Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

—Nada que una cuerda no pueda arreglar. Puedo descender por la muralla. Todos los castillos tienen una parte que no protegen porque lo ven innecesario.

—¿Qué parte de tu castillo es esa?

Morag le guiñó un ojo.

—A ti te lo voy a decir…

Sloan sonrió y la vio ponerse en pie mientras respiraba hondo.

—Será mejor que me vaya de una vez. No quiero perder más tiempo.

Sloan asintió y creyó que su corazón se le iba a salir por la boca al ver que Morag iba directa a la boca del lobo.

—Ten cuidado con Luke Gunn. Él te ha visto y podría recordarte.

—Evitaré mirarlo a la cara si nos cruzamos.

Sloan la vio moverse y apretó los puños cuando Morag se alejó con intención de aproximarse al castillo.

El guerrero dio un par de pasos hacia ella y la agarró de la cintura para girarla.

Esta lanzó una exclamación de sorpresa que fue acallada por los labios de Sloan.

Morag se mostró sorprendida, pero le devolvió el beso.

Después, se separaron y, con una sonrisa, la joven se alejó hacia el castillo Gunn.

Hizo todo lo posible para que las manos dejaran de temblarle.

No porque tuviera miedo de enfrentarse ella sola a Luke Gunn y sus hombres, sino por lo que ese beso de Sloan había despertado en ella.

Desde hacía dos días se sentía extraña. Se había entregado a él sin reservas y no había tenido tiempo a solas para pensar en lo que había hecho.

Y aunque no se arrepentía de nada, no podía evitar sentirse extraña en su propia piel.

Nunca pensó que entregarse a un hombre podría ser tan placentero.

Lo único que ella recordaba de los años en los que se vio obligada a prostituirse era el dolor en su cuerpo y la sensación de suciedad que le quedaba después de que los clientes se marcharan.

Una suciedad que ni siquiera toda el agua del mundo podía quitarle.

Y, sin embargo, con Sloan no había tenido esa sensación.

Al contrario, casi podía sentir aún el deseo en lo más profundo de su ser.

Sin embargo, no podía pensar en eso, sino que debía centrarse en el trabajo que tenía por delante.

Morag se encorvó ligeramente y cojeó al tiempo que agachaba la mirada y se acercaba al castillo tras salir de los límites del bosque. Sus ojos recorrían el páramo de un lado a otro, descubriendo a algunos aldeanos que se alejaban del castillo rumbo a sus hogares o sus trabajos.

En el momento en el que Morag llegó al portón de entrada fue interceptada por uno de los guerreros. La joven paró al instante, con la mirada pegada al suelo e intentando que el flequillo le tapara gran parte de la frente a pesar del viento que lo apartaba.

—¿A dónde crees que vas?

—Lamento interrumpiros de esta manera, pero hace poco mi marido fue asesinado por unos Chattan y no tengo para comer. Necesito trabajo, y estoy segura de que aquí tenéis algo que pueda hacer. Sé coser, cocinar, limpiar… Lo que sea para ganarme el pan.

Morag levantó brevemente la mirada y vio que se trataba de un guerrero que parecía tener su edad. Era realmente atractivo, pero la miraba con tanto asco que Morag necesitó hacer acopio de su paciencia para no soltarle algún improperio de los suyos.

—Está bien. Ve a hablar con Ava. Ella es la ama de llaves del castillo y tal vez tenga algo para ti.

¿Así de fácil? , estuvo a punto de preguntar.

—Muchas gracias. No quiero importunar a nadie con mis cuitas, pero os agradezco mucho la oportunidad.

—No cantes victoria, aún no trabajas para el laird.

Morag asintió y entró en el patio al tiempo que llenaba su pecho de aire.

Las manos le temblaban ligeramente, pero sabía que ya había hecho una de las cosas más difíciles.

A pesar de mantener la cabeza ligeramente agachada, sus ojos no dejaban de moverse de un lado a otro.

Vio a varios sirvientes en medio del patio sacando agua del pozo.

Otros, limpiaban una zona de lo que parecían ser desperdicios.

El mozo de cuadras se encontraba peinando un caballo mientras que los guerreros seguían vigilando el exterior de la fortaleza.

Morag buscó la parte trasera del castillo, donde estaría la cocina. Rodeó el castillo y no vio nada extraño que pudiera responder a sus preguntas sobre los Gunn. En el momento en el que penetró en las cocinas, esbozó una sonrisa amable.

—Buenos días. Lamento interrumpir. ¿Eres Ava?

Una de las mujeres que había allí, y que daba órdenes a diestro y siniestro, levantó la mirada hacia ella y asintió con seriedad.

—¿Quién me busca?

—Mi nombre es Evelyn MacRae —mintió usando el nombre de su madre—. Hace años me casé con un Gunn, pero lo han matado unos Chattan. Ahora no tengo nada para comer y necesito ganarme el pan. Quería saber si teníais algún trabajo para mí. Lo que sea…

El ama de llaves la miró de forma tan penetrante que Morag tragó saliva ruidosamente.

—¿Sabes coser?

