CAPÍTULO 14
Morag gimió de placer mientras se desperezaba en el suelo. Aún sentía sobre ella el manto del kilt que cubría su cuerpo desnudo y estiró los brazos por encima de su cabeza al tiempo que hacía lo mismo con sus pies. Sin embargo, a su lado, solo había frialdad.
Asustada, abrió los ojos de golpe y se encontró con la sombra de Sloan a su lado, que estaba terminando de vestirse. El guerrero sonrió señalando el manto.
—Me alegra ver que te has despertado porque necesito colgarlo de mi hombro…
La joven se incorporó sin poder evitar sentir vergüenza.
Todos los recuerdos de la noche anterior acudieron a su mente, provocando un intenso sonrojo que hizo sonreír a Sloan.
Morag se levantó rápidamente del suelo lanzando un gruñido mientras buscaba su ropa, que el guerrero había dejado preparada a un lado de ella.
—Amaneció hace un buen rato.
—¿Y por qué no me has despertado?
Sloan se encogió de hombros.
—Te veías cómoda y no quería molestarte.
Morag desvió su mirada, pero no pudo evitar preguntarle:
—¿Desde cuándo te ha importado molestarme?
El guerrero respondió con una risa.
—Desde ayer, pero a partir de este momento volveré a ser igual…
Morag lo miró y se sorprendió al ver que le guiñaba un ojo, divertido. Era la primera vez que lo veía tan relajado, disfrutando de un momento junto a ella y con la sensación de que no había preocupación en su camino, como si no se dirigieran hacia tierras enemigas ellos solos.
La joven no pudo evitar esbozar una sonrisa, que ocultó de la vista del guerrero.
No había tenido tiempo de preguntarse cómo tendría que actuar al despertar después de entregarse a Sloan, pero él mismo le estaba haciendo fácil esa situación con un cambio radical de carácter que no supo cómo encajar.
—Respecto a lo que te conté ayer…
Sloan se había acercado a ella y la miraba desde su posición con cierta preocupación.
—No le diré nada a nadie.
El guerrero tragó saliva.
—¿Ni siquiera a mi familia? No quiero que sepan cómo me siento con lo de Craig.
—A ellos tampoco les contaré nada. Te lo juro por mi honor. Pero tal vez deberías hablar con alguno de ellos. Seguramente tu madre quiera saber…
La joven calló al ver que Sloan negaba con la cabeza.
—No… no me siento preparado para ello.
Morag asintió.
—De acuerdo. Pero puedes estar tranquilo. Nunca diré nada a nadie.
Sloan asintió y sonrió ligeramente.
—Gracias.
La joven se encogió de hombros, restándole importancia.
—No hay de qué. Si contarlo hace que sonrías más, me alegro. Te da cierto atractivo, pero tampoco mucho, ¿eh?
Sloan rio y la agarró del brazo para atraerla hacia él. La miró fijamente a esa corta distancia y acabó besándola, apretándola contra él.
—No te acostumbres a mis sonrisas, MacBean. Sabes que para ti siempre tengo mi peor expresión.
Morag sonrió contra sus labios y acarició su entrepierna por encima de su kilt.
—Eso habría que verlo, Chattan.
La joven le apartó las manos sin perder la sonrisa y se acercó a los caballos.
—Deberíamos comer algo antes de marcharnos. ¿Crees que podremos llegar al final del día?
Sloan negó con la cabeza.
—Tendremos que bordear aldeas para evitar ser vistos, eso sin contar con que los caminos estarán anegados de barro después de la tormenta. Ha amanecido un día soleado, pero no creo que se sequen lo suficiente como para permitirnos cabalgar con rapidez. Llegaremos mañana.
Morag asintió.
—Entonces, aún nos queda un día para ultimar detalles del plan.
—Sigo pensando que es una completa locura que te internes en el castillo tú sola.
Morag puso los ojos en blanco.
—Yo voy a llamar menos la atención. Ya sé que los Gunn no parecen muy inteligentes, pero ¿no crees que es un poco raro que un sirviente tenga tus músculos?
—Tal vez sería un guerrero venido a menos…
Morag lanzó una carcajada.
—Creo que es menos humillante presentarte directamente a sus puertas y luchar contra todos ellos sin esconderte tras una identidad semejante.
—Está bien. Esto te lo concedo, pero quiero saber qué pasa dentro de los muros o entraré a buscarte.
Morag asintió, incómoda por la repentina preocupación de Sloan. Ambos se sentaron para desayunar algo antes de iniciar la marcha y la joven lo miró cuando sintió sus ojos sobre ella.
—¿Qué pasa?
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Morag dudó, pero acabó asintiendo.
—¿Acaso no tienes miedo de lo que los Gunn puedan hacerte si te descubren?
La joven tragó saliva y se encogió de hombros. Sonrió tristemente y meditó la respuesta unos segundos.
—Cuando te ves sola, sin protección, sin familia, sin amigos… lo único que te queda es levantar tu espada y enfrentarte al mundo para demostrar quién eres y de qué estás hecha.
—Pero ahora no estás sola.
Morag lo miró fijamente, hasta que desvió la mirada sin perder esa sonrisa triste.
—Hemos sido enemigos hasta hace unos días.
—También soy tu esposo…
Morag lo miró con una expresión divertida.
