CAPÍTULO 3 #2
—Nada —dijo rápidamente—. Cualquier otra mujer me habría parecido un problema para casarme porque no quiero hacerlo. Estoy bien así.
—Será un matrimonio como el de Sloan: un año. Cuando pase un año, ya habremos descubierto lo que está pasando en nuestro clan y esa mujer volverá al suyo. Serás libre de nuevo.
—Un año puede ser demasiado largo para tener que aguantar a alguien a quien consideras tu enemigo.
—No vayas por ahí, amigo —dijo Sloan—. Yo le dije lo mismo y no lo vas a convencer.
—Es que no me vais a persuadir porque ya está hecho —sentenció Rowan—. Me vi en la obligación de aceptar sin consultártelo, Alasdair. Lo siento.
Los ojos azules de Alasdair se clavaron en Rowan.
Este entornó los suyos y agradeció que su familia se hubiera quedado tras él, pues tapaba la visión de su amigo en ese instante.
Jamás había visto esa expresión en los ojos de Alasdair.
Había una tristeza infinita, como si le hubieran arrebatado lo más preciado de su existencia y no pudiera recuperarlo jamás.
Y, durante unos instantes, dudó sobre si había tomado la decisión correcta o era preferible arriesgarse a una guerra abierta contra los Ross por negarse a aceptar su oferta.
—¿Hay algo que te gustaría contarme, Alasdair?
El guerrero tragó saliva y dio un paso atrás.
Sus ojos lo traicionaron y se dirigieron hacia Cora, que en ese instante lo miraba desde la ventana con los brazos cruzados.
Rowan fue consciente de esa mirada y giró la cabeza hacia atrás, siguiendo la estela azul de Alasdair.
Su intuición habló por sí sola y no pudo evitar suspirar, apesadumbrado.
—Solo durará un año y un día —le repitió—. Después, volverás a ser libre para hacer lo que quieras.
Los ojos de Alasdair volvieron a mirarlo.
—Está bien. Un año y un día. Ni uno más.
Las palabras salieron de su garganta provocándole daño, como si una espada lo atravesara en ese instante y lo hiriera profundamente. Sus puños se apretaron con fuerza.
—La unión de manos se celebrará cuando la joven Ross acuda al castillo.
Alasdair asintió en silencio y le dio de nuevo la espalda, incapaz de seguir sosteniéndole la mirada.
Desde su posición, Cora sentía un nudo en la garganta que le impedía hablar.
Instantes después, sus ojos la traicionaron y se llenaron de lágrimas, por lo que cuando vio que la conversación había llegado a su fin, la joven dejó su puesto al lado de la ventana, recorrió el espacio que la separaba de la puerta y se marchó de allí dando un sonoro portazo.
Corrió por el pasillo para evitar cruzarse con alguien que pudiera ver su estado en ese momento, pues las lágrimas corrían por sus mejillas con libertad.
Y cuando por fin llegó a su dormitorio, atrancó la puerta con un armario y se dejó caer al suelo mientras desataba una maraña de sentimientos que sabía que no sería capaz de soportar.
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A pesar de que la intención de Rowan era hacer el ritual del handfasting en una sala del castillo, la de Gillian fue muy diferente.
Sloan llegó a pensar que se trataba de alguna forma que tenía su cuñada para vengarse de él por todas las discusiones que habían tenido.
Sin embargo, la verdadera intención de la joven no tenía nada que ver con él.
Para ella, el matrimonio siempre había tenido un especial significado, por lo que cuando se vio obligada a casarse, realmente no tuvo una boda bonita para ella.
Sin embargo, no quería que el recuerdo que tuviera Morag de su boda fuera algo malo, aunque tampoco deseara casarse, como le había pasado a ella.
Por ese motivo, Gillian había ordenado a las sirvientas que prepararan un espacio especial en el patio para la ceremonia del handfasting .
Al tratarse de una ceremonia celta y pagana, no podía celebrarse en una capilla, ni tampoco llevarla a cabo un sacerdote, así que el propio Rowan oficiaría el enlace.
Cuando Morag salió al patio y vio lo que Gillian había preparado, se vio obligada a sonreírle mínimamente por el trabajo realizado, aunque igualmente no deseaba casarse.
No obstante, si se hubiera tratado de la boda de una persona diferente, habría agradecido tanta belleza y gusto exquisito en la preparación.
En el centro del patio habían preparado un círculo de rosas para que los novios se metieran en él para llevar a cabo sus votos y juramentos.
Cuatro pilares, con esas mismas rosas, se habían levantado en los cuatro puntos cardinales, mientras que una cruz celta presidía a un lado del círculo.
Morag desconocía cómo podían haber hecho ese increíble trabajo en tan poco tiempo, pero le pareció realmente bello a pesar de que significaba para ella algo que aborrecía.
A su lado, Jacob dejó escapar un silbido de aprobación mientras intentaba sonreír para que su rabia menguara ligeramente.
