CAPÍTULO 2 #4
—¡No! —exclamó—. No sabes cómo me siento.
Nunca podrías saberlo, Jacob. Tanto en la última reunión como en esta he tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para enfrentarme cara a cara con la persona que mató a mi familia y me obligó a prostituirme durante dos años, eso sin contar las veces que él mismo me violó.
Y en ninguna de las ocasiones he protestado.
Jamás me he quejado de una orden tuya ni he intentado evadirme de mis responsabilidades.
Morag caminaba de un lado a otro para intentar serenarse, pero sabía que era imposible, pues su vida acababa de dar un giro que ni esperaba ni quería aceptar.
—Entonces, no lo hagas ahora, Morag —dijo lentamente con tono suplicante.
La joven lanzó un resoplo.
—Casarme con Sloan Chattan, por Dios. Antes prefiero hacerlo con el mismísimo demonio.
—Es la única manera que he encontrado antes de que los demás comenzaran a lanzar piedras sobre nuestro clan. Las cosas no han cambiado para nadie y quieren llevarnos de nuevo a la guerra. Yo no busco más enfrentamientos. Y… solo será un año, Morag.
—Y un día… —le recordó—. Y no seré capaz de aguantar ese simple día junto a él. ¿Casarme, yo? No puedo permitir que ese malnacido de Chattan me toque.
—No lo hagas. Por eso te he elegido, Morag.
Sé que eres una mujer fuerte, capaz de dejarle las cosas claras a Chattan desde el primer momento.
Sé que no te dejarás pisotear ni manejar por él.
Sé que eres capaz de dejarle claro quién eres, pero también sé que eres la mujer más inteligente que conozco que puede investigar qué demonios está ocurriendo entre los clanes.
Rowan Chattan nos ha convocado para intentar descubrir quién es ese culpable.
Así que debemos dejarle claras dos cosas.
La primera de ellas es nuestra inocencia con este matrimonio.
Y la segunda es que eres muy inteligente y podrás ayudarlos a averiguar qué está pasando.
Morag chasqueó la lengua y se alejó de él con los brazos cruzados a la altura del pecho.
No era la primera vez que Jacob le había dicho que era una mujer inteligente.
Siempre le había dejado caer lo que pensaba de ella y Morag tenía la certeza de que era capaz de conseguir lo que se proponía.
Frente a ella no solo le ponía la traba del matrimonio, sino que le dejaba el camino libre para demostrar de qué pasta estaba hecha.
Era un reto físico y mental para ella, pero había una gran piedra en el camino…
—No lo soporto. No aguanto a Sloan Chattan. Es una persona fría, incisiva, grosera, desconfiada y posee un gesto despiadado.
—Es como tú…
Morag se giró hacia él, indignada.
—No me lleves la contraria, muchacha, que eres la versión femenina de ese guerrero.
—Por eso, nos vamos a matar en dos días.
—No. Vais a formar un grupo invencible capaz de conseguir lo que os propongáis.
—No vas a convencerme para aceptar este matrimonio como si fuera la mayor ilusión de mi vida.
Jacob se acercó a ella y puso sus manos en los hombros de la joven.
—Pero sí puedo convencerte para que lo aceptes y puedas demostrarle al mundo de qué estás hecha.
Has oído las burlas de muchos guerreros por ser una mujer, Morag.
Demuéstrale a Sloan Chattan que no va a casarse con una mujer cualquiera, sino con una de las mejores guerreras con la que podía cruzarse jamás.
Vales más que el oro, Morag. Ayúdame a acabar con esta guerra.
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Sloan dio un portazo en el salón donde su hermano lo había obligado a entrar para hablar de algo que no tenía intención de cumplir.
—¡No te atrevas a hablar, Rowan! No voy a casarme con esa mercenaria. ¿Tú la has visto? No la aguanto.
—Pero si solo os habéis visto dos veces.
—Demasiado para mi poca paciencia. Aún recuerdo lo que me dijo en la última reunión, Rowan. Insinuó que podían gustarme los hombres. ¡A mí!
La rabia provocaba que Sloan caminara de un lado a otro sin parar con la mirada clavada en el suelo y los brazos en jarras mientras temblaba, incapaz de contenerse.
—Antes prefiero quitarme la vida y dejaros con este problema… —le advirtió.
