Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 5 #3
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CAPÍTULO 5 #3

La joven lo miró entornando los ojos.

—¿Y eso me hace culpable de algo? —le preguntó con tono adusto—.

Tan solo he contado lo de los ataques a mi clan porque es la única información que puedo aportar.

Nosotros no hemos llegado tan lejos como vosotros, así que espero que tu duda sobre Jacob se desvanezca de una vez por todas de la misma forma que lo tuve que hacer yo ayer tras casarme contigo.

Morag se adelantó y se acercó a él.

—Que no se te olvide esto: si he dormido junto al que consideraba mi enemigo es porque tal vez me he visto obligada a cambiar lo que pensaba de vosotros. Y supongo que he acertado.

—No sé si considerarlo como un insulto o darte las gracias —respondió Sloan.

—Haz lo que quieras. No me importa.

Morag suspiró y volvió a encarar al resto de los Chattan.

—Yo sí quiero agradecer que no pienses que somos enemigos —intervino Amelia—. Es muy amable por tu parte. Solo queremos solucionar todo esto.

Morag asintió con respeto.

—Después de escucharos, me surgen muchas dudas, pero hay una en especial que no puedo quedármela para mí.

—Hazla —dijo Rowan.

—Si hay solo una persona detrás de todo esto es porque realmente busca algo. No creo que únicamente quiera ver cómo los demás clanes nos matamos entre sí porque no tendría demasiado sentido. Entonces, supongo que habrá algo más profundo que lo ha llevado a declarar la guerra a los demás clanes.

Cora tragó saliva y asintió.

—Tienes razón. Hay algo que mi hermano Rowan aún no te ha contado.

—Y tal vez debería seguir así —la cortó Sloan.

Cora miró a su hermano y negó con la cabeza.

—Si nos va a ayudar, debe conocer toda la verdad.

— ¿A qué te refieres?

—A que ese laird, sea quien sea, tiene un objetivo en mente y nos envió a todos a la guerra para disimularlo y acercarse a ese propósito.

Morag frunció el ceño.

—¿Y qué es lo que busca?

Cora se levantó de su asiento y se acercó a ella:

—A mí.

Morag se quedó petrificada ante esa revelación.

No pudo evitar dar un paso atrás, como si la hubiera golpeado con sus palabras, y la miró entrecerrando los ojos, incapaz de comprender qué demonios podía querer de esa joven.

Dejó escapar una exclamación de sorpresa y miró a los demás con la esperanza de que contradijeran a la que era su cuñada, pero sus rostros estaban tan serios que le confirmaron que así era.

Morag no se había dado cuenta de que había abierto la boca, pero se había quedado callada, incapaz de decir nada.

Necesitó unos momentos para asimilar aquella información, y cuando creyó que estaba preparada, preguntó:

—¿A ti? ¿Por qué? Siempre he escuchado que se suelen atacar los clanes por odio, por conseguir tierras o ganado… pero ¿una mujer?

Cora asintió y suspiró:

—Al parecer, hay una profecía que dice que yo voy a acabar con ese clan. Por eso, quieren conseguirme y matarme.

Morag arqueó una ceja ante la simpleza de ese motivo.

—Es broma, ¿no?

—¿Tenemos cara de bromear? —preguntó Sloan.

La joven lo miró con odio en los ojos, pero rápidamente volvió a observar a Cora, aún sorprendida.

—Lo siento, es que me parece algo tan extraño que me cuesta aceptarlo. ¿De verdad nos han llevado a todos a la guerra tan solo para acercarse a vosotros y secuestrarte? ¿Todo por una tontería como una profecía? Es que es de locos…

Morag no podía creer lo que había escuchado. La joven se paseaba de un lado a otro del salón intentando comprender ese motivo.

—¿Tú no crees en profecías? —preguntó Sloan.

Morag paró en medio del salón y lo miró.

—Claro que no. Solo creo en lo que hay delante de mí.

Todo se puede cambiar, incluso el destino, si tomamos la decisión correcta.

Qué tontería, por favor. ¿Y esa persona no se ha dado cuenta de que tal vez con llevarnos a la guerra es cuando tú vas a protegerte y lo vas a matar?

Si se hubiera quedado de brazos cruzados, puede que tú ni siquiera supieras que existe…

Cora asintió.

—En eso tienes razón, pero ya no se puede hacer nada. Por ese motivo, Alasdair es mi protector y mis hermanos intentan averiguar quién es.

Morag la miró con cierta lástima. Sin embargo, las siguientes palabras de la joven la hicieron sonreír.

—Si te atreves a volver a mirarme con pena, pienso obligarte a que me devuelvas toda la ropa que te he prestado. Y si caminas desnuda por el castillo, será tu puñetero problema.

A pesar de que Amalia la reprendió por sus palabras, Morag se acercó a ella con una sonrisa y puso una mano sobre su hombro.

