CAPÍTULO 4 #3
Morag resopló y le dio la espalda para acercarse al camisón, que se había quedado a un lado de la bañera.
En ese instante, Sloan frunció el ceño, pues la cicatriz de su hombro quedó expuesta ante él.
Supo sin dudarlo que no era una simple cicatriz que le hubiera causado la hoja de una espada.
Al contrario, era la cicatriz de un quemado.
La habían quemado y le habían provocado una cicatriz demasiado fea en el hombro.
Y a pesar de que se había jurado ignorarla, su boca lo traicionó y no pudo evitar preguntarle:
—¿Quién te hizo esa marca?
El guerrero vio el sobresalto de la joven, que se giró nuevamente hacia él mientras apretaba la toalla y el camisón con fuerza contra ella.
En sus ojos verdes se dibujó una expresión de nerviosismo que era demasiado evidente, aunque intentara disimularla, y Sloan llegó a la conclusión de que no se lo había hecho de forma accidental.
—¿Y a ti qué demonios te importa? —preguntó Morag sin poder evitar que el nerviosismo se reflejara en un tono de voz ligeramente tembloroso.
El guerrero frunció aún más el ceño y siguió preguntando incisivamente.
—Es la marca de una herradura al rojo vivo.
Morag se alejó de él y rodeó la cama para dirigirse hacia el otro lado. Por primera vez desde que la conocía, Sloan vio que la joven apartaba su mirada para evitar mirarlo a los ojos.
—Pues si ya lo sabes, no preguntes.
Y dedicándole una mirada por encima de su hombro, le dijo:
—Y no me mires mientras me pongo el camisón.
En ese instante, Sloan se obligó a reaccionar como solía hacerlo con ella, por lo que resopló con fuerza al tiempo que volvía a darle la espalda.
—Tranquila. No pareces tan atractiva como para atraer mi atención.
Desde su posición, Sloan escuchó el silencio que se hizo tras sus palabras. Los brazos de la joven se habían quedado completamente quietos, aunque logró reaccionar rápidamente y el sonido de la ropa volvió a escucharse en la habitación.
—¿Tú te has mirado en un espejo? Supongo que lo romperías con esa cara avinagrada…
Sloan le respondió con un gruñido y, rápidamente, el silencio se hizo a su alrededor. No obstante, no duró demasiado, pues la lengua viperina del guerrero volvió a hacerlo hablar:
—Te he visto hablando con tu laird.
Morag arqueó una ceja y se giró hacia él cuando tuvo el camisón puesto.
—No creo que eso sea una información demasiado relevante. Como tú has dicho, es mi laird y, simplemente, me estaba despidiendo de él.
—Ahora, y por un año, tu laird es mi hermano Rowan —le dijo mirándola a los ojos.
—No te equivoques, Chattan. Mi lealtad siempre estará con los MacBean, pero tranquilo, me ha pedido que no te mate y tenga paciencia contigo. Como si fueras un niño pequeño…
El guerrero frunció el ceño y resopló.
—¿Qué? ¿De verdad te ha pedido eso?
—Claro, así que puedes estar seguro, mientras no me toques, el filo de mi espada no irá dirigido contra ti. Aunque no estoy segura de que tú hagas lo mismo.
—Hoy he hecho un juramento —le recordó.
Morag clavó su mirada en él mientras se arropaba.
—Pues espero que lo cumplas.
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Era ya más de media noche cuando Sloan resopló por enésima vez. Aún no había podido dormir desde que se acostó y no porque no estuviera cansado, sino porque su ya esposa no dejaba de dar patadas y hablar cosas ininteligibles desde que se había quedado completamente dormida.
Desde el momento en el que él también se tumbó a su lado, Sloan había hecho todo lo posible para mantenerse alejado de ella, por lo que a cada instante estaba a punto de caerse de la cama para no rozarla.
Al cabo de unos minutos había sentido que la joven se relajaba y se quedaba completamente dormida.
Y, aunque pensó que la noche sería tranquila después de haberse dormido, nada más lejos de la realidad.
Morag no había dejado de moverse y decir cosas que realmente no lograba entender.
La joven se movía tanto que ya le había propinado varias patadas en las piernas y no sabía cómo colocarse en la cama para evitar ser atacado por ella y para no caerse estrepitosamente al suelo.
Durante unos instantes, llegó a pensar que lo mejor era levantarse y dormir en el sofá que había frente a la chimenea, pero su orgullo se lo impidió y se dijo que iba a quedarse allí costara lo que costara. Pero ya le estaban comenzando a doler las piernas con tanto golpe.
Había intentado entender algo de lo que la joven decía entre sueños, pero no lograba vocalizar nada. Sin embargo, sí que parecía estar viviendo un auténtico infierno en sueños.
En un momento dado, Sloan se sentó en la cama y apoyó la espalda contra el respaldo de esta.
Se cruzó de brazos, incómodo y enfadado por ser casi expulsado de su propia cama y dirigió su mirada iracunda hacia Morag.
La joven no dejaba de moverse, incluso había apartado las sábanas hacia su cintura, por lo que vio con claridad cómo subía y bajaba su pecho con auténtico terror.
El guerrero frunció el ceño, preguntándose qué demonios estaba soñando para que su cuerpo ni siquiera descansara.