—Sloan…
—¡No! —vociferó—. Ni Sloan ni nada, hermano. ¿Cómo voy a aguantarla durante un maldito año si no puedo respirar su mismo aire durante un minuto? ¡Me niego!
—No se trata de aguantarla como tu esposa, sino como un mero trámite para estrechar el cerco entre los clanes.
No tienes que yacer con ella, ni siquiera tienes que hablar si no lo deseas.
Os casaréis por unión de manos y dentro de un año ella regresará a su clan.
Pero, mientras tanto, puede ayudarnos a encontrar al culpable.
Sloan resopló.
—¿De verdad piensas contarle todo lo que sabemos?
—Sí, si queremos que nos ayude.
—Estás loco, Rowan —murmuró Sloan apoyándose contra la pared mientras intentaba recuperar parte de su respiración acelerada—. Nos va a traicionar. No me fío de los MacBean. ¿No has visto cómo se mantenían al margen mientras los demás peleaban?
—Nosotros hemos hecho lo mismo.
—¡Pero nosotros no hemos hecho nada!
—Y con este gesto, ellos te están demostrando que tampoco han atacado a nadie. Un laird como Jacob no prescinde de uno de sus mejores guerreros tan fácilmente y por nada.
Rowan se acercó a su hermano y se apoyó en la pared junto a él. Ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Sloan acabó murmurando:
—Como se atreva a sacarme de quicio, desataré sobre su maldita vida una poderosa tormenta de consecuencias que no podrá olvidar.
—A veces te pones demasiado poético.
—A ver si esto te gusta más: como me toque las narices, le pienso demostrar de qué tengo hechos los cojones.
—Eso está mejor…
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Arran y Kester tamborileaban los dedos sobre la mesa mientras el salón donde se había llevado a cabo la reunión estaba sumido en el más absoluto silencio.
Desde que Gillian les había avisado para que mediaran entre los laird mientras Rowan hablaba con Sloan parecían haber perdido una decena de años de vida.
No podían soportar la incomodidad que se respiraba en el ambiente, por lo que se miraron entre ellos y carraspearon antes de que Arran rompiera el silencio.
—¿Y cómo ha ido la reunión?
En el momento en el que todas las miradas se dirigieron hacia él, totalmente iracundas, el guerrero sonrió con incomodidad y solicitó la ayuda de su hermano, que no tardó en añadir.
—Ha amanecido buen día, ¿verdad?
El laird Gunn resopló y les respondió:
—¿Vosotros nacisteis así o solo lo hacéis?
Kester dejó escapar una risa.
—Es nuestro encanto natural. Te aconsejo que estudies el tuyo.
—Yo ya lo llevo…
Arran asintió.
—Se te nota —dijo con ironía.
En el instante en el que los gemelos pensaban que se iba a desatar una nueva guerra, Rowan entró en el salón, seguido de Sloan, Jacob MacBean y Morag.
—Chattan, nos estáis haciendo perder el tiempo —musitó el laird MacGillivray.
—Tranquilo. Esta reunión va a acabar enseguida. Mi hermano Sloan ha aceptado el matrimonio con la joven MacBean.
Morag torció la cabeza, pues hasta ese momento había tenido la esperanza de que el segundo al mando de los Chattan se hubiera negado en rotundo a casarse con ella. Y a pesar de que tenía un insulto en la punta de la lengua, se abstuvo de decir nada para evitar meter en problemas a Jacob.
—La ceremonia será esta tarde por unión de manos y durará un año y un día.
Jacob abrió la boca para responder, pero una voz retumbó entre las paredes de la estancia:
—Has hecho una jugada maestra, MacBean. Ahora todas las miradas están puestas sobre el resto de los clanes…
La furia en el tono de voz del laird Urqhart era más que evidente, pero antes de que alguien pudiera decir algo, Ruairidh Ross se adelantó y se levantó de la silla.
—Yo también quiero ofrecerte un trato, Chattan, para demostrarte mi inocencia.
El resto de lairds renegaron entre dientes. Rowan apretó los puños y Arran y Kester se miraron entre ellos con cierto temor.
—Te ofrezco la mano de mi hija en un matrimonio como el de tu hermano con la muchacha MacBean.
—Yo no pienso casarme con tu hija, Ross —respondió Kester rápidamente.
El aludido miró a los gemelos y resopló.
—Jamás casaría a mi hija con dos trovadores como vosotros.
Rowan arqueó una ceja.
—Entonces, ¿con quién? No tengo más hermanos.
