Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 13 #2
54%

CAPÍTULO 13 #2

Sloan levantó la mirada hacia ella y apretó la mandíbula. Por primera vez en su vida hablaba de él, y para colmo, lo hacía con una mujer a la que había considerado su enemiga. Le pareció que el destino se burlaba de él, pero ahora que había empezado, sabía que no podía parar.

Sloan asintió.

—Craig era mi hermano…

—No tienes que contármelo si no quieres —le dijo Morag.

El guerrero levantó la mirada hacia ella y justo en ese momento no pudo evitar sobresaltarse cuando un nuevo trueno se escuchó sobre sus cabezas. Sloan cerró los ojos un instante y suspiró.

—Lo único que quiero pedirte es que, después de contártelo, jamás hables con mi familia de esto. Nunca lo he hablado con ellos.

Morag asintió con seriedad.

—Te juro por mi vida y por mi honor que no pienso contarle nada a nadie, Sloan.

El guerrero la miró unos segundos en silencio y asintió. Vio la verdad en sus ojos y ordenó sus pensamientos en su mente.

—Craig nació unos minutos antes que yo y siempre tiraba de mí para todo.

Cuando éramos pequeños, nos parecíamos bastante a Arran y Kester.

Éramos muy bromistas y siempre causábamos problemas en el castillo.

Craig solía echarme la culpa de todo porque yo era el más pequeño y algo más callado que él, pero no me importaba que nos castigaran porque me lo pasaba muy bien con él.

Morag lo escuchaba atentamente, con el corazón ligeramente encogido ante lo que estaba a punto de contarle.

—Un día… —la voz de Sloan se entrecortó y Morag descubrió, durante unos instantes, que los ojos del guerrero se habían convertido en un mar de lágrimas.

Apartó la mirada para que la joven no lo viera.

Arrugó el rostro y cerró los ojos unos instantes.

El dolor de su pecho le impedía hablar y sentía que la garganta se le había cerrado por completo.

Sintió que se asfixiaba y que no podía continuar, pero al cabo de unos instantes, notó los dedos de Morag sobre su antebrazo.

Rápidamente, giró la cabeza en su dirección y clavó su mirada en ella.

La vio fruncir el ceño, preocupada, pero, al mismo tiempo, mostrándole su apoyo en ese momento.

En cualquier otro momento, días antes, habría apartado su mano de él y se habría ido al otro extremo de la cabaña para evitar tocarla y respirar el mismo aire, pero en ese instante, sentía que Morag era el único apoyo moral que había tenido en su vida.

Y eso lo instó a seguir adelante con su relato:

—Un día… cuando teníamos seis años, se desató una fuerte tormenta sobre el castillo.

Y unos días antes, uno de los guerreros de mi padre me había contado una historia sobre un pequeño montículo que hay en la zona norte del castillo, en medio de un bosque.

Me dijo que allí habían podido ver hadas los días de tormenta y yo sentí curiosidad.

Morag apretó los dedos alrededor de su antebrazo y Sloan, sin poder evitarlo, llevó su mano libre hacia ella y la estrechó, sin darle opción a alejarse.

—Como te he dicho, Craig era más valiente, pero ese día quise ser yo quien lo instara a ir al montículo a ver las hadas.

Como estaba lloviendo con mucha intensidad, Craig no quiso en un principio, pero logré convencerlo, así que nos escapamos, aprovechando el cambio de guardia.

Corrimos bajo la lluvia hasta el bosque del que me habían hablado y llegamos al lugar donde supuestamente habría hadas.

Morag sintió el temblor en el cuerpo de Sloan y vio cómo sus ojos volvían a llenarse de lágrimas no derramadas ni siquiera cuando era tan solo un niño. El guerrero sonrió amargamente mientras los recuerdos se apiñaban en su mente y la voz parecía volver a escapar de su garganta.

—Lógicamente, no vimos hadas. Craig quería regresar porque nuestra ropa se había mojado y nos ganaríamos una buena regañina, pero yo quise esperar.

Durante un instante, me alejé de él creyendo haber visto una luz extraña en medio del bosque.

Estaba seguro de que se trataba de un hada del bosque y lo dejé junto al montículo.

Fueron solo unos malditos metros, pero eso me salvó la vida.

Una lágrima solitaria escapó de los ojos de Sloan, pero rápidamente la borró de un manotazo.

—Comenzó a llover más fuerte, hasta que un sonido atronador, se cernió sobre nosotros.

Parecía que el cielo se había abierto y se derrumbaría sobre nuestras cabezas.

Tronó demasiado fuerte. Desde entonces no he vuelto a escuchar algo así.

Oí gritar a Craig, asustado. Desde donde yo estaba, me giré para verlo, pero justo en ese momento…

Sloan frunció el ceño, boqueó varias veces, incapaz de seguir adelante y, aunque no hubiera añadido nada más, Morag se imaginó lo que quería contarle.

—Justo en ese momento, un rayo cayó y le dio de lleno a Craig en el pecho.

Sloan apretó los dientes y apartó la cara.

