CAPÍTULO 10 #3
El guerrero le respondió con un gruñido, pero ella se limitó a sonreír. Aquel primer contacto después de su beso había ido mejor de lo que esperaba y, al contrario de lo que pensaba, ninguno había hecho referencia a lo ocurrido aquella noche, como si eso no hubiera pasado jamás.
Con gestó ya más relajado, ambos entraron en el salón, y las expresiones de sus rostros lograron ganarse las miradas de los demás.
Ignorándolos, tanto uno como otro se dirigió hacia su silla y se dejaron caer sobre ella.
Comenzaron a llenar sus platos, pues los demás ya habían comenzado a desayunar, y escucharon las conversaciones en completo silencio mientras degustaban la avena con leche.
En ningún momento, volvieron a hablar entre ellos, pero la incomodidad que siempre reflejaban parecía haber descendido ligeramente.
Cuando estaban a punto de terminar el desayuno, Rowan se aclaró la garganta y miró a Sloan.
—Como os dije ayer, hoy será el último día que paséis limpiando, y espero que las cosas entre vosotros no vuelvan al punto de aquella pelea en el lago.
—Ya te hemos dicho que no, Rowan —respondió Sloan con gesto serio.
—Espero que así sea porque hoy limpiaréis las celdas de las mazmorras.
Morag se atragantó con la avena de tal manera que necesitó la ayuda de Arran, que estaba sentando a su lado, para darle pequeños golpes en la espalda.
Cuando por fin terminó de toser, levantó la mirada hacia Sloan, cuyos ojos estaban clavados como dos puñales en Rowan.
Lo vio apretar con fuerza la cuchara y se preguntó si sería capaz de tirarle el tazón a la cara.
—Estás de broma, ¿no? —preguntó Sloan cuando encontró de nuevo la voz.
—Eso es una asquerosidad —lo secundó Morag.
Rowan negó con la cabeza, pero no logró decir nada, sino que Sloan se le adelantó de nuevo.
—Eso no es un castigo, es una venganza por lo que le dije a Gillian hace tiempo…
Morag lo miró y arqueó una ceja sin comprender.
—¿Qué hiciste? —preguntó.
Sloan la miró fugazmente.
—Mentir.
—Eso no es cierto, Sloan. No es una venganza, y sabes que te debo la vida de mi esposa.
Sloan dio un manotazo sobre la mesa.
—Pues entonces ya está pagada con creces la pelea del otro día.
Gillian carraspeó e intervino por primera vez.
—Solo es una forma de que os conozcáis y paséis tiempo juntos.
—Ya nos conocemos —le aseguró Morag—. Y hemos enterrado el hacha de guerra.
—No lo suficiente —respondió Gillian, provocando que Morag la observara con una expresión irónica en el rostro—. Debéis tener plena confianza el uno en el otro. Ya hemos perdido a un laird, no queremos perder a más gente de nuestros clanes. Podríais morir.
Morag arrugó la frente.
—Eso lo dices porque no me conoces. Yo nunca fallo a mi laird.
—Me alegra tener a alguien así en mis filas.
La joven desvió la mirada hacia él y entornó los ojos.
—Me refería a Jacob, no a ti —le aseguró.
Rowan clavó su mirada de acero en ella y Morag sintió un profundo frío cuando una silenciosa oscuridad se cernió sobre ella.
—Ahora formas parte de esta familia. Tu laird soy yo, y ordeno que limpiéis eso.
-------
Minutos después, Sloan y Morag se dirigían a las mazmorras para limpiar las celdas.
Cada uno iba metido en sus pensamientos, pero había varias preguntas que pendían de la cabeza de la joven y no pudo callar por más tiempo.
Miró de reojo a Sloan y, con un gesto divertido dibujado en los ojos, le preguntó:
— ¿Qué le hiciste a Gillian? Has hablado de venganza…
El guerrero se encogió de hombros.
—Le mentí sobre el verdadero motivo por el que Rowan se acercaba a ella. Le dije que era para sacarle información sobre su clan.
—¿Y no era así?
Sloan arrugó el rostro.
—No. Se acercaba porque la… amaba.
Morag rio al escuchar el tono con el que el guerrero había pronunciado la última palabra.
—¿Y qué fue lo que pasó después de mentirle?
—Envenenó la comida.
Los pies de Morag pararon en medio del pasillo. En su rostro se dibujaba una expresión de sorpresa y, en parte, admiración. Después, lanzó una carcajada.
—¿Gillian os envenenó? ¿Lo dices en serio?
Sloan arrugó el rostro.
—No tiene gracia.
—Para mí sí.
—Mis hermanos y mi madre vomitaron hasta la primera leche que tomaron en su vida…
Morag se acercó a él y le dio un suave golpe en el hombro.
—¿Tú también vomitaste?
—No. Rowan y yo estábamos hablando y no llegamos a probar la comida.
Morag sonrió ampliamente.
—Vaya… Podría haberme librado del matrimonio…
Sloan la miró de reojo cuando llegaron frente a la puerta de las mazmorras.
—Ninguno murió, así que no pienses en pedirle a Gillian que vuelva a envenenarnos…
Morag le guiñó un ojo.
—Solo le pediría que lo hiciera contigo. Pero puedes estar tranquilo porque mi relación con ella no es la mejor.
—No es fácil llevarse bien con Gillian —terció Sloan.
