Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 9 #2
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CAPÍTULO 9 #2

—Te equivocas, cuñado —siguió Morag con una sonrisa—. Con los dientes rotos ibas a ser muy gracioso cada vez que abrieras la boca. Cuando quieras, podemos probar.

Kester movió la mano.

—No hace falta, prefiero no probar. Así me ha ido bien.

—Pues si quieres que te vaya mejor abre el portón y déjame salir, que me apetece dar un paseo.

Kester frunció el ceño.

—Está anocheciendo.

—¿Y? Para mí no es un problema.

—Para Sloan tal vez sí lo es.

Morag resopló.

—Me he pasado todo el maldito día con él. ¿De verdad crees que le puede preocupar dónde me encuentro?

—¿Y a dónde quieres ir?

—¿Es necesario que te lo diga? —Kester asintió—. Voy al lago a darme un maldito baño. ¿Tal vez quieres venir a mirar?

Kester silbó y levantó las manos.

—En ese caso, sí perdería mi dentadura.

—Pues abre ya de una maldita vez o subiré a la muralla y saltaré desde ahí. Y sabes que soy capaz de hacerlo…

Kester le dio la orden al guerrero que había a su lado y, mientras abría el portón, Kester se cruzó de brazos y miró a Morag de arriba abajo.

—¿En tu clan hay más mujeres como tú?

Morag chasqueó la lengua.

—Lo siento, soy única. Pero cuando pase un año y tu hermano y yo ya no estemos juntos, puedes pedir mi mano. Estaré encantada de negártela y partirte la boca por tremendo atrevimiento.

—No me des ideas…

Morag le guiñó un ojo y atravesó la muralla.

Cuando se encontró a varios metros de distancia, se permitió borrar la sonrisa e inspirar con fuerza.

Sentía que le costaba demasiada energía hablar con gente y, en ese momento, en el que estaba cansada después de todo el día limpiando, Morag logró relajarse.

Fue algo instantáneo. Ahora que sentía que los Chattan se quedaban atrás y podía estar realmente sola consigo misma, Morag logró cierto sentimiento de paz.

Echaba terriblemente de menos su hogar, aunque lograba disimularlo a la perfección.

Intentaba no pensar en lo que había perdido al quedarse allí, pero en su interior deseaba regresar para sentirse entre personas que la aceptaban como era.

No obstante, mientras caminaba hacia el lago, se dijo que había descubierto algo que le había cambiado la mentalidad por completo, tal y como le había comentado Gillian en más de una ocasión.

La visión que tenía de los Chattan era muy diferente a lo que ella había visto.

Siempre había creído que eran unos salvajes que no trataban bien a las personas, que no mostraban respeto y que no valoraban la vida ni nada que hubiera a su alrededor.

Sin embargo, los había observado minuciosamente y había descubierto que estaba equivocada.

Su intuición la había engañado en todo momento.

Pero los Chattan la habían tratado con respeto, educación, le habían incluso prestado su ropa, y aunque Rowan la había castigado junto a Sloan, Morag sabía que lo hacía tan solo para que la guerra entre ellos no se extendiera al resto del castillo.

Querían que se respetaran y aceptaran que estaban casados, no querían amargarle la vida o castigarla.

Esa era una de las cosas que había pensado a lo largo de ese día, pero no se había atrevido a ponerlo en palabras frente a Sloan.

A pesar de que habían empezado realmente mal, habían mantenido varias conversaciones en la que se habían respetado, incluso lo había visto sonreír, algo que Morag dudaba que su familia viera muy a menudo.

Algo le decía que el guerrero guardaba una herida aún sin curar en su pecho y que, por ese motivo, su carácter era así de agrio, tal y como le pasaba a ella.

Se había propuesto entenderlo y respetarlo para evitar más conflictos, pero no quería decírselo a Sloan, al menos de momento, ya que no estaba segura de que el guerrero estuviera de acuerdo con enterrar el hacha de guerra.

Morag sonrió cuando llegó junto al agua y recordó su pelea con él en ese mismo lugar.

Era una de las pocas veces que había disfrutado de algo en la vida desde que perdió a sus padres.

Ese simple momento le había hecho revivir, como si hasta entonces hubiera estado muerta.

Era algo que le había costado reconocerse a sí misma, pero era cierto.

Se había sentido tan bien y llena de vida que, durante esos momentos, el peso de su espalda y su pecho había desaparecido por completo.

Morag se tocó ligeramente el labio. Aún lo tenía hinchado y le dolía ligeramente, pero sería capaz de volver a pelear con él tan solo para volver a sentirse viva, aunque después se ganara otro castigo. No le importaría, pues la liberación de su espalda compensaría lo demás.

La joven miró al cielo e intentó no pensar en Sloan en ese momento.

Se preguntó si sería verdad lo que le contaron cuando era pequeña y sus padres estaban en algún lugar, esperándola, observándola y admirándola.

Siempre había sentido el asombro de Jacob, pero no sabía qué pensarían sus padres y sus hermanos al verla como guerrera.

