cruzarse, pero rezó mentalmente para que todo el mundo estuviera dormido.
Morag contuvo la respiración mientras doblaba las esquinas y se aproximaba a la zona que deseaba.
Durante el día, había logrado internarse en varios salones con la esperanza de encontrar algo, pero no vio absolutamente nada.
En más de una decena de ocasiones, había tenido que sonreír a varios sirvientes y poner la excusa de que no conocía el castillo para explicar el motivo de su tardanza o si la encontraban en algún lugar donde no debía estar.
Morag caminaba muy pegada a la pared, buscando posibles rincones para esconderse si escuchaba el sonido de algunas botas contra el suelo. Sin embargo, todo estaba completamente vacío. La joven sonrió al ver que, por una vez, la suerte seguía de su parte.
La oscuridad en los pasillos reinaba por encima de los escasos rayos de luz de las antorchas.
Incluso la joven prefería caminar en la oscuridad a tener que hacerlo bajo la luz de la antorcha y poder ser vista por alguien.
Caminó lentamente con la esperanza de encontrar algo y volver a tierras Chattan con información importante.
Morag asomó la cabeza en el último pasillo que le faltaba para llegar al despacho de Luke Gunn.
Su corazón latía a tanta velocidad y tan fuerte que temía que alguien pudiera escucharlo y la descubriera.
Casi voló hacia la puerta, la cual abrió lentamente, mirando primero si había alguien allí que pudiera verla. No obstante, estaba vacío.