—Entonces eres mi esposo y mi antiguo enemigo.
Sloan clavó su mirada de acero en ella y entornó los ojos, intentando atravesarla con ellos.
—Soy la única persona que tienes al lado ahora mismo y que está dispuesto a dar su vida para salvar la tuya si corres peligro.
El corazón de Morag se sobresaltó. La sonrisa irónica se borró de su rostro y lo miró de forma penetrante. ¿Había escuchado bien o tal vez los recuerdos de la noche anterior la habían hecho perder la cabeza?
—No digas tonterías —susurró sin poder dejar de mirarlo.
—Es la verdad. No son tonterías.
Morag tragó saliva, incapaz de poder pensar con su habitual rapidez.
—Nunca nadie me había dicho eso.
—Yo no soy como los demás. Ya lo sabes.
La firmeza con la que le habló Sloan le provocó un escalofrío. El guerrero acababa de darle, con unas simples palabras, la seguridad y protección que ella siempre había echado de menos y había tenido que forjarse a sí misma bajo capas de dureza.
Morag sintió que sus ojos amenazaban con llenarse de lágrimas. Por ello, desvió la mirada hacia la comida y sonrió ligeramente.
—Gracias.
—Ahora somos un equipo, ¿no? —fue la respuesta de Sloan.
Había sonado diferente, acogedor. Esas palabras sonaron como un aliento que siempre había deseado Morag desde que perdió a su familia.
Nunca había logrado ser un equipo con los guerreros MacBean.
La respetaban y aceptaban, sí, pero siempre se sintió extraña entre ellos.
Con Sloan era diferente, pues él mismo también se sentía extraño entre su propia familia.
Y Morag tuvo la sensación de que, efectivamente, eran un equipo.
Y lo peor de todo fue darse cuenta de que lo habían sido desde la primera vez que se miraron a los ojos.
-------
La llegada a los límites del castillo Gunn fue tal y como esperaban. El buen tiempo los había acompañado, pero los caminos se habían quedado embarrados tras la tormenta y, junto con el rodeo, pudieron llegar a su destino a primera hora del día siguiente.
La silueta del castillo se dibujó a casi una centena de metros, justo a la salida del bosque, pero Sloan y Morag se quedaron quietos, sin acercarse demasiado para evitar ser vistos.
Sus ojos barrieron el pequeño bosque en el que se encontraban para comprobar que estaban solos y que ningún guerrero Gunn estaba cerca de allí.
—Está despejado —dijo Morag.
Sloan desmontó y agarró las riendas de ambos caballos para atarlos a un lado, lejos de donde vigilarían la entrada al castillo y la muralla.
Mientras tanto, Morag, que había sacado ropa de sirvienta de sus alforjas, comenzó a vestirse con ella, por encima de su propia ropa, ya que no quería meterse en el castillo enemigo sin una sola arma encima.
Disimuló la espada bajo la amplia falda y se colgó un manto del hombro.
Le resultaba incómodo, pues hacía que sus movimientos fueran más limitados, pero debía parecer una auténtica sirvienta en busca de trabajo.
Cuando terminó de vestirse, se giró hacia Sloan. Se dio cuenta de que el guerrero se había quedado apartado, mirándola.
—¿Parezco una sirvienta?
Sloan asintió con la cabeza.
—Perfecta. Me sorprende que puedas esconder la espada bajo esas capas bajo la falda.
Morag sonrió.
—He pensado en todo…
—Ya lo veo —dijo al ver que abría una pequeña caja y extendía una pequeña capa de ceniza por su pelo para aparentar más edad.
En el momento en el que terminó, ambos se agacharon y observaron el castillo desde la distancia. Podían ver con claridad a los guerreros apostados en la muralla, que caminaban de un lado a otro de esta, vigilando para que nadie se atreviera a atacar el castillo.
—Son más de veinte… —dijo Sloan con cierta preocupación—. ¿Y si no sale bien?
Morag lo miró y vio el mismo miedo en sus ojos que mostró al hablar de Craig.
A pesar de que durante el día anterior había parecido ser otro tras quitarse el peso de encima, Sloan volvía a mostrarse serio y preocupado ante la posibilidad de una muerte más que segura tras penetrar en tierras enemigas.
—Saldrá bien. Me pienso presentar como una viuda que necesita ganarse el pan para poder seguir adelante.
—¿Crees que te admitirán, así como así?
—En los castillos siempre se necesita a gente, ya sea para cocinar, limpiar, alimentar a los cerdos… Lo que sea.
Sloan arqueó una ceja.
—No te imagino alimentando a los cerdos.
La joven rio.
—Puedo con eso perfectamente. Si todo sale bien, tal vez en dos días tendremos la respuesta a la pregunta que nos ha traído aquí. Y si los Gunn son inocentes, tendremos que ir a los otros dos clanes.
Sloan asintió.
—De acuerdo. Yo me quedaré en el bosque a la espera de tus noticias. ¿Crees que podrás salir del castillo a medianoche para venir a informarme?
Morag arqueó una ceja.
—No insultes mi inteligencia. Claro que podré.
—¿Y los guardias de la muralla? Podrán verte… Tendrás que buscar alguna puerta por la que salir.
Morag lo miró con una sonrisa.