Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Días después, la relación entre ellos había cambiado tan radicalmente que todos en el castillo lo notaron.

El primero en hacerlo fue el propio Rowan, que había observado a la pareja cada vez que se cruzaba con ellos.

Los había visto hablar, incluso caminar por los pasillos y dirigirse miradas mientras comían.

Sin embargo, sus percepciones se las guardó para sí en lugar de comentarlas con nadie más, ni siquiera con Gillian.

Pero con el paso de esos días, todos lo habían notado.

Incluso Sloan y Morag a veces se descubrían mirándose o buscándose de alguna manera.

Parte de las barreras que había entre ellos desde que se conocían habían desaparecido por completo, dejando que la cordialidad y una incipiente amistad surgiera entre ellos.

Sin embargo, esos nuevos sentimientos se vieron ligeramente opacados con la llegada de Nathan MacBean, el hijo de Jacob, con las pertenencias de Morag. Tanto Sloan como la joven se encontraban entrenando en el patio cuando el portón se abrió, dando paso al segundo al mando del clan MacBean.

Puesto que Morag apenas tenía pertenencias, había podido llevarlas en varias alforjas en el caballo en lugar de necesitar una carreta, lo cual facilitó el transporte de las mismas.

En uno de los movimientos de Morag mientras entrenaba, creyó ver de soslayo una cara conocida que echaba terriblemente de menos, por lo que le pidió a Sloan parar un segundo y así girarse hacia el recién llegado. Al reconocer aquella sonrisa aún en el caballo, Morag lanzó un grito de júbilo.

—¡Nathan! —vociferó corriendo hacia él.

El guerrero descendió del caballo y la estrechó entre sus brazos mientras Sloan envainaba la espada con el ceño fruncido y sin quitarle la mirada al recién llegado.

¿Cómo se atrevía ese guerrero a abrazar así a una mujer casada?

Sloan apretó los puños alrededor de la empuñadura de la espada, incapaz de aguantar los celos que, de repente, aparecieron en el centro de su pecho.

Después, se golpeó mentalmente, pues se dijo que debía darle exactamente igual la relación de Morag con el hijo de Jacob MacBean, pero no podía evitarlo.

Se acercó a ellos lentamente, clavando la mirada en los ojos de Nathan, que lo atisbó al segundo y rápidamente la soltó, incómodo por la mirada que le dirigía Sloan.

Con ese mismo gesto, miró a su alrededor.

No esperaba un buen recibimiento, pero tampoco sentirse como si se hubiera metido en un nido de serpientes.

Los guerreros Chattan se arremolinaron a su alrededor, provocando que la sensación de incomodidad fuera aún mayor.

Sloan estaba realmente tenso al ver que las manos de Nathan habían tocado la cintura de Morag, sin embargo, se mantuvo en silencio.

Rápidamente, apareció Rowan para saludarlo, por lo que Sloan pudo mantenerse en un discreto segundo plano.

Pero lo peor de todo fue ver que Morag no se separaba de él ni siquiera al ver que Rowan se acercaba para estrecharle la mano y darle la bienvenida.

—Me alegro de verte por estas tierras, MacBean.

Sloan miró de reojo a su hermano y estuvo a punto de chillar que le pidiera a Nathan que apartara las manos de Morag.

—El placer es mío, Chattan. La verdad es que ha sido un viaje tranquilo a pesar de que las cosas están bastante tensas.

Morag lo miró.

—¿No has visto nada raro?

—Si te digo la verdad, ni siquiera me he cruzado con nadie.

La joven le sonrió, provocando que Sloan no aguantara más y carraspeara para llamar la atención de todos. Rowan lo miró y lo presentó a Nathan.

—No sé si recuerdas a mi hermano Sloan.

Nathan sonrió de lado y le estrechó la mano. El joven torció la cabeza cuando sintió que Sloan apretaba demasiado sus dedos.

—Tu segundo al mando…

—Y esposo de la mujer a la que estás tocando ahora mismo…

Nathan apartó la mano de la cintura de Morag, que arqueó una ceja y se cruzó de brazos, sorprendida por las palabras de Sloan.

—Tranquilo, Chattan, no se me olvida que es tu esposa.

Sloan frunció el ceño aún más.

—Pues no lo parece…

—Creo que esta conversación no es necesaria —sugirió la joven.

Rowan ocultó una sonrisa. Era la primera vez que veía celos en los ojos de su hermano, y ver un sentimiento como ese, por simple que fuera, lo llenó de esperanza para que Sloan pudiera cambiar de carácter en algún momento de su existencia.

—Si lo deseas, MacBean, podemos entrar al castillo para tomar algo y que descanses.

Nathan chasqueó la lengua.

—Quisiera regresar cuanto antes.

Morag se quejó rápidamente, provocando que los celos de Sloan fueran en aumento.

—Ahora que estás aquí, no voy a permitir que te vayas sin hablar un rato.

—Tampoco tendréis mucho que contar —gruñó Sloan, provocando que la mirada de Nathan fuera dirigida hacia él.

Y al contrario de lo que esperaba el hermano de Rowan, el recién llegado asintió y aceptó.

—Está bien. Tomaré algo y me iré pronto. No quiero que tu esposo me arranque la cabeza.

—Podría hacerlo tan solo por ser un MacBean.

—Tendrías que hacer lo mismo conmigo —terció Morag retándolo con la mirada.

