Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 7 #3
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CAPÍTULO 7 #3

—Aún no han enviado a su hija. Supongo que tendrá que llegar a su clan, comunicárselo, dejar que acepte su decisión y, después, enviarla junto a todas sus cosas. Puede que tarden alrededor de una semana o más en llegar.

—¿La boda se celebraría enseguida? —preguntó Gillian.

Rowan negó con la cabeza.

—Creo que ahí voy a hacer uso de tus mismas palabras: Alasdair y ella deben conocerse.

Al otro extremo de la mesa, el aludido carraspeó, incómodo, mientras Cora le sostenía la mirada con el rostro totalmente pálido.

—Si de mí dependiera, tardaría una eternidad en llegar —renegó Alasdair dejando la cuchara sobre el plato.

A partir de ese momento, la conversación giró en torno a esa nueva boda en el clan mientras Morag no perdía atención a los protagonistas.

Por un lado, se fijó en la mirada enrabietada de Alasdair, que apretaba con tanta fuerza los cubiertos que la joven estaba segura de que iba a torcerlos y romperlos.

La tensión en el ambiente creció irremediablemente, y esta vez nada tenía que ver con ella.

Desde su asiento, Morag apenas podía ver a Cora, ya que Kester se encontraba en medio, pero cada vez que podía dirigía la mirada hacia ella y la vio extremadamente pálida.

La joven hermana Chattan ni siquiera desayunaba.

Se encontraba con la cabeza gacha y las únicas veces que se permitía levantar la mirada hacia Alasdair eran para lanzarle dagas con los ojos.

No era la primera vez que Morag vio ese comportamiento, y no había tenido oportunidad para preguntar. Por ello, se juró que le preguntaría a Sloan cuando salieran de allí como un modo de acercar posturas entre ellos y dejar a un lado el odio.

Levantó la mirada cuando sintió sobre ella el peso de unos ojos.

Se cruzó con los de Sloan, que, para su sorpresa, no pudo evitar sonreír ante la idea que cruzaba por su mente.

Morag sabía que estaba pensando en lo que iba a pasar entre ellos al salir de allí y estaba segura de que deseaba marcharse cuanto antes para hacerle morder el polvo.

Pero ella no iba a dejarse vencer fácilmente.

Morag le devolvió la sonrisa, ajena a que la mirada inquisitiva de Rowan estaba puesta sobre ellos.

Los miraba alternativamente y algo en su interior se encendió al pensar que estaban tramando algo que él desconocía.

El laird entornó los ojos y se dijo que iba a descubrirlo cuanto antes, pues las miradas de ambos decían más que sus labios.

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Morag y Sloan dieron por finalizado el desayuno poco después.

Se despidieron de los demás con gesto serio, pero el hecho de que ambos se fueran juntos y no separados como esperaba, causó sorpresa y curiosidad a Rowan, que se mantuvo sentado en la silla intentando fingir que seguía la conversación del resto de sus hermanos y su madre.

Por su parte, Morag y Sloan caminaron lentamente hacia la salida del castillo en completo silencio. La primera sonreía enigmáticamente, mientras que el segundo no podía evitar sentir cierto placer ante la idea de luchar contra ella.

No obstante, a medida que cruzaban el patio del castillo, Morag no pudo evitar dirigirse a él, pues la curiosidad podía con ella.

Se había propuesto conocer en profundidad a los Chattan para evitar que pudieran atacarla si se atrevían a traicionarlos, y el comportamiento de la hermana pequeña de la familia llamó su atención:

—¿Puedo preguntarte una cosa?

En ese instante, que estaban atravesando el portón de la muralla, Sloan se quedó parado y la miró como si, de repente, le hubieran salido dos cabezas:

—¿Qué miras?

—Es que me sorprende que me preguntes eso. Tú no eres así.

Morag se sintió incómoda.

—Yo puedo ser como quiera, Chattan. Y esta vez he intentado ser amable.

—La amabilidad tampoco forma parte de tu carácter.

Morag resopló.

—Bueno, ¿puedo hacerte la pregunta o no? No me gusta perder el tiempo.

Sloan dejó escapar una risa y continuó caminando.

—De acuerdo, querida esposa… —dijo irónicamente—. No me mires así. Yo también puedo ser amable si me lo propongo.

Morag arqueó una ceja.

—¿Y alguna vez te ha salido?

—Jamás…

La joven sonrió y negó con la cabeza, siguiéndolo hacia el lago del que le habló para comenzar la pelea.

—He notado que Cora parece estar enfadada con Alasdair. ¿A qué se debe?

Sloan sonrió de lado y torció la cabeza.

—Me temo que eso se lo tienes que preguntar a ella. Nadie sabe qué pasó entre ellos cuando Cora era pequeña, pero no se soportan desde que yo recuerdo. Creo que a Cora no le gustó que mi padre lo tratara como un hijo más y siente celos, pero esa es mi opinión, no la de ella.

— ¿Y tu madre nunca ha intentado mediar?

—¿Tú qué crees? Lo lleva haciendo muchísimos años, pero Cora no parece estar por la labor.

Odia a Alasdair, y él a ella, especialmente desde que tiene que ser su sombra.

