Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Minutos después, el silencio dentro de ese pequeño salón era abrumador. Sloan y Morag se habían quedado completamente solos para conocerse un poco antes de su inminente boda esa misma tarde, pero ni uno ni otro estaba por la labor.

Desde el momento en el que habían entrado en el salón, Sloan se había dirigido a la pequeña ventana, se había apoyado en la jamba y se había cruzado de brazos mientras dirigía su mirada al exterior, ignorándola por completo.

Morag, que no tenía intención de ser la primera en romper el hielo, se había dirigido a la esquina contraria a donde él se encontraba e inconscientemente lo imitó en el gesto: se apoyó contra la pared y se cruzó de brazos.

En sus labios se dibujaba un gracioso mohín, que siempre solía hacer cuando estaba contrariada en algo, y en ese momento no solo se encontraba de esa manera, sino también iracunda.

Había entendido las intenciones de Jacob, e incluso le habría dado la razón de no ser ella la que debía sacrificarse por el clan en ese momento.

Pero tener que casarse con el indeseable de Sloan Chattan la enfurecía tanto que lo único que más le gustaría era gritar.

Sin embargo, sabía que debía volver a tomar el control de sus sentimientos o acabaría metida en problemas, pues si a partir de ese momento, hasta dentro de un año, pertenecería al clan Chattan, tenía que hacer lo posible para no ganarse más enemigos o se quitaría la vida para evitar tener que aguantarlos más de un mes.

En caso de encontrarse en otra situación, Morag se habría reído. Antes de entrar, uno de los gemelos de la familia dijo que se quedaría fuera para evitar que se mataran, y, desde luego, debía de estar carcajeándose él solo al no escuchar ni un solo sonido dentro del salón.

La joven negó con la cabeza y pasó una mano por su frente.

La tensión parecía aumentar dentro del salón a medida que pasaban los minutos, especialmente cuando Sloan giró la cabeza en su dirección para clavar su mirada acusativa sobre ella.

Morag arqueó una ceja y decidió poner fin a ese momento en ese preciso instante:

—Podemos seguir así hasta mañana… Si no hablamos, igualmente nos obligarán a casarnos.

Sloan resopló y torció el gesto antes de apartarse de la jamba de la ventana para mirarla directamente e intentar borrar el orgullo reflejado en los ojos de la joven. Sin embargo, esta seguía mostrándose altiva y ligeramente relajada a pesar de la presión del momento.

El guerrero caminó hacia ella y se quedó a escasos dos metros de Morag, que se apartó de la pared y lo encaró.

—Esa propuesta ya la traíais de antemano, ¿verdad? —preguntó Sloan directamente.

Morag dejó escapar una risa irónica.

—¿De antemano? Estoy tan sorprendida como tú. Creo que es algo que se me nota bastante en la cara.

—Pues cualquiera diría que estabas deseando encontrar un marido.

Morag arqueó una ceja y lo miró de arriba abajo con gesto iracundo y altivo.

—Tranquilo, la ilusión de mi vida no es casarme contigo.

—No me ha dado la sensación de que hayas puesto muchos impedimentos a tu laird para evitarlo.

—Tampoco tú, Chattan. A ver si vas a ser tú quien quiere casarse conmigo. Ya sé que soy una mujer llamativa.

El gesto en el rostro de Morag provocó la ira de Sloan, que hizo reír a la joven.

—Jamás habría puesto mis ojos sobre ti, MacBean.

Morag se encogió de hombros.

—Si he aceptado la proposición de Jacob ha sido solo por mi clan. Yo tampoco me fijaría en alguien como tú. Me gustan los hombres más… cómo podría decirlo… varoniles.

Morag tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no echarse a reír tras ver la expresión en el rostro de Sloan.

Sabía que esas palabras darían en el clavo al ser alguien tan seguro de sí mismo y orgulloso como él.

El guerrero dio un paso hacia ella, iracundo, y Morag, en lugar de apartarse, elevó el mentón y esperó su ataque, que no tardó en llegar.

— ¿Acaso no lo soy?

Morag arqueó una ceja y lo miró de arriba abajo.

De haberse conocido en otras circunstancias y no haber sufrido tanto como lo hizo cuando era pequeña, Morag habría reconocido que se trataba de un hombre realmente atractivo y llamativo.

Sin embargo, al considerarlo su enemigo y su futuro marido, quería dejarle claro quién era ella, además de que no pensaba dejarse vencer fácilmente.

—No me obligues a responder…

Morag sonrió. Jamás había perdido una batalla verbal, y esta vez no pensaba hacerlo con alguien como él.

—La verdad es que se te ve acojonado.

Sloan rechinó los dientes y dio otro paso hacia ella, quedándose a escasos centímetros de la joven.

Morag jamás había permitido que un hombre se le acercara tanto como el guerrero en ese instante.

Desde que Jacob y Nathan la encontraron en ese maltrecho estado y se había recuperado de sus heridas, excepto las del alma, nunca había dejado que los guerreros del clan se aproximaran a ella a menos de un metro, excepto cuando entrenaban.