—Fue tan potente que, a pesar de la distancia, me caí al suelo gritando. Nunca podré olvidar su rostro. Tenía los ojos tan abiertos que parecían salírsele de las cuencas. Se puso rígido y cayó al suelo. Cuando pude, me levanté y corrí hacia él, pero estaba muerto.

Morag vio cómo la boca del guerrero temblaba y parpadeaba varias veces para apartar las lágrimas de sus ojos.

—No fue tu culpa, Sloan.

Este sonrió amargamente.

—Todos decís lo mismo, pero no fue así. Fui yo quien lo animó a salir del castillo en medio de una tormenta. Era él quien quería volver y fui yo quien lo retuvo allí. Claro que fue culpa mía. Y jamás me lo perdonaré.

Sloan apartó la mirada y Morag se sintió terriblemente mal por él.

Ahora entendía su fuerte carácter y su frialdad.

¿Cómo iba a perdonarle la vida a un enemigo si él era el primero que no podía perdonarse a sí mismo?

La muerte de su hermano gemelo había sido algo fortuito; producto del destino cruel que había decidido arrebatarle la vida a un niño de tan solo seis años.

Ahora entendía por qué lo asustaban las tormentas, por qué siempre estaba serio, no sonreía, mostraba antipatía por todo el mundo…

Aquella tormenta le había arrebatado a su otra mitad; se había quedado cojo con solo seis años y no había logrado seguir adelante con esa pérdida.

Morag tragó saliva y lo miró fijamente. No podía verle la cara porque la había girado.

Por ello, apartó su mano del brazo del guerrero y la levantó.

La apoyó en su barbilla y sintió cómo su barba le hacía cosquillas entre los dedos.

Lentamente, lo obligó a girar la cabeza hacia ella para mirarlo a los ojos.

—Si en algún momento hubiera sentido que esa muerte era culpa tuya, te aseguro que no me habría cortado y te lo habría dicho. Pero la muerte de Craig se produjo por culpa de la tormenta. Tú no querías que pasara.

Los ojos de Sloan se inundaron de lágrimas y negó con la cabeza.

—Lo amaba con toda mi alma. Sentí en mi pecho un dolor muy fuerte cuando ese rayo lo golpeó. Fue como si también me hubiera golpeado a mí. Y después, la nada. Cuando lo enterramos, no sentí nada y no he vuelto a sentir absolutamente nada en toda mi puta vida.

El guerrero se tocó el pecho.

—Aquí quedó frío, soledad, amargura… No he vuelto a bromear, no he vuelto a sentir, ni tan siquiera pude llorar a mi padre cuando murió en la guerra. Estoy vacío.

Al contrario de lo que esperaba, Morag sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, pues Sloan no solo se estaba describiendo a sí mismo, sino también a ella.

—Te comprendo perfectamente porque yo también me siento así, pero debes reconocer que no fue culpa tuya.

Sloan negó con la cabeza, pero la mano de Morag se mantuvo firme sobre su barbilla. El guerrero sentía el calor que emanaba de ella y parecía calentar su cuerpo por primera vez en su vida.

—No lo fue, Sloan. Y estoy segura de que allá donde esté tu hermano estará enfadado contigo, pero no por lo que tú piensas, sino porque sobreviviste y, aun así, no has sido capaz de vivir. Él murió, Sloan, pero tú seguiste vivo.

—Debí ser yo quien muriera ese día.

—Tu hermano te dio la mayor lección de tu vida —lo cortó—.

Te repito: él murió, pero tú decidiste enterrarte con él aquel día en lugar de seguir viviendo.

Nunca sabremos si nuestras almas deciden en qué momento se marchan de este mundo, pero lo que sí debemos tener claro es que, aunque muera la persona que hay a nuestro lado, nuestro destino es seguir viviendo.

No solo por nosotros, sino por él mismo.

Si él no ha tenido la oportunidad de vivir, nosotros podemos vivir por los dos.

Morag no pudo evitar que una lágrima escapara de sus ojos. Jamás imaginó que la historia de Sloan pudiera tocar tan a fondo su corazón, pero no pudo evitarlo. Sentía su dolor en lo más profundo de su ser y no quería que siguiera sufriendo.

—Tienes que vivir, Sloan. Hazlo por Craig. Vive aquello que él jamás ha podido experimentar.

Sloan la miró largamente en silencio. Nunca habría imaginado que Morag intentaría animarlo y hacerle sentir mejor.

Después de la guerra abierta que habían mantenido entre ellos, le resultaba extraño verla con ojos llorosos por su historia.

Y eso provocó que algo en su pecho se rompiera.

En ese momento, se sentía desnudo y no pudo evitar hacer lo primero que le vino a la mente tras escuchar sus últimas palabras.

Sloan elevó una mano y la posó sobre la mejilla de Morag.

Temió que la joven se apartara de él, pero se mantuvo quieta, con la mirada puesta sobre él.

Inconscientemente, la acarició y descubrió la suavidad en su piel, algo que nunca habría imaginado tratándose de Morag.

Pero tenía la piel tan suave que necesitó acercarse más a ella.

Y cuando se dio cuenta, se descubrió a sí mismo besando a la joven.