Espinas en el corazón (Corazones oscuros 2) CAPÍTULO 2 #3
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CAPÍTULO 2 #3

—Yo, por las noches, tengo la conciencia tranquila, MacGillivray. Otros no deberíais tenerla tanto, especialmente si vuestro hermano mayor desapareció sin dejar rastro. Algo muy extraño, ¿no?

—¿Qué insinúas? Mi hermano Neil y yo éramos muy pequeños para hacerlo desaparecer.

—No he dicho que vosotros seáis los culpables, pero tal vez vuestro hermano sobraba para los planes de otras personas…

Ruairidh Ross también se levantó.

—No estamos aquí para hablar de los problemas familiares de los MacGillivray, sino de los dedos que nos señalan a los clanes que estamos aquí. Y lo acusadores son los Chattan y los Comyn.

—Creo que es la primera vez que estoy contigo en algo —murmuró Jason Urqhart—.

Nos habéis hecho una encerrona, Chattan, para acusarnos abiertamente de asesinato.

Supongo que has tenido la poca valentía de hacerlo así para que viniéramos sin nuestros hombres, así no podríamos declararos la guerra directamente.

Rowan mantuvo una expresión tranquila y oscura, pero se veía a leguas que parecía estar a punto de saltar sobre ellos con la espada en la mano.

Había estado observando los movimientos y gestos de cada uno para intentar averiguar lo que Elijah no tuvo tiempo para contarles.

Y no pudo evitar lanzar un gruñido de frustración al ver que todos volvían a acusarse como siempre, sin dejar entrever nada que pudiera darle la oportunidad de culpar a uno en concreto.

De todos los lairds que había allí presentes, había uno que deseaba atrapar y matar a su hermana tan solo por una maldita visión. Y, sin embargo, no podía salvarla aún.

Inconscientemente, dirigió su mirada hacia Adam MacGillivray y recordó la conversación que habían mantenido con su madre en la que indicaba que el “gato mayor” iba a ayudar a su hermana.

Sin embargo, no veía demasiado viable que Adam pudiera hacerlo.

Era un ser despreciable que odiaba a todo el mundo y que cargaba con una alforja sobre su espalda que jamás podría quitársela.

Y acababan de recordarle el peso que había en ella.

—Esto no ha sido ninguna trampa para haceros venir sin vuestros guerreros. Ni siquiera busco la guerra. Tan solo deseo acabar con todo esto de una maldita vez. De hecho, vuestro enfrentamiento me aburre en demasía. ¿No os cansáis de culparos los unos a los otros? Lleváis años así.

—¿Y qué demonios sugieres que hagamos cuando uno de vosotros nos señala como culpables? —se exaltó el laird Gunn.

—Yo no he señalado a nadie. Simplemente, he contado lo último que nos dijo Elijah Comyn antes de morir. No alcanzó a pronunciar su nombre, pero sí nos confirmó que era uno de vosotros.

Rowan estaba escogiendo las palabras con audacia para intentar exaltarlos de nuevo, pero sus gestos eran tan fríos como siempre.

—Comyn no debería habernos señalado —dijo el laird Ross—. Eso solo provoca que nos enfrentemos de nuevo.

—No veo que MacBean esté muy exaltado —dijo Rowan mirándolo fijamente.

Jacob suspiró largamente antes de responder.

—Al igual que tú, Chattan, estoy cansado de este absurdo juego de niños. Yo no he hecho nada, MacGillivray tampoco, así como el resto y, sin embargo, seguimos intentando convencer a los demás de que no hemos hecho nada.

Rowan apoyó los codos en la mesa.

—¿Propones algo diferente?

Jacob torció la cabeza y miró fugazmente a Morag antes de responder. La joven frunció el ceño, pues no le gustó ver aquella mirada tan diferente a las demás. Creyó ver un ligero arrepentimiento por lo que estaba a punto de decir, y la joven tragó saliva antes de escuchar sus siguientes palabras:

—Lo que propongo es algo para salvar a mi clan de las acusaciones que puedan verterse sobre él. Yo no he matado a nadie, y menos a Comyn. No es que le tuviera especial aprecio debido a la guerra, pero tampoco me alegro de que acabara muerto de esa forma tan cruel.

La atención de todos los allí presentes acabó por completo sobre Jacob, especialmente la de Morag, cuyo corazón latía con demasiada rapidez.

—Si Elijah Comyn ofreció a su hija como muestra de su inocencia y para aliarse contigo, Chattan, yo también puedo ofrecerte a alguien.

Para Morag, no hizo falta que Jacob siguiera hablando.

Su rostro se tornó pálido y negó ligeramente con la cabeza.

No podía leerle la mente, pero sabía qué iba a decir a continuación.

Lo conocía demasiado bien y sabía que por el clan estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta.

Pero, si no se equivocaba, Morag estaba a punto de sufrir la peor de las traiciones que jamás habría esperado.

—Jacob… —murmuró la joven.

El aludido la miró brevemente, pidiéndole disculpas, pero también indicándole que si hacía eso era porque la veía capaz de aguantar y hacerse valer entre esa gente.

—Como sabéis, no tengo hijas.

