CAPÍTULO 14 #3
Gruñendo por lo bajo, Morag incluso miró bajo la cama, pero no había nada. No sabía exactamente si los Gunn tenían alguna manía para guardar la documentación importante, pero estaba segura de que encontraría algo en el despacho del laird, el cual buscaría en cuanto llegara la noche.
No era un castillo demasiado amplio, por lo que se preguntó si tal vez podría irse de allí antes de lo esperado.
La joven torció la cabeza, contrariada por esa primera búsqueda infructuosa.
Y se obligó a salir de allí. Sabiendo que podría poner la excusa de la pérdida al no conocer el castillo y ser nueva, Morag caminó por el pasillo con todos los sentidos alerta.
Tenía sus oídos atentos a cualquier ruido cercano, pero, en ese momento, no parecía haber nadie en el piso superior.
Mirando a un lado y a otro, la joven se internó en varios dormitorios para buscar información, pero no logró encontrar nada que le sirviera.
Lo que sí le llamó la atención fue la decoración austera de todos lados.
Tras comprobar el último de los dormitorios, Morag asomó la cabeza antes de salir de él y regresó por el mismo pasillo, dirigiéndose hacia las escaleras.
Sabía que había perdido mucho tiempo en ese piso superior y que Ava, seguramente, la estaría buscando para darle más órdenes.
Estaba segura de que iba a ganarse su primera regañina cuando, al llegar al final de las escaleras, se topó con el mismo guerrero que había visto en la entrada.
—Vaya, parece que te han cogido…
Morag tragó saliva y agachó la mirada.
—Sí, han sido muy amables al aceptarme aquí.
—Por cierto, mi nombre es Uriel.
Morag levantó la mirada y sonrió levemente.
—Mi nombre es Evelyn.
La joven observó que el guerrero la miraba fijamente y temió que pudiera descubrirla en ese instante.
—Espero que estés bien aquí, Evelyn. Perder a alguien a manos de los asquerosos Chattan debe de ser algo realmente difícil.
—Deberíamos matar a todo ese maldito clan… —sentenció recuperando el odio que sentía por todos ellos antes de casarse con Sloan.
Y a pesar de que había pasado poco tiempo, para ella parecía ser una eternidad, pues ese odio lo sentía como algo realmente lejano. Se sorprendió de sí misma al pensar en ellos con cariño, especialmente Sloan, cuyo rostro apareció en su mente en ese instante.
Vio sonreír a Uriel.
—Estoy de acuerdo contigo. Especialmente si esa idea viene de una mujer tan hermosa como tú. A pesar del paso de los años, sigues manteniendo tu belleza…
Morag estuvo a punto de fruncir el ceño por sus palabras, pero rápidamente recordó que había manchado su pelo con ceniza para aparentar tener canas. Por ello, le sonrió fingiendo timidez y apenas levantó la mirada hacia él, parpadeando varias veces.
—Muchas gracias. Eres un verdadero caballero.
Uriel inclinó la cabeza y siguió su camino.
Cuando lo vio torcer en la última esquina, la sonrisa falsa de Morag desapareció y sacudió sus hombros para quitarse el asco de encima.
No podía creer que todo lo que le dijera Sloan no le provocara ese sentimiento, mientras que, si lo hacían otras personas, le causaba auténticas arcadas.
Morag suspiró y regresó a las cocinas. Estaba segura de que le iba a caer una buena regañina por la tardanza, pero al menos había descubierto que en el piso superior ya no hacía falta buscar nada.
Rezó para que tuviera libertad de movimientos en el resto del castillo, pero igualmente se recordó que tendría que esperar a la noche para poder caminar tranquilamente por ese piso inferior sin ser vista por nadie.
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La noche estaba a punto de llegar cuando Sloan se había cansado de estar allí sentado mientras Morag lo había dejado solo esa misma mañana.
No podía esperar por más tiempo allí, así que caminó hacia los límites del bosque por el lado este.
Tenía que planear algo para meterse en el castillo sin ser descubierto, y no pudo creer que la suerte estuviera de su lado al ver a unos mercaderes que se acercaban por un estrecho sendero.
Durante el día, se había cambiado de ropa y había guardado su kilt en las alforjas para ponerse unos pantalones y la camisa sin manto. No podía vestir los colores de su clan mientras estuviera allí o sería descubierto y acusado de espía, llevando la guerra a las puertas de su hogar.
Y acercándose a ellos con una sonrisa amable para dejar a un lado la oscuridad y el miedo que solía provocar en la gente, les dijo:
—Buenas tardes, señores.
Los comerciantes pararon la carreta y lo miraron de arriba abajo.
—¿Eres un mercenario?
Sloan negó con la cabeza.
—¡No, por Dios! De hecho, unos malditos mercenarios fueron los que me robaron mi ropa y mi dinero. Necesito ganarme el pan de algunos días para sobrevivir y llegar al sur, que es donde vive mi familia.
—Pues sí que tienes camino por delante…
—¿Puedo saber hacia dónde os dirigís?
—Hacia el castillo del laird Gunn. Mañana habrá un mercado en el patio y queremos vender nuestra mercancía.
Sloan estuvo a punto de saltar de júbilo.
—¿Os hace falta alguien como ayudante? Os lo agradecería. Tengo fuerza y ganas de trabajar de sobra. Tan solo me falta el trabajo para ello. Soy un hombre de honor, os lo juro.
El guerrero pensó en lo irónica que parecía la última frase en ese instante, pues no era muy honorable cruzar tierras enemigas y penetrar en el castillo del enemigo mediante engaños.
—No lo habíamos pensado, la verdad, pero es cierto que necesitamos a alguien que esté pendiente de las manos de los aldeanos que se acerquen al castillo. No queremos que nos roben y tú impones mucho.
Sloan sonrió.
—Puedo pelear si hace falta.
El guerrero se habría arrodillado de auténtico placer al ver que asentían y lo aceptaban como ayudante.
Estaba seguro de que Morag pondría el grito en el cielo al verlo aparecer, pero no estaba dispuesto a dejarla allí más tiempo del necesario.
Debían marcharse de esas tierras antes de que alguien los reconociera, e iba a ayudarla a buscar, aunque fuera en el mismísimo infierno.