—Pero seguro que tienes un guerrero de tu total confianza.
La mente de Rowan se dirigió directamente a Alasdair, pues era el único a quien podría confiarle una misión así. Sin embargo, tardó demasiado en contestar:
—¿Qué pasa, mi hija no es lo suficientemente aceptable en tu castillo?
—No es eso. Es solo que no creo que sea la mejor opción ahora mismo.
—¿Y la de esa muchacha sí? ¿Eres capaz de aceptar a una… guerrera antes que a una mujer de alta alcurnia con modales?
Los puños de Morag se apretaron con tanta fuerza que su gesto no pasó desapercibido para Sloan, que dirigió su mirada hacia ella con el ceño fruncido.
La vio contenerse, respirar hondo y apretar el cuerpo como si hubiera un remolino de emociones en su interior y tuviera miedo de dejarlo salir.
La mirada de la joven estaba posada sobre el propio Ross, que había estado a punto de insultarla, pero cuando Morag se dio cuenta de que era el centro de atención de Sloan, se relajó y desvió su atención hacia sus propias manos, incapaz de seguir aquella conversación por más tiempo.
—Está bien, Ross. Acepto la mano de tu hija. Se casará con uno de mis mejores guerreros que goza de mi total confianza.
Su interlocutor asintió y se acomodó de nuevo en la silla mientras la tensión del salón se esparcía de un lado a otro.
—Enviaré a mi hija para esa boda en cuanto regrese a mis tierras.
—Y los que no ofrecemos a un hijo o hija, ¿qué pasa? —preguntó Luke Gunn—. ¿Seremos señalados?
Rowan lo miró largamente.
—Yo no he dicho eso en ningún momento. De hecho, ni siquiera os convoqué para que me ofrecierais algo con lo que probar vuestra inocencia. Pero sí diré algo. Pienso llegar al fondo de todo esto y averiguaré la verdad.
Jason Urqhart dio un manotazo sobre la mesa.
—No te atrevas a señalarme.
—Hasta ahora, no lo he hecho.
MacGillivray también se levantó de la silla.
—Lo único de lo que nos puede acusar alguien es de defendernos cuando nos atacan y de matar en la batalla. Nada más.
—Si alguien se atreve a poner su mirada sobre los míos —comenzó diciendo Luke Gunn—, sufrirá la ira de mi clan.
Rowan asintió lentamente y se levantó de su silla.
—Permitidme que os acompañe a la salida del castillo. Supongo que estáis deseando regresar a vuestras tierras.
Todos asintieron con seriedad, pero la tensión en el salón era tan fuerte que Kester no pudo evitar sonreír.
—¿De qué te ríes?
—Al final, me vais a dar envidia con tanta boda. Urqhart, ¿no tienes una hermana?
—Lo que tengo son dos puños que te voy a meter por el culo.
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Una hora después, cuando ya se habían marchado todos los lairds, excepto Jacob, que se había quedado para presenciar la unión de manos, el castillo se había sumido en una tranquilidad que llamó la atención de Morag.
La joven no sabía dónde meterse para evitar mantener contacto alguno con los Chattan, sin embargo, allá donde mirara, había gente exclusivamente de ese clan, por lo que no pudo evitar resoplar.
En medio del pasillo donde se encontraban, Gillian sonrió de forma incómoda y miró a Morag y a Sloan alternativamente.
Ninguno quería volver a mirarse a los ojos, incluso evitaban hablar con cualquier otra persona, por lo que la esposa del laird Chattan carraspeó y dijo:
—Tal vez estoy equivocada, pero qué mejor manera de conocer a una persona que mantener una conversación con ella, especialmente si te vas a casar en unas horas…
Sloan la miró con odio.
—No voy a hablar con nadie.
—Tranquilo, yo tampoco deseo escuchar tu dulce voz…
Jacob torció la cabeza.
—Pues yo pienso que es una buena forma de dejar las cosas claras entre vosotros desde el principio.
—Quieres que nos matemos ya, ¿no? —le dijo Morag entre dientes.
—Lo que quiero es que os conozcáis e intentéis no mataros. El salón del ala sur está libre… —dijo Gillian con una sonrisa incómoda.
Morag la miró sin gesto en su rostro.
—Tú primero —le dijo Sloan.
— ¿Ahora quieres ser caballeroso?
—No, lo que quiero es ver de qué manera te puedo atacar por la espalda.