—Especialmente teniendo en cuenta que aún la consideras tu enemiga a pesar de que ella se empeña en que nosotros no lo seamos…
—Me temo que en eso debo darte la razón.
Morag le sonrió y fue la primera en comenzar a descender las escaleras de las mazmorras.
Ignoró por completo el fétido olor que ascendía por ellas, siendo este aún peor que el resto de habitaciones que habían tenido que limpiar.
Sin embargo, no pudo ignorar el sentimiento que le produjo entrar en una mazmorra.
Las manos amenazaron con temblarle y su mente estuvo a punto de llevarle recuerdos que creía enterrados para siempre.
Por ello, se centró en la limpieza e incluso intentó darle conversación a Sloan mientras comenzaban a recoger.
— ¿Habéis usado este sitio como matanza de animales en lugar de mazmorra? Está muy sucio.
Sloan arqueó una ceja cuando levantó un trapo viejo y mugriento del suelo y la miró con el asco reflejado en su rostro.
—Si te digo la verdad, hace mucho tiempo que no se utiliza esta zona, pero parece que alguien hubiera usado las mazmorras para sacrificar animales o como urinarios.
—Entonces, mejor no preguntaré qué son esas manchas de la pared.
—Mejor no…
Morag comenzó a quitar varios cubos que había en las diferentes mazmorras.
Los apiló a un lado de las escaleras y siguió limpiando.
Por su parte, Sloan usaba un viejo cepillo para quitar del suelo la suciedad al tiempo que intentaba aguantar las ganas de vomitar por el asco que le producía toda esa suciedad.
—No pienso perdonarle esto a Rowan —murmuró más para sí que para Morag. No obstante, la joven lo escuchó gracias al eco del lugar.
—La verdad es que tu hermano parece una persona inteligente, pero tampoco es objeto de mi devoción. Así que, si en algún momento buscas vengarte de él por esto, cuenta conmigo…
Sloan levantó la mirada hacia ella y sonrió ligeramente bajo la barba.
— ¿Ahora quieres hacer un equipo?
Morag le devolvió la mirada y se encogió de hombros con una sonrisa en los labios.
—Si es para molestar a Rowan o Gillian, sí.
Sloan no pudo evitar sonreír, pero desvió la mirada para que la joven no lo viera.
—Cada día que pasa y te conozco más, pienso que estás loca…
—Ni confirmo ni desmiento…
Morag observó su espalda y no pudo evitar sonrojarse al pensar en que había tocado aquellos músculos desnudos con sus propias manos y que se había dejado llevar por lo que sus labios le habían hecho sentir.
¿Estaba loca como él decía? Sí, claramente, pues nunca había dejado que un hombre la tocara, y menos aún la besara.
La joven carraspeó y siguió recogiendo y limpiando.
A partir de ahí, la mañana fue pasando más deprisa de lo que pensaban. En un principio, habían creído que el tiempo pasaría más lento y que apenas les daría tiempo a recoger y limpiar. No obstante, no fue así, puesto que las celdas no estaban tan sucias como pensaban en un primer momento.
La conversación entre ellos fue mínima en algunos instantes, mientras que en otros comenzó a ser más relajada que en otras ocasiones.
Ninguno mencionó el beso, aunque tanto uno como otro no lograba olvidarlo.
Actuaban como si eso no hubiera ocurrido nunca, pero el control de sus movimientos cuando se encontraban cerca era diferente.
—¿Te importaría ayudarme con esto? —preguntó Morag cuando ya estaban terminando—. Es demasiado pesado y debo colocarlo en una esquina de la celda.
Sloan la miró desde el estrecho pasillo que había en medio y asintió.
Entró en la celda y se agachó junto a ella.
Se preguntó qué haría un yunque como ese metido en un lugar así, pero tampoco quiso saber la respuesta, por lo que ayudó a Morag a levantarlo y a llevarlo, como le pidió, a una esquina de la celda.
Cuando Morag se levantó, con una expresión de agradecimiento en los ojos, no fue consciente de un pequeño clavo que sobresalía de la pared, por lo que acabó rajando su camisa.
—¡Oh, mierda! —murmuró la joven mirando su camisa rota—. Cora me va a matar por romperla.
Sloan, que se había quedado embobado con la mirada que le había dirigido la joven al incorporarse, reaccionó ligeramente tarde.
Llevó su mirada hacia la camisa rota y volvió a ver el quemado que Morag tenía en el hombro.
Ya lo había visto en otras ocasiones, y no podía evitar preguntarse a qué se debía esa fea cicatriz.
Al ver que Sloan no le respondía, Morag levantó la mirada y descubrió que los ojos del guerrero se encontraban sobre su quemadura. Con gesto incómodo, Morag la tapó y dio un paso atrás, provocando que Sloan lanzara un gruñido y levantara la mirada de nuevo hacia ella.
—¿Siempre eres así de antipático?
Sloan arqueó una ceja.
—Tú tampoco eres cordial todas las horas del día…
Morag puso los brazos en jarras y clavó su mirada en él.
—Has gruñido como un animal tan solo porque me he roto la camisa.
Sloan estuvo a punto de decirle que realmente lo había hecho por la cicatriz que ella tenía en su hombro, pero se mantuvo callado. Prefería que pensara que lo hacía por su relación con ella y no por lo que despertaba en él.
—Tampoco hay que darle mucha importancia a eso…