Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 9 #3
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CAPÍTULO 9 #3

Morag aún no lo había visto, y Sloan estaba seguro de que iba a declararle una nueva guerra si lo descubría allí oculto entre unos matorrales, pero no podía dejar de mirarla.

Era realmente hermosa. Ya la había considero bonita antes, pero desnuda era una auténtica diosa griega, una ninfa del agua que parecía haberlo embrujado en el momento en el que posó su mirada sobre ella.

Sloan deslizó sus ojos por su cuerpo. El pelo mojado se le pegaba a la espalda, pero no impedía que pudiera ver la palidez de su piel, que brillaba con el agua.

Morag movía los brazos sobre el agua mientras seguía canturreando.

Era la primera vez que Sloan la escuchaba cantar y lo hacía realmente bien.

Pero también era la primera vez que la veía tranquila, disfrutando.

Algo que jamás creyó que podría ver en ella.

La vio sumergir la cabeza y, cuando salió del agua nuevamente, le pareció algo realmente espectacular.

Durante unos instantes, la luz de la luna reflejó mejor en su espalda y cuando Morag apartó su pelo, logró ver varias cicatrices en su cuerpo.

Sloan frunció el ceño. Parecían ser cicatrices que reflejaban una herida profunda del pasado, incluso tenía más que él. Y en ese momento volvieron a surgir dudas sobre su vida antes de llegar ahí.

Sin pensar realmente en lo que estaba haciendo, Sloan comenzó a aproximarse a la orilla del lago, saliendo de su escondite.

Lo hizo lentamente, disfrutando de cada centímetro de piel que la joven mostraba en ese instante.

Sin saber por qué, ese momento de Morag sola y desnuda en el lago le pareció realmente excitante, y que ese sentimiento lo provocara la que debía ser su enemiga lo enfurecía aún más.

Pero no podía evitarlo. Sus pies pararon en la orilla justo cuando Morag se giró hacia él canturreando con los brazos por encima de su cabeza.

Sloan intentó que su mirada no bajara del rostro de Morag, pero sus pechos respingones lo llamaron de forma insistente. En ese instante, el corazón del guerrero se paró frente a tanta belleza, pero también el de Morag, al ser consciente de que no estaba sola en el lago.

La joven se sobresaltó. Durante unos segundos, debido a la oscuridad, no logró reconocer a la figura que había en la orilla del lago. No obstante, entornó los ojos y lo divisó enseguida. Morag lanzó una exclamación de sorpresa y bajó rápidamente los brazos para taparse los pechos.

El propio Sloan también se sobresaltó al saberse sorprendido, y a pesar de que lo primero que pensó fue en regresar al castillo, se dijo que no estaba dispuesto a huir de allí como un maldito cobarde.

—¿Se puede saber qué demonios haces tú aquí? —preguntó Morag.

—¿Yo? ¿Qué haces tú? Deberías haberte quedado en la seguridad del castillo en lugar de haber salido a estas horas.

Morag intentó cubrir su cuerpo con el agua, pero sabía que era tarde y que Sloan la había visto totalmente desnuda. Dio gracias a la oscuridad por que esta no descubriera sus mejillas rojas, ya que sentía verdadera vergüenza ante la idea de que Sloan la viera desnuda.

—Simplemente, quería bañarme tranquila después de haber pasado todo el maldito día a tu lado…

—No puedes estar aquí sola después de los ataques que hemos tenido.

Morag resopló.

—Siempre he estado sola, Chattan. No necesito a nadie.

—Eso será en tu clan. Aquí tenemos unas normas.

—Claro que sí —dijo con tono irónico—. Las normas son las que ha impuesto Gillian al obligarnos a estar juntos, pero yo solo quería un instante de soledad alejada del ruido del castillo. No he hecho nada malo ni he intentado escapar.

—¡Podrían atacarte!

—¡Eso podrías haberlo hecho tú! —le espetó la joven—. ¿Qué demonios hacías ahí parado mirando?

Sloan dio un paso atrás, como si lo hubiera golpeado. Apretó los puños con fuerza y agradeció mentalmente que tan solo estuviera la luz de la luna, pues se habría sonrojado al ser descubierto. Por ello, decidió mentir descaradamente.

—¡No te estaba observando! Si he venido aquí es para bañarme yo también.

Los ojos de Morag se abrieron desmesuradamente y comenzó a negar con la cabeza, especialmente al ver que las manos de Sloan se dirigían hacia el cinto colgado de su cadera.

