Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Morag era consciente de que estaba siendo perseguida por el pasillo, pero decidió ignorarlo por completo, de la misma forma que él había hecho con ella en otras ocasiones.

No quería hablar con él, ni mucho menos discutir, pero sabía que iba a tener que enfrentarse a esa conversación tarde o temprano.

Y Sloan estaba dispuesto a que fuera más temprano que tarde.

La joven dejó escapar un suspiro y lo miró mal cuando el guerrero la tomó del brazo y la obligó a pararse en medio del pasillo.

Rápidamente, se deshizo de su tacto y lo miró a los ojos.

Tenía la impresión de que, de repente, la luz en el pasillo había menguado claramente y que una poderosa oscuridad los envolvió, aunque a Morag no le asustaba lo que el guerrero desprendía.

—Si no te importa, tengo cosas que hacer antes de marcharme.

Sloan arqueó una ceja y resopló. Miró a un lado y a otro del pasillo y abrió una puerta para obligarla a entrar en la estancia. A pesar de que podría haberse negado, Morag le dio la oportunidad de hablar, aunque sin perder la compostura y el semblante serio.

— ¿Marcharte? ¿Eres consciente de que tu plan nos puede poner en peligro a todos?

Morag puso los ojos en blanco.

—Eres muy dramático, Chattan. No es para tanto.

Sloan se acercó a ella y la señaló con un dedo.

—No voy a permitir que arrastres a mi familia a tu terreno.

La joven dejó escapar una risa amarga.

—No los he arrastrado a nada. Si no lo recuerdas, me he ofrecido yo para ir.

Sloan dio otro paso más hacia ella, pero Morag se quedó parada en el sitio, retándolo.

—Y me has obligado a ir contigo.

La joven arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

—No te he obligado a nada. Puedo ir sola. No hace falta que me acompañes.

Sloan le respondió con un gruñido antes de añadir:

—No voy a dejar que vayas sola.

—¿Acaso no me crees capaz de hacerlo?

—No es eso.

—¿Entonces?

Sloan rechinó los dientes y acortó la poca distancia que le quedaba para alcanzar a Morag.

Se quedaron tan pegados que sus cuerpos se rozaron y, aunque la parte más rota de la joven le gritó que se apartara y no lo dejara que la tocara jamás, otra parte aún desconocida le impidió moverse.

Tan solo se quedó en el sitio clavando su mirada en él, esperando a que hablara.

—Eres mi esposa —sentenció.

Morag dejó escapar una exclamación.

—No tienes obligaciones conmigo.

Sloan entrecerró los ojos.

—Te equivocas.

No sabía qué era, pero algo dentro del cuerpo de Morag se sobresaltó con aquellas palabras.

Jamás nadie le había dejado claro de esa forma que pertenecía a algo, que no estaba sola y que no hacía falta que se sacrificara en soledad, como si no le importara a nadie.

Tal vez ese matrimonio era una pantomima para todos, incluso para ella, pero esas palabras de Sloan provocaron que Morag sintiera, por primera vez en mucho tiempo, que no estaba sola.

Lo notó como un fuerte golpe en el estómago, como un empujón contra la pared, como si la tierra hubiera temblado bajo sus pies, y al ser la primera vez que sentía algo así, no supo cómo gestionarlo.

Se quedó callada durante unos segundos mientras lo observaba.

La verdadera Morag habría respondido pronto, incluso lo habría golpeado para quitarlo de su camino, pero la incomodidad que le produjo saber que había alguien dispuesto a ayudarla, aunque solo fuera por su propio juramento obligado, la dejó petrificada.

—Te van a reconocer —siguió Sloan al ver que se quedaba callada mirándolo.

Morag se obligó a reaccionar y esbozó una sonrisa de autosuficiencia.

—Lidiaré con ello, aunque no lo creo. Sin embargo, a ti sí van a reconocerte. No puedes venir conmigo, o al menos, no deberías entrar en el castillo.

—Me parece que has perdido el juicio si crees que me voy a quedar fuera mientras tú entras.

—¿Crees que será entrar y salir en unos minutos? Hay que hacerlo bien, Chattan, o entonces sí que tendremos problemas con nuestros enemigos.

El guerrero dio un paso atrás, aunque no apartó la mirada.

—Veo que lo tienes todo muy bien estudiado…

—No sé si es un cumplido, pero gracias…

Morag sonrió ampliamente y Sloan no pudo evitar dirigir su mirada hacia sus labios.

Era la primera vez que la veía sonreír de forma genuina, sin un comentario mordaz detrás.

Por ello, sintió ese gesto como un poderoso golpe en las entrañas.

Sabía que no debía mirarla, ni siquiera a los ojos, pero no podía evitar seguir comiéndose con la vista la sonrisa de sus labios.

Ese simple gesto provocó que la expresión de su rostro cambiara, al igual que le había sucedido mientras dormía, y le dolió terriblemente en lo más profundo del pecho.