En sus facciones podía leerse claramente el terror y no pudo evitar preguntarse si su sueño tenía algo que ver con aquella cicatriz que tenía en su hombro.
Le había causado realmente impresión ver algo así, pues jamás había vislumbrado la cicatriz de un quemado sobre la piel de una mujer, y menos uno que indicara que había sido marcada como el ganado.
Ese quemado no era de un fuego del que la joven hubiera escapado y tan solo le hubiera quedado esa cicatriz.
Era algo peor, algo que llamó poderosamente su atención y, por primera vez en su vida, despertó su curiosidad.
Se dijo que no podía pasarse el resto de la noche observándola y, sin embargo, no podía dejar de hacerlo.
Incluso en medio de una pesadilla, el rostro de Morag estaba más relajado que de costumbre, provocando que el interés de Sloan sobre ella aumentara.
No la conocía absolutamente de nada. Tan solo se habían visto dos veces y había acabado casado con ella, por lo que lo único que sabía de la joven era lo que había visto en las reuniones.
Pero algo en su interior le decía que había una historia detrás de ella, que no era solo lo que dejaba ver a los demás.
Y en lugar de provocarle más rechazo, activó su curiosidad.
El guerrero chasqueó la lengua, contrariado.
No soportaba que aquella mujer despertara cualquier otro sentimiento que no fuera odio.
Pero no podía evitarlo. Hasta esa misma noche la había visto como un maldito incordio que no soportaba, pero cuando entró en el dormitorio dispuesto a acostarse y descansar, no imaginaba que se la iba a encontrar completamente desnuda, tan solo tapada por una simple toalla que, aunque ella no lo sabía, dejaba entrever más de lo que deseaba.
No la había visto como una mujer, sino como una guerrera fría y asesina.
Pero esa noche había descubierto su parte femenina y, para sufrimiento suyo, había sentido cómo lo golpeaba en el estómago con fuerza.
Había tenido que obligarse a sí mismo a apartar la mirada para evitar que lo descubriera mirándola más tiempo del necesario.
Se había obligado también a mostrarle su odio una vez más.
Se habría incluso sacado los ojos para demostrarle que nunca la había visto como una mujer.
Y, sin embargo, estaba seguro de que en todas esas ocasiones iba a perder irremediablemente.
El guerrero dejó escapar un resoplo y apretó los puños contra los costados. Al ver que Morag seguía dando vueltas de un lado a otro, chistó suavemente para que se despertara, aunque con ello supusiera que iniciarían una nueva guerra. No obstante, la joven no logró calmarse.
—Dean, no me dejes sola… —dijo la joven en ese preciso instante.
Sloan se sobresaltó y miró sus ojos, pensando que estaba despierta y que le hablaba de alguna manera, pero no era así.
Morag seguía durmiendo y acababa de pronunciar las únicas palabras inteligibles de toda la noche.
¿A quién se refería? ¿Y a quién se estaba dirigiendo?
¿Tal vez un prometido? La curiosidad despertó poco a poco en el cuerpo del guerrero, preguntándose qué había sido de su vida antes de acabar allí casada con él.
En un momento dado, Sloan se dijo que debía dejar de mirarla.
Sin embargo, no podía. Algo extraño en su interior le impedía moverse de la cama para alejarse de ella.
Pero lo peor de todo llegó cuando alargó una mano para despertarla y ella lo aferró con fuerza.
Instantáneamente, la calma pareció llegar al cuerpo de Morag, que se quedó completamente callada y tranquila.
Sloan abrió los ojos desmesuradamente e intentó apartar la mano para evitar tocarla.
Estaba seguro que si Kester o Arran lo vieran en esa tesitura, se burlarían de él al no poder soltarse, pues la joven apretaba con tanta fuerza que no podía hacerlo sin despertarla sobresaltada, y tampoco quería asustarla, pues estaba seguro de que se ganaría un golpe por su parte.
El guerrero resopló con fuerza y gruñó por lo bajo una maldición en gaélico. Por ello, acabó tumbándose de nuevo en la cama e inspirando con fuerza para serenarse, pues estaba seguro de que iba a echar a volar de auténtica rabia si no se tranquilizaba.
No pudo evitar girar la cabeza en dirección a Morag.
¿Cómo era posible que se hubiera calmado tan solo con el tacto de su mano?
La odió por ello. La aborrecía despierta y también dormida.
Sin lugar a dudas, esa maldita mujer se había cruzado en su camino para amargarle la vida aún más, pero no se sentía con la suficiente frialdad como para despertarla y gritarle que no lo tocara.
Ahora que estaba calmada, el rostro de Morag era realmente hermoso.
¿Cómo era posible que cambiara tanto su expresión despierta a dormida?
Parecía ser una persona completamente diferente, casi angelical.
Así dormida, no quedaba absolutamente nada de la guerrera fría y tensa que él conocía.
Suspiró nuevamente y puso su mano libre bajo su nuca. Estaba seguro de que no iba a dormir nada lo que quedaba de noche, por lo que, añadido al odio que sentía hacia ella por motivos obvios, ahora debía añadir el de no dejarlo dormir tranquilo.
Sloan intentó poner su mente en blanco y, al cabo de una hora, cuando ya había perdido la esperanza de recuperar su mano durante el sueño, cayó rendido por fin al cansancio.