—Entonces ¿qué puedes ofrecer? —preguntó Rowan.

—Te ofrezco al mejor de mis guerreros por un año y un día.

—No voy a casar a mi hermana con…

—No me refiero a un guerrero hombre, sino a la única guerrera y a la mejor que tengo entre mis filas.

El mundo de Morag se resquebrajó por primera vez en años cuando la mano de Jacob se dirigió directamente hacia ella para señalarla y dejarles claro que la ofrecía como esposa de un Chattan.

—¿Qué? —escuchó la joven que preguntaba Sloan desde su asiento.

Los demás lairds se quedaron perplejos, mirándolo con odio. Sin embargo, Rowan no perdió la compostura.

—Ya no necesito una esposa y no creo que mis hermanos…

—Sloan no tiene —lo cortó Jacob rápidamente.

Morag no pudo evitar lanzar una exclamación entre sorprendida, iracunda y anonadada.

Inconscientemente, llevó su mirada hacia Sloan, que apretaba con tanta fuerza los brazos de su silla que sus manos se habían quedado completamente blancas.

Sus brazos temblaban de ira y su rostro estaba tan contraído que se le habían formado arrugas en la frente y el entrecejo.

Sus ojos grises la atravesaban como si de una espada se tratara y parecía lanzar sobre ella la misma oscuridad que rezumaba Rowan por todas partes.

En ese instante, se estaba librando entre ellos una batalla a muerte de la que ninguno estaba dispuestos a arrodillarse y pedir clemencia.

—Me niego a casarme con ella, MacBean.

—Yo tampoco deseo casarme con un Chattan, Jacob —murmuró la joven mirando a su laird—. Por favor…

Lo vio negar con la cabeza.

—Un año y un día, Morag. En un año, volverás a ser libre de este matrimonio.

—Como si me dices que seré libre mañana. No quiero estar casada con él ni un solo día. Es un maldito antipático, gruñón y un monstruo.

—Pero ¿tú te has visto, MacBean? —le espetó Sloan al escucharla—. No eres una mujer con la que yo me casaría.

La cabeza de Morag se giró con tanta rapidez que llegó a sentir un pequeño latigazo en el cuello, pero no le importó. Era tanta la rabia que sentía en ese momento que no era capaz de mantener el autocontrol que había tenido hasta entonces.

—Medítalo, Chattan —dijo Jacob ignorando sus palabras.

—Tu propia guerrera no quiere casarse con Sloan. No quiero obligarlos a…

—Tú mismo te viste obligado a casarte con tu esposa —lo cortó rápidamente—. Y no veo que os hayáis matado…

Rowan tragó saliva y miró de reojo a su hermano. La ira se reflejaba en cada poro de su piel. Nunca había querido obligar a ninguno de sus hermanos a hacer algo así, pero Jacob MacBean tenía razón. Si querían estrechar el cerco entre los clanes, debía aceptar sin mediar palabra.

—Hablaré enseguida con Sloan si tú mismo hablas con tu guerrera.

—¡Rowan, no! —exclamó el aludido—. No quiero casarme con esa… mujer.

Morag arqueó una ceja, esperando el insulto, pero solo gruñó por lo bajo cuando lo escuchó terminar.

A su lado, Jacob asintió y la joven supo que su mundo acababa de cambiar para siempre.

Miró a su laird con ojos decepcionados, sintiendo ese momento como la mayor traición de su vida.

Y, sin embargo, una parte de ella lo entendía.

También habría hecho lo que fuera por el clan, pero casarse, después de todo lo que había sufrido a manos de la persona que tenía delante, no entraba en sus planes.

Habría luchado hasta dar su última gota de sangre, pero pasar un año entero entre enemigos… ¡Y casada!

—Hablaremos ahora mismo. Y espero que tú también hagas lo mismo.

Jacob se levantó mientras Rowan asentía levemente. Antes de imitar a su laird, Morag dirigió una mirada cortante hacia Sloan, prometiéndole una guerra entre ellos si se atrevía a aceptar ese matrimonio.

—Dame diez minutos, y te daré una respuesta —le pidió Rowan a Jacob antes de que este saliera del salón junto a Morag, que caminaba demasiado tensa.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, un silencio incómodo se formó dentro de la sala, pero Rowan lo cortó rápidamente, pues miró a Gillian para pedirle:

—Llama a Arran y Kester para que vengan mientras Sloan y yo hablamos.

Las uñas del aludido se clavaron en la madera y no pudo evitar arrastrarlas, arañando la madera de la mesa, pero Rowan intentó ignorar ese gesto para evitarse más problemas innecesarios.

No obstante, sus ojos parecieron adquirir vida propia y se desviaron hacia Sloan en un momento de silencio entre todo el mundo, y supo que su relación con él tal vez iba a acabar ese mismo día.

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—Dime que esa maldita idea se te ha ocurrido hace un momento y no la traías en mente desde el castillo —fue lo primero que dijo Morag cuando les permitieron entrar en una pequeña estancia para hablar entre ellos.

Jacob cerró la puerta tras de sí y suspiró mientras observaba el estado de nerviosismo en el que se había sumido la joven después de haber lanzado su propuesta.

—Ya sé cómo te sientes, Morag.