—¡Ni se te ocurra, Chattan! —vociferó la joven metiéndose aún más en el agua.

Pero Sloan no le hizo caso. Siguió desnudándose y dejando la ropa justo al lado de la de Morag, que resoplaba desde el agua.

—¡Márchate y déjame sola!

El guerrero la miró sin dejar de quitarse la ropa y cuando estuvo por fin desnudo, comenzó a meterse dentro del agua.

Los ojos de Morag se desorbitaron y, rápidamente, desvió la mirada hacia otro lugar para evitar mirarlo a él.

Pero ya era demasiado tarde. Durante unos instantes, la luz de la luna había dado de lleno en el cuerpo de Sloan, provocando que este se viera a la perfección pese a la oscuridad.

Hacía demasiados años que no había vuelto a ver desnudo a un hombre.

Y en realidad esa no era la primera vez que veía a Sloan sin ropa, pues en su dormitorio había podido verlo más de una vez, pero nunca había posado su mirada más de lo necesario.

Sin embargo, en ese momento, bajo la luz de la luna y después de pasar todo el día junto a él sin discutir, veía a Sloan de una manera diferente.

Morag se dijo que lo que le ocurría era que estaba cansada y que por ello miraba al guerrero de esa forma.

Sin embargo, sabía que no era así. Lo había visto… atractivo.

Morag le dio la espalda y escuchó cómo chapoteaba en el agua mientras se metía en ella. La joven renegó entre dientes y siguió cubriendo sus pechos con sus manos.

—¿Por qué no te bañas en una bañera normal y me dejas sola?

Lo escuchó reír al tiempo que la onda que provocó en el agua llegaba a ella.

—Por el mismo motivo que tú. También quería estar solo.

Morag desvió la cabeza hacia él y lo vio acercarse completamente cubierto por el agua.

—Pero si estoy aquí, no estás solo. Y yo tampoco.

Sloan se encogió de hombros.

—No me molesta tu presencia.

—Pues a mí la tuya, sí.

El guerrero se detuvo y la miró. Desde esa distancia, y con la luz de la luna, las pecas de Morag eran más evidentes que durante el día.

Esta le devolvió la mirada y sintió que su corazón se aceleraba.

Era la primera vez que veía el rostro al completo de Sloan, pues tras meterse bajo el agua, su pelo se había apartado de la cara.

Tan solo le quedaba la barba, que ocultaba su boca, pero, en ese momento, la oscuridad que siempre había manado del guerrero pareció resurgir, envolviéndolos como una especie de niebla.

Morag no sintió miedo, pero sí curiosidad.

¿Qué demonios tenía Sloan que lo hacía tan misterioso?

Ella lo veía como un guerrero cualquiera, pero parecía haber algo en su interior que lo hacía diferente.

¿Era realmente así o simplemente había hecho caso a Gillian y lo veía distinto que en días anteriores?

Incluso en ese instante no sabía cuántos días llevaba en el castillo.

Parecía que había pasado una eternidad desde que Jacob la dejó allí y la obligó a casarse con él, como si hubieran pasado los meses y ella no se hubiera dado cuenta.

Ni siquiera en ese momento era consciente del paso de los minutos. Tenía la impresión de que todo se había detenido, incluso los diferentes sonidos que había escuchado antes de que Sloan llegara.

Ambos se miraban con una mezcla de curiosidad e irritación.

—La última vez que estuvimos aquí, mordiste el polvo, MacBean.

Morag arqueó una ceja.

—Creo que tu cicatriz del costado te recuerda que no te fuiste de rositas…

—¿Cuándo vas a reconocer que te vencí?

—Nunca, porque no es verdad.

—Incluso aquí en el agua podría vencerte.

Morag lo miró con una expresión incrédula.

Por ello, le tiró agua a los ojos y nadó hacia la orilla.

Sin embargo, no llegó demasiado lejos, ya que rápidamente sintió unas manos en la cintura que tiraban de ella hacia atrás.

Morag dejó escapar una exclamación de sorpresa e intentó desasirse de ellas.

Pero su sorpresa fue mayúscula cuando sintió contra su espalda el poderoso pecho de Sloan.

Y no solo eso, durante un instante, el miembro de este rozó su trasero y, al contrario de lo que habría esperado, no se asustó.

Sin embargo, tampoco quiso quedarse más tiempo del deseado para comprobarlo de nuevo.

—¡Suéltame!