Morag cerró los ojos un instante, mientras se quitaba la ropa para meterse en el agua fría.

Se sentía tremendamente sola, sin nadie con quien compartir sus cuitas y temores, porque, aunque era una guerrera, el terror aún seguía en su cuerpo, y no podía compartirlo con nadie.

Eso la quemaba por dentro y agotaba, pero no podía hacer nada, tan solo soportarlo de la mejor manera posible y seguir su vida.

Morag siseó cuando tocó el agua con el pie. Estaba realmente fría, pero se dijo que sería algo bueno para intentar olvidar todo durante unos minutos mientras se abrazaba mentalmente para no sentirse tan sola.

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Sloan salió al patio después de haberse bebido tres copas de vino para templar los nervios. Haber pasado todo el día junto a Morag lo había desestabilizado y necesitaba volver a serenarse.

El guerrero respir ó hondo y paseó por el patio lentamente. Después de pasarte todo el día encerrado, tenía necesidad de salir de allí, correr, gritar… cualquier cosa para despejarse.

En ese momento, vio a Kester dejando su puesto junto al portón para acercarse a él con una sonrisa burlona. Sloan resopló y levantó una mano.

—Si vienes a burlarte, has de saber que pienso partirte la cara…

Kester sonrió y se encogió de hombros.

—Me arriesgaré. Sé que en el fondo me quieres.

—Claro que sí, por debajo de muchas capas de barro…

Su hermano rio.

—Sabes bromear… Vaya, eso es nuevo. ¿Te lo ha enseñado tu querida y amable esposa?

Sloan frunció el ceño, ya que no deseaba que en ese momento le recordaran a Morag.

—No me la nombres. Ya he pasado el día con ella…

Kester se encogió de hombros.

—Entonces, supongo que no querrás saber que ha salido del castillo…

Sloan se tensó de golpe nuevamente. Miró a Kester para comprobar que no era una broma, y al ver la verdad en su rostro, se preocupó.

¿Qué demonios hacía ella fuera del castillo sin protección?

¿Habría quedado allí con alguien de su clan?

Numerosas preguntas se agolpaban en su mente, aunque no estaba seguro de querer descubrir las respuestas.

—¿Ha salido fuera de la muralla?

Kester asintió, provocando en él un sentimiento de ira, rabia y frustración.

—¿A dónde?

Su hermano sonrió enigmáticamente.

—La verdad es que no le he preguntado —mintió descaradamente—. Admiro mucho mi belleza como para jugármela con ella.

Sloan lo agarró de la camisa y lo acercó a él.

—No la admirarás tanto si te la juegas conmigo —lo amenazó con un puño en alto—. ¿Dónde está?

—Creo recordar que mencionó el lago… —admitió Kester soltándose de su hermano y colocando su ropa.

Sloan gruñó entre dientes.

—¿Y por qué demonios no la habéis detenido? Sabes que es peligroso salir del castillo.

Kester se cruzó de brazos por encima del pecho.

—Creo que son más peligrosos los puños de tu esposa. De todas formas, te digo que ha ido al lago. No te ha abandonado si es lo que temes.

Sloan maldijo entre dientes y caminó hacia el portón, ignorando la sonrisa burlona de Kester. Este lo siguió y, cuando su hermano atravesó la muralla, su compañero lo miró con una ceja enarcada.

—Te van a cortar el cuello, Kester.

El aludido lo miró con una sonrisa y le dio una palmada en la espalda.

—Estoy deseando ver enamorado a Sloan para reírme de él toda la vida. No pienso desaprovechar ni una sola oportunidad.

Por su parte, Sloan caminaba con prisa, dispuesto a volver a desenvainar su espada y luchar contra Morag cuando la viera junto al lago.

Pensaba hacerle ver como fuera que era un peligro salir sola del castillo después de tantos ataques.

Su mente era un hervidero de ideas para hacerle pagar por su salida casi nocturna.

Apenas quedaban unos rayos de luz en el cielo, por lo que estar fuera del castillo a esa hora del día era aún más peligroso.

Sin embargo, no estaba preparado para lo que vieron sus ojos.

Antes de llegar al lago creyó escuchar un canturreo, por lo que redujo la fuerza de sus pasos y comenzó a caminar de forma más lenta y serena.

Su rostro se arrugó mientras el canturreo seguía llegando hasta él.

El guerrero se escondió entre unos matorrales cuando llegó junto al lago y lo que vio provocó que sus ojos se abrieran desmesuradamente.

A pesar de la poca claridad del día sobre sus cabezas, Sloan logró ver que Morag se había desnudado en la orilla, donde descansaba su ropa, y se estaba bañando en el agua del lago.

El guerrero necesitó tragar saliva varias veces, incrédulo ante lo que estaba viendo.

Sabía que tenía que marcharse de allí y amonestarla cuando volviera al castillo, pero sus pies se negaron a obedecer.

Al igual que sus ojos, que no podían apartar la mirada del cuerpo desnudo de Morag mientras la luz de la luna le daba de lleno en el agua que la cubría.