CAPÍTULO 12 #2
Después de la marcha de Nathan, Morag le pidió a Rowan hablar con él.
Este asintió, pues sabía claramente lo que la joven deseaba.
Y cuando le indicó el camino hacia el interior del castillo, Morag miró de reojo a Sloan.
Suspiró y le pidió que también se uniera a la reunión.
Desde un principio, y puesto que no se fiaba de nadie, había pensado en no contarle a Sloan el plan.
Pero ahora que las cosas entre ellos estaban de otra manera, no podía dejarlo atrás.
El propio guerrero dibujó una expresión sorprendida al ver que la joven le pedía que los siguiera. Por ello, lo hizo sin rechistar, ya que deseaba también salir de allí cuanto antes y llevar a cabo el plan.
En unos minutos se encontraban sentados en uno de los salones pequeños que había cerca de la puerta de salida. Morag carraspeó y tragó saliva antes de hablar, pero fue Rowan quien se adelantó.
—Ya sé lo que me vas a decir.
—Dijiste que esperara a que mis cosas estuvieran aquí —dijo ella igualmente—. Ya las ha traído Nathan. Y Sloan y yo nos hemos conocido. No podemos esperar más.
—Tiene razón —terció Sloan mirando a su hermano—. Puede que las cosas estén ahora más tranquilas en los clanes, pero tal vez después ataquen con más fuerza, que es lo que hicieron con el padre de Gillian.
Rowan asintió y miró fijamente a su hermano.
—¿Desde cuándo le das la razón a Morag?
La joven desvió el rostro para evitar que vieran su sonrisa. A su lado, Sloan gruñó.
— ¿Desde cuándo te metes donde no te llaman? —fue la respuesta del guerrero.
Rowan bajó la mirada y observó sus propias manos.
—Me meto únicamente en la vida de aquellos que me importan. Si no fueras importante para mí, pasaría a tu lado sin tan siquiera mirarte.
Sloan tragó saliva y desvió su mirada, incapaz de sostenérsela. Rowan le había demostrado muchas veces que siempre estaba con él, que no era su enemigo y, sin embargo, Sloan nunca había podido abrirse y contarle que no era capaz de seguir adelante.
—Disculpa —susurró Sloan mirando al suelo.
Esa simple palabra provocó que Rowan lo mirara fijamente, aunque no podía ver con claridad su rostro, puesto que había desviado la cabeza.
Era la primera vez que Sloan le pedía perdón por algo sin que nadie se lo hubiera impuesto anteriormente, como su madre.
Por eso, le sorprendió ese cambio en él.
Morag los miraba alternativamente, también sorprendida por aquella palabra de Sloan, aunque prefirió no decir nada. Eso era algo que debían solucionar los hermanos, no ella. Por eso, se mantuvo en un segundo plano.
—Creo… —Rowan carraspeó— que lo primero que debéis hacer es hablar entre vosotros sobre la misión.
—Podemos hacerlo por el camino —respondió Morag—. De todas formas, sigo pensando que lo mejor es que vaya sola.
Sloan levantó la mirada hacia ella y la atravesó por completo.
—No voy a permitirlo.
—Yo paso desapercibida —insistió—. Tú, no.
—No sé si sabes que existen unas prendas que se llaman capas para poder ocultar tu rostro… —dijo Sloan con tono irónico.
Morag sonrió.
— ¿Crees que con ella te harías invisible entre los muros de los Gunn?
—No, pero sí ocultaría mi identidad.
Ambos se sostuvieron la mirada y la joven acabó sonriendo ampliamente.
—Está bien. Acepto tu presencia con esa capa. De todas formas, sé que estos días te has vuelto dependiente de mi presencia y no podrías dormir bien.
Sloan arqueó una ceja al tiempo que Rowan se llevaba una mano al rostro para ocultar una sonrisa.
—Eres tú quien me abraza en sueños, incordio —le espetó Sloan.
La sonrisa de Morag se borró de golpe al hablar de algo así delante de Rowan.
Sus mejillas se tiñeron de rojo y la vio apretar los puños con fuerza, como si estuviera a punto de saltar sobre él.
Sin embargo, la joven se obligó a respirar hondo y a calmarse.
Se dijo que ya se vengaría de él en algún momento, por lo que no se preocupó por contestarle.
—Creo que hay una forma muy fácil de meterse entre los muros del castillo Gunn —siguió la joven cuando volvió a encontrar su voz—. Podemos llegar a pedir trabajo como sirvientes. Sin embargo, tal vez puede ser muy extraño vernos llegar a los dos al mismo tiempo. Debería ser en días diferentes.
Sloan la escuchó atentamente, al igual que Rowan, que preguntó:
—¿Qué sugieres?
—Yo puedo ser la primera en aparecer en las puertas del castillo pidiendo ser sirvienta del mismo. Y una vez que esté dentro, puedo ir buscando evidencias de la implicación de los Gunn.
—¿De verdad crees que voy a dejar que entres sola en ese nido de ratas?
Morag miró a Sloan.
—Soy a la que menos conocen. No han visto mi rostro en profundidad. El tuyo, sí.
—Morag tiene razón. Pero es algo muy arriesgado. ¿Y si te descubren?
—Haré todo lo posible para evitar cruzarme con Luke Gunn o sus guerreros más cercanos a él. Y si me descubren, diré que me he escapado y negaré que estés implicado en el plan.
—A eso se le llama sacrificarse —la cortó Sloan.