—Jamás pensé que los Chattan se tomaban tan en serio sus obligaciones y eran tan eficientes.
Morag lo miró de reojo.
—Esta boda me sigue pareciendo una mierda a pesar de que la intentan mostrar como algo bello.
Jacob rio mientras avanzaba hacia el centro del patio, donde estaban los demás esperándolos.
—Se han tomado muchas molestias.
—Y lo agradezco, pero eso no aparta de mi mente que siga siendo una auténtica…
—Mierda… Lo sé —acabó por ella.
Morag respiró hondo y soltó el aire lentamente. A pesar de que odiaba ese momento, se sentía ligeramente nerviosa. Le sorprendió ver que Sloan se había preparado para la ocasión. Se había puesto una camisa limpia y había intentado domar su pelo negro, aunque no lo había conseguido.
Y aunque para ella esa boda era un mero trámite que no deseaba hacer, Morag no pudo evitar sentir cierta vergüenza al mirar disimuladamente su ropa.
No se había cambiado. Esta tenía aún polvo, su pelo estaba despeinado y su rostro seguramente seguía manchado por el barro de algunos tramos del camino.
Nunca le había gustado sentirse inferior a los demás, pues esa visión de ella mostraba algo que realmente no era.
Pero al tener toda su ropa en su castillo no había podido ponerse algo limpio.
Y, sin lugar a dudas, su orgullo le habría impedido acercarse a alguna de las Chattan para pedir ropa limpia.
Con un gracioso mohín en sus labios, Morag acortó la distancia con los que iban a ser sus familiares durante un año.
La joven alzó su mirada cuando descubrió sobre ella la mirada de Sloan, que la observaba de arriba abajo, incrédulo por su atuendo.
Sin embargo, cuando sus ojos como el acero volvieron a posarse en sus esmeraldas, lo retó con ella.
Si estaba dispuesto a decir algo hiriente sobre su aspecto, le respondería sin pensar.
—Los novios deben entrar en el círculo mientras los demás los rodean —comenzó diciendo Rowan.
Con un nudo en la garganta por el nerviosismo, Morag hizo lo propio.
Se golpeó mentalmente por tener ese sentimiento.
Siempre se había caracterizado por ser una mujer serena a pesar de todo lo que había sufrido.
Incluso podía presumir de ser capaz de controlar sus sentimientos, pero frente a Sloan tenía la impresión de que no podía hacerlo.
Al ver que todos tomaban posiciones alrededor del círculo, Morag estuvo a punto de sonreír.
Si le quedaba alguna duda de que no podía escapar de ese matrimonio, solo tenía que mirar a su alrededor para darse cuenta de que cualquiera de los allí presentes iba a detenerla antes de salir del maldito círculo.
Con gesto contrariado, miró a Sloan, que tenía las manos cogidas a su espalda y mantenía la espalda recta. Intentaba tener un rostro frío, pero Morag vio que aún le quedaban restos de la rabia sentida horas antes.
El propio Rowan también entró en el círculo y sacó una cinta para atar las manos de ambos.
Morag tragó saliva, pues tendría que tocarlo, y eso suponía romper su propio juramento que se había hecho años atrás en el que se dijo que jamás dejaría que un hombre volviera a tocarla.
Así había sido, incluso Rob y Nathan habían mantenido las distancias para evitar rozarla.
Y ahora… tendría que tocar a Sloan Chattan por primera vez.
—Para comenzar el ritual, debéis daros las manos.
Morag había llegado a rezar para que no pidiera eso, sin embargo, era algo fundamental en esa clase de boda.
Vio que Sloan levantaba las suyas sin perder detalle de sus movimientos.
La joven lo miró un instante y, de repente, se sintió pequeña nuevamente.
Le habría gustado que su madre le diera un abrazo antes de iniciar esa ceremonia, pero no tenía a nadie en quien apoyarse.
Los ojos grises del guerrero percibieron su duda y frunció el ceño, gesto que provocó que Morag finalmente elevara sus manos.
Había esperado frialdad, desgana o indiferencia, pero lo que nunca habría aguardado era el poderoso calor, seguridad y pasión que parecía desbordarse de las manos del guerrero.
Estaban tan calientes que Morag necesitó elevar la mirada de nuevo hacia él para confirmar que, efectivamente, se trataba de Sloan y no de otra persona.
¿Cómo era posible que un hombre como él poseyera tanto calor en las manos?
De repente, y sin saber por qué, el nerviosismo que sentía en su estómago se calmó; sus miedos internos desaparecieron y ese mismo calor logró conseguir que su alma por fin se sintiera protegida después de tantos años.
Y eso no le gustó. Antes de que Rowan comenzara a hablar, Morag retiró las manos y se soltó de Sloan con un respingo.
Los ojos de este la miraron de nuevo, intentando comprender qué demonios estaba pensando para actuar así.
Y al ver que todos la estaban mirando, esperando algunas palabras por su parte, volvió a levantar las manos para evitar dar explicaciones.