Sin embargo, frente a Sloan no quería parecer una mujer asustadiza a pesar de que su cercanía estaba comenzando a provocarle cosquillas en el estómago por los nervios.

—Yo jamás me asusto, y menos ante una mujer.

Morag apretó los puños.

—No pienses, ni por un momento, que pienso yacer contigo.

Sloan dejó escapar una risa lacerante y la miró de arriba abajo.

—Más quisieras yacer conmigo. A mí me gustan las mujeres de más… estatus. No sé si me explico.

Morag hizo todo lo posible para que su rostro no mostrara lo que sintió al escucharlo.

Se repitió varias veces que el guerrero desconocía su pasado y que, por lo tanto, no sabía que la habían obligado a prostituirse.

Por ende, era cierto que su estatus había caído irremediablemente y jamás lo habría recuperado a pesar de haberse convertido en una guerrera.

Lo vio sonreír, por lo que Morag dedujo que no había logrado evitar del todo que su rostro pareciera tan frío como solía mostrarlo habitualmente.

Por eso, necesitó hacer algo que se salía de su forma de actuar normalmente para volver a recomponer los trozos de su alma rota.

Y dio otro paso hacia él. Sus pechos llegaron a rozar el cuerpo de Sloan, pero no le importó.

En ese momento, sentía tanto odio por él que no le habría importado incluso golpearlo.

—Si en algún momento de este año siento tu asqueroso aliento cerca de mí, te rajaré el cuello de principio a fin para separarte la cabeza del resto de tu asqueroso cuerpo.

Sloan le sostuvo la mirada en aquellas esmeraldas que tenía Morag. Estaba tan cerca que incluso llegó a descubrir algunas motas de marrón en sus ojos, mientras que las pecas de su rostro llamaron poderosamente su atención.

—Tranquila, no pienso tocarte ni con un palo, maldito incordio.

Durante unos segundos, se miraron en silencio. El odio que rezumaba uno y otro era más que evidente y se dejaron claro con la mirada que no iban a mostrar piedad si se atrevían a cruzar la línea.

—Me alegra ver que lo entiendes, Chattan.

—A mí no hace falta decirme las cosas dos veces, MacBean.

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Alasdair no pudo evitar coger un pequeño jarrón que había sobre una mesita para lanzarlo contra la pared con todas sus fuerzas.

Sentía tanta ira en su interior que necesitaba canalizarla de alguna manera, y ese jarrón se había puesto en su maldito camino.

El guerrero apretó los puños para evitar golpear a Rowan, con quien estaba hablando, junto a toda la familia Chattan, en el despacho de este desde hacía unos minutos.

Su amigo y laird le había pedido que acudiera allí para hablar de unas cosas y, tras unos minutos hablando sobre temas sin importancia junto a los demás, Alasdair quiso ir directamente a la cuestión.

Pero lo que no esperaba era escuchar que en una semana, dos como mucho, se iba a casar con la hija del laird Ross.

—¿En qué maldito momento se te ocurrió que era buena idea aceptar la propuesta de ese desgraciado? ¿Un Ross? ¿En serio?

—No te quejes, que yo me tengo que casar con una MacBean… —murmuró Sloan, provocando que la ira de Alasdair se dirigiera hacia él con la mirada.

El guerrero resopló y se alejó de ellos para apoyarse contra la chimenea, dándoles la espalda.

Sabía que necesitaba calmarse, pero no podía en ese instante, ya que sentía sobre él el peso de todas sus miradas, especialmente una de ellas, que se había quedado completamente pálida al escuchar las palabras de Rowan.

Cora había sentido que iba a desmayarse en cualquier momento.

Mentalmente, agradeció estar sentada sobre una de las sillas, pues sabía que se habría caído de bruces contra el suelo si hubiera escuchado esa información de pie.

Instantáneamente, sus ojos se dirigieron hacia Alasdair, y, desde entonces, no había podido apartarlos de él.

Se obligó a mostrarse fría o desinteresada en la conversación, pero dentro de ella sentía un remolino de emociones que, de haber tenido libertad, también habría roto otro jarrón como el guerrero.

—Me vi en la obligación de hacerlo, pues también acepté el matrimonio de Sloan con la muchacha MacBean. Si aceptaba un clan, no podía despreciar a otro. ¿Crees que Sloan está feliz?

Alasdair se giró hacia ellos justo en el momento en el que Cora se levantaba del sofá para acercarse a la ventana para mirar a través de ella, fingiendo desinterés. Y, durante un segundo, Alasdair creyó ver lágrimas en sus ojos, aunque no podía estar completamente seguro.

—Pero podrías haber intentado convencerlo para que se casara con Arran o Kester.

—Eh, Mackay, a nosotros no nos metas —se quejó Kester.

El aludido renegó entre dientes.

—O podrías haber hecho lo posible para que no fuera una Ross, tal vez una Urqhart o Gunn.

Rowan frunció el ceño y se acercó a él.

—¿Qué tiene de malo una Ross? Es tan enemiga como una Urqhart o incluso la muchacha MacBean.

Alasdair suspiró y pasó una mano por su rostro.