Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 12 #3
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CAPÍTULO 12 #3

Al día siguiente, Sloan se preparó antes que la propia Morag.

Salió del dormitorio casi sin mirarla y cuando la dejó sola, Morag se dirigió hacia el espejo.

Tras vestirse, sabía que debía prepararse para evitar que la reconocieran.

Por ello, tomó una de las dagas que llevaba guardada en las botas y comenzó a cortar su cabello.

Este le llegaba hasta la cintura, por lo que lo dejó a la altura de los hombros.

Su aspecto era algo que nunca le había importado, pero cuando cortó el primer mechón, no pudo evitar pensar en Sloan.

Morag se golpeó mentalmente por dirigir un pensamiento al guerrero sobre algo que solo le competía a ella misma. Se dijo que su nuevo aspecto debía importarle poco al guerrero. Y, de todas formas, su cabello crecería con el tiempo.

De igual modo, Morag tomó varios mechones de pelo y los cortó para tener flequillo.

De esa manera, podría ocultar parcialmente su rostro y evitaría ser reconocida.

Cuando terminó su trabajo, suspiró y se miró al espejo desde la distancia.

Realmente, parecía otra persona. Su rostro parecía más redondo en lugar de ovalado e incluso sus ojos verdes se veían más grandes que antes.

Se dijo que los Gunn no la reconocerían, así que sonrió ampliamente.

Tras ello, cogió una pequeña caja que había visto la noche anterior en las cocinas y se dirigió hacia la chimenea.

Esta se había apagado a lo largo de la noche, pero habían quedado las cenizas de los troncos quemados el día anterior.

Llenó esa pequeña caja con cenizas para teñirse ligeramente el pelo y simular canas.

Así, aparentaría más edad y nadie podría relacionarla ni con los Chattan ni con los MacBean.

Se dijo que todo debía salir bien o su propio clan se vería afectado por una nueva guerra.

—No puedes fallar, Morag —se dijo en voz alta.

En una alforja, metió una falda que una de las sirvientas le había proporcionado para hacerse pasar por una de ellas a su llegada al castillo Gunn.

Y cuando tuvo todo preparado, salió del dormitorio.

Había esperado muchos días para marcharse y ahora que lo hacía no podía evitar sentirse ligeramente nerviosa.

Sabía que era una forma de demostrarle al mundo su valía, tanto a la gente de su clan como a los Chattan y, por ello, tenía la necesidad de no fallar.

A medida que bajaba las escaleras, sus botas resonaban con fuerza en el pasillo.

Si moría en esa misión, aceptaría la muerte con firmeza, pues su alma deseaba reencontrarse con su familia una vez más, y puede que solo así pudiera dejar de sentir dolor y miedo.

La joven se dirigió directamente al patio, ya que estaba segura de que Sloan la esperaba allí. Cuando salió al exterior, su capa ondeó ligeramente por el frío. Ese día había amanecido ligeramente fresco, pero también nublado. El cielo amenazaba lluvia, pero no le importaba mojarse por el camino.

Se fijó en que la familia Chattan se encontraba en el centro del mismo hablando con Sloan, que sujetaba las riendas de ambos caballos.

Este se encontraba de espaldas a ella cuando Morag se acercó.

Arran era quien hablaba en ese momento con Sloan y al verla llegar, su voz se entrecortó, sorprendido por el cambio en su imagen.

Curioso, Sloan se giró también y se quedó de piedra al verla llegar con el pelo más corto.

—¿Qué te has hecho?

El guerrero sintió su llegada como un fuerte puñetazo en el vientre.

Los días anteriores había llegado a admirar su belleza salvaje, pero ese cambio había provocado que el rostro de Morag se convirtiera en algo perfecto.

Sloan se había quedado sin aliento al verla llegar y necesitó de varias respiraciones para sosegarse de nuevo y aparentar tranquilidad e indiferencia. Pero su boca lo traicionó al hablar.

—Te lo dije: puedo pasar desapercibida.

—Pero… te has cortado el pelo.

Morag se encogió de hombros.

—Crecerá de nuevo. Luke Gunn me ha visto sin flequillo, así que no me reconocerá de esta manera. Además, si esto te ha sorprendido, déjame decirte que también llevo ceniza para aplicarla en el pelo y aparentar más edad.

Kester la miró y no pudo evitar lanzar un silbido de admiración.

—Vaya, necesito a alguien tan inteligente como tú a mi lado.

Cora lo miró con una sonrisa.

—Ni aun así parecerías más listo…

Kester le hizo un gesto obsceno con el dedo y se apartó para dejar que Morag se acercara a Sloan. Este aún seguía anonadado por su presencia. Ese nuevo corte de pelo la hacía parecer más joven, más angelical, dejando a un lado su lado salvaje y guerrero. Y eso le cortaba el aliento.

Al ver que la joven se movía hacia su caballo, Sloan se obligó a reaccionar, pues temía haberse quedado embobado mirándola.

Descubrió que su madre lo estaba mirando de una manera extraña con una sonrisa dibujada en los labios, pero no quiso saber a qué se debía ese gesto.

Miró a Rowan y este le dio una palmada en la espalda.

—Tened mucho cuidado.

Sloan asintió.

—Sabes que siempre lo tengo.

—Y no paséis más tiempo del que debéis.

—Espero estar aquí para la boda de Alasdair.

El aludido arqueó una ceja.

—Entonces, tardad todo lo que queráis. Sin prisa… yo os esperaré para casarme.

Morag sonrió.

—Se te ve muy entusiasmado con esa boda.

—El mismo que vosotros tuvisteis con la vuestra.

Morag rio y montó sobre su caballo. Sloan la imitó.

—¿Preparada? —le preguntó el guerrero a la joven.

Esta sonrió y asintió.

—¿Y tú?

—Siempre estoy preparado para el peligro.

Morag le guiñó un ojo.

—Entonces, pon tu mirada en mi trasero y sígueme.