CAPÍTULO 6 #2
Por primera vez desde que la conocía, se encontraba completamente solo frente a ella.
Siempre había más gente alrededor, por lo que la atención de Rowan se dividía entre unos y otros.
No obstante, en ese momento no había nadie más y pudo observar a la joven guerrera.
Aquellos ojos verdes lo miraban entre retadores y curiosos, sin embargo, ese orgullo que también mostraban le indicó que llevaría a Sloan a más de una discusión.
La determinación en aquella mujer lo sorprendió, pues ni siquiera había logrado ver algo así en su propia esposa.
Tenía la impresión de que esa muchacha parecía carecer de juicio, como si no hubiera nada en ella por lo que pelear y luchar, tan solo por el clan.
Y en parte sintió lástima por Morag, pero hizo todo lo posible para que esa sensación no se le notara en los ojos o lo llevaría a una discusión con ella.
—Tú no quieres hablar conmigo y yo tampoco deseo estar aquí contigo. ¿Podríamos empezar ya la conversación?
Rowan arqueó una ceja ante las palabras tan directas de la joven.
Nunca había conocido a nadie igual. Tal vez su hermana se le pareciera en algo, pero Cora siempre solía tratar con más respeto y cuidado a todo el mundo.
Sin embargo, Morag no se mordía la lengua para evitar soltar lo primero que pasara por su mente.
No le importaba caerle bien a él o a cualquier otra persona del clan.
Y eso le gustaba, pues era exactamente igual que su hermano Sloan.
—Simplemente te observaba —fue sincero con ella.
—Ya me he dado cuenta. ¿Algo que objetar con lo que sea que hayas visto en mí?
—Sí, que esa lengua podría traerte problemas.
Morag sonrió y se encogió de hombros.
—No tengo miedo a morir.
—Pero podrías causarle problemas a tu laird.
—Jamás haría nada que pudiera herirlo a él o a cualquier miembro del clan MacBean.
—¿Aunque eso suponga que tú sí puedas morir?
—Repito que no me importa. Y no vamos a mantener esta conversación, por favor. Ya me preguntó tu querido hermano eso mismo.
Rowan entornó los ojos y sonrió brevemente.
—Está bien. Yo seré tan directo como tú. Tu plan me parece una maravilla teniendo en cuenta que no tenemos nada más en mente para intentar descubrir lo que está pasando. Sin embargo, no puedo llevarle la contraria a Sloan respecto a lo que piensa: que es una locura. Es brillante, pero peligroso.
Morag asintió.
—Y te diré lo mismo que hace unos segundos: no tengo miedo a morir.
—Pero ese plan sí que podría llevar a los Chattan a una nueva guerra.
Morag suspiró.
—Y por ese motivo te pedí que nadie más supiera lo que vamos a hacer. Cuando una persona desconoce los planes de otra, la exime de cualquier culpabilidad.
—¿Y por qué querrías liberarnos de eso? Somos Chattan.
—Y enemigos de mi clan desde hace años —aseguró la joven—.
Sin embargo, también sois ahora… mi familia.
Juré que durante un año y un día estaría en ese clan como parte de él, así que también debo cuidaros y eximiros de algo que me puedo buscar yo por un error.
Si alguien me descubre y me condena, juraré que no sabíais nada.
—Lo único malo de eso último que acabas de decir es que Sloan irá contigo y si tú fallas, él también será juzgado.
—Preferiría que no viniera. No nos aguantamos.
—Pero estáis casados.
—No me lo recuerdes.
Rowan se pasó las manos por el rostro. Aquella muchacha era tan testaruda como su hermano Sloan y, si uno y otro no aprendían a manejar su orgullo, sus vidas serían un infierno durante el resto del año que les quedaba juntos. Pero, si lograban domarlo, podrían formar una pareja perfecta.
—Morag, voy a decirte algo. Yo tampoco deseaba casarme con Gillian cuando Elijah Comyn lo propuso, de la misma forma que ella también me aborrecía porque había matado a su prometido.
Sin embargo, tanto uno como otro sabíamos que no podíamos seguir odiándonos toda la vida.
Debíamos ceder ambos para que la convivencia no fuera un infierno.
Y ahora es la mujer más importante de mi vida.
—Si lo que pretendes es decirme que me enamore de tu hermano…
—No es eso —la cortó—. Lo que intento decirte es que, a veces, el odio que hay entre los clanes nos ciega y no vemos lo que en realidad tenemos frente a nosotros.
Te has casado con Sloan sin amarlo de la misma forma que él no te ama a ti, pero podríais intentar conoceros y aceptaros en lugar de rezumar odio el uno por el otro.
Morag arqueó una ceja.
—¿Has tenido esta misma conversación con él?
Rowan la miró fijamente.
—No, pero la tendré…
La joven sonrió y dejó su postura para pasearse por el despacho.
—O sea, no la vas a tener.
—Si de algo me caracterizo es de tener palabra, muchacha —le aseguró—. Hablaré con él para que no sea tan…
—¿Antipático?
Rowan esbozó una sonrisa.
—Exacto.
—Esa conversación no cambiará mi opinión sobre marchar sola a los clanes enemigos.
—Tampoco la mía. Ahora eres mi cuñada y, como tal, debo protegerte. Aunque sientas que no necesitas esa protección.