—No me importa hacerlo por el bien de los míos —sentenció Morag.
—¿Por ese Nathan? —preguntó Sloan sin poder evitar sentir celos del hijo del laird MacBean.
—Por él y por muchos más —afirmó la joven.
Sloan suspiró.
—Es peligroso, pero si lo hacemos bien, podrá salir perfecto.
Morag arqueó una ceja y lo miró, sorprendida.
—Creo que no te comprendo. ¿Ahora me das la razón?
Sloan se encogió de hombros.
—Yo soy así…
La joven dejó escapar una risa.
—Mira que eres raro…
— ¿Te has mirado a un espejo? Acabas de decir que te vas a internar tú sola en un castillo enemigo. Además de rara, estás loca.
Morag sonrió ampliamente.
—Reconoce que te gusta mi locura.
—Prefiero que los Gunn me saquen las entrañas. Gracias.
—Si sobro en la conversación, me gustaría saberlo… —intervino Rowan dejando caer la espalda contra el respaldo del sofá.
Morag lo miró como si acabara de darse cuenta de que estaba allí y le sonrió brevemente.
—Claro que no. Puedes divertirte.
—Ya lo hago. Tranquila.
Sloan resopló.
—Y una vez que obtengamos la información, ¿cómo saldremos del castillo? Tampoco será fácil.
—Pondremos alguna excusa que nos venga bien en ese momento…
—¿Y los caballos? No se pueden quedar libres.
—Buscaremos alguna cabaña abandonada cerca del castillo y los dejaremos ahí. Y también te quedarás con ellos hasta que sea el momento de penetrar entre los muros.
Sloan apoyó los codos en las rodillas y se inclinó hacia adelante con la mirada fija en Morag.
—Pero yo no puedo quedarme ahí sin saber si te van bien las cosas.
—Me escaparé a verte por la noche y te contaré cómo está todo dentro del castillo.
El guerrero arrugó el rostro y entornó los ojos.
—Lo tienes todo pensado…
—No me gusta dejar ningún cabo suelto.
—¿Cómo es posible que seas tan buena estratega?
Morag se encogió de hombros.
—Cuando pasas por ciertas situaciones en la vida, te ves obligada a pensar en diferentes planteamientos para lo que viene después. Así, nada te sorprende porque ya estás preparada.
Sloan la miró durante unos segundos, antes de que la voz de Rowan se alzara de nuevo y lo obligara a mirarlo.
—Lo único que os diré es que tengáis cuidado. Poneos de acuerdo en todo y no os expongáis por orgullo.
Sloan y Morag asintieron en silencio.
Rowan dio una palmada y se levantó del sofá.
—Perfecto. Saldréis mañana.
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Gillian sonrió cuando le tendió una alforja a Morag. En el rostro de esta se dibujó una expresión inquisidora y la esposa del laird se adelantó a contarle de lo que se trataba.
—Ya sabes que soy curandera y que uso muchos ungüentos para curar heridas. Vais a una misión muy difícil y puede que os hieran en algún momento. Si es así, tenéis varios botes y vendas con los que poder curaros.
Morag arqueó una ceja.
—Yo no sé para qué sirve cada cosa.
—Te lo he escrito en un papel y cuánto debes usar en cada momento. No te preocupes.
Morag asintió y esbozó una sonrisa.
—Gracias. Ya sé que nuestra relación no es como la típica que suelen tener las cuñadas, pero te agradezco el gesto que has tenido.
Gillian se encogió de hombros.
—Puede que nuestra relación ahora sea algo tirante, pero puedo entenderlo. Las cosas entre los clanes están bastante tensas y nadie confía en nadie. Pero ahora formas parte de la familia y, como tal, te aceptamos. Lo demás vendrá solo.
—Bueno, en nuestro caso, el tiempo se irá acortando. Ya queda menos para que Sloan y yo nos separemos.
—Nunca se sabe.
La sonrisa de Morag se tornó lívida e incómoda.
—Nos separaremos —le aseguró.
Gillian le puso una mano en el brazo y la apretó con cariño.
— ¿Qué tal tu matrimonio con él?
—Como el primer día.
Gillian lanzó una carcajada.
—No lo creo. Os vais de misión, tengo la sensación de que la cosa ha mejorado.
—Y yo tengo la sensación de que, si no nos matan los Gunn, lo haremos nosotros tan solo para llevarnos la contraria.
—Lo que yo he visto estos días es algo diferente, Morag, aunque no lo quieras reconocer. Os toleráis.
La joven se encogió de hombros nuevamente.
—Supongo que lo hemos hecho únicamente por la misión, pero la guerra entre nosotros sigue latente. No perdemos la oportunidad de meternos el uno con el otro.
—Eso es lo que le da vida al matrimonio.
—O se la quita… Según se mire…
Gillian rio.
—Hacéis buena pareja. Sois muy parecidos.
Morag torció la cabeza, intentando no sonrojarse, pues el recuerdo del beso de Sloan aún estaba latente en su mente.
—Eso es lo que nos hace peligrosos.
—O perfectos para el otro.
Morag suspiró.
—Sé lo que me quieres decir, Gillian. No nos va a pasar como a Rowan y a ti. Yo no me voy a enamorar.
—Nunca se sabe.
—Yo sí lo sé —afirmó Morag—. Estoy muerta por dentro.
Gillian abrió la boca para seguir la conversación, pero la joven no quiso continuar y le dijo:
—Si me disculpas, tengo que ir a prepararme.
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