CAPÍTULO 4
Morag había perdido la cuenta de las horas que habían pasado desde que la boda se celebró en el patio del castillo, pero para ella ya parecía tener fin.
Tras muchas horas desaparecido entre los Chattan, Jacob se había acercado a ella para despedirse y confirmarle su marcha inmediatamente.
Y a pesar de que sabía que ese momento llegaría en cualquier momento del día, Morag no quería que su laird se marchara de allí aún.
De hecho, preferiría que se quedara junto a ella el resto del año que le quedaba por vivir en ese clan.
No deseaba quedarse sola entre enemigos que, aunque le habían jurado que iban a tratarla como a una más, temía que finalmente le ocurriera lo mismo que hacía trece años.
No se fiaba de los Chattan de la misma manera que no podía fiarse del resto de clanes.
Y, sin embargo, había algo dentro de ella que le decía que esa gente no era del todo como ella había imaginado toda la vida.
Morag suspiró a medida que avanzaba por el pasillo junto a Jacob. Lo hacía despacio, para alargar ese momento todo lo que estuviera en su mano, pero sabía que llegarían a la salida del castillo en cuestión de segundos.
—Dile a Nathan que lo siento —fue lo primero que dijo la joven cuando vio la puerta de salida a unos metros.
Jacob la miró con gesto que le indicaba que, claramente, no la entendía.
— ¿Por qué?
—Le prometí que volvería, pero no va a poder ser…
—Que hayas tenido que casarte con Chattan y este sea tu hogar durante un año no quiere decir que no puedas venir a visitarnos.
Morag se encogió de hombros.
—No será lo mismo. Ya lo sabes.
Jacob suspiró y sus pies se quedaron quietos en medio del pasillo.
—Nadie conoce a Nathan mejor que yo. Sé que mi decisión le dolerá, pero nunca dejará de quererte. Habéis crecido como hermanos.
Morag sonrió y asintió.
—Igualmente, quiero que le pidas perdón en mi nombre.
—Lo haré, si así te quedas más tranquila. Y en cuanto llegue, ordenaré que empaquen tus cosas y las envíen al castillo.
—Gracias.
Ambos pensaban que estaban despidiéndose en soledad, pero cerca de ellos, aunque en un discreto escondite, se encontraba Sloan, que no había podido evitar seguirlos para intentar descubrir si conspiraban contra ellos desde dentro.
Sin embargo, desde donde se encontraba apenas podía escuchar unas palabras con claridad, pues sabía que, si se acercaba demasiado, llegaría a ser visto por ellos.
—Pero no quiero que nuestra despedida esté colmada de desesperación, amargura y frialdad, Morag. Sabes que te quiero como a una hija y si he hecho esto por ti no ha sido para traicionarte, sino por el clan.
Morag intentó restarle importancia, pero Jacob levantó una mano para evitar que lo cortara.
—Te conozco y sé que piensas que esto es una traición por mi parte, pero jamás te dejaría en manos de alguien que pudiera hacerte el mismo daño que él.
A pesar de nuestra enemistad con los Chattan y la guerra que hemos pasado, sé que son hombres de honor y jamás te harían lo mismo.
Te respetarán. De verdad quieren llegar al origen de todo esto para terminar de una vez por todas con esta guerra.
Yo también pienso que hay algo extraño. ¿Cómo es posible que nosotros no hayamos atacado a nadie, pero sí nos culpen de ello?
Los Comyn y los Chattan habrán pasado por lo mismo y, para colmo, han matado al laird de uno de los clanes.
Todo esto es demasiado raro y debemos unirnos para luchar contra ese mal que pulula por nuestras tierras.
—Pero podríamos habernos unido igualmente sin un matrimonio.
Jacob dejó escapar una carcajada.
—Sabes tan bien como yo que nadie nos creería si no hay algo tan sagrado, como un matrimonio, delante. Ya has visto que nuestra palabra no valía para nada. Por eso, me vi obligado a ceder tu mano.
Morag desvió la mirada. Se sentía realmente enfadada con todo eso y, a pesar de haber tenido toda la tarde para asimilarlo, aún no se había molestado en hacer nada para cambiar de pensamientos.
Por ello, Jacob se acercó a ella y puso las manos sobre sus hombros para llamar su atención.
Y solo siguió hablando cuando la mirada de Morag estuvo puesta sobre él.
—Pero tú no solo eres una pieza de intercambio, Morag.
Tú eres algo más. Eres mi guerrera más avispada.
Eres inteligente, fuerte y valiente. No solo te quiero aquí como esposa de Sloan, te quiero aquí como mis ojos y mi boca.
Deseo que los ayudes a investigar sobre lo que está pasando.
Cuéntales todo lo que ha ocurrido en nuestro clan desde que empezó todo, pero también escúchalos.
Poned vuestras ideas en común para intentar averiguar algo.
Ten paciencia con ellos y ojos por cualquier esquina.
Haz caso a tu corazón y si alguien te da mala espina, cuídate.
Morag asintió. En ese instante, su corazón era un hervidero de sentimientos.