Sloan gruñó y dejó que fuera Rowan quien los guiara hacia un salón.

Por nada del mundo dejaría a solas a Morag y Nathan.

Ver que la relación que tenían entre ellos era tan estrecha le provocaba celos.

Sí, celos. Nunca lo reconocería, pero no era capaz de soportar la enorme cantidad de sonrisas que Morag le dedicaba.

Al cabo de unos minutos, todos se encontraban en el despacho de Rowan para hablar sobre la situación en los clanes.

—Ahora que estás aquí, te quiero preguntar por tu clan. ¿Cómo están las cosas?

Nathan se sentó junto a Morag, que lo escuchó atentamente. Sloan se había sentado justo enfrente de esta, pues Nathan le quitó el sitio cuando se sentó, por lo que le dedicó infinidad de miradas iracundas.

—Hemos tenido algunos ataques, pero nada grave. Parece que las cosas están más calmadas.

Rowan miró a Sloan de reojo, que no pudo evitar resoplar.

—Tal y como pasó en el clan Comyn cuando Gillian llegó al castillo.

—Sea quien sea ese desgraciado, nos quiere hacer creer que el culpable es aquel con el que llegamos a un acuerdo —lo secundó Sloan—. Seguramente, con los Ross pasará lo mismo cuando su hija llegue aquí.

—Entonces, solo nos quedan los Gunn, Urqhart y MacGillivray —dijo Morag.

Sloan asintió.

—Podríamos engañarlos para ver cómo reaccionan —dijo Nathan.

Morag sonrió y miró a Sloan, que tuvo que hacer acopio de todo su mal carácter para evitar devolverle la sonrisa delante de Nathan.

—Nosotros ya tenemos un plan.

—¿Se lo vas a contar? —gruñó Sloan.

Morag puso los ojos en blanco.

—Nathan es como mi hermano.

Al decir aquellas palabras, el rostro de Sloan pareció relajarse, aunque hizo todo lo posible para que no se notara.

—Yo también pienso que puede ser buena idea. Para que estéis preparados…

Sloan miró de reojo a Rowan por no estar de acuerdo con él, sin embargo, se mantuvo en silencio y dejó que los demás hablaran.

—Sloan y yo vamos a ir a tierras Gunn para internarnos en su castillo —le informó Morag.

Nathan la miró con una ceja enarcada y acabó entornando los ojos.

—Creo que no te sigo… ¿A qué te refieres con internaros?

—A que nos vamos a hacer pasar por lo que sea para meternos en el castillo y poder recorrerlo con libertad. Solo así podremos buscar papeles que los incriminen.

El hijo de Jacob MacBean la miró largamente en silencio, hasta que cerró los ojos un momento y acabó preguntándole.

— ¿Te has vuelto loca, Morag?

—Vaya, no soy el primero que lo piensa… —ironizó Sloan.

Pero Morag lo ignoró y siguió mirando a Nathan.

—Es la única manera de descubrir lo que está pasando.

—¿Y si los Gunn no son culpables, irás a tierras MacGillivray?

—A donde haga falta.

—¿Y si os descubren?

—No lo harán.

Nathan se puso en pie.

—Morag, te han visto en las reuniones. Y a él también. No pasáis desapercibidos, por Dios.

—Haremos lo que sea para que nadie nos reconozca.

—Cuando mi padre sepa eso…

—Dile que iré a avisarlo en cuanto sepa algo de los Gunn. Estará al tanto de todo.

—No me das ninguna opción para convencerte.

Morag se acercó a él con un suspiro.

—Es que no me vas a convencer.

Nathan miró a Rowan y vio la determinación en sus ojos.

Después, dirigió su mirada a Sloan y en aquellos ojos como el acero vio la protección que Morag necesitaba en aquella misión.

Descubrió la oscuridad que habitaba en el interior del guerrero y sabía que iba a protegerla en todo momento de cualquier enemigo.

Y Nathan solo necesitó eso para convencerse.

—Espero que sepas hacer bien tu trabajo, Chattan —le advirtió Nathan a Sloan.

El aludido arqueó una ceja.

—Noto cierta amenaza en tu tono, MacBean.

Nathan sonrió de lado.

—Es que es una amenaza. Me alegra ver que me has entendido.

Sloan se levantó de su asiento y se acercó a él peligrosamente, pero Morag puso una mano en su pecho y lo paró al instante.

El guerrero miró hacia el lugar donde reposaban los dedos de la joven y notó el calor a través de la ropa.

Después la miró a los ojos y vio que esta negaba con la cabeza, pidiéndole paz.

Por ello, decidió dar un paso atrás y lo retó con la mirada.

Pero Nathan dirigió su atención a Morag.

—Si te hacen algo, envía una misiva. Vendré con varios hombres a darles su merecido.

Morag sonrió, pero Rowan y Sloan carraspearon, incómodos.

—Los Chattan me tratan bien —le aseguró.

—Entonces, no tengo nada más que hacer aquí.

Morag lo abrazó, ignorando el siseo de Sloan.

—Ten mucho cuidado. No te fíes de nadie.

—Tranquila… Estaré bien.

Tras soltarla. Nathan se dirigió a Rowan para estrecharle la mano. Después, se despidió de Sloan con el mismo gesto, y sonrió cuando apretó con fuerza la mano contra el esposo de la joven, que gruñó por lo bajo al escuchar el crujido de su propia mano.

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