—Ese mismo plan se lo quise ofrecer a Jacob, pero sabía que se negaría porque no querr ía que me internara en vuestro castillo. Y ahora mira…

Sloan se obligó a reaccionar y parpadeó varias veces.

—¿Quisiste venir aquí?

—De hecho, erais los primeros en mi lista. Nunca me habéis gustado.

La joven sonrió de nuevo.

—Tal vez no estaba equivocada en ciertas cosas…

Sloan abrió la boca para hablar, pero la joven lo cortó.

—Chattan, tengo valentía de sobra para internarme en cualquier castillo enemigo.

—¿Acaso no tienes miedo a morir?

La sonrisa de Morag se borró de golpe con aquella pregunta, pues era una que ella misma se había hecho con el paso de los años.

Durante un tiempo deseó morir, incluso sintió un alivio cuando la golpearon hasta casi la muerte.

Se habría reencontrado con su familia en el más allá, habría dejado de estar sola y, lo más importante, ya no tendría miedo.

La joven carraspeó y dio un paso atrás, como si temiera que Sloan pudiera leer la realidad de sus pensamientos. Tragó saliva y se obligó a responder:

—Cuando lo único que te queda en la vida es una espada y tu fuerza, no tienes nada que perder y tu existencia deja de tener sentido —le dijo con gesto serio.

Sloan apretó los puños. Había visto claramente ese cambio en sus facciones.

Desconocía qué le había ocurrido en la vida para no tener miedo a la muerte y para haber perdido el juicio completamente, y a medida que pasaban las horas y conocía algunos detalles, su curiosidad aumentaba.

Tenía tan solo unos años menos que él y, sin embargo, tuvo la impresión de que el peso de su espalda era demasiado grande para alguien como ella.

Por ello, intentó resarcirse de sus propias palabras de ese mismo día:

—Respecto a lo de tu hermano…

—No voy a hablarte de él —lo cortó rápidamente alejándose aún más del guerrero, como si temiera que pudiera hacerle daño.

—Está bien. Lo respeto.

Aquellas palabras volvieron a dejarla petrificada.

Apenas lo conocía, pero sí lo suficiente como para saber que era un hombre que no se quedaba callado a la primera.

Y, sin embargo, ahora mismo acababa de aceptar y respetar algo que ella misma le había dicho.

Morag frunció el ceño. ¿Acaso Gillian tenía razón y los Chattan no era como ella siempre había pensado?

Le dijo que había cambiado rápidamente de opinión respecto a ellos y ella tan solo llevaba allí un día y había descubierto ciertas cosas de Sloan que la habían dejado de piedra.

Y esas dos frases no eran una excepción.

—¿Lo dices en serio? —aquellas palabras salieron de su boca casi sin pensar. Durante un segundo, creyó que se habían quedado en su mente, pero al ver la incomodidad de Sloan se dio cuenta de que había hecho la pregunta realmente.

—Claro —respondió bajando la voz, provocando que esta se enronqueciera más—, si no quieres hablar de ello, no voy a presionarte…

Morag entrecerró los ojos y lo miró en silencio durante unos segundos que al guerrero le parecieron eternos.

—Qué raro eres —acabó diciéndole.

Sloan sacudió los hombros como si intentara quitarse la incomodidad de encima, pero le respondió enseguida:

—Mira quién fue a hablar…

A pesar de que debía salir de allí y seguir odiándolo, una nueva sonrisa genuina apareció en sus labios.

—¿Sloan Chattan tiene un pequeño corazoncito?

El guerrero puso los ojos en blanco y renegó entre dientes.

—No lo creo —le respondió—. Eres la segunda mujer a la que me gustaría matar.

Morag lanzó una carcajada.

—Y ¿cuál es la primera?

—Gillian —sentenció con gesto serio, provocando la risa burlona de Morag.

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Rowan se encontraba apoyado contra la mesa de su despacho mientras observaba a una serena Morag.

Había pasado un día desde que la joven les había contado su plan y él mismo había aceptado y, a pesar de las continuas negativas de Sloan durante el día anterior, el laird Chattan estaba decidido a seguir adelante tal y como la joven le había pedido, aunque no entendiera por completo su decisión de mantener en secreto lo que ellos decidieran.

—Tu hermano ha intentado convencerte varias veces, ¿verdad?

La pregunta de Morag hizo que el guerrero asintiera ligeramente.

La joven sonrió y cruzó las manos a la espalda.

A pesar de encontrarse en un lugar solitario con Rowan y no haber jurado lealtad a los Chattan como guerrera, Morag lo respetaba y mantenía la postura típica guerrera con hombros cuadrados y mentón elevado, como si esperara una orden por parte del guerrero.

A Rowan no le pasaba desapercibida esa actitud, sin embargo, no quiso pedirle que se sentara o al menos se relajara ante él. La respetaba y ver ese mismo sentimiento en sus ojos llamó su atención.