—Sí, sé hacer muchas cosas.

—Perfecto porque nuestra costurera se ha puesto de parto y necesito a alguien que pueda coserle la ropa al laird o algunas sábanas rotas.

Morag asintió.

—Estaré encantada de hacerlo.

—No puedo darte mucho dinero, pero sí un techo y comida hasta que la costurera pueda incorporarse al trabajo. Después, te buscaré otro oficio.

—De acuerdo.

Ava señaló hacia una pequeña puerta que daba a las cocinas.

—En ese cuarto tenemos todo lo necesario para coser. Búscalo y ve al dormitorio del laird para coser unas sábanas. Es un roto pequeño, pero las quiero perfectas.

Morag asintió y agradeció mentalmente a su madre por el hecho de haberle enseñado a coser. No había vuelto a hacerlo desde que era una niña, pero estaba segura de que no lo había olvidado.

Con paso ligeramente cojo, Morag se acercó al cuarto que le habían indicado y cogió todo lo necesario. Después de eso, se dirigió nuevamente a Ava.

—¿Cuál es el dormitorio del laird?

—Tendrás que buscarte la vida tú sola entre estos muros porque no podemos llevarte de un lado a otro. Está en el piso superior. Búscalo.

Morag asintió obedientemente, pero en su interior sonreía de oreja a oreja, pues eso indicaba que tenía libertad de movimientos por todo el castillo.

Cuando salió de las cocinas y caminó por el extraño y desconocido pasillo, Morag abrió los ojos desmesuradamente.

No podía creer la facilidad con la que había penetrado en el castillo Gunn.

Ni siquiera parecían haber dudado de ella o de su palabra.

Una sonrisa se dibujó en su rostro y caminó, normal, sin cojear y sin mirar al suelo.

Sus ojos se dirigieron hacia cualquier recodo del castillo para intentar hacer averiguaciones.

Cada estancia que veía abierta la miraba de reojo y la grababa en su mente para evitarla o buscarla cuando necesitara información.

Sin embargo, Ava acababa de hacerle el mayor regalo que pensaba. Le había ordenado ir a la alcoba que más deseaba para comenzar la búsqueda y a la que pensaba que tendría menos acceso.

La joven se equivocó en un par de ocasiones, provocando que gruñera para sí mientras apretaba con fuerza la caja con las agujas.

Cuando Morag llegó a una esquina del castillo, se dio de bruces contra alguien.

Rápidamente, abrió su boca para lanzar una queja, pero al ver que se trataba del propio Luke Gunn agachó rápidamente la mirada.

Su corazón se aceleró y apretó con fuerza los puños.

—Ten cuidado, maldita sirvienta. ¿Es que no miras por dónde vas?

Morag rechinó los dientes.

—Lo siento mucho, mi laird. Soy nueva en el castillo y aún no lo conozco. Ando despistada intentando encontrar vuestro dormitorio. El ama de llaves me ha ordenado que os cosa las sábanas, pero no sé dónde ir.

El hombre tardó unos segundos en responder.

—¿Eres nueva? Tengo la impresión de que te conozco de algo.

Morag estuvo a punto de echarse a temblar, pero negó rápidamente con la cabeza.

—Acabo de llegar, de hecho. Tal vez nos hemos visto en la aldea. He venido muchas veces a visitar a algunos familiares.

Luke Gunn frunció el ceño, pero acabó asintiendo.

—Mi dormitorio es el primero que encontrarás al subir la escalinata. No tiene pérdida.

Morag asintió y se marchó sin mirar atrás.

No quería permanecer allí más tiempo del necesario, por lo que casi se lanzó escaleras arriba cuando logró encontrarlas.

Una vez en el piso superior, abrió con total libertad la puerta del dormitorio de Luke Gunn.

Sonrió y cerró la puerta tras ella. No podía creer que la suerte estuviera de su parte, por lo que no podía perder tiempo.

Le sorprendió la escasa decoración de esa estancia para ser la habitación principal del laird.

No sabía si Luke Gunn estaba casado, pero esa cama tan pequeña indicaba que no era un hombre que durmiera acompañado.

Se lanzó hacia las sábanas para coserlas en cuestión de minutos, y así demorarse en buscar algo de información en los cajones de la mesa y el baúl.

A pesar de que no había vuelto a coser nada desde niña, tardó poco en coser las sábanas de la cama.

Recogió todo y, sin soltar la caja de las agujas e hilos para usarla como excusa en caso de ser descubierta, Morag observó la habitación.

Salvo la cama y la chimenea encendida, tan solo había una mesa y dos baúles.

No había ni sofás ni sillones ni nada más donde poder guardar información comprometida.

De hecho, parecía más el dormitorio de un sirviente que el del propio laird.

Morag se preguntó si tal vez los Gunn habían visto mermadas sus arcas con la guerra, ya que eso es lo único que explicaría el desgaste de todo.

La joven abrió los cajones de la mesa, pero no encontró absolutamente nada.

Tras esto, se lanzó hacia el baúl y, a pesar de rebuscar entre las ropas, que le causaron asco, no encontró nada.