La verdad es que creo que no fue la mejor decisión que Rowan ha tenido.

Podría haber protegido a Cora de otra manera o tal vez poniendo a Arran o Kester en el lugar de Alasdair.

—O podría haberte puesto a ti.

Sloan chasqueó la lengua.

—Si me hubiera puesto a mí, no podríamos haber venido a luchar.

—Si lo hubiera hecho, no tendría que aguantarte mucho tiempo.

—Y, sin embargo, me estás dando conversación.

Morag se encogió de hombros.

—No te quejes. Al menos aún no te he insultado.

Sloan sonrió sin darse cuenta de que en los últimos días estaba sonriendo más que en los últimos años.

—Cierto, una pena. Te has ablandado. ¿No estarás asustada?

—¿De ti? Antes prefiero que me maten y me echen a los cerdos…

El guerrero desenvainó la espada cuando llegó junto al lago.

No estaba allí para perder el tiempo, así que se preparó para luchar.

Morag hizo lo propio y se alejó unos pasos de él.

Ambos caminaron en círculo midiendo las fuerzas del otro.

Morag podía sentir cómo corría la excitación por su cuerpo.

Había esperado semanas para enfrentarse así a él, y ahora que se había convertido en su marido no iba a desaprovechar la oportunidad.

Por su lado, Sloan también sentía que se le erizaba la piel.

La había odiado desde su primer enfrentamiento en aquella reunión y había soñado infinidad de veces con hacérselo pagar.

Ahora la tenía frente a él y no tendría piedad de ella.

Lógicamente, no la mataría, pero si su espada rozaba alguna parte de su cuerpo no iba a arrepentirse, pues sabía que Morag iba a hacer lo mismo.

—Tu hermano el gracioso ha dicho que el mejor lugar para que dos personas se conozcan es en una cama. Yo digo que para que dos guerreros lleguen a ese nivel de conocimiento, lo mejor es luchar.

—Pues espero que hayas venido preparada, MacBean, porque no pienso ser misericorde contigo.

—Te daré cierta ventaja, Chattan. Se te ve asustado…

Inmediatamente, el rostro de Sloan se tornó rojo por la ira.

El guerrero rugió de auténtica rabia y se lanzó contra ella con la espada en alto.

El sonido del choque del acero rompió el silencio a su alrededor, provocando que una bandada de pájaros huyera despavorido después de que la tranquilidad de ese lugar se viera afectada por aquella pelea.

Morag logró desviar la hoja de la espada de Sloan hacia un lado, dejando desprotegido uno de los flancos del guerrero, donde logró asestarle un puñetazo. Este gruñó de dolor y se alejó un par de pasos de ella, que sonrió brevemente mientras lo observaba.

—¿Te has cansado ya, Chattan? —se burló Morag.

Sloan entrecerró los ojos.

—Me parece que uno de tus puntos débiles es el orgullo, MacBean.

—Confundes orgullo con seguridad en mí misma.

—Das por hecho que vas a vencer.

—Jamás empiezo una pelea si pienso que no voy a ganarla.

Sloan caminó en círculos y Morag lo siguió sin perder de vista cada movimiento, tanto de pies como de manos.

—Entonces, en eso estamos de acuerdo, MacBean. Yo tampoco pienso perder.

Morag sonrió de lado e hizo un movimiento de muñeca con la espada.

Después, clavó con fuerza los talones en el suelo, dobló ligeramente las rodillas y aferró el arma con ambas manos.

Sloan se lanzó contra ella una vez más. Ninguno de ellos era consciente de su alrededor, sino que toda la concentración y el interés de ambos se encontraba en el oponente.

Tanto uno como otro demostraron que eran realmente diestros con la espada y que no estaban dispuestos a perder.

En un momento dado, Morag dejó desprotegido su flanco derecho y Sloan lo aprovechó para clavarle la punta de su bota.

La joven lanzó un gruñido de rabia cuando se vio impulsada hacia atrás.

Perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo.

Sin perder tiempo en quejas, rodó sobre sí misma al ver que Sloan se lanzaba contra ella a pesar de que estaba en el suelo, se puso de pie enseguida y paró la estocada del guerrero al tiempo que levantaba también la pierna y le daba un puntapié.

Sloan gruñó, pero no se movió. Las espadas de ambos se mantenían la una contra la otra.

El guerrero imprimía toda su fuerza en intentar aplastar a Morag con ella, pero la joven lograba detener el filo con firmeza.

Los rostros de ambos se quedaron a pocos centímetros, mirándose, retándose y jurándose ser inmisericordes.

—Deberías preguntarte si de verdad estás preparada para una misión como esa.

Morag frunció el ceño. No iba a dejarse engañar por sus palabras.

Sabía lo que pretendía: desestabilizarla emocionalmente.

Ya se encontraba preparada. A pesar de que se conocían poco, algo le decía que Sloan iba a jugar sucio, pero ella aguantaría.

Durante dos años de su vida había aguantado gritos, maltratos, insultos y vejaciones, por lo que nada de lo que pudiera decirle iba a desestabilizarla, pues no sería peor que eso.