Temía por los meses que estaban por venir, pero también por su propia vida.
¿Y si hacía algo mal que pudiera llevar a su clan a la ruina?
¿Y si fallaba a su laird y no lograba descubrir al culpable antes de que este matara a otro jefe de clan como al Comyn?
La joven intentó mostrar seguridad a pesar de que sentía que sus piernas comenzaban a temblar de auténtico nerviosismo.
—Pero, sobre todo, ten algo en cuenta. Y es que te quiero de vuelta en el clan. Haz lo que consideres que tienes que hacer, pero vive. No quiero encontrarte de nuevo como aquel día.
Morag sintió que las lágrimas acudían a sus ojos. Tenía la impresión de que se estaba despidiendo de Jacob, algo que no pudo hacer con su verdadero padre. Y eso le causaba demasiadas emociones que no sabía cómo gestionar o expresar.
Para sorpresa de la joven, Jacob la abrazó y, aunque no pudo reaccionar con rapidez, se obligó a devolvérselo.
Hacía tanto tiempo que alguien no la abrazaba que tenía la impresión de que no sabía cómo hacerlo.
No obstante, lo que sintió con ese abrazo fue tan profundo que se juró a sí misma encontrar al culpable de todo aquello y hacerle pagar por el daño provocado.
—Te juro por mi vida, mi honor y mis ancestros que solucionaremos esto, Jacob.
—Ten paciencia con tu esposo —le repitió— y llegaréis a cualquier lugar donde os propongáis.
A pesar de que Morag puso los ojos en blanco al escuchar sus primeras palabras, acabó asintiendo y prometiendo tener paciencia.
—Me pides demasiado —dijo igualmente.
—Te pido lo que sé que puedes darme, Morag. Eres muy grande, pero aún te crees pequeña.
La joven frunció el ceño, incapaz de encontrar palabras con las que rebatir las de su jefe de clan, y se quedó en medio del pasillo viendo cómo Jacob se alejaba hacia la puerta de salida para montar sobre su caballo y regresar a su clan.
Morag caminó lentamente hacia la jamba de la puerta y desde allí lo vio dirigirse hacia Rowan.
No sabía en qué momento de la tarde el laird Chattan había abandonado el salón donde se celebraba la boda, pero ya tenía todo preparado para la marcha de Jacob.
Los vio darse la mano y despedirse. Y cuando su laird cruzó el portón con el caballo a galope, Morag sintió el peso de la soledad más fuerte que nunca.
La joven se sentía incapaz de moverse de allí para ir a algún lado, aunque fuera a una pequeña sala donde serenarse, pero cuando vio que Rowan ponía rumbo de nuevo al interior del castillo, se obligó a reaccionar y se encaminó hacia algún lugar donde poder encontrar a una sirvienta para pedirle algo.
Desconocía el castillo en su totalidad. Ni siquiera sabía hacia dónde se dirigía cuando, tras abrir una puerta, se dio de bruces con las cocinas y algunas de las sirvientas allí presentes. Al verla llegar, se sorprendieron y Morag no pudo evitar sentirse incómoda.
—Lo siento. He llegado aquí sin saber realmente hacia dónde iba. Me he perdido.
Una de las sirvientas le sonrió y se acercó a ella, haciendo rápidamente una reverencia.
—Mi nombre es Faith. No pasa nada, señora. El castillo es bastante grande y, si no lo conoces bien, es fácil perderse.
Morag sonrió.
—Te pediría que no me llames “señora”. Simplemente, soy Morag.
—Pero sois la esposa de Sloan.
—Tan solo por un año, así que podéis tutearme y llamarme por mi nombre. La otra forma es demasiado seria para dirigirse a mí. No estoy acostumbrada.
—De acuerdo. Así se hará.
Faith la miró con verdadera curiosidad y le devolvió la sonrisa.
—¿Necesitas algo?
—Sí. Estoy muy cansada y me gustaría saber cuál es mi dormitorio. De igual forma, quisiera tomar un baño. Esta mañana llegué de mi clan y no me ha dado tiempo a quitarme el polvo y el barro del camino.
—De acuerdo. Enviaré a algún sirviente con una bañera y agua caliente al dormitorio.
Morag asintió, incómoda ante lo que también le gustaría pedirle.
—También hay algo… Solo he venido con esta ropa y no tengo nada limpio para ponerme, ni tampoco para dormir. ¿Hay algún pantalón y camisa vieja que podáis prestarme? Al igual que un camisón…
Faith sonrió y asintió.
—Sí, aunque no es ropa vieja. Cora, la hermana de Sloan, es también una… guerrera y viste de la misma forma que tú. Le pediré ropa y estoy segura de que estará encantada de cedértela.
—Gracias. Y ahora me gustaría saber cuál es mi dormitorio. Si alguna de vosotras pudiera acompañarme…
Una de las allí presentes se acercó a ella con una sonrisa y le pidió que la siguiera. En el momento en el que salió de las cocinas y se dirigió hacia su dormitorio, Morag fue más consciente de que aquel castillo sería su hogar durante un año, y no estaba segura de estar a la altura de ello.
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