Pero los brazos de Sloan la rodeaban y este la obligó a girarse, quedándose a escasos milímetros de su rostro. Sus pechos flotaban sobre el agua, contra el de Sloan, que la miraba directamente a los ojos.

—Tú me has echado agua y yo te he atrapado. Siempre gano.

La voz del guerrero sonó como un susurro y Morag no encontró su propia voz dentro de su cuerpo, como si la hubiera abandonado, como si ya no pudiera volver a hablar jamás.

Los ojos negros de Sloan la atraparon y no podía dejar de mirarlo.

El aliento de este calentaba su rostro, que había comenzado a sentir frío debido al viento que se había levantado segundos antes.

Morag intentó que su cuerpo no temblara, aunque sabía que no lo hacía por el frío, sino por lo que Sloan le provocaba.

Y sabía que eso estaba mal. La joven se repitió varias veces que debía salir de allí cuanto antes y regresar al castillo, pero su cuerpo no reaccionaba.

Se encontraba entre los brazos de Sloan y no podía moverse.

Las manos de este se encontraban apoyadas en su cintura, aportando calor allí donde estaban posadas.

Y cuando se preguntó qué iba a hacer para escapar de allí, Sloan acortó la distancia y la besó.

Morag se sobresaltó, ya que no se habría esperado ese movimiento jamás.

El guerrero la estrechó contra él con una suavidad que la sorprendió y ella, en lugar de apartarse como sabía que debía hacer, abrió ligeramente la boca para devolverle el beso.

En un primer momento, este fue casto, dado casi con miedo, pero cuando Sloan vio que Morag abría la boca, profundizó aún más. Sus manos se deslizaron ligeramente por la espalda desnuda de la joven. La atrajo más hacia él con cuidado al tiempo que la penetraba con la lengua.

Morag sabía que debía golpearlo y apartarlo de ella.

Pero se dejó llevar por la suavidad que demostraban sus manos en ese momento.

Inconscientemente, deslizó las suyas por el brazo del guerrero, hasta su cuello, donde se aferró con fuerza al tiempo que lo besaba con la misma pasión que Sloan le demostraba.

El guerrero devoró su boca, incapaz de parar, mientras Morag sentía que había dejado de tocar el agua y volaba a través de la campiña escocesa.

Por primera vez en su vida no sentía miedo al ser tocada y besada por un hombre.

Desde aquel último día en las tierras del hombre que mató a sus padres no había vuelto a dejar que ningún otro la besara, la tocara, ni siquiera dejó que la rozaran a propósito.

Pero con Sloan… era diferente. Era su maldito enemigo y, aun así, sentía tal excitación en ese instante que lo único que deseaba su cuerpo era rodearlo con las piernas y entregarse a él.

Sin lugar a dudas, había perdido la cordura por completo.

Aquello debía de ser un sueño o una pesadilla, no lo sabía con exactitud, pero no podía dejar de tocar sus fuertes hombros.

Pero en el momento en el que sintió contra su vientre el miembro erecto de Sloan, algo dentro de ella se puso en alerta y se sobresaltó.

El auténtico terror, el peor sentimiento que había experimentado en toda su vida, resurgió con fuerza y le hizo temer ya no solo por su vida, sino también por su alma.

El recuerdo de numerosas manos en su cuerpo se abrió paso y obligó a Sloan a separarse.

Morag lo miró con los ojos muy abiertos, incapaz de creer lo que acababa de hacer.

Sentía que temblaba, pero ni siquiera era capaz de sentir el frío de la noche.

Temblaba por todo el maldito daño que le habían hecho a lo largo de dos años todos aquellos hombres con los que se había visto obligada a yacer.

Temblaba por lo que había sufrido, pero también por lo que podría sufrir junto a él.

Temblaba porque no había sido capaz de curar aquella maldita herida.

Temblaba porque sabía que estaba rota por dentro y nadie, ni siquiera Sloan, podría reparar.

—Esto no ha pasado —susurró la joven con lágrimas en los ojos.

Y aunque intentó ocultarlas, no pudo evitar que rodaran libres por sus mejillas. Sloan las vio y frunció el ceño. Se acercó a ella, pero Morag dio un paso atrás con el rostro totalmente horrorizado, por lo que el guerrero se quedó quieto para evitar asustarla más.

Y, sin añadir nada, Morag se giró y salió corriendo del agua. Se vistió en cuestión de segundos y lo dejó completamente solo con más preguntas que respuestas.