Morag respiró hondo y acabó asintiendo. Sabía que, si no aceptaba la presencia de Sloan en aquella misión, no habría misión y tendrían que volver al punto de partida. Por ello, tenía que ceder en ese sentido.
—De acuerdo. Acepto esa protección y acepto, aunque no mucho, la presencia de… Sloan.
Pronunciar su nombre le causó un escalofrío. No le gustaba llamarlo por su nombre, sino por su apellido, y necesitó carraspear para apartar la incomodidad de su pecho.
Rowan asintió.
—En el momento en el que ambos salgáis de estas cuatro paredes, deberéis protegeros el uno al otro.
—De acuerdo.
—Y también tendrás que contarle tú el plan.
Morag tragó saliva.
—Está bien.
—Si en algún momento Sloan estuviera en apuros…
—Lo intentaría salvar tan solo para no tener que hablar de él mientras explico su muerte.
Rowan desvió la mirada y escondió una sonrisa. Respiró hondo y volvió a posar su atención sobre la joven, cuya postura era más relajada.
—Nuestras dudas se posan sobre tres clanes diferentes: Urqhart, MacGillivray y Gunn. ¿A cuál querrías ir primero? Internarse en cualquiera de ellos es peligroso…
Morag asintió.
—Creo que lo mejor sería comenzar con los Gunn. Lo observé durante la reunión y apenas reparó en mi presencia. De hecho, creo que es el que menos me miró, por lo que podría ser más fácil llegar a su castillo y meternos en él.
—A Sloan lo reconocerán fácilmente porque ha discutido con su laird en varias ocasiones.
—Si hacemos lo que estoy pensando, será fácil engañarlos.
Rowan asintió.
—Está bien. Cuéntame.
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Esa misma noche, mientras en el castillo comenzaba a descender el ruido y el silencio se iba abriendo paso para dar lugar a la noche, Gillian y Rowan se encontraban en su dormitorio para acostarse.
Después de un día cargado de trabajo y sentimientos encontrados, Rowan no se sentía de humor para hablar, por lo que la propia Gillian lo miró por encima de su hombro mientras se quitaba la ropa.
Conocía a su esposo a la perfección, pero no era normal en él encontrarse tan metido en sus pensamientos, especialmente desde que las cosas entre ellos estaban solucionadas.
Por ello, no pudo evitar arquear una ceja cuando lo vio dejar la ropa tirada a un lado y meterse entre las sábanas, dispuesto a dormir y a no hablar en lo que quedaba de noche.
Al ser consciente de su mirada, Rowan levantó sus ojos hacia ella y suspiró.
—¿Puedo saber qué es lo que te tiene así?
El guerrero apoyó el cuerpo contra el respaldo de la cama y dejó caer la cabeza contra las frías piedras mientras observaba cómo su esposa se metía en la cama junto a él.
—He estado hablando con Morag sobre lo que van a hacer Sloan y ella.
—Y algo me dice que no me vas a contar absolutamente nada…
Rowan sonrió.
—He jurado que no diría nada a nadie para protegeros.
Pienso lo mismo que ella, que cuanto menos sepáis, mejor.
Sin embargo, hay algo que me preocupa de todo esto, y es el orgullo de ambos.
Apenas se conocen y lo poco que he visto de ellos es que Sloan y Morag se odian.
No sé si una misión así con el odio que se tienen acabará poniéndolos contra las cuerdas si algo va mal.
—Bueno, tal vez es muy pronto para enviar a Morag y Sloan a esa misión. Dales tiempo para que se conozcan más.
Rowan torció la cabeza.
—No sé si es la mejor opción. No podemos demorarnos mucho o podríamos sufrir otro ataque. No deseo que muera otro laird inocente, como tu padre.
Gillian asintió y suspiró mientras alargaba una mano para tomar la de Rowan.
—Yo también estoy deseando saber la verdad cuanto antes, pero Morag acaba de llegar al clan y ya quiere viajar hacia tierras enemigas.
Creo que primero debe adaptarse a Sloan y este a ella.
Si no se conocen, no pueden protegerse el uno al otro.
Al menos, deberían esperar hasta que ese odio enfermizo entre ellos disminuya.
De hecho, ni siquiera han llegado las pertenencias de Morag al castillo.
Debería esperar. Dales una semana, Rowan.
El aludido suspiró. En una semana podían ocurrir infinidad de cosas en todos los clanes. Sin embargo, lo meditó y acabó aceptando.
—De acuerdo. Una semana para conocerse. Ni un día más. Pienso lo mismo que tú. Si se conocieran algo más, todo podría ser diferente.
—Ya verás como las cosas cambian entre ellos.
Rowan chasqueó la lengua.
—Tan solo hay un problema…
Gillian arrugó la frente.
—¿Cuál?
—Que hay que decirle a Morag que el viaje se retrasa. Y se lo dirás tú…
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Cora había salido del castillo a hurtadillas con Nic a la hora del amanecer.
Había aprovechado que Alasdair aún estaba durmiendo y no se había levantado para seguirla a todos lados.
Habían pasado casi una veintena de días desde que Rowan le impuso como escolta a Alasdair y estaba a punto de perder el juicio por completo.