—Te conozco desde ayer, Cora, pero voy a hacer lo que esté en mi mano para ayudarte. Ya no solo por ti, sino por toda esa gente que ha muerto estos años por la locura de una persona.

Su cuñada sonrió y asintió, agradecida.

—Ahora que ya sé toda esta información, tal vez hay un plan que se pueda llevar a cabo. Es algo que… bueno, había pensado hacer en varias ocasiones, pero nunca he encontrado la oportunidad de comunicárselo a Jacob porque sabía que iba a negarse en rotundo.

—Tal vez nosotros hagamos lo mismo.

Morag resopló y miró a Sloan.

—¿Alguna vez vas a dejar de poner en duda mi entrenamiento y mi inteligencia? Vosotros mismos habéis dicho que no teníais nada…

El aludido rechinó los dientes, especialmente cuando Rowan le dio la razón a Morag.

—Tiene razón. Podemos escucharla y determinar si es una locura o lo llevamos a cabo, Sloan. No podemos seguir de brazos cruzados mientras los demás mueren y la vida de Cora sigue en peligro.

El guerrero le sostuvo la mirada y acabó asintiendo en silencio, prometiéndole la guerra a Morag cuando estuvieran solos.

—Ilumínanos, querida esposa —acabó pidiendo.

—Siempre he pensado que lo mejor para conocer a tu enemigo es unirte a él. Lógicamente, no están las cosas para ir pidiendo más matrimonios, así que el plan sería… cabalgar hasta tierras enemigas y meternos en su castillo.

Sloan se quedó de piedra, aunque no pudo evitar dejar escapar un resoplo.

Los gemelos se quedaron tan sorprendidos como él, mientras que Cora y Amelia se miraron entre ellas.

Por su parte, Alasdair y Rowan se miraron a los ojos.

El segundo pidió opinión al primero y, por la expresión que puso Alasdair, llegó a la conclusión de que tal vez no era el plan más absurdo del mundo.

—Ya sé que es una locura —siguió comentando Morag, aunque Sloan la cortó.

—Ahora entiendo por qué nunca se lo has contado a Jacob. Es un completo suicidio.

La voz del guerrero rompió el silencio en el que se había sumido el salón. Morag se acercó a él.

—Si se hace bien, no debería ocurrir nada.

—Pero ¿cómo va a salir bien meterte entre enemigos? Podrían matar a cualquiera de los guerreros que vaya a esa misión.

—Iré yo, por supuesto.

— ¡Podrían matarte a ti!

—¿Eso no sería un alivio para ti? —preguntó la joven.

Sloan se quedó sin hablar durante unos segundos, hasta que acabó gruñendo.

—Claro que sí, pero me molestaría bastante que lo hicieran ellos en lugar de ser yo quien apriete tu cuello.

Morag frunció el ceño.

—Eso sin contar con que van a reconocerte.

La joven puso los ojos en blanco.

—A mí solo me han visto un par de veces y te aseguro que puedo pasar desapercibida si me lo planteo.

—Me niego. Es una locura. Rowan…

El laird Chattan observó a su hermano y meditó unos instantes sobre el plan de la joven, que se giró hacia él esperando una respuesta.

—Es cierto, Morag. Es una completa locura.

La joven abrió la boca para añadir algo más, pero Rowan levantó una mano para cortarla.

—Sin embargo, tenemos que hacer locuras para acabar con esto de una vez por todas. Si ese desgraciado ha perdido el juicio, debemos ponernos a su nivel para pensar como él. Buen trabajo, muchacha. Irás a esa misión.

—¿Qué? —exclamó Sloan—. ¡No puedes permitirlo! Me niego, Rowan.

—Ahora Morag es una guerrera de nuestro clan. Será enviada a esa misión.

—También es mi esposa y puedo negarme.

—Ningún hombre sobre la faz de la Tierra tiene poder alguno sobre mí, Sloan —dijo la joven con tono oscuro, acercándose a él lentamente—.

Espero que sea la primera y última vez que te atreves a hacer uso de tu título como esposo porque, la próxima vez que lo intentes, te cortaré la lengua.

Soy una mujer libre, y como tal, decido sobre mi vida.

Y si muero en esta misión yo seré la única responsable.

De todas formas, no creo que mucha gente llore mi pérdida.

Con gesto serio, Morag se giró hacia Rowan.

—Tan solo te pido una cosa, cuñado.

—Adelante.

—Que nadie sepa cuál es el plan. Solo tú conocerás los pormenores.

Desde su posición, Sloan se adelantó y se puso al lado de la joven, dispuesto a quejarse, mirando directamente a su hermano.

—Está bien, Morag —sentenció Rowan, sabiendo que iba a ganarse la ira de su hermano—. Así se hará